domingo, enero 25, 2015

EL ÚLTIMO MENSAJE.


 
"PANORAMA BÍBLICO"
LXVI PARTE
APOCALIPSIS
LAS COSAS QUE HAN DE VENIR

Pastor Iván Tapia Contardo

Lectura bíblica: “10 Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. / 11 El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.”  (Apocalipsis 22:10,11)
 
Objetivos: a) Comprender y valorar el mensaje que entrega el último capítulo de la Biblia; b) Conocer la visión del futuro del Hombre que muestra Apocalipsis; c) Conocer, valorar y aplicar el significado de los nombres de Jesucristo; d) Conocer y esperar con fe el anuncio de la segunda venida de Cristo; e) Decodificar y valorar los símbolos que contiene este capítulo; y f) Responder afirmativamente a la promesa del Señor. 

Resumen: El último capítulo de la Biblia contiene un mensaje de esperanza que implica el regreso de Jesucristo y la descripción del Paraíso eterno que habitarán los redimidos.
 

E

l último capítulo de Apocalipsis es también el último capítulo de la Biblia. En él se nos entrega el postrer mensaje de Dios para la sociedad y para la Iglesia. Es un mensaje que llena de esperanza a los cristianos y que debemos transmitir a toda la sociedad. Por eso San Juan lo dejó escrito. No es un mero registro de una revelación profética, sino una urgente noticia para todos los hombres. En este sermón veremos en qué consiste este último capítulo y qué importancia tiene para la Humanidad.

¿Qué nos muestra el último capítulo de la Biblia? 

1.      Un ángel mensajero.
Para entender mejor este capítulo debemos retroceder al capítulo anterior y darnos cuenta que es un ángel quien le habla a San Juan en los primeros versos: “9 Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero.” (Apocalipsis 21:9) 

a)      Un ángel le muestra la visión: “1 Después me mostró un río limpio...” (Apocalipsis 22:1) 

El ángel le muestra la Nueva Jerusalén y una visión maravillosa del Reino Eterno, donde viviremos para siempre los salvados por Jesucristo. 

b)      Un ángel le muestra el futuro del Hombre: “6 Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.” (Apocalipsis 22:6) 

Dios envió Su ángel para mostrar a Sus hijos los acontecimientos últimos del planeta. 

c)      Un ángel le dice que adore sólo a Dios: “8 Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. / 9 Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.” (Apocalipsis 22:8,9) 

Una vez más San Juan recalca que no debe adorarse a los ángeles. Podemos escucharlos, verlos, aún obedecerles si traen órdenes de Dios, pero no adorarlos ni orar a ellos. Dios es el único al que debemos adorar. 

d)      Un ángel le ordena no esconder la profecía: “10 Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. / 11 El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.” (Apocalipsis 22:10,11) 

El ángel le transmitió una orden de Dios, no esconder la profecía sino darla a conocer. Por eso Juan escribió Apocalipsis, para que estuviéramos preparados. Los justos y santos deberán seguir practicando la justicia y la santidad; los injustos e inmundos no tendrán oportunidad en el tiempo del fin, porque será hora de juicio, tal como es declarado por el ángel que tenía el evangelio eterno, “7 diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.” (Apocalipsis 14:7) 

El mensajero de Apocalipsis es un ángel que: Le muestra la visión; le muestra el futuro del Hombre; le dice que adore sólo a Dios y le ordena no esconder la profecía. 

2.      El Autor del mensaje.
El Autor del mensaje es Jesucristo y Se autodefine, presentándose con símiles: 

“13 Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.” (Apocalipsis 22:13)

El Señor Jesucristo es el principio porque por medio de Él fueron creadas todas las cosas del universo. Es también el fin porque todo confluirá finalmente en Su Persona. Para todo cristiano Jesús es el principio de su vida y el fin que persigue. Nuestra vida tiene sentido sólo en Él. 

