domingo, agosto 16, 2009

EN LA PRESENCIA DEL SEÑOR.


ADOREMOS
VI PARTE


Lectura Bíblica: Génesis 3:8

Propósitos de la Charla: a) Comprender el significado del vocablo “presencia de Dios” a la luz de las Escrituras y el lenguaje común; b) Recapitular todo lo aprendido acerca de la adoración y aplicarlo.

En muchas ocasiones los cristianos solemos hablar y orar acerca de “la Presencia de Dios”. ¿Qué estamos queriendo expresar con estas palabras? Creo que es muy interesante que nos detengamos a reflexionar sobre ello, cuando hemos estado examinando el tema de la Adoración, pues tiene íntima relación con ella. La alabanza y la adoración son acciones humanas de fe, que nos conducen a la Presencia de Dios y también traen la Presencia sobrenatural de Dios a nuestro medio.

QUÉ DICE LA BIBLIA ACERCA DE LA PRESENCIA.
Veamos primero qué dice la Biblia al respecto. Son muchos los pasajes en que aparece este término, algunos refiriéndose a personas, animales u objetos. Pero a nosotros nos interesa cuando se habla de “la presencia del Señor” ¿Qué significa esto? En el libro de los comienzos vemos que Adán y Eva tenían una comunión presencial con Dios, era una relación de persona a Persona. Para ellos Dios no era Invisible como para nosotros hoy. Cuando ellos desobedecieron al Señor, de inmediato se avergonzaron y escondieron de Su Presencia. El relato dice así: “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del día: y escondiose el hombre y su mujer de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.” (Génesis 3:8) Es la primera aparición de la palabra “presencia” y “presencia de Jehová Dios”. Recordemos que en la interpretación de las Escrituras, la primera mención de una palabra marca la interpretación del resto de la Biblia. Presencia es “presencia de Dios”. El ser humano tiene dos posibilidades: se acerca a la Presencia de Dios o huye de Su Presencia. ¿En qué condición está usted?

Los patriarcas y hombres santos de la Antigüedad anduvieron en la Presencia de Dios. Pudieron ser a veces mentirosos, cobardes y hasta adúlteros, pero no huyeron de la Presencia de Jehová Dios, como lo expresa el anciano Jacob: “Y bendijo á José, y dijo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham é Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día” (Génesis 48:15)

Los salmos, el libro de cantos y adoración a Dios del pueblo de Israel, tiene el propósito de llevar a sus lectores a la misma Presencia del Creador y Sustentador del universo. “Entre mi oración en tu presencia: Inclina tu oído á mi clamor.” (Salmos 88:2)

En el Nuevo Testamento los apóstoles anuncian el Evangelio de Jesucristo, proclamando a los pecadores: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor” (Hechos 3:19) No hay conversión, cambio de camino –del camino ancho de perdición al camino angosto de salvación-, traslado de Reino, en fin nuevo nacimiento, sin arrepentimiento. Pero el arrepentimiento no es un acto sino una visión radiográfica de nuestra alma, hecha por el Espíritu Santo a través de la audición de la Palabra de Dios. Digo esto porque nada más hay que añadir a la fe para ser salvos, “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8) Sólo así viene la salvación y los tiempos del refrigerio, los tiempos de descanso. La salvación del pecado, del mundo y del diablo, implica descansar de un tormento permanente para el alma. Ahora el espíritu es lleno de Dios y el alma y el cuerpo comienzan a ser gobernados por Cristo como Señor, lo cual es un refrigerio espiritual. ¿De dónde viene este descanso, esta paz de la conciencia y el ser entero, cuando somos perdonados por Dios? Pues sencillamente de Él. De Su Presencia procede la paz.

Otro pasaje del Nuevo Testamento que habla acerca del término que nos ocupa es este: “Para que ninguna carne se jacte en su presencia.” (1 Corintios 1:29). Para comprenderlo mejor necesitamos conocer los versículos anteriores. Dios desea que nadie, ningún ser humano pecador, se sienta orgulloso de algo ante Él. No lo dice por los ángeles ni otra criatura sino por nosotros, judíos y gentiles, cristianos y no cristianos; lo dice por todos los hombres y mujeres del planeta: que ninguna carne se jacte en su presencia. Los versos que preceden son los siguientes: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; / sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; / y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es” (1 Corintios 1:26-28). Quien se acerque a Su Presencia deberá reconocer su condición de inmundo pecador y el hecho de llegar a Su Presencia no nos habilita para enorgullecernos. Tendemos a pensar, en nuestra cultura, que quien puede acercarse a Él ya es un “santo”. Nominalmente para Dios somos “santos”, apartados para Él; la sangre de Jesucristo ha lavado nuestros pecados y nos da entrada libre a la Presencia de Dios. Pero es una “santidad” imputada y en proceso –santificación- de la cual no podemos gloriarnos pues ha sido conquistada para nosotros por Jesucristo, por medio de Su sacrificio de sangre “Para que ninguna carne se jacte en su presencia.”

QUÉ DICE EL IDIOMA ACERCA DE LA PRESENCIA.
Ya hemos visto, a grandes pinceladas, lo que la Sagrada Escritura nos dice sobre “presencia”, en particular “la presencia de Dios”. Investiguemos ahora qué podemos aprender del diccionario, acerca de esta palabra. Siempre aclarar términos y revisar nuestro idioma, es positivo y nos ayuda a comprender mejor el contenido de nuestro Sagrado Libro.

La primera definición de presencia es “asistencia personal”, como cuando niños y estábamos en la escuela, la profesora nombraba el apellido de cada uno y respondíamos “¡presente!” al escuchar nuestros nombres. Si un compañero no se hallaba en clases, decíamos “ausente”. Como en una clase, podemos estar ausentes o presentes ante Dios. Para Él todos están presentes en su memoria, pero hay muchos que viven como ausentes de Dios. En verdad “no están en clases”.

La otra definición del idioma para la palabra “presencia” dice relación con el modo o “estado de la persona que se halla delante de otra u otras o en el mismo sitio que ellas”. Es cosa de recordar un velorio. La presencia de la esposa del fallecido es muy distinta a la de sus compañeros de trabajo o a la de un amigo de la familia. Esta presencia es reconocible por el talle, la figura y disposición del cuerpo. Por eso se habla de “presencia de ánimo”. ¿Cómo es nuestra presencia en los distintos eventos de la vida? La presencia –actitud, vestuario, palabras, actuaciones- hay que modelarlas de acuerdo al lugar y tiempo que estamos viviendo. No podemos tener la misma presencia en un matrimonio que en un funeral, en la mesa a la hora de almuerzo que en el trabajo, en un templo que en un balneario. El Espíritu Santo nos guía en esa flexibilidad y adaptabilidad, más que la educación. Dios desea gobernar en nuestra presencia. La Presencia de Dios, en cambio, es siempre la misma; el es el Dios misericordioso y justo que está por sobre toda circunstancia.

Pero el vocablo que hoy nos preocupa, también significa “memoria de una imagen o idea, o representación de ella.” Cuando hemos amado mucho a una persona y ésta se ausenta, fácilmente podemos sentir su presencia, que no es otra cosa que su vívido recuerdo. Los animistas piensan que es el espíritu del que recordamos, pero en verdad es un hecho psicológico. En una obra de arte como “La Última Cena” de Leonardo da Vinci, se puede experimentar la presencia del pintor; como al escuchar la 9º Sinfonía de Ludwig Van Beethoven, en especial el último movimiento. Son obras maestras que perviven más allá de que su autor esté vivo o muerto. Obviamente para Dios, que es Dios de vivos y no de muertos, esas personas viven. Pero eso no significa que sus “presencias” estén con nosotros. Sus presencias se sienten en la huella que dejaron. Se recordará por siempre a Michael Jackson, “rey del pop”, por su expresión musical como cantante y bailarín, a través de los videos y discos, pero él ya está muerto. Su presencia vive en sus admiradores. En cambio Jesucristo vive realmente dentro de cada cristiano, en el Espíritu Santo, y eso es algo más que una forma de decirlo, es un hecho concreto y sobrenatural. Por otra parte Jesucristo resucitó y está vivo como Hombre y como Dios a la diestra del Padre, en los cielos. Su Presencia es real en los cielos y dentro de nosotros.

De acuerdo a todo lo anterior, podemos decir que la Presencia de Dios no es la memoria de una imagen o idea de Dios, ni la representación de Dios, sino que la existencia real y la asistencia de la Persona de Dios. Tampoco es la Presencia Divina un estado de ánimo de la persona o algo imaginativo, sino una “visión” concreta y real de Dios, que sólo se puede dar por la fe.

Queda claro que Dios es una Presencia Eterna y real, a la cual podemos acceder por medio de la fe en Jesucristo, quien ha abierto un camino nuevo para todos los hombres, a través de Su sacrificio perfecto: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura" (Hebreos 10:19-22). “Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron” (San Mateo 27:51)

Actualmente podemos orar, pedir, dar gracias, alabar y adorar a Dios con toda libertad, sabiendo que vamos directo a la Presencia de Dios, gracias a la obra perfecta de Jesucristo en la cruz. ¿Hay algo más que podamos hacer? Nada más, pues Su obra es perfecta. Pero ¿cómo ponemos en ejercicio este acercamiento a Su Presencia? ¿Cómo sentiremos su Presencia real en nosotros? La respuesta es: aprendiendo a orar, aprendiendo a pedir, aprendiendo a dar gracias, aprendiendo a alabar y adorar a Dios. ¿No tiene cada cristiano que aprender a vivir como cristiano? Todos estos asuntos de la “vida devocional o de piedad” deben ser enseñados y aprendidos en la Iglesia, tanto como los de la “vida de servicio”. Ciertamente la obra de Cristo es perfecta, pero para vivir Su legado necesitamos aprender a vivirlo. La adoración es uno de esos temas que tenemos que aprender. La pregunta, entonces es,

¿Qué debo aprender acerca de la Adoración?

