domingo, agosto 06, 2017

LA INTOLERANCIA RELIGIOSA.


 
Lapidación de Esteban con el consentimiento de Saulo de Tarso
 
 
 
 
NEUMATOLOGÍA
LECCIÓN 10
© Pastor Iván Tapia Contardo 

Lectura bíblica: “2 Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. / 3 Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí.” (San Juan 16:2,3) 

Idea central: Perfil de los intolerantes religiosos. 

Objetivos: a) Comprender que la intolerancia religiosa es producto de un desconocimiento de la relación entre Jesucristo y el Espíritu Santo; b) Identificar el perfil de los intolerantes; c) Examinar en sí mismo y corregir rasgos religiosos intolerantes. 

Resumen: El desconocimiento de la relación entre Jesucristo y el Espíritu Santo puede conducir al enjuiciamiento de personas e instituciones espirituales, desconociendo la acción Divina en ellas. Esta intolerancia religiosa fue advertida por Jesucristo a Sus apóstoles y debe ser también una advertencia para nosotros. 

H

ay obras que no son posibles sin el Espíritu Santo, como el arrepentimiento, la salvación, ser hechos miembros del Cuerpo de Cristo, la proclamación del Evangelio, el poder de Jesús, la manifestación del poder de Cristo en nosotros; nuestra resurrección; la concepción de Jesús; los profetas y los jueces del Antiguo Testamento; la inspiración e interpretación de la Biblia. Por tanto no deberíamos ser indiferentes al Espíritu Santo. Sin embargo en la actualidad se dan algunas formas de indiferencia al Espíritu. Una de las causas es el desconocimiento de la relación entre Jesús y el Espíritu Santo.
 
Hay un gran problema en la Iglesia que es la intolerancia. Tan fuerte como la guerra religiosa contra otras formas de creencia en el mundo, es la permanente guerra dentro de la Cristiandad contra todos los que piensen distinto a nuestra postura teológica. A veces parecen ser más fuertes las ideas que nos separan que el amor y la Persona de Jesucristo. ¿Acaso no debería unirnos el amor del Señor y nosotros deponer nuestras diferencias para aceptarnos en la diversidad? No toleramos una ligera diferencia, a veces nos molestamos por una pequeña palabra o rechazamos cierta costumbre y criticamos, atacamos, nos separamos y dividimos el Cuerpo de Cristo en la Tierra.  

La intolerancia religiosa es un cáncer en el mundo y particularmente en la Iglesia. No existe la Iglesia perfecta, sino la que está avanzando en un camino de perfección. Jesús ha dejado para el cumplimiento de esa tarea al Espíritu Santo, el cual trabaja en cada creyente por su santificación. Dios produce en cada cristiano salvación, sanación, renovación y transformación. Hay una íntima relación entre Jesucristo y el Espíritu Santo. Desconocer el trabajo que el Espíritu hace en otros creyentes es desconocer la obra de Dios. 

¿Cómo actúan los intolerantes religiosos? 

1.      Expulsan a otros creyentes.
“Os expulsarán de las sinagogas” 

Jesucristo profetizó a Sus discípulos que ellos no serían aceptados por sus mismos compatriotas y hermanos en la fe de Jehová, que serían un día expulsados de las sinagogas. La primera vez que los apóstoles, ya constituidos como Iglesia, son perseguidos fue en Jerusalén: “1 Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, / 2 resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. / 3 Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde. / 4 Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil. / 5 Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, / 6 y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; / 7 y poniéndoles en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?” (Hechos 4:1-7). Pero Dios no permitió que se detuviera la predicación de Su Evangelio: “17 Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos; / 18 y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. / 19 Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: / 20 Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida.” (Hechos 5:17-20). Saulo de Tarso, que luego se convertiría en apóstol de Jesús, perseguía a los cristianos: “1 Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, / 2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.” (Hechos 9:1,2). El mismo testifica de esto: “9 Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret; / 10 lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. / 11 Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras.” (Hechos 26:9-11) 

Los predicadores de esta nueva fe que era el Evangelio de Jesús, eran rechazados y expulsados de las sinagogas judías porque para ellos eran: a) Unos mentirosos, farsantes y engañadores; b) Blasfemos que trastocaban la fe judía, considerando a Jesús como Dios; y c) Una secta de herejes que practicaban un culto extraño. 

Una de las causas de la indiferencia al Espíritu Santo es desconocer la relación que hay entre Jesús y el Espíritu Santo. El Señor dejo al Paráclito o Parakletos (del griego parákleton, “aquél que es invocado”) como Su reemplazante y representante. Ambos, el Hijo y el Espíritu actúan en forma coordinada y en acuerdo; por tanto rechazar al Espíritu es rechazar a Jesucristo.  

¿Puedo ser expulsado de la Iglesia? 1) Si soy expulsado de la Iglesia por “pecador” significa que esa Iglesia desconoce el consejo de Jesús: “15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. / 16 Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. / 17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.” (San Mateo 18:15-17). Nadie puede ser expulsado, aunque sí se le puede considerar un inconverso y tendrá que ser tratado como tal. 2) Si soy expulsado de la Iglesia injustamente, por una calumnia fraguada contra mí, esa comunidad está pecando contra el Espíritu Santo ya que no reconoce en mí Su presencia. 

¿Puedo expulsar a alguien de la Iglesia? Queda claro, por las respuestas anteriores, que tal cosa no debe hacerse, ya que la Iglesia debe dar ejemplo de tolerancia, comprensión, perdón, humildad, en fin amor