“16...Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.” (Apocalipsis 22:16)

Jesucristo es antes y después del rey David porque existe desde antes del gran rey, pero también es su descendiente, ya que Jesús nació como hombre en la familia o casa de David. Esto era muy importante para los judíos y a nosotros, los gentiles, nos confirma su eternidad y su humanidad. En cierto modo está diciendo “Yo soy humano y divino a la vez”.  

También se autodefine como la estrella que más brilla en el cielo al amanecer, porque Él nos trae un nuevo día espiritual, un día de plena luz, salvación y felicidad eternas. 

El Autor del mensaje es Jesucristo, quien se autodefine como principio y fin de todo; raíz y linaje del rey David; y la estrella resplandeciente de la mañana. 

3.      El mensaje.
El contenido del mensaje contempla dos cosas de mayor relevancia. 

a)      Anuncia su segunda venida.

En este último capítulo de Apocalipsis y último capítulo de la Biblia, Jesús afirma que Él viene pronto otra vez a la Tierra, lo cual es:

·        Una bienaventuranza: “7 ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.” (Apocalipsis 22:7) 

Hay una bienaventuranza para el que escucha y cree a las profecías y consejos de Apocalipsis, quien no lo toma con liviandad sino que se prepara para el tiempo del fin.  

·        Un galardón: “12 He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.” (Apocalipsis 22:12) 

Su regreso es con una bella promesa para los cristianos: trae un galardón o premio. Cuando alguien hace un curso o estudia una carrera, al término recibe un diploma. Todos tendremos el diploma de la salvación por fe. Algunos estudiantes son más destacados que otros y reciben una medalla, una copa o una mención especial, estos son galardones. El galardón es para el que se esfuerza. Todo cristiano, si es sincero en su fe, tiene algo positivo por lo cual destacarse. Por ello recibirá su galardón de parte del Señor. La salvación e gratuita, es un don; en el tribunal de Cristo recibiremos un galardón, pero de acuerdo a nuestras obras como cristianos. 

·        Una promesa que se cumplirá en breve: “20 El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.” (Apocalipsis 22:20) 

Él prometió venir “en breve”, pronto. A nosotros nos parece mucho tiempo 2.000 años, mas para Él es nada, como un segundo. Esta diferencia de percepción del tiempo entre Dios y los hombres es lo que nos desconcierta, es también una prueba a nuestra fe. El apóstol Pedro lo explica así: “9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:9) 

b)      Muestra una visión del Paraíso eterno.
Termina en este capítulo la descripción de la Nueva Jerusalén, donde viviremos el Reino Eterno de Jesucristo, el Cielo o Paraíso de Dios. Hay allí cuatro elementos principales. 

·        Un río.
“1 Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero.” (Apocalipsis 22:1) 

En la ciudad celestial hay un río con tres características:

a)      Agua de vida. El agua que corre por él da vida al que la bebe o se lava en ella.

b)      Resplandeciente como cristal. Es un agua que brilla y es muy transparente, tan limpia como nunca se ha visto en la Tierra. Es un agua de santidad.

c)      Sale del trono de Dios. La autoridad de Dios permite el fluir de este río de vida. 

·        Un árbol.
“2 En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.” (Apocalipsis 22:2) 

El árbol de la vida del Paraíso del Génesis, aparece en el último libro de la Biblia. Sus características son:

a)      Está en medio de la calle. La ciudad se desarrolla bajo la sombra y el frescor de este árbol. El árbol protege.

b)      Está a uno y otro lado del río. Las riberas del río ven crecer este árbol maravilloso. El árbol vivifica.

c)      Produce 12 frutos al año. Cada mes da un fruto, del cual todos se alimentan, un fruto agradable y sano, al contrario del fruto que comieron nuestros primeros padres. El árbol salva.

d)     Sus hojas son para sanar. Todos los seres humanos serán sanados de un pasado de heridas y traumas. El árbol sana. 