Necesitamos aprender que la Adoración es:

1. LA HABITACIÓN DE DIOS.
Siempre ha sido voluntad de Dios habitar en el hombre. ¿Por qué? Es la única forma que éste alcance su plenitud y sea feliz. Nunca seremos exactamente dioses, pero sí participantes de “la naturaleza divina” (2 Pedro1:4) En otras palabras, podemos transformarnos en “habitación” o “casa” de Dios. La auténtica alabanza y adoración, que consiste no sólo en el culto religioso sino en toda una vida de santidad; nos conduce a ser habitación del Espíritu Santo, como dice el salmista “Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.” (Salmo 22:3)

2. LA SINFONÍA DE LA CREACIÓN.
Alabar es elogiar a Dios, reconocer Sus cualidades y Sus obras. “¡Cuán glorioso es Tu Nombre en toda la tierra!” Adorar es ponernos al nivel de todas las criaturas que le reconocen y alaban, es entrar espiritualmente en Su Presencia eterna y unirnos a los coros celestiales en Su admiración y contemplación. Los cristianos, en nuestro culto racional (Romanos 12:1) tenemos que ser parte de esa gran sinfonía de la creación para Dios: “Alabad a Jehová desde los cielos; Alabadle en las alturas. / Alabadle, vosotros todos sus ángeles; Alabadle, vosotros todos sus ejércitos.” (Salmo 148:1,2)

3. EL DEBIDO CULTO A DIOS.
El culto es la actividad central de la Iglesia, cuando ésta se reúne para encontrarse con Dios. En el culto todos tienen el derecho y el deber de alabar y adorar. Los discípulos necesitamos aprender a alabar: a) Con gratitud a Dios; b) Con admiración por Su Persona; c) Con el entendimiento, siempre debe haber siempre una razón para alabar; y d) Con júbilo, alegría, gozo, a semejanza de los israelitas cuando reconstruían el templo en los tiempos de Esdras: “10 Y cuando los albañiles del templo de Jehová echaban los cimientos, pusieron a los sacerdotes vestidos de sus ropas y con trompetas, y a los levitas hijos de Asaf con címbalos, para que alabasen a Jehová, según la ordenanza de David rey de Israel. 11 Y cantaban, alabando y dando gracias a Jehová, y diciendo: Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba con gran júbilo, alabando a Jehová porque se echaban los cimientos de la casa de Jehová. 12 Y muchos de los sacerdotes, de los levitas y de los jefes de casas paternas, ancianos que habían visto la casa primera, viendo echar los cimientos de esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos otros daban grandes gritos de alegría. 13 Y no podía distinguir el pueblo el clamor de los gritos de alegría, de la voz del lloro; porque clamaba el pueblo con gran júbilo, y se oía el ruido hasta de lejos.” (Esdras 3:10-13)

4. UN MODELO.
En el cielo hay una multitud de seres que brinda a Dios la debida adoración. Este es un modelo para nosotros. “Hágase Tu voluntad, como es hecha en los cielos, también en la tierra” El adorador: a) Clama por la salvación; b) Se Postra en adoración; c) Utiliza las siete palabras de adoración: bendición, gloria, sabiduría, gracias, honra, poder y fortaleza (Apocalipsis 7:12) Debiéramos llegar a ser, antes de ir al cielo, adoradores en todo tiempo, como aquellos de los que se dice: “Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos.” (Apocalipsis 7:15)

5. UNA VISIÓN.
Los cristianos tenemos una “visión y modelo de adoración”, registrado en la Palabra de Dios. Ésta nos dice que no estamos solos en el culto, que no nos acompañan únicamente nuestros hermanos de congregación sino millares de ángeles, todos los cristianos convertidos y los muertos en Cristo porque nos hemos “acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, / a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, / a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.” (Hebreos 12:22-24)

Otro aspecto de esta “visión” que nos da la Biblia es que la adoración ocurre en lugares celestiales (Efesios 2:6) puesto que “… la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre./…la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. / Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” (San Juan 4:21, 23,24) Adoramos a Dios en el espíritu, en la Jerusalén celestial. La adoración, en definitiva es un acto sobrenatural.

CONCLUSIÓN.
A través de estas lecciones, hemos aprendido cinco verdades bíblicas acerca de la Adoración, a saber que la Adoración: 1. Es la habitación de Dios; 2. Es la sinfonía que interpreta toda Su creación; 3. Es el debido culto a Dios; 4. Es un modelo que encontramos en la Biblia (Apocalipsis, Salmos, Isaías, Ezequiel); y 5. Es una visión entregada por la Palabra de Dios.


PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:
1) ¿Qué entiende usted por “Presencia de Dios”?
2) ¿Tiene usted dificultades para adorar a Dios?
3) ¿Ha construido usted en su mente la “visión” de adoración a Dios?
4) Adore a Dios, junto a los discípulos del Cenáculo, basado en los principios del acápite 3 “Es el Debido Culto a Dios”.

BIBLIOGRAFIA
1) “La Santa Biblia”, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.
2) “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España”, en línea, Internet.

domingo, agosto 02, 2009

COMPAÑEROS EN LA ADORACIÓN.


ADOREMOS
V PARTE

Lectura Bíblica: Efesios 5:19,20

Propósitos de la Charla: a) Que el discípulo tenga una “visión y modelo de adoración”; b) Identificar quienes nos acompañan sobrenaturalmente en la adoración.


Es muy conveniente tener una “visión de adoración”. Ésta, ya lo hemos dicho, nos la entrega la Biblia, en aquellos pasajes que muestran cómo es la adoración en los cielos (Apocalipsis 4, 5, 7; 15:3,4; 19:1-8). Tal acción de los seres celestiales, más otros pasajes en que se registra como alababa el pueblo de Israel y luego la Iglesia del primer siglo, nos sirven de “modelo” para nuestro culto de adoración al Señor.

Podemos hacernos diferentes preguntas acerca de este tema, como por ejemplo ¿Qué es adorar? ¿A quién adoramos? ¿Dónde adoramos? ¿Cómo adoramos? ¿Por qué adoramos? Usted, guiado por el Espíritu Santo y la Palabra de Dios, puede perfectamente responder estas interrogantes. ¿Qué finalidad tiene esto? Se preguntará un discípulo cuestionador –que siempre los hay en una congregación- y respondemos de inmediato que siempre es conveniente estar conscientes de que lo que hacemos tiene un sentido para la fe. No es productivo para la Iglesia ni para nuestra relación con Dios hacer las cosas por pura tradición, por que “se usa”, o porque “todos lo hacen” y “siempre se ha hecho así”.

Mas hoy día el Espíritu Santo quiere llevarnos a reflexionar en base a la pregunta ¿Dónde y con quién adoramos? ¡Qué cosa tan simple, tan de Perogrullo, dirá usted! Pero no es tan así… Ciertamente adoramos al Señor en el culto del domingo, del sábado o el jueves, junto a toda la congregación. Pero ¿cuándo estamos solos? ¿Adoramos solos con nosotros mismos y con el Espíritu Santo nada más? ¿Qué nos dirá la Biblia al respecto?

“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.” (Colosenses 3:16)

“hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; / dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.” (Efesios 5:19,20)

“¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.” (1 Corintios 14:26)

A juzgar por los textos anteriores, nuestra oración, alabanza y adoración, ocurre concretamente entre los hermanos. Sin embargo hay unos versículos en el libro de Hebreos que nos abren un panorama apasionante y revelador acerca de aquellos que nos acompañan en la adoración. Cuando adoramos a Dios no lo hacemos solos, aunque físicamente estemos solos, sino que nos unimos a la adoración de un mundo espiritual sobrenatural. Porque nos hemos “acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, / a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, / a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.” (Hebreos 12:22-24)

Antes de enfrentar este pasaje, veamos –como corresponde a toda buena exégesis- el contexto en que se desarrollan las ideas.

¿Cuál es el tema de la carta a los Hebreos?
Esta epístola fue escrita para cristianos de origen hebreo, quienes siempre estaban en peligro de confundir la doctrina cristiana con el judaísmo o bien aún conservaban costumbres y leyes ceremoniales del judaísmo. El escritor se propone mostrarles que ahora están en una nueva etapa de su vida, que ya no viven bajo las normas del Antiguo Testamento, sino que en el Nuevo Pacto. Hay en sus conductas una tendencia a desvalorizar el mensaje de Jesucristo, atendiendo mayormente a los preceptos veterotestamentarios. La intención del escritor será, pues, enfatizar la importancia y mayor altura de este Nuevo Pacto. ¿No desvalorizamos nosotros muchas veces con nuestras actitudes y palabras el mensaje del Evangelio?

¿De qué habla el capítulo 12 de Hebreos?
Ya el capítulo 11 se ha referido a la fe –ese clásico y magistral pasaje- comenzando con la definición, la importancia que Dios le da a la fe en su relación con nosotros, y los ejemplos de fe que tenemos en el Antiguo Testamento.

El capítulo 12 se inicia con un “Por tanto, nosotros también,” (Hebreos 12:1) queriendo decir: debido a todo lo anterior. Y continúa: “teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos,” Todos aquellos testigos y mártires de la fe, que vivieron antes de Cristo, y que caminaron sólo por fe “como viendo al Invisible”, son un ejemplo para nosotros los cristianos, judíos o gentiles. Nosotros, que hemos visto a Jesucristo, que sabemos fehacientemente que Él es real y que dio su vida por nosotros, no tenemos excusa para decaer en la fe.

Entonces “despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, / puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”

Se nos invita en este capítulo a mirar la valentía de Jesucristo y a no desmayar, “combatiendo contra el pecado” (Hebreos 12:3-5a)

En este capítulo aparece aquel concepto tan caro al Discipulado, como es la disciplina o trato de Dios hacia el cristiano: “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; / Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.” (Hebreos 12:5b,6) basado en el texto de Proverbios, “No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, Ni te fatigues de su corrección; / Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere.” (Proverbios 3:11,12)

Establecido que somos deudores, sobre todo los hebreos, a aquel pueblo antiguo que caminó por fe; que debemos imitar a nuestro Señor y Salvador en valentía, y apreciar la disciplina del dolor, porque da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados (Hebreos 12:11); nos anima a abandonar todo aquello que atenta contra nuestra vida de fe: “levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; / y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. / Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” (Hebreos 12:12-14)

Advierte el texto aquello que tan útil nos es en el trabajo de Sanidad Interior: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (Hebreos 12:15) Tanto en el desarrollo individual del discípulo como en el colectivo de la comunidad cristiana, aquí el texto es de enorme ayuda. Aquellos que acumulan frustración y amargura, esos que rechazan la gracia de Dios, son verdaderos fornicarios, porque mezclan lo sagrado con lo profano.

Luego enfatiza lo grave de nuestra posición frente a Dios, más seria aún que la de los israelitas del Antiguo Pacto. Hace entonces un paralelo entre ambas situaciones. Veamos:

(Antiguo Pacto)
“Porque no os habéis acercado
al monte que se podía palpar”
(Nuevo Pacto)
Nos hemos acercado a un monte celestial: “sino que os habéis acercado al monte de Sion,”

“y que ardía en fuego, a la oscuridad,
a las tinieblas y a la tempestad,

Nos hemos acercado a un Reino de Luz: “a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial”

“al sonido de la trompeta,
y a la voz que hablaba,
la cual los que la oyeron rogaron
que no se les hablase más”

“a la compañía de muchos millares de ángeles,”

“porque no podían soportar lo que
se ordenaba: Si aun una bestia tocare
el monte, será apedreada, o pasada con dardo”

“a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

“y tan terrible era lo que se veía,
que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;

“a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

¿Cuál Pacto es más terrible, más comprometedor, trae mayor responsabilidad? ¿El de aquellos que procuraban con esfuerzo cumplir la Ley, o el de los que han conocido cara a cara al Dios que cumplió la Ley por ellos? ¿Cuál es más terrible, porque exige más: el Antiguo o el Nuevo Pacto? El Antiguo exigía algo que el hombre no podía cumplir, así todo muchos testificaron mejor que nosotros. El Nuevo exige sólo lo que el hombre puede obedecer, porque nos ha dado todas las herramientas para cumplir Su Ley: el Espíritu Santo y a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador. Indudablemente el Nuevo Pacto es más radical que el Antiguo. El Pacto de Gracia ha sido mal entendido, lo hemos interpretado como “haz lo que quieras, pues ya eres salvo”, “ahora hay chipe libre”, “la libertad de Cristo es libertad para pecar” ¡craso error! El Nuevo Testamento es un Pacto de santidad firmado con la preciosa sangre de Jesucristo, que habla mejor que la de Abel y con la muerte de cada cristiano ¿Acaso no es el bautismo la muerte del viejo hombre y la resurrección de uno nuevo?