·        Unos siervos.
“3 Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, / 4 y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.” (Apocalipsis 22:3,4) 

Los siervos de Dios disfrutarán en la vida eterna:

a)      No tendrán maldición. La maldición del pecado, de la Ley y del diablo ya no estará sobre ellos.

b)      Servirán a Dios y el Cordero. Con gozo le alabarán y cumplirán Sus órdenes.

c)      Verán el rostro de dios. nada hay más hermoso que contemplar el rostro del Amor y la Santidad.

d)     Tendrán Su nombre en la frente. Sus pensamientos y vidas pertenecerán a Cristo.

e)      Reinarán por los siglos. Eternamente estaremos con Dios y seremos felices. 

·        Una ciudad.
“5 No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 22:5) 

En la Nueva Jerusalén:

a)      No habrá noche. Todo será luz diurna, por tanto no existirán peligros de ladrones o bandidos.

b)      Dios iluminará. Él será nuestra única Lumbrera. Antes eran el sol, la luna y las estrellas; ahora serán el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

c)      Estará el trono de Dios y Jesús. En medio de la ciudad se ubicará el trono celestial, como núcleo de la Humanidad y el Universo. Nunca más nos separaremos de Dios. 

El contenido del mensaje contempla dos cosas de mayor relevancia: a) Anuncia su segunda venida como bienaventuranza, galardón y promesa a cumplirse en breve; y b) Muestra una visión del Paraíso, donde hay un río, un árbol, siervos y una ciudad, todos símbolos de la vida eterna junto a Dios y Su Hijo. 

4.      La respuesta al mensaje.
“17 Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.” (Apocalipsis 22:17 

No puede ser otra nuestra respuesta ante esta visión y mensaje del Señor. El Espíritu Santo desea que Jesucristo regrese pronto y lo llama. La Iglesia, hoy Novia de Cristo y mañana Su Esposa, sólo desea que Él venga pronto para poder estar para siempre unidos.  

El mensaje final para todo ser humano es que si tiene sed, venga a Jesús, tome del agua de la salvación por gracia y beba gratuitamente de ella. Dios quiere que todos vengan a Él y habiten en los cielos por eternidad.  

CONCLUSIÓN.
El último capítulo de Apocalipsis es también el último capítulo de la Biblia y nos muestra: 1) Un ángel mensajero que muestra a San Juan la visión del futuro del Hombre, le dice que adore sólo a Dios y le ordena no esconder la profecía; 2) El Autor del mensaje, que es Jesucristo, principio y fin de todo, raíz y linaje de David y estrella resplandeciente de la mañana; 3) El mensaje y su contenido: a) Anuncia su segunda venida como bienaventuranza, galardón y promesa a cumplirse en breve, y b) Muestra una visión del Paraíso, con un río, un árbol, siervos y una ciudad, símbolos de la vida eterna junto a Dios y Su Hijo; y 4) La respuesta al mensaje, “Ven, Señor Jesús”.

 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Qué similitudes y diferencias ve entre el Paraíso de Génesis y el de Apocalipsis?

2)      ¿Por qué el ángel le ordena a Juan no esconder la profecía?

3)      ¿Qué diferencia hay entre don de Dios y galardón de Dios?

4)      ¿Cuál es el principal mensaje del último capítulo de la Biblia?

5)      ¿Es Jesucristo para usted su principio y su fin, o está en proceso de serlo? ¿Qué le falta para alcanzarlo?

6)      ¿Cuáles son las lumbreras del primer capítulo de la Biblia y cuáles las lumbreras del último capítulo?

7)      ¿Cómo debe ser nuestra relación con los ángeles?

8)      ¿Cómo comprobamos en nuestra experiencia que Jesucristo es humano y divino a la vez?

9)      ¿Podrá algún cristiano perder el don de la salvación? ¿Podrá algún cristiano perder el galardón?

10)  ¿A quién o qué representa el árbol de la vida?

11)  ¿Qué mensaje personal le ha dejado este sermón?

 
BIBLIOLINKOGRAFÍA.
  • Reina, Casiodoro de (1960). “La Santa Biblia” Estados Unidos: Broadman & Holman Publishers.
  • MacArthur, John. (2011). “Biblia de Estudio MacArthur” Estados Unidos: Thomas Nelson Inc. 
  • (1979). “Dios Habla Hoy, La Biblia Versión Popular” Sociedades Bíblicas Unidas.
  • Demaray, Donald E. (1996). “Introducción a la Biblia” Estados Unidos, Miami: Facultad Latinoamericana de Estudios Teológicos FLET, Editorial Unilit, 1996.
·         (1960). “La Santa Biblia” Sociedades Bíblicas Unidas. Recuperado de: http://www.gentle.org/biblia/

·         “Nuevo Testamento, Edición Pastoral” Chile, Ediciones Mundo, 1974.

·         “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España” Disponible en: http://www.rae.es/

·        Concordancia electrónica de la Biblia” Disponible en: http://www.miconcordancia.com/concordancia.php

 

 

domingo, julio 20, 2014

EL NÚMERO DE LA UNIDAD.


 
 
NUMEROLOGÍA BÍBLICA.
EL NÚMERO DE LA UNIDAD.

Pastor Iván Tapia Contardo

 
Lectura bíblica: Génesis 1:1

Propósitos de la charla: a) Conocer y valorar y practicar el mensaje que nos entrega simbólicamente el número “uno” en la Biblia; b) Comprender que Dios es Uno, a pesar de ser Trino y Su primacía sobre todas las cosas; c) Comprender y dar a conocer que Jesucristo, el Salvador, es Uno; d) Comprender, valorar y aceptar que cada ser humano es uno y único; e) Comprender, valorar y practicar la unidad espiritual absoluta de la Iglesia.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” (Génesis 1:1)

L

os números en la Biblia pueden tener un significado simbólico en la interpretación de la Escritura. El número uno, primer dígito, es el número de la unidad y tiene profundos e importantes mensajes que entregarnos para nuestro crecimiento espiritual.

Génesis es el primer libro de la Biblia, el libro “uno” y es llamado “el libro de los principios” u orígenes. El nombre Génesis es de la versión griega de la Escritura, la llamada Septuaginta. En hebreo, cada libro del Pentateuco se nomina por las primeras palabras. Así el Génesis en hebreo se denomina “Bereshit” pues las primeras palabras del libro son “Bereshit bara Elohim”. El versículo completo dice: “Bereshit bara Elohim et hashamayim ve'et ha'arets.” Que significa “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” (Génesis 1:1)

La Biblia es un libro sagrado, se le denomina indistintamente la Santa Biblia o la Sagrada Escritura. Es el Libro de los libros, el Libro que nos habla acerca de Dios y cuyo personaje principal es Jesucristo, Dios encarnado, nuestro Salvador. Fue escrita por 40 hombres que fueron inspirados por su único Autor: el Espíritu Santo de Dios. Obviamente fue escrita con palabras en tres idiomas: hebreo, arameo y griego, después traducida al latín y a los numerosos idiomas del planeta. Pero no sólo hay letras en este libro, sino también números, sea para registrar cantidades de hijos, tribus, seres celestiales, animales u objetos, como para numerar años y reinados, o el orden de los tiempos. Los números de capítulos y versículos fueron agregados muy posteriormente, en los siglos XIII y XVI. Sin embargo los números en ocasiones tienen una doble lectura o significado. El estudio de éstos se denomina Numerología Bíblica. Cada número dígito de la Sagrada Escritura tiene un mensaje especial para el creyente, dependiendo de su contexto. Por ejemplo, las profecías son abundantes en utilizarlos como lenguaje simbólico. Aparte de ellos hay otras cantidades igualmente significativas para nuestro crecimiento espiritual. No se trata de idolatrar un número ni de hacer superstición de ellos, sino de desentrañar el mensaje de Dios que contienen.

¿Qué nos enseña el uno en la Biblia?
 
1.      Dios es Uno.

“4 Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. / 5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. / 6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón;” (Deuteronomio 6:4-6)

Moisés afirma en Deuteronomio que Yawé es el Dios de Israel y que es uno sólo, no hay más dioses. Los hebreos tomaron en Egipto las idolatrías de esa nación, se mezclaron por cuatro siglos con un pueblo pagano y adquirieron sus costumbres paganas. El mandamiento es amar a ese Dios único con todo el corazón, el pensamiento y las fuerzas. Éstas son palabras que ordena Dios por medio de Moisés para que siempre estén en lo más profundo de ellos.