La advertencia del escritor de Hebreos es clara: “Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos.” (Hebreos 12:25) Estamos frente al mismo Dios del Antiguo Testamento; si antes conmovió la tierra, ahora conmoverá tierra y cielo, para que permanezca aquello que no podrá jamás moverse (v.26) Hemos recibido un reino inconmovible, eterno y perfecto; tengamos entonces gratitud y “sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia” (v.28) En el Nuevo Pacto hemos aprendido que “Dios es amor” (1 Juan 4:8), mas Hebreos nos recuerda que también “Dios es fuego consumidor” (v.29)

En resumen podemos decir que el capítulo 12 de Hebreos nos insta a poner los ojos en Jesucristo para no decaer en la fe.

¿DÓNDE Y CON QUIÉN ADORAMOS?
¿Quiénes son nuestros compañeros en la adoración? En el contexto de la adoración nos será tremendamente útil recordar y visualizar esta realidad celestial revelada en la carta a los Hebreos, y que responde a la pregunta inicial: ¿Dónde y con quién adoramos?

1. ADORAMOS EN LUGARES CELESTIALES
“sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial” (Hebreos 12:22a)

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, 5 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, 6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,” (Efesios 1:3-6)

“a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.” (Efesios 1:12)

“y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,” (Efesios 2:6)

Cuando adoramos estamos en cuerpo en el lugar (templo, casa, parque, etc.) pero en espíritu estamos en la Jerusalén celestial.
“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. / Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” (San Juan 4:23,24)

2. ADORAMOS CON MILLARES DE ÁNGELES.
“a la compañía de muchos millares de ángeles” (Hebreos 12:22b)

Los cristianos, cuando adoramos, lo hacemos junto a millares de seres celestiales, aunque no nos percatemos. Los seres celestiales muchas veces se nombran como ángeles; Ángel significa mensajero, y por eso a todos los espíritus celestes se les llama ángeles, en cuanto que manifiestan las cosas divinas. Son de nueve tipos, divididos en tres grupos o jerarquías:
1. Consejeros celestiales
2. Gobernadores celestiales del Universo.
3. Mensajeros celestiales, los más cercanos a los hombres.
En la primera están los Querubines, Serafines y Tronos; en la segunda las Dominaciones, Virtudes y Potestades; y en la tercera los Principados, Arcángeles y Ángeles. Cada ángel tiene su propia función y su propio orden.

a) Querubines (Ezequiel 1)

b) Serafines (Isaías 6:2) A los Serafines se les llama ardientes o abrasantes, cosa propia del amor y que procede de la gracia, pues se difunde en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que se nos ha dado (Romanos 5:5). Esto no se ha de entender sólo de los cristianos, sino que también puede afirmarse de los santos ángeles. Los órdenes en los ángeles no proceden de la naturaleza, sino de la gracia y de la Sagrada Escritura, que los nombra así.

c) Tronos (Colosenses 1:16) El nombre de Tronos se explica por su semejanza con los asientos materiales, en los cuales se deben tener presentes cuatro cosas: 1) Primera, el sitio, porque así como los asientos materiales se elevan sobre la tierra, así los ángeles llamados Tronos se elevan hasta conocer directamente en Dios las razones de las cosas. 2) Segunda, la solidez, porque el que en ellos se sienta toma posición estable, aunque aquí sucede al contrario, pues los ángeles mismos son consolidados por Dios. 3) Tercera, que el asiento recibe al que en él se sienta y éste puede ser llevado en él, e igualmente estos ángeles reciben a Dios en sí mismos, y en cierto modo lo llevan a los inferiores. 4) Cuarta, la figura, porque el asiento está abierto por un lado para recibir al que en él se sienta, y así también estos ángeles están como abiertos por su prontitud para recibir a Dios y ser sus servidores.

d) Dominaciones (Efesios 1:21)

e) Virtudes (Efesios 1:21) Las Virtudes tienen poder sobre la naturaleza corporal para obrar milagros.

f) Potestades (Efesios 1:21) Las Potestades alejan a los espíritus malos, como lo hacen las potestades terrenas con los malhechores (Romanos 13:1-4).

g) Principados (Efesios 1:21)

h) Arcángeles (San Judas 6) Los Arcángeles son considerados como Ángeles príncipes, porque, comparados a los ángeles, son príncipes, y, comparados a los Principados, son ángeles. Son mensajeros de las cosas grandes.

i) Ángeles. Los Ángeles y Arcángeles anuncian a los hombres, ya las cosas grandes que rebasan la razón, ya las pequeñas que caen bajo su dominio También puede decirse que se denomina especialmente orden de ángeles el ínfimo orden, por ser éstos los que inmediatamente nos anuncian las cosas directamente.

3. ADORAMOS CON TODOS LOS CRISTIANOS CONVERTIDOS.
“a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos” (Hebreos 12:23a)

Hay una Iglesia Peregrina, la que camina en esta tierra luchando para establecer el Reino de Dios en las vidas de muchos. La otra es la Iglesia Triunfante, formada por todos los cristianos que duermen y que ya están en la presencia del Señor.

Como peregrinos nos unimos a todos los cristianos cuyos nombres están escritos en el libro de la Vida. Pablo nos habla de ese libro celestial cuando dice “Asimismo te ruego también á ti, hermano compañero, ayuda á las que trabajaron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también, y los demás mis colaboradores, cuyos nombres están en el libro de la vida.” (Filipenses 4:3) También el libro de Revelación nos habla de la existencia de ese libro: “Y vi los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios; y los libros fueron abiertos: y otro libro fue abierto, el cual es de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.” (Apocalipsis 20:12); “Y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue lanzado en el lago de fuego.” (Apocalipsis 20:15)

Cuando adoramos a Dios Padre y a Su Hijo Jesucristo, lo hacemos junto a toda la Humanidad convertida. Esto es lo que se llama “la comunión de los santos”. Hoy día, si alguien nos llama santos, lo más probable es que demos un respingo. Somos demasiado conscientes de nuestras imperfecciones para aceptar este título. No obstante, todos los fieles del Cuerpo de Cristo en la Iglesia del primer siglo eran llamados santos. Es el término favorito de San Pablo para dirigirse a los discípulos de las comunidades cristianas, escribiendo a "los santos de Efeso" (Efesios 1:1) y a "los santos que se encuentran en toda Acaya" (2 Corintios 1:1)

4. ADORAMOS A DIOS PADRE.
“a Dios el Juez de todos” (Hebreos 12:23b)

El Objeto de nuestra adoración es Dios, el Juez de todos. En Él se centra la alabanza. Para Él son las siete las palabras de adoración: bendición, gloria, sabiduría, acción de gracias, honra, poder y fortaleza, como lo expresan los ángeles “diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.” (Apocalipsis 7:12)

Adoramos al Dios que es Persona, Espíritu, Soberano, Absoluto, Único, Omnipresente, Eterno, Inmenso, Omnisciente, Todopoderoso (ver “¿Quién eres Señor?, Teología de Dios”) Le adoramos por sus proezas (Salmo 150:2) y obras maravillosas (Salmo 139:14).

5. ADORAMOS CON TODOS LOS MUERTOS EN CRISTO.
“a los espíritus de los justos hechos perfectos” (Hebreos 12:23c)

Todos aquellos hermanos que han muerto, están ya en la presencia del Señor adorándole. En la cruz, nuestro Señor dijo al ladrón bueno: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” (San Lucas 23:43) En la parábola de el mendigo Lázaro y el rico (San Lucas 16:19-31) el primero fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El patriarca expresa que ahora éste es consolado aquí. Ya que Dios está en la eternidad, fuera del tiempo humano, quienes salimos de esta vida, ingresamos a la eternidad, ya sea para sufrir condenación como para disfrutar de Su gloria.

Al entrar en adoración, lo hacemos junto a aquellos amados que ya partieron, a los discípulos de Jesucristo de toda la historia de la cristiandad y junto a los familiares cristianos que han dormido en Cristo. Si pensamos en términos de eternidad, es probable que también estén allí los futuros cristianos que morirán en Él.

Este realidad sorprendente queda en evidencia cuando el Señor dice: “Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven.” (San Lucas 20:38)

6. ADORAMOS A JESUCRISTO.
“a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:24)

Queda claro el lugar donde adoramos a nuestro Señor todos los cristianos: en lugares celestiales. ¿Con quién adoramos? con millares de ángeles, con todos los cristianos convertidos y con todos los muertos en Cristo. El Objeto de nuestra adoración, según el texto, es Dios el Juez justo y el Señor Jesucristo.

Este Jesús ha servido como Intermediario o Mediador de un Nuevo Pacto, ya no en base a un acuerdo entre un humano pecador, llamado Moisés, y Él que es Santo; tampoco basado en la obediencia de hombres imperfectos y pecadores; sino un Pacto que se fundamenta en la obediencia de un Hombre-Dios, llamado Jesucristo, y el derramamiento de Su sangre, la “que habla mejor que la de Abel”

La obra de Cristo en la cruz es tan magnífica que no queda otra cosa que reconocerla y adorarle a Él, autor de nuestra salvación. Aquí tenemos la principal razón para adorar a Jesucristo, por su proeza, por su obra maravillosa. Él “nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Corintios 1:30)


PARA REFLEXIONAR:
1) ¿No desvalorizamos nosotros muchas veces con nuestras actitudes y palabras el mensaje del Evangelio?
2) ¿Qué personaje de la Biblia, dice la Escritura que caminó “como viendo al Invisible”?
3) ¿Quiénes son sus compañeros en la adoración?
4) ¿Dónde y con quién adora usted?


BIBLIOGRAFIA
1) “La Santa Biblia”, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.
2) Juan Carlos Ortiz, “Logros de la Cruz: Acceso al Trono de Dios”, Ministerio Hispano de la Catedral de Cristal, Garden Grove, California, USA., 2001.
3) Juan Carlos Ortiz, “El Discípulo”, edición revisada, Editorial Peniel, Argentina, 2007.
4) Santo Tomas De Aquino, “Suma Teológica, Tratado De Los Ángeles”

miércoles, julio 29, 2009

UN MODELO DE ADORACIÓN.


ADOREMOS
IV PARTE


Lectura Bíblica: Apocalipsis 4:1-11

Propósitos de la Charla: a) Conocer la adoración que brinda a Dios la multitud del cielo; b) Identificar un modelo de adorador en la multitud del cielo.