El jefe y libertador de Israel recalca “Jehová uno es” Esto quiere decir que no hay varios dioses sino que es Uno solo, y que es Único. El número “uno” en la Biblia es símbolo de: a) unidad y b) primacía.

El profeta Isaías, siglos después, también resaltará que no existen otros dioses: “Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios.” (Isaías 44:6)

Este Dios además es Rey de Su pueblo. Como todas las naciones de aquella época, sobre todo las grandes naciones, tenían rey que los gobernase y muchas veces decían que eran divinos, el pueblo de Dios también tiene un Rey, pero éste es Dios mismo, el Creador de todo el universo, el Invisible. Este Rey es su Redentor, quien los ha libertado de la esclavitud a otras naciones. Lo llama “Jehová de los ejércitos” porque dirige las miríadas de ángeles y seres celestiales, como General de ellos. Es el Primero pues existe desde la eternidad, y el Postrero o Último porque tiene en Sus manos el destino de toda Su creación. Cuando dice que fuera de Él no hay Dios, significa que es el Único Dios. Toda la creación apunta hacia el único Dios, como asegura el último libro de la Biblia: “Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.”  (Apocalipsis 22:13)

En el idioma hebreo hay dos palabras empleadas para el número "uno": a) yachid, que significa único y b) echad, que significa uno.

Yachid aparece doce veces en el Antiguo Testamento, 3 en el Pentateuco y 9 en el resto del Antiguo Testamento.

Echad denota una unidad compuesta o entre varios que hacen la unidad. Puede ser, por ejemplo, un día de siete (Génesis 1:5) o una sola carne de dos (Génesis 2:24). En estos textos “echad” se refiere a varios o a uno entre varios. Por eso que para referirse al Dios Trino a veces se emplea  este modo colectivo: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.” (Deuteronomio 6:4). La idea de uno excluye a otro Dios, pero no excluye la Trinidad.

Si tomamos el número uno como ordinal podemos considerar el primer libro de la Biblia o el libro uno, es decir Génesis. Pero también, con fines de interpretación bíblica, tomar una palabra o concepto en su primera aparición. Las primeras apariciones de palabras en la Biblia siempre serán muy importantes pues darán la clave interpretativa de dicha palabra y concepto en toda la Escritura. Por ejemplo, si tomamos la palabra luz. Aparece por primera vez en el Antiguo Testamento en Génesis: “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.” Génesis 1:3 En el Nuevo Testamento aparece por primera vez en San Mateo y dice: “El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció.” San Mateo 4:16 En ambos se refiere a un elemento que vence a la oscuridad, en el Antiguo es una luz física, en el Nuevo una luz espiritual que vence las tinieblas satánicas.

2.      El Salvador es Uno.

 “13 Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. / 14 Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? / 15 Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. / 16 Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. / 17 Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.”  (San Mateo 3:13-17)

Cuenta el Evangelio que Jesús viajó desde Galilea, al norte de Tierra Santa, hasta el río Jordán, donde su primo Juan el Bautista predicaba el arrepentimiento y bautizaba a la gente para que prepararan sus corazones para recibir al Mesías. Jesús quería ser bautizado por él, pero Juan se consideraba indigno de hacerlo. Esto significa que Juan ya conocía la estatura espiritual de Jesucristo y sabía quién era Él.

“Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?” decía humildemente San Juan, reconociendo que era pecador y necesitaba ser limpiado por las aguas del bautismo. Pero Jesús le explicó que era necesario cumplir con ese rito. Aunque Él no tenía pecado, como hombre se hizo bautizar, dándonos ejemplo a todos los cristianos, pues “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2 Corintios 5:21)

Al salir del agua, narra la Palabra de Dios, que “los cielos le fueron abiertos” y vio descender sobre él al Espíritu de Dios en forma de una paloma. Desde ese momento esta ave es símbolo del Espíritu. Se escuchó, al mismo tiempo, la voz de Dios diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.”. “También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él.” (San Juan 1:32) Todo el agrado de Dios está en Su Hijo Jesucristo quien fue enviado por el Padre a este planeta para cumplir una misión redentora.