“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas. 2 Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. 3 Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda. 4 Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas. 5 Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios. 6 Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás. 7 El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando. 8 Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. 9 Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, 10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.” (Apocalipsis 4:1-11)

Siempre el hombre requiere de modelos para aprender. El niño necesita del modelo de comportamiento de ambos padres para aprender a comportarse en sociedad. Un buen modelo en la escuela es el profesor. La conducta de los políticos y gobernantes hace ciudadanos de acuerdo a un ejemplo. Las figuras artísticas, deportivas y científicas también son modelos para los jóvenes y hasta para los adultos. Si usted desea aprender una técnica específica como costura, pintura o música, necesita un modelo a imitar. Básicamente esto es un modelo: un patrón u original a imitar. En el campo de la fe tenemos el Modelo perfecto: Jesucristo. En cualquier aspecto de nuestra doctrina que queramos avanzar, ya tenemos el Modelo. Por supuesto muchos hombres y mujeres de la Biblia nos pueden servir de modelo para aprender cierto aspecto de la vida cristiana, aún grandes héroes del cristianismo de veinte siglos. Pero el Modelo perfecto será nuestro Señor Jesucristo.

Cuando hablamos de vida devocional o piedad, y específicamente de adoración, también Él es un Modelo ideal. Él sabe adorar a su Padre y lo demuestra en los Evangelios. El resto de la Escritura nos presenta en este aspecto un modelo diseminado en los Salmos, los libros poéticos y Apocalipsis. Ahora estudiaremos un texto de este último libro, que da nuevas luces sobre el tema.

En el libro de Apocalipsis, se nos muestra a cuatro ángeles del clima: “Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol.” (Apocalipsis 7:1). El número 4 representa los 4 puntos cardinales: norte, sur, este y oeste. A cada punto corresponde un ángel de Dios, encargado de administrar el clima. Dios es Señor sobre todo lo que sucede en el planeta. Al detenerse los vientos sobre la tierra, no habrá posibilidad de movimiento de nubes, de oleaje, ni de molinos, ni de barcos. Será un momento en que toda actividad se detendrá.

Luego se presenta un ángel que tiene el sello de Dios: “Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar” (Apocalipsis 7:2) Este quinto ángel viene de donde sale el sol, es decir del oriente. Para el pueblo hebreo todo lo divino y bueno viene desde oriente: la entrada del Templo miraba hacia el oriente, los sabios que vieron la estrella de Cristo venían del oriente. La idea que quiere transmitirse es que este ángel viene de Dios, nuestro Sol de justicia (Malaquías 4:2)

¿Cuál es el sello del Dios viviente? Sello es algo que nos identifica. Los animales son sellados con el nombre del hacendado al que pertenece. Los libros de una biblioteca son timbrados con los datos de la Biblioteca. El sello es señal de propiedad. Los cristianos somos sellados por el Espíritu Santo como propiedad de Jesucristo. El ángel que subía de donde sale el sol será fácil de identificar como enviado de Dios, porque traerá en su mano el sello de Dios.

El quinto ángel gritó a los 4 ángeles. Nos informa el texto que esos 4 ángeles tenían una misión de muerte: “el poder de hacer daño a la tierra y al mar” Los ángeles de Dios no son esas figuras dulces que nos muestran los pintores y cineastas. Pueden parecernos crueles cuando ejecutan las órdenes divinas. “Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, Poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, Obedeciendo a la voz de su precepto.” (Salmo 103:20) Dios los emplea, como instrumentos para llevar a cabo Sus planes. Los ángeles realizan juicios sobre los enemigos de Dios. “Y un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó. / Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de hombre! / Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos.” (Hechos 12:21-23) Jesús enseñó que los ángeles oficiarán en los acontecimientos finales. “El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles.” (San Mateo 13:39) El enemigo de Dios ha sembrado el mal y el pecado en esta tierra; los ángeles segarán las almas y separarán las buenas de las malas: “Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, / y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.” (San Mateo 13:49,50). En Su orden Dios ha entregado diferentes funciones a los ángeles.

La misión del quinto ángel es poner un sello en la frente de cada cristiano sobreviviente: “diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.” (Apocalipsis 7:3). Trae una orden, un decreto del Señor: no dañar la creación hasta que se halla sellado a los siervos de Dios. El sello lo pondrán los ángeles en las frentes de Sus hijos, sello que será visible a los ángeles destructores, como fue puesta la sangre del cordero en los dinteles de las puertas de los israelitas cuando pasaría el ángel de la muerte en Egipto. Así como el Anticristo ha sellado a los suyos con la marca de la bestia en sus frentes; Jesucristo sellará a sus siervos con Su sello. ¿Cuál es este sello? El sello de los judíos como pueblo del Señor era la circuncisión; el sello de los cristianos es el Espíritu Santo. La primera marca es visible aunque íntima; la segunda es invisible y se expresa en el fruto del Espíritu.

Que las personas reciban la marca en la frente significa en su modo de pensar. Los cristianos tenemos la mente de Cristo y se nos enseña a cambiar o renovarnos en nuestro modo de pensar, para cambiar la forma de vivir. La marca en la frente es tanto: a) el Espíritu de Cristo; b) la mente de Cristo, como c) la sangre de Cristo.

Los sellados de Israel serán 144.000: “Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel. / De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados. / De la tribu de Aser, doce mil sellados. De la tribu de Neftalí, doce mil sellados. De la tribu de Manasés, doce mil sellados. / De la tribu de Simeón, doce mil sellados. De la tribu de Leví, doce mil sellados. De la tribu de Isacar, doce mil sellados. / De la tribu de Zabulón, doce mil sellados. De la tribu de José, doce mil sellados. De la tribu de Benjamín, doce mil sellados.” (Apocalipsis 7:4-8)

El número144.000 es una potencia de 12. Si multiplicamos 12.000 por 12 obtenemos como resultado 144.000. El 12 es número de gobierno. Israel tiene 12 tribus, Jesucristo en su ministerio en la Tierra tuvo 12 apóstoles. Mil simbólicamente significa muchos, gran número, multitud, los mil años, período extenso, larga duración. Podemos pensar que cada tribu tendrá muchos sellados y el 12.000 se trataría de la plenitud dentro del pueblo de Dios. Los 144.000 serán los judíos convertidos al Señor Jesucristo. Esto ya está sucediendo con los judíos mesiánicos.

LA MULTITUD QUE ADORA A DIOS.
La siguiente visión de San Juan nos señala una multitud que adora a Dios: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos” (Apocalipsis 7:9)

Juan ve luego una gran multitud, formada por todos aquellos que se han vestido de Cristo y le adoran. Todos ellos están ante el trono de Dios. ¿Son los que ya han muerto en el Señor y le adoran? ¿Son personas salvas en el futuro, en la eternidad adorando a Dios? ¿Son todos los cristianos que le adoramos en espíritu? Como sea lo importante es que todos ellos adoran a Dios.

Son una gran multitud, en la cual también se incluye el pueblo hebreo convertido a Jesucristo, puesto que dice de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas.

En relación a esta multitud que adora a Dios y que es ejemplo para nosotros en el cielo, caben dos preguntas muy importantes:
A. ¿Cómo adora a Dios la multitud del cielo? y
B. ¿Qué tipo de adoradores forman la multitud del cielo?

La Palabra de Dios nos responde a ambas cuestiones.

A. ¿CÓMO ADORA A DIOS LA MULTITUD DEL CIELO?
1. CLAMA POR LA SALVACIÓN.
El contenido de su adoración se puede leer en este versículo: “y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.” (Apocalipsis 7:10). La multitud grita a viva voz que la salvación proviene de Dios y de Jesucristo. Que nombre a Éste como el Cordero, implica que enfatiza su sacrificio de sangre. Recordemos la marca que cada cristiano lleva en su frente: la sangre de Jesucristo.

2. SE POSTRA EN ADORACIÓN.
“Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios” (Apocalipsis 7:11)

Los seres angélicos son millares, pues habla de “todos”, y están alrededor del trono de Dios. Junto al trono están los 24 ancianos que pueden significar las 12 tribus de Israel y los 12 apóstoles, el Antiguo y Nuevo Pacto. Los cuatro seres vivientes son serafines, una orden muy alta de seres celestiales que están cerca de Dios y de su trono; ven su santidad y por lo tanto lo glorifican: “En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. / Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. / Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.” (Isaías 6:1-3)

Todos ellos, ángeles, ancianos y seres vivientes, se postraron sobre sus rostros. Postrarse es arrodillarse o ponerse a los pies de alguien, humillándose o en señal de respeto, veneración o ruego. Es lo que hacen los buenos adoradores.

3. DICE LAS SIETE PALABRAS DE ADORACIÓN.
“diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.” (Apocalipsis 7:12)

Siete es un número que indica perfección. Por eso son siete las palabras de adoración que pronuncian las criaturas celestiales:
1. La bendición
2. la gloria
3. la sabiduría
4. la acción de gracias
5. la honra
6. el poder
7. la fortaleza

Una perfecta adoración implica cada uno de estos aspectos: bendecir a Dios, glorificar a Dios Trino, reconocer Su sabiduría, dar gracias a Dios, honrar al Señor con palabras y actos, reconocer que Él es Todopoderoso, e invocar Su fortaleza. Este canto, este reconocimiento, esta oración, esta alabanza, en fin esta adoración será a nuestro Dios por todos los siglos.

Queda claro que la multitud del cielo adora a Dios: 1) Clamando por la salvación; 2) Postrándose en adoración; y 3) Diciendo las siete palabras de adoración. Sobre esta multitud vestida de ropas blancas, al igual que Juan el Teólogo, nosotros tenemos otra pregunta:

B. ¿QUIÉNES FORMAN LA MULTITUD DEL CIELO?
1. ADORADORES RESUCITADOS Y ARREBATADOS.
“Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?” (Apocalipsis 7:13)
Uno de los ancianos habla al vidente y le pregunta quienes son y de dónde vienen aquellos vestidos de blanco. Hace esta pregunta, no porque no lo sepa sino para probar la comprensión que tiene San Juan de la visión. Pero éste está perplejo. Si pregunta de dónde vienen, es porque ya no están en el lugar donde se encontraban. Esto nos habla de un pasado que ya sucedió. Los que visten de ropas blancas vienen de alguna parte y ahora están en la presencia de Dios. Por lo tanto no pueden ser los espíritus de los cristianos que oran en la tierra, sino que los cristianos que ya estuvieron en la tierra. Son cristianos muertos y resucitados, y cristianos arrebatados.

2. ADORADORES PURIFICADOS.
“Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.” (Apocalipsis 7:14)

El anciano, que no es otro que Jesucristo, ya que San Juan lo trata de Señor, responde: Estos vienen de la gran tribulación, han creído en Jesucristo y han muerto por Él. Son una multitud de cristianos que pasaron por el período de la gran tribulación y testificaron de su fe con el martirio. Entre ellos los habrá judíos y también gentiles, que se convertirán a última hora, durante los siete años de tribulación.

El blanco es el color de la pureza, del mundo divino, la alegría, la victoria, la dignidad. Limpiamos nuestra conciencia con la sangre de Jesucristo y de ese modo vestimos ropas albas. Estas son emblanquecidas con el martirio.

3. ADORADORES EN TODO TIEMPO.
“Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos.” (Apocalipsis 7:15)

Estos testigos de la fe ocuparán un lugar importante en el tabernáculo de Dios. Estarán sirviéndole día y noche.

4. ADORADORES SATISFECHOS.
“Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno” (Apocalipsis 7:16)

Nunca más tendrán hambre ni sed espiritual, pues serán saciados con la Palabra de Dios y el Espíritu Santo, serán alimentados con Cristo. Sobre ellos no caerá sol ni calor que los dañe. Dato interesante éste, dada la condición en que cada día se deteriora más la capa que protege al planeta. En otras palabras, nada los dañará física ni espiritualmente.

5. ADORADORES QUE SIGUEN A SU PASTOR.
“porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.” (Apocalipsis 7:17)

Jesucristo será el Pastor de los creyentes, les guiará a la vida eterna y quitará todo sufrimiento de ellos.

En conclusión, forman la multitud del cielo: 1) Adoradores resucitados y arrebatados; 2) Adoradores purificados; 3) Adoradores de todo tiempo; 4) Adoradores satisfechos; 5) Adoradores que siguen a su Pastor, Jesucristo.

CONCLUSIÓN.
La Palabra de Dios nos entrega, a través de las visiones de San Juan, un modelo de adoración “así como es hecha en los cielos, también en la tierra”. Tal como adora a Dios la multitud del cielo, debemos hacerlo en la Tierra. ¿Por qué nuestra adoración habría de ser de una menor calidad? ¿Acaso no hemos sido salvados de las tinieblas y perdición eterna como ellos? Porque estamos agradecidos y amamos a nuestro Salvador, debemos clamar por la salvación. Postrémonos en adoración, no por ostentación litúrgica, sino por un genuino deseo de adorar al Señor y Salvador. Humillémonos en señal de respeto, veneración y ruego como buenos adoradores. Es necesario que aprendamos a utilizar las siete palabras de adoración bendiciendo a Dios, glorificándole, reconociendo Su sabiduría, dando gracias a Dios, honrándole con palabras y actos, reconociendo que Él es Todopoderoso e invocando Su fortaleza.

De acuerdo a mi adoración hoy: ¿Formaré en el futuro, parte de la multitud del cielo? ¿Seré un adorador resucitado o arrebatado? ¿Soy un cristiano lavado por la sangre de Jesucristo? ¿Estoy dispuesto a morir cada día por el Señor? ¿Soy un adorador purificado? ¿Le adoro día y noche, siendo adorador en todo tiempo? Cuando servimos al Señor de esta manera llegamos a ser adoradores satisfechos, saciados con la Palabra de Dios y el Espíritu Santo, llenos de Cristo. ¿Soy un adorador satisfecho que sigo a mi Pastor?

PARA REFLEXIONAR:
1) ¿Qué aspectos de su adoración cree usted que debe mejorar?
2) ¿Se considera usted un adorador purificado, adorador en todo tiempo, y un adorador satisfecho?
3) ¿Cuál es su modelo bíblico de adoración? ¿Tiene modelos extra bíblicos de adoración?


BIBLIOGRAFIA
1) “La Santa Biblia”, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.
2) Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua RAE, en línea; http://www.rae.es/rae.html

sábado, julio 11, 2009

EL CULTO A DIOS.


ADOREMOS
III PARTE

Lectura Bíblica: Colosenses 3:16

Propósitos de la Charla: a) Conocer la importancia del Culto a Dios; b) Comprender quienes, por qué y cómo deben participar en la adoración a Dios los cristianos; c) Terminar con ciertos prejuicios acerca de la adoración en el Culto.


Hay quienes afirman que la Biblia no nos entrega un modelo de culto a Dios. Tal vez no encontremos en las Sagradas Escrituras un esquema litúrgico exacto para desarrollar en la Iglesia, pero sí muchas sugerencias y principios muy claros de cómo debemos acercarnos a Dios y adorarle. De hecho en los cielos, según lo manifiestan los libros proféticos del Antiguo y Nuevo Testamento, hay una manifestación admirable de cómo se desarrolla el culto al Señor. Ese es el principal modelo que tenemos para la adoración. Otro libro que nos presta gran ayuda en este aspecto es el Salterio o Libro de los Salmos. Allí debemos incursionar para encontrar el sentido de la adoración y cómo hacerla.

En esta oportunidad tomaremos un texto del libro de Esdras, restaurador del Templo y la vida religiosa de Israel al regreso de la cautividad. Este pasaje se refiere a los sentimientos y actitudes que tuvieron los hebreos frente a la reconstrucción del Templo. Estas expresiones nos dan una pauta de cómo adoraban ellos, y un modelo a imitar, puesto que somos tan pueblo de Dios como ellos.

“10 Y cuando los albañiles del templo de Jehová echaban los cimientos, pusieron a los sacerdotes vestidos de sus ropas y con trompetas, y a los levitas hijos de Asaf con címbalos, para que alabasen a Jehová, según la ordenanza de David rey de Israel. 11 Y cantaban, alabando y dando gracias a Jehová, y diciendo: Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba con gran júbilo, alabando a Jehová porque se echaban los cimientos de la casa de Jehová. 12 Y muchos de los sacerdotes, de los levitas y de los jefes de casas paternas, ancianos que habían visto la casa primera, viendo echar los cimientos de esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos otros daban grandes gritos de alegría. 13 Y no podía distinguir el pueblo el clamor de los gritos de alegría, de la voz del lloro; porque clamaba el pueblo con gran júbilo, y se oía el ruido hasta de lejos.” (Esdras 3:10-13)

EL RESTAURADOR DEL CULTO A DIOS.
Esdras "... surgió de Babilonia. Fue un maestro muy versado en la Ley de Moisés, que Jehová, el Dios de Israel, había dado. El rey le había concedido todo lo que él pidió, por la mano de Jehová su Dios estaba sobre él" (Esdras 7:6)

Los libros de Esdras, Ester y Nehemías forman un solo libro y abarcan el período histórico de la cautividad de Israel en Babilonia y el período inmediatamente posterior a su regreso a Jerusalén. Regresaron unos 150.000 judíos.

Esdras se interesa en la reconstrucción del templo, mientras que Nehemías se interesa en la reconstrucción de la ciudad y las murallas de Jerusalén. El templo fue lo último que fue destruido cuando la nación fue llevada cautiva. Fue el último baluarte del Espíritu de Dios. Es el último lugar que se destruye cuando la persona deja de comunicarse con su Dios, pero es al mismo tiempo el primer lugar donde Dios comienza su obra de restauración y, por lo tanto, el libro de Esdras, que trata acerca de la restauración del templo, ocupa el primer lugar en las Escrituras.

El libro de Esdras está dedicado a los acontecimientos que ocurren en la tierra de Israel en el momento del retorno de la cautividad babilónica y los años subsiguientes, que abarca un período de aproximadamente un siglo, a partir de 538 A.C.

Practical Application: The Book of Ezra is a chronicle of hope and restoration.Es una crónica de la esperanza y la restauración. For the Christian whose life is scarred by sin and rebellion against God, there is great hope that ours is a God of forgiveness, a God who will not turn His back on us when we seek Him in repentance and brokenness (1 John 1:9). Para los cristianos, cuya vida está marcada por el pecado y la rebelión contra Dios, hay una gran esperanza de que nuestro Dios es de perdón, un Dios que no nos da la espalda a nosotros cuando lo buscamos en arrepentimiento (1 Juan 1:9). The return of the Israelites to Jerusalem and the rebuilding of the Temple are repeated in the life of every Christian who returns from the captivity of sin and rebellion against God and finds in Him a loving welcome home. El retorno de los israelitas a Jerusalén y la reconstrucción del Templo se repiten en la vida de todo cristiano que regresa de la cautividad del pecado y la rebelión contra Dios y encuentra en él a un Padre que le da la bienvenida.

EL CULTO A DIOS.
En el culto la comunidad cristiana completa se encuentra con Dios. Es una ocasión para alabarle, darle gracias, adorarlo, hacerle peticiones, escuchar Su Palabra, pedirle perdón y recibir Su bendición. El culto, que puede llamarse reunión de la Iglesia, asamblea de la comunidad, oración comunitaria, etc. es la ocasión en que la Iglesia como Cuerpo se encuentra con su Señor.

En este texto el Espíritu Santo nos enseña que:
· En el culto a Dios todos adoran.
· En el culto a Dios lo primero es la gratitud y la alabanza.
· En el culto a Dios hay una razón para alabar.
· En el culto a Dios se aclama con júbilo.
· En el culto a Dios se exteriorizan las emociones.
· En el culto a Dios no hay expresiones repudiables.

EN EL CULTO A DIOS TODOS ADORAN.
“Y cuando los albañiles del templo de Jehová echaban los cimientos, pusieron a los sacerdotes vestidos de sus ropas y con trompetas, y a los levitas hijos de Asaf con címbalos, para que alabasen a Jehová, según la ordenanza de David rey de Israel.” (v.10)

Mientras los albañiles reconstruían el templo y sus cimientos, los sacerdotes y levitas alababan al Señor. Aquí se aprecia una consonancia entre el trabajo concreto de reconstrucción de la Casa de Dios y la adoración. No hay construcción de la obra sin adoración. Albañiles, sacerdotes y levitas desarrollan trabajos diferentes, mas todos apuntan al mismo fin: adorar al Señor. El vestuario de los sacerdotes habla de su dignidad de ministros de Dios, las trompetas de su labor anunciadora de la Palabra de Dios. Los hijos de Asaf tienen por función, en este caso, alabar al Señor con címbalos, instrumento musical muy parecido a los platillos; los músicos invitan a la alabanza y adoración al Señor. En una comunidad cristiana deben desarrollarse estas funciones de adoración: a) la función albañil, el discípulo fiel, responsable y obrero que edifica la obra, que construye de acuerdo a la Palabra; b) la función sacerdotal de los ministros de Dios o cinco ministerios; y c) la función levítica de los músicos. Estos últimos se han especializado en instrumentos y voces, pero su centro no es la música sino la adoración al Señor. Es posible que las personas se desvíen hacia propósitos más carnales, como querer figurar, sobresalir por sus habilidades y entre un espíritu de vanidad y egolatría. Nunca debemos olvidar que el propósito del culto –construir la Casa de Dios, edificar con la Palabra de Dios y alabar al Señor- tiene como único norte la adoración al Todopoderoso Señor que nos ha redimido y santifica. En el culto a Dios todos adoran: albañiles, sacerdotes y levitas.

EN EL CULTO A DIOS LO PRIMERO ES LA GRATITUD Y LA ALABANZA.
“Y cantaban, alabando y dando gracias a Jehová” (v.11)

Cantaban no por hacerlo simplemente, no cantaban por cantar, por entretención o disfrutar, sino como alabanza. Alabar es “Hallel”, que significa “gritar de gozo, aclamar”. El pueblo gritaba de alegría y aclamaba a Dios. Y lo hacía con un motivo: dar gracias a Dios. Cuando usted canta a Dios ¿le alaba a Él o se alaba a sí mismo por su bella voz? ¿A quién está alabando en verdad? ¿Está usted muy preocupado de cómo le resulta musicalmente o de hacerlo de corazón para Él? ¿Tiene en su corazón verdadero gozo cuando alaba al Señor? Estas son preguntas muy importantes de responder, si queremos que el Señor habite entre las alabanzas de su pueblo (Salmo 22:3).