Dios se reveló a los patriarcas como El-Shaddai, Dios Omnipotente o Todopoderoso, y a Moisés como Jehová o Yawé: “2 Habló todavía Dios a Moisés, y le dijo: Yo soy JEHOVÁ. / 3 Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos.” (Éxodo 6:2,3)

La traducción “Jehová” es una mezcla de dos palabras: las consonantes de Yahveh y las vocales de Adonai. Yahveh o Yawé significa “Yo soy el que Soy”. Dios es, no cambia, no progresa porque no puede ser más perfecto, no se deteriora ni envejece porque es Dios. Los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob le conocieron como el Omnipotente, El-Shaddai, pero Su nombre sólo fue dado a conocer a Moisés. Jesucristo, como Dios, también ha expresado que Él es cuando dice: “Yo soy el Pan de vida..., la Luz del mundo, la Puerta, el Buen Pastor, la Resurrección y la vida, el Camino, la Vid verdadera.”

Jesucristo es el Hijo que complace al Padre y tiene una misión: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5) Como Dios Padre es Uno y Único, también Dios Hijo y Dios Espíritu; y los Tres son Uno.

  1. Cada ser humano es uno y único.
“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” (Génesis 1:27)

Fuimos creados diversos, así como Dios en sí mismo es diverso, Trino. Hay hombres y mujeres, distintas etnias, culturas y lenguas. La diversidad étnica, cultural y lingüística es una realidad creada y permitida por Dios. La llamada “confusión de las lenguas” fue una herramienta de Dios para extender la raza humana. Los hombres de Babel, desobedeciendo el mandato divino, tenían miedo de ser dispersos por toda la Tierra; querían levantar para su vanidad una torre que llegara al cielo y ser recordados y venerados por ello.

Es evidente que todos somos diferentes y tenemos distintos dones: “4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, / 5 así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. / 6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; / 7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; / 8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.” (Romanos 12:4-8)

Este texto se refiere a la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, pero bien podría asimilarse a la sociedad. Todos los humanos formamos un gran organismo donde cada uno tiene ciertas capacidades y cumple un rol, la mayoría de las veces útil para el desarrollo de la cultura. Todos los seres humanos tienen talentos naturales y son muy distintos a los demás. Si bien es cierto podemos encontrar personas parecidas, nunca serán idénticas. Hasta los gemelos tienen ciertas diferencias.

Dios ha querido hacer una creación así de rica, para Su disfrute en primer lugar y luego para el nuestro. Necesitamos aprender a aceptar nuestras diferencias físicas, psicológicas, culturales, etc. Procurando ampliar nuestro enfoque mental de la vida, abriéndonos a otros puntos de vista, quitando de nuestra conciencia el juicio y dejándole a Dios ese rol de Juez de Su creación.

El Texto dice que a cada uno le ha sido dada una gracia, un favor divino gratuito. Debe aprender a utilizar ese don. Si le ha sido confiada la capacidad de intuir asuntos escondidos para el común de la gente,  utilice ese don conforme a la medida de su fe y sin extralimitarse; si lo suyo es el servicio al prójimo, hágalo con naturalidad y agrado; si enseñar, pues ocúpelo en la enseñanza; si en el consejo y la exhortación de los que están en problemas, hágalo con amor; si compartir de sus bienes materiales, reparta lo suyo con generosidad y sin pedir aplausos; si ejercer autoridad en algún campo, presida con agrado y solicitud; si ejercer misericordia, que ese don sea cumplido con gozo. No se agotan aquí las capacidades que Dios ha brindado al hombre, sino que son una muestra de la gran diversidad de vocaciones que hay en el ser humano.