Dar gracias a Dios y alabar al Señor son dos acciones fundamentales y primarias en el culto: gratitud y alabanza. “Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre” (Salmo 100:4) Necesitamos aprender a entrar en la Presencia de Dios con acciones de gracias y alabanzas. Detengámonos por un momento para cantar al Señor este bello salmo, poniendo todo el sentimiento y la gratitud de nuestro corazón, como lo hicieron los israelitas que regresaron de la cautividad.

EN EL CULTO A DIOS HAY UNA RAZÓN PARA ALABAR.
“y diciendo: Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel.” (v.11)

Toda alabanza, toda gratitud se sustenta en una razón concreta. Si estamos agradecidos de alguien es porque esa persona nos hizo un verdadero favor. No agradecemos a alguien por algo que jamás nos dio, sería ilógico. Las cosas de Dios en muchos aspectos son lógicas. He aquí una de ellas, usted agradece a Dios porque le salvó, porque tuvo misericordia de usted, porque le escogió para Su Reino y le sacó de las tinieblas, porque le dio Su Espíritu Santo y porque cada día le bendice con sus dones. ¡Son tantos los motivos que tenemos para dar gracias a Dios y alabarle! Entonces ¿Por qué estamos más prestos a pedir que a dar gracias? ¿Por qué nuestros cultos se distinguen más por la larga lista de peticiones que por la lista de agradecimientos? Cuando una comunidad cristiana comienza a dedicar más tiempo a la acción de gracias demuestra que está creciendo en amor a Dios, que está valorando lo que el Padre hace por ella.

La misericordia de Dios es eterna sobre Israel, Su pueblo. Si usted se considera del Israel espiritual del Señor, sepa que Su misericordia estará eternamente sobre usted. Es promesa del Señor.

EN EL CULTO A DIOS SE ACLAMA CON JÚBILO.
“Y todo el pueblo aclamaba con gran júbilo, alabando a Jehová porque se echaban los cimientos de la casa de Jehová.” (v.11)

Con gran júbilo el pueblo aclamaba. Aclamar es cuando una multitud da voces en honor y aplauso de alguien. Aclamar es gritar, hablar en voz alta. “Venid, aclamemos alegremente a Jehová; Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. / Lleguemos ante su presencia con alabanza; Aclamémosle con cánticos.” (Salmo 95:1,2) La Palabra de Dios nos insta: ¡Aclamad a Dios con alegría! (Salmo 66) Júbilo es una viva alegría, especialmente la que se manifiesta con signos exteriores. “Cantad alegres a Jehová, toda la tierra; Levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos. / Cantad salmos a Jehová con arpa; Con arpa y voz de cántico. / Aclamad con trompetas y sonidos de bocina, Delante del rey Jehová.” (Salmo 98:4-6). Las expresiones externas, corporales, los gestos de las manos y cara, son expresiones que no debemos evitar ni mezquinar al Señor. Un rostro inexpresivo y un cuerpo quieto, no es lo que agrada más plenamente al Señor. Él nos ha dado la capacidad de expresarnos corporal y facialmente. Regalémosle también nuestra expresión. Es una forma de ser agradecidos. “Pueblos todos, batid las manos; Aclamad a Dios con voz de júbilo.” (Salmos 47:1)

EN EL CULTO A DIOS SE EXTERIORIZAN LAS EMOCIONES.
“Y muchos de los sacerdotes, de los levitas y de los jefes de casas paternas, ancianos que habían visto la casa primera, viendo echar los cimientos de esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos otros daban grandes gritos de alegría.” (v.12)

Los que habían conocido la gloria del primer templo, lloraban con intensa emoción. Pensemos, por ejemplo, en algo que hemos perdido y es muy valioso para nosotros. Tal vez fue robado, incendiado u olvidado en el camino. Puede ser un objeto, un animal o una persona, puede ser un sentimiento o una idea. Pasan los años y, de pronto vemos aparecer nuevamente en nuestra vida aquello que perdimos. ¿No sentiríamos una emoción tan profunda que estallaríamos en llanto, o por lo menos rodaría alguna lágrima en nuestras mejillas? Hay personas que han recuperado su casa, después de haberla perdido por una hipoteca; otros recuperaron una pintura valiosa, que tuvieron que vender alguna vez o empeñarla; otros se reencontraron con un amor de juventud; otros volvieron a encontrarse con un ideal.

Lloraron porque con tan pocos recursos, en comparación a los de David y Salomón, ahora estaban realizando el milagro de reconstruir la Casa de Dios. Pero este templo estaría desprovisto de de la gloria del primero: el arca del pacto, el Urim y el Tummin. Las expresiones de tristeza del pueblo oriental son siempre fuertes y vehementes. Lo podemos observar en la televisión, cuando muere alguien por violencia y la madre y hermanos expresan a gritos su dolor.
En contraste, los más jóvenes daban grandes gritos de alegría. ¿Cuál es nuestra expresión frente a las maravillas de Dios?

Los cristianos, frente a las misericordias del Señor, podemos:
a) Reír (Salmo 126:2)
b) Cantar (Salmo 105:2)
c) Arrodillarnos (Salmo 95:6)
d) Inclinar el rostro (Nehemías 8:6)
e) Aplaudir (Salmo 47:1)
f) Aclamar (Salmo 98:4-6)
g) Alzar las manos (Salmo 134:2)
h) Postrarnos (1 Reyes 18:39)
i) Alzar la cabeza (Salmo 121:1)
j) Danzar (Éxodo 15:20)
k) Saltar (2 Samuel 6:14)

EN EL CULTO A DIOS NO HAY EXPRESIONES REPUDIABLES.
“Y no podía distinguir el pueblo el clamor de los gritos de alegría, de la voz del lloro; porque clamaba el pueblo con gran júbilo, y se oía el ruido hasta de lejos.” (v.13)
El lloro es parte del culto. Los seres humanos lloramos de dolor pero también lo hacemos por alegría, gratitud, amor. El llanto es una efusión de lágrimas originada por una conmoción emocional. No debemos asustarnos, escandalizarnos ni evitar el llanto en el culto; tampoco criticarlo. La misma actitud debe desarrollarse hacia los gritos de alegría. “Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron.” (Josué 6:20)

Los gritos no son ajenos al culto. En la visión que tuvo el profeta Isaías, en su llamamiento los serafines, seres celestiales del segundo nivel en los cielos, dan voces entre sí. “1 En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. 2 Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. 4 Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. 5 Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.” (Isaías 6:1-5)

CONCLUSIÓN.
El culto a Dios es la actividad central de la Iglesia, es la ocasión en que ésta se reúne para encontrarse con Dios. En el culto todos tienen el derecho y el deber de adorar al Creador, Salvador, Seño y Santificador de sus vidas. Lo primero es la gratitud y la alabanza al Señor por todas sus bondades, misericordias y Santas características. Se alaba con el entendimiento, por eso debe haber siempre una razón para alabar. En el culto a Dios se aclama con júbilo y se exteriorizan las emociones, no habiendo expresiones repudiables, si son sinceras y conforme al orden del Espíritu Santo.


PARA REFLEXIONAR:
1) ¿Qué similitud podemos encontrar entre la tarea de Esdras y la labor de los ministros de Dios de estos días?
2) ¿Cuál fue el propósito principal del ministerio de Esdras?
3) ¿Cuál es su participación en el culto del domingo?
4) ¿Reviste para usted importancia en el culto temas como: asistencia, puntualidad, presentación, atención, respeto a los hermanos y al Pastor, retención de la Palabra de Dios, participación activa en la adoración?
5) ¿Cuál debe ser, a su juicio, la medida del Culto a Dios: los cristianos, la organización eclesial, la Palabra de Dios u otras?

BIBLIOGRAFIA
1) “La Santa Biblia”, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.
2) Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua RAE, en línea; http://www.rae.es/rae.html
3) Donald E. Demaray, “Introducción a la Biblia”, Facultad Latinoamericana de Estudios Teológicos FLET, Editorial Unilit, 1996.
4) Ray C. Stedman, “Esdras: El Camino De Retorno”.
5) www.gotquestions.org/Book-of-Ezra.html
6) http://mb-soft.com/believe/tssm/ezranehe.htm

domingo, junio 28, 2009

LA SINFONÍA DE LA CREACIÓN.


ADOREMOS
II PARTE
Pastor Iván Tapia

Lectura Bíblica: Salmo 148

Propósitos de la Charla: a) Aprender el significado de términos relativos a la alabanza; b) Comprender que toda la creación alaba al Señor y que los seres humanos debemos y necesitamos alabar a nuestro Creador; c) Alabar como cristianos a nuestro Salvador y Señor.


Dios desea habitar en el hombre por medio del Espíritu Santo y Éste siempre nos motivará a una vida de alabanza y adoración en santidad porque Él habita entre las alabanzas de Su pueblo. Como aquella anciana muy pobre que tenía el hábito de decir: “Bendito sea el Señor, Amén”, cuando el predicador, un ministro de Escocia, decía algo destacado. Esto molestaba mucho a aquel pastor, hasta que un día le dijo: “¿Sabe hermana Elizabet, que cuando usted dice: “Bendito sea el Señor”, durante el sermón, interrumpe mis pensamientos? Si no lo hace durante todo este año le regalaré un par de frazadas nuevas”. La hermana Elizabet era muy pobre y esta oferta le pareció buena. Hizo lo que pudo por ganárselas. Permaneció quieta domingo tras domingo; pero un día vino un pastor visitante a predicar; era un hombre de cuyo corazón rebosaba el gozo de su salvación.

A medida que predicaba acerca del perdón del pecado y de todos las bendiciones que le siguen, la visión de las frazadas prometidas comenzó a desvanecerse mientras el gozo de la salvación aumentaba. Al fin no pudo contenerse más y se levantó diciendo con voz fuerte: “¡Frazadas o no frazadas, aleluya!”
Cuando pensamos en las maravillas de Dios, se llena nuestro ser de gran gozo. Nuestra reacción natural es querer alabar a Dios por lo que ha hecho y hace por nosotros.

Alabamos y adoramos al Señor porque hay gratitud en nuestros corazones. Han de saber ustedes que el alabar no es un asunto sólo de salvos ni tan sólo de humanos. Toda la creación alaba permanentemente a Jehová. ¿No ha visto usted caer las hojas suavemente en el otoño en una bella danza que ni el mejor programa computacional podrá imitar? Ellas ofrecen esa danza al Creador. Tal vez usted piense que estoy fantaseando y haciendo poesía, pero ha de saber que la Biblia declara que todo lo creado por Dios reconoce Su Majestad en alabanza. Las aves no cantan sólo por instinto y el viento no silva sólo por efecto del roce contra los árboles y casas. La Sagrada Escritura nos revela en el libro de Salmos que:

· Los seres celestiales alaban a Dios.
· Los cielos alaban a Dios.
· Los seres vivientes y los elementos alaban a Dios.
· Los seres humanos alaban a Dios.
· Todo Su pueblo alaba a Dios.

LOS SALMOS.
Imaginemos que nuestra civilización desapareciera y sólo quedara de nuestra cultura nada más que nuestro himnario de culto. Cuando lo encontrasen generaciones futuras, procurarían discernir quienes éramos sus autores, como pensábamos y sentíamos y cuáles eran nuestras creencias. La Poesía tiene esa particularidad de transmitir emociones, pensamientos y vivencias, de un modo muy diferente a la prosa. Probablemente las conclusiones que esos investigadores obtendrían no serían del todo correctas pero estarían muy cerca de la verdad por la honestidad de los escritos. Cuando el ser humano deja hablar al corazón y no tanto su lógica, es más verdadero. Dios escogió este género literario para hablarnos a través de aquellos escritores, en el libro de los Salmos. Quizás no nos están entregando aquella clara doctrina de Levítico o Deuteronomio, ni la certeza teológica de San Pablo, pero están transmitiendo algo muy importante para todo creyente: sus sentimientos frente a Dios y la vida.

Salmos es el libro de alabanzas de los hebreos y se escribió para ser cantado. Pertenece al grupo de libros bíblicos, llamado Poéticos, los que surgen en su mayoría, en la edad de oro de la historia hebrea, la era de David y Salomón. Se constituyó en el himnario del templo y libro de oraciones de Israel, destinado para uso de la vida particular y en el culto público. Por lo tanto era una guía para la oración y la alabanza. Es el libro más amado del Antiguo Testamento, una joya literaria de la edad de oro de Israel. De 283 citas del Antiguo Testamento mencionadas en el Nuevo Testamento, 116 son de los Salmos, o sea el 41 por ciento. Hoy día, como en toda la historia del cristianismo, los Salmos son 150 temas espirituales cantados en el culto de la Iglesia.

Suele denominarse este libro como “la Biblia dentro de La Biblia” pues hace un resumen del contenido de los libros anteriores y anticipa el pensamiento de los posteriores.

El libro de los Salmos es el primero y principal de la tercera parte de la Biblia hebrea (Ley – Profetas – Escritos), la que se denomina “los escritos” (del hebreo ketubim). La expresión “salmos” que leemos en Lucas 24:44, probablemente se refiera a toda esta tercera parte del Antiguo Testamento. La palabra hebrea es tehillim, es decir alabanzas. La palabra salmo, que designa una alabanza particular, tiene su origen en el griego y significa canto con acompañamiento instrumental o ejecución de instrumento de cuerdas.

Los Salmos hablan al lector de la Biblia de los sentimientos de aquellos hombres que temían a Dios. Son expresados, ya sea en oraciones, confesiones, alabanzas o expresiones de dolor, más abundantemente que en otros libros de las Escrituras. El lector de la Biblia podrá verse reflejado en muchas de estas circunstancias, por lo que será especialmente atraído y enseñado por los Salmos.

Los salmistas no sólo describen sus propios sentimientos sino que son de notorio carácter profético. El Espíritu de Cristo ha trabajado en ellos, ha compartido con ellos tristezas y gozo y ha estado en ellos (Isaías 63:9; 1 Pedro 1:11). Este es el motivo por el cual hallamos a Cristo en todos los Salmos, y no sólo en los Salmos mesiánicos (16, 22, 24, 40, 68 y 118). Los Salmos mesiánicos se refieren a Cristo muy puntualmente. No obstante, en el Nuevo Testamento hallamos menciones de Salmos que también se refieren al Señor, y que no son mesiánicos.

Casi la mitad de todas las citas mesiánicas provienen de los Salmos. Si contemplamos el vínculo espiritual que había entre Cristo y los creyentes israelitas que escribieron los Salmos, entonces podremos percibir el carácter claramente profético de estos últimos. El Espíritu de Cristo estaba compenetrado con las experiencias y los sentimientos de aquellos creyentes israelitas. Los sentimientos y sufrimientos del Señor, como hombre verdadero y perfecto, son descritos de una forma muy conmovedora, pues ellos son una prueba del interés que Él tenía en su pueblo terrenal.

Jesús amaba los Salmos. A tal extremo, que llegaron a ser parte de su misma mentalidad, de manera que expresó en citas de ellos Su agonía mortal sobre la cruz (San Mateo 27:46; San Lucas 23:46); manifestó que muchas cosas en los Salmos fueron escritas acerca de Él (San Lucas 24:44)

El carácter profético de los Salmos puede observarse en la descripción de la historia del remanente judío de los últimos días. Pero, recordemos, no son los eventos externos los descritos sino los sentimientos íntimos de este remanente. Esto explicaría las súplicas por castigo o venganza sobre sus enemigos (Salmo 137:9), las cuales resultan difíciles de comprender para muchos lectores. Los sentimientos expresados en esos Salmos provienen de creyentes, pero no de cristianos que pertenecen a la época de la gracia (Romanos 12: 17-21). Son los sentimientos de creyentes judíos que vivirán en los últimos días. Ellos esperarán la salvación de Dios y el justo castigo de sus opresores, especialmente del Anticristo.

LA POESÍA HEBREA.
En cuanto a la poesía hebrea, sus principales características son:
a) No posee rima (ritmo fonético)
b) No utiliza el arte de la estructura (Métrica)
c) La estrofa no es esencial en la poesía hebrea. Sólo se usa en los salmos 42, 43 y 46.
d) Destaca el estilo poético en cuanto a su espíritu y expresión cargada de emoción.
e) Hace uso del ritmo lógico o paralelismo, que es el ritmo y fuerza de los pensamientos con reiteración.

Esta poesía acude a otros recursos literarios tales como:
a) El sinónimo (cuando el segundo verso repite el pensamiento del primero, pero con otras palabras, o un pensamiento semejante: “Libra de la espada mi alma, del poder del perro mi vida”.
b) El verso antitético, cuando el pensamiento del primer verso se hace más claro por el contraste del segundo: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza” (San Mateo 8:20).
c) El paralelismo sintético, cuando el pensamiento del segundo verso y los que siguen, explican o completan la idea del primero: “Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará” (Salmo 1:3)
d) El paralelismo escalonado o de clímax, en que el pensamiento va en graduación hasta su término: “No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel” (Salmo 121:3,4)
e) El acróstico. El salmo 119 lo utiliza. Son 22 grupos cada uno con ocho versos y comienza con la primera letra del alfabeto hebreo.

EL SALMO 148.
1 Alabad a Jehová desde los cielos;
Alabadle en las alturas.
2 Alabadle, vosotros todos sus ángeles;
Alabadle, vosotros todos sus ejércitos.

3 Alabadle, sol y luna;
Alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas.
4 Alabadle, cielos de los cielos,
Y las aguas que están sobre los cielos.

5 Alaben el nombre de Jehová;
Porque él mandó, y fueron creados.
6 Los hizo ser eternamente y para siempre;
Les puso ley que no será quebrantada.

7 Alabad a Jehová desde la tierra,
Los monstruos marinos y todos los abismos;
8 El fuego y el granizo, la nieve y el vapor,
El viento de tempestad que ejecuta su palabra;

9 Los montes y todos los collados,
El árbol de fruto y todos los cedros;
10 La bestia y todo animal,
Reptiles y volátiles;

11 Los reyes de la tierra y todos los pueblos,
Los príncipes y todos los jueces de la tierra;
12 Los jóvenes y también las doncellas,
Los ancianos y los niños.

13 Alaben el nombre de Jehová,
Porque sólo su nombre es enaltecido.
Su gloria es sobre tierra y cielos.

14 El ha exaltado el poderío de su pueblo;
Alábenle todos sus santos, los hijos de Israel,
El pueblo a él cercano.
Aleluya.

¿QUÉ SE HA DICHO SOBRE ESTE SALMO?
«El último en ser creado, el hombre, pero el primero en canto, no puede contenerse. Danza, canta; da órdenes a todos los cielos con los ángeles en ellos que le ayuden; «bestias y ganado, reptiles y aves», todos deben hacer lo mismo; incluso los «dragones» no deben quedar silenciosos; y «todas las profundidades» deben aportar su contribución. Trae incluso objetos inertes a su servicio –tambores, trompetas, arpas, órganos, címbalos–, por si por algún medio, puede él dar expresión a su amor y su gozo». John Pulsford.

«Milton, en su Paraíso Perdido, ha imitado este Salmo de modo elegante, y lo ha puesto en boca de Adán y Eva en su estado de inocencia como su himno matutino». James Anderson. (1678-1739), pastor presbiteriano.

«Este Salmo no es ni más ni menos que una gloriosa profecía del día venidero en que no sólo se habrá extendido el conocimiento del Señor sobre toda la tierra, como las aguas cubren el mar, sino que todo ser creado en el cielo y en la tierra, animado e inanimado, desde el arcángel más elevado a través de todos los grados y fases del ser, hasta el átomo más pequeño; jóvenes y doncellas, viejos y niños, y todos los reyes y príncipes y jueces de la tierra – se unirá en su himno milenial a la alabanza del Redentor». B. Bouchier

¿QUÉ SIGNIFICA ALABAR?
“Hallel” es un verbo que significa “alabar”. Se emplea más de 200 veces en la Biblia, de las cuales 120 están en los Salmos. Quiere decir: “gritar de gozo, aclamar”. Puede aparecer también como “tehillah”, expresión que traducimos como “alabanza”.

En algunas ocasiones se utiliza este verbo para exaltar las virtudes de una persona como cuando dice: “Se alaba al hombre según su prudencia” (Proverbios 12:8), pero generalmente se lo emplea para dirigirse a Dios. El diccionario común lo define como “Decir de alguien o algo sus virtudes o méritos; celebrar con palabras a una persona o hecho”
En el libro de los Salmos “hallel” aparece 120 veces sobre todo en la expresión “¡Aleluya!” que es la combinación de hallel más Yahveh, el nombre de Dios. Es una aclamación frecuente entre judíos y cristianos, que significa: ¡Alaben al Señor!
A lo largo del libro de los Salmos, llamado también Salterio, se advierte un movimiento ascendente que nos conduce irresistiblemente a la alabanza y la adoración, para terminar en su máxima expresión de adoración en los salmos 148 a 150.

El salmo 148, que estudiaremos ahora y que encontramos en el Libro V de los Salmos, convoca al cielo, la tierra y todo el universo a celebrar el nombre de Dios. El motivo de la alabanza y la adoración es el admirable orden de la creación.

El salmo 148, que ahora se ha elevado a Dios, constituye un verdadero “cántico de las criaturas”, una especie de Te Deum del Antiguo Testamento, un aleluya cósmico que implica todo y a todos en la alabanza divina. Es un cántico sobre la naturaleza y la gracia. Como un relámpago cruza el espacio y su resplandor envuelve cielo y tierra en un ropaje de gloria, así la adoración del Señor en este Salmo ilumina todo el universo y hace que resplandezca con el fulgor de la alabanza. El canto empieza en los cielos y va descendiendo hasta las profundidades, para volver a ascender de nuevo, hasta que el pueblo cercano a Jehová se ha unido a su melodía.

1. Los seres celestiales alaban a Dios.
“1 Alabad a Jehová desde los cielos;
Alabadle en las alturas.
2 Alabadle, vosotros todos sus ángeles;
Alabadle, vosotros todos sus ejércitos.”