  1. La Iglesia es una unidad espiritual.
“1 Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, / 2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, / 3 solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; / 4 un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; / 5 un Señor, una fe, un bautismo, / 6 un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.” (Efesios 4:1-6)

Según el Apóstol hemos sido llamados a vivir de acuerdo al espíritu de Jesucristo, con humildad, mansedumbre, soportándonos con paciencia, con amor, y guardando siempre la unidad del Espíritu, cosa que podremos hacer sólo por medio del vínculo de la paz. Ésta es la que permite que permanezcamos unidos. Dios perdonó nuestros pecados como resultado de la muerte de Cristo en la cruz y ese perdón nos trajo paz. Así mismo debemos perdonar a los demás; ese es el “vínculo de la paz”.

Aquí está la clave para la unidad de los cristianos. Podemos ser “uno” en Cristo si conservamos la unidad espiritual, siguiendo estos siete principios:

a)      Un cuerpo. Necesitamos tomar conciencia de que los cristianos, más allá de las distintas doctrinas, conformamos para Dios un solo cuerpo espiritual.

b)      Un Espíritu. El Espíritu que hay en cada creyente es el mismo Espíritu de Dios que produce la fe y ese Espíritu nos unifica.

c)      Una esperanza. “Una misma esperanza de vuestra vocación” Si tenemos todos la esperanza de vivir eternamente junto a Dios ¿Por qué nos rechazamos y hasta odiamos unos a otros?

d)     Un Señor. Jesucristo es el Kyrios, el Señor que gobierna los corazones y las mentes de los que le aman.

e)      Una fe. La fe en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho Hombre, que dio su vida por la Humanidad.

f)       Un bautismo. El que bautiza es Jesucristo, siendo el ministro de Dios nada más un instrumento de Dios para efectuar el sacramento. No hay dos o tres bautismos, sólo uno.

g)      Un Dios “y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.” El Dios Uno y Único.

 

CONCLUSIÓN.

El número “uno” en la Biblia tiene un profundo significado: 1) Dios es Uno, lo que significa la unidad del Dios Trino y Su primacía sobre todas las cosas, Él es Uno y Único; 2) Jesucristo, el Salvador, es Uno; 3) Cada ser humano es uno y único; 4) La Iglesia es una unidad espiritual absoluta: a) Un cuerpo, b) Un Espíritu, c) Una esperanza, d) Un Señor, e) Una fe, f) Un bautismo, y g) Un Dios y Padre de todos.

 

 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Tiene vigencia todavía el mandamiento de Jehová: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”?

2)      ¿Por qué Jesús se hizo bautizar por Juan el Bautista?

3)      ¿Quién es el Autor de la Biblia?

4)      ¿Qué significado e importancia tienen los números en la Biblia?

5)      Si Dios es Uno ¿Por qué los hombres de hoy tienen tantos dioses y diosas?

6)      ¿Qué diferencia hay entre creer en un Dios unipersonal y creer en un Dios Trino?

7)      ¿Cómo ha experimentado usted a Jesucristo?

8)      ¿De qué forma desea usted contribuir a la sociedad con los dones que Dios le ha dado?

9)      ¿Por qué la Iglesia está dividida y cómo se puede resolver esa división? ¿Cómo está contribuyendo usted a la unidad de la Iglesia?

 

 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.
  • Reina, Casiodoro de (1960). “La Santa Biblia” Estados Unidos: Broadman & Holman Publishers.
  • MacArthur, John. (2011) “Biblia de Estudio MacArthur” Estados Unidos: Thomas Nelson Inc.       (1979). “Dios Habla Hoy, La Biblia Versión Popular” Sociedades Bíblicas Unidas.
  • Demaray, Donald E. (1996). “Introducción a la Biblia” Estados Unidos, Miami: Facultad Latinoamericana de Estudios Teológicos FLET, Editorial Unilit, 1996.
  • (1960). “La Santa Biblia” Sociedades Bíblicas Unidas. Recuperado de: http://www.gentle.org/biblia/
  • “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España” Disponible en: http://www.rae.es/
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