El Creador de todo habita en luz inaccesible, en los cielos de los cielos. San Pablo habla de un tercer cielo, como considerando el cielo que vemos en el día primer cielo, el que observamos en la noche –pleno en constelaciones- como segundo cielo y aquella realidad externa a la creación, donde habita Dios, un tercer cielo indescriptible, al cual el Apóstol llama “inefable”, indecible, que no se puede explicar con palabras. En esas alturas Dios es loado. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3)

En esa realidad superior, en esa otra dimensión, en términos más actuales, Dios es adorado: “Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. 9 Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, 10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.” (Apocalipsis 4:8-11)

En relación al “ejército de Yahvéh”, encontramos en la Biblia estos pasajes: “Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? / El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? / Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo.” (Josué 5:14) y “Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? 10 El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.” (1 Reyes 19:9,10)

La invocación a Yahvéh como "Yahvéh de los ejércitos” no debe entenderse como Jehová “de los ejércitos de Israel” sino como “de los ejércitos celestiales”: "Señor de los ejércitos, si miras la miseria de tu servidora y te acuerdas de mí, si no te olvidas de tu servidora y le das un hijo varón, yo lo entregaré al Señor para toda su vida, y la navaja no pasará por su cabeza" (1 Sam 3:11)

Lo mismo que ocurre con la expresión campamento de Dios: “Jacob siguió su camino, y le salieron al encuentro ángeles de Dios. / Y dijo Jacob cuando los vio: Campamento de Dios es este; y llamó el nombre de aquel lugar Mahanaim.” (Génesis 32:1,2)

2. Los cielos alaban a Dios.
3 Alabadle, sol y luna;
Alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas.
4 Alabadle, cielos de los cielos,
Y las aguas que están sobre los cielos.

5 Alaben el nombre de Jehová;
Porque él mandó, y fueron creados.
6 Los hizo ser eternamente y para siempre;
Les puso ley que no será quebrantada.

Alaban a su Creador: el sol, la luna y las estrellas, aquellas luminarias creadas por Dios el cuarto día. “Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, / y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. / E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. / Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, / y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno.” (Génesis 1:14-18)

Alaban a Dios los cielos del día y de la noche. La concepción de la Antigüedad era que había agua en los cielos. En cierto modo esto es real, puesto que la atmósfera contiene agua en estado gaseoso, que son las nubes. Éstas son una alabanza al Señor de la creación.

¿Por qué habrán ellos de alabar a Dios? Porque Él ordenó y fueron hechas por el poder de Su Palabra: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” (Hebreos 11:3) Imitemos nosotros, los humanos, esa alabanza permanente de la creación. Él “Los hizo ser eternamente y para siempre; Les puso ley que no será quebrantada.” Su creación es imperecedera y se sostiene por leyes naturales, las cuales están sujetas a una ley sobrenatural: Jesucristo. “En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; / el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (Hebreos 1:2-3)

En la Antigüedad los pitagóricos, filósofos matemáticos, hablaron de “la música de las esferas”. Esto que parecía ser una fantasía bastante poética, ahora se ha comprobado como una realidad. Un satélite de la Nasa ha confirmado la ancestral tradición de la música de las esferas, según la cual los cuerpos celestes emiten sonidos armónicos. Aunque la música de las esferas ha derivado primero en la noción de armonía universal y después en simetría, ahora se ha descubierto que la atmósfera del Sol emite realmente sonidos ultrasónicos y que interpreta una partitura formada por ondas que son aproximadamente 300 veces más graves que los tonos que pueda captar el oído humano. Realmente, como canta el salmista, los cielos alaban a Dios.

3. Los seres vivientes y los elementos alaban a Dios.
7 Alabad a Jehová desde la tierra,
Los monstruos marinos y todos los abismos;
8 El fuego y el granizo, la nieve y el vapor,
El viento de tempestad que ejecuta su palabra;

9 Los montes y todos los collados,
El árbol de fruto y todos los cedros;
10 La bestia y todo animal,
Reptiles y volátiles;

La tierra alaba al Señor. No es esa diosa “Madre Tierra” que tienen las culturas panteístas precolombinas y que ahora pretenden resucitar los de la Nueva Era, sino la sencilla tierra creada por nuestro Dios, la tierra que nos da cultivos, metales y un suelo donde vivir.

Los monstruos marinos y todos los abismos alaban al Creador. Aún el fuego, el granizo, la nieve, el vapor y el viento lo hacen. No veamos más el chisporrotear del fuego entre los leños como un simple proceso de combustión; sorprendámonos con el granizo cuando canta sobre los pavimentos y vehículos; hasta el sonido del agua hirviendo y su vapor es una canción al Señor; no sea ya más el viento en nuestros cerros, costas y llanuras algo más que sucede… sino veamos con los ojos y los sentidos del salmista. Los pueblos originarios tienen este sentir frente a la creación. Es algo muy importante para nuestra felicidad y que hemos perdido: la capacidad de asombrarnos ante la creación, de unirnos a su canto y alabar al Creador.

El escritor del salmo habla del viento de tempestad que ejecuta la Palabra. La tempestad desgaja los árboles, levanta las casas, destruye todo; si es en el mar hunde barcos y azota los puertos; cumple una Voluntad que el hombre no puede desobedecer.

También alaban los montes, los collados o colinas, los árboles frutales, los enormes cedros de casi 40 metros de altura y gruesos troncos enhiestos; todo animal, incluido los más grandes feroces, los reptiles y aves, rinden culto al Señor que los creó. Y si es así, ¿por qué no alaba el hombre, la mujer, el niño, el joven y el anciano, al Dios que les dio la vida?

4. Los seres humanos alaban a Dios.
11 Los reyes de la tierra y todos los pueblos,
Los príncipes y todos los jueces de la tierra;
12 Los jóvenes y también las doncellas,
Los ancianos y los niños.

13 Alaben el nombre de Jehová,
Porque sólo su nombre es enaltecido.
Su gloria es sobre tierra y cielos.

El salmista invita a alabar el nombre de Dios a todo ser humano. En su concepción teocrática del mundo, comienza hablando a los reyes de la tierra y engloba a todos los pueblos; luego se dirige a los príncipes –que estarían bajo la autoridad de los reyes- y todos los jueces de la tierra, encargados de impartir justicia. Pensamos en nuestro sistema democrático: presidente, ministros, legisladores (diputados y senadores), jueces, fuerzas armadas, autoridades civiles.

Los jóvenes y las señoritas no son olvidados por el salmista, que es la voz de Dios. Él les encarga a ellos que le alaben y enaltezcan sólo Su Nombre, no el nombre de ídolos y artistas populares, a los cuales siguen con fanatismo muchos jóvenes de hoy.

Los ancianos y los niños, los que están al inicio de sus vidas y los que ya están finalizándola en esta tierra, ambos grupos extremos deben alabar al Señor. Los que están aprendiendo a hablar deben ser enseñados por sus padres a adorar al Padre; los que están aprendiendo a caminar; los que comienzan su aprendizaje de lectura y escritura deben ser acercados a la Biblia y al himnario, para alabar al Señor. Los ancianos canten y oren con alegría en esta llamada “tercera edad” al que les creó y recreó en Cristo.

¿Cuál es la razón por la que debemos alabar el Nombre de Jehová? Según el salmo 148, hay dos razones:
a) “Porque sólo su nombre es enaltecido.” Sólo el Nombre de Dios brilla tanto como el de Jehová y está en todos los niveles de la creación, desde los lugares celestiales hasta los abismos.
b) “Su gloria es sobre tierra y cielos.” Se puede apreciar Su gloria sobre todo lo creado.

5. Todo Su pueblo alaba a Dios.
“14 El ha exaltado el poderío de su pueblo;
Alábenle todos sus santos, los hijos de Israel,
El pueblo a él cercano.
Aleluya.”

El versículo final destaca los privilegios de Israel como pueblo elegido por Dios. Él ha exaltado a Su pueblo: los judíos y los cristianos. A partir del 12 de Mayo de 1948, según estaba profetizado en la Biblia, Israel ha regresado a su tierra. Los gentiles creyentes en Jesucristo hemos sido injertados en el pueblo de Israel y constituimos con ellos pueblo de Dios, el Israel de Dios. “Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios” (Romanos 2:28-29). El exégeta Franz Mussner comenta al respecto: “La iglesia e Israel se sitúan en una relación histórico-salvífica indisoluble que, vista desde el planteamiento paulino, no supone que El Todopoderoso haya sustituido a Israel por la iglesia o que haya plantado en el mundo un segundo olivo natural junto al ya existente Israel; en realidad existe un solo olivo natural, Israel, y en él ha sido injertada la iglesia”.

Judíos y gentiles conversos adoramos a Dios porque Él está cercano a Su Pueblo. Ambos constituimos un solo pueblo, “para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” (Efesios 1:6,12) El fin de todo es la alabanza de Dios, una gran sinfonía de Su Creación. Como el máximo Artista, como el excelso Poeta, Él ha creado la más bella obra de arte.

CONCLUSIÓN.
¿Qué nos enseña este salmo? Que toda la creación alaba al Señor y, por lo tanto, los seres humanos no podemos ser menos y alabar a nuestro Creador. Mayormente los cristianos, que tenemos un Salvador y Señor.

Había una pobre mujer, tejedora a mano en aquellos tiempos cuando el obrero tenía que rendir largas horas de trabajo en sus tareas. Debido al gran esfuerzo que tenía que hacer para mantener a sus hijos, pues era viuda, enfermó de gravedad. Al fin logró reestablecerse. Un día su médico le dijo: - Bien, ya podemos decir que usted está curada. Pronto volverá a su trabajo. Pero una cosa le voy a ordenar, que el domingo lo pase todo el día descansando.
-¿Es que ni siquiera podré ir al templo a adorar al Señor? – Preguntó la mujer.
- No se preocupe, señora. El templo y Dios muy bien pueden pasarse sin usted – le dijo el médico.
- Pero yo no puedo pasarme sin Dios y sin ir al templo – respondió la mujer.

No sólo necesitamos acudir al templo para orar y alabar a Dios, también es nuestro deber, una función tan importante como trabajar y servir a nuestros seres queridos. Alabar y adorar al Señor es tan necesario como respirar y alimentarnos.


PARA REFLEXIONAR:
1) ¿Qué seres celestiales conoce usted en la Biblia?
2) ¿Qué significa que “los cielos alaban a Dios”?
3) ¿Cree usted que todos los seres vivientes alaban a Dios?
4) ¿En qué ocasiones alaba usted a Dios?
5) ¿Cómo es la forma de alabanza y adoración en su Iglesia?


BIBLIOGRAFIA
1) “La Santa Biblia”, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.
2) Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua RAE, en línea; http://www.rae.es/rae.html
3) Claudio Daniel Olszanski; “Orando con los salmos”; Capítulo 3: Hallel.
4) José Herrera Rodríguez, Presentación del Instituto Teológico Interdenominacional, ITI, Chile, 2006
5) Donald E. Demaray, “Introducción a la Biblia”, Facultad Latinoamericana de Estudios Teológicos FLET, Editorial Unilit, 1996.
6) Sígueme net; ilustraciones.
7) http://www.baruxhaba.com/el-buen-olivo.html
8) Eduardo Martínez. “Un satelite de la Nasa confirma la música de las esferas”; Tendencias Científicas: html http://www.tendencias21.net/
9) http://www.aguasvivas.cl/revistas/44/estudio3.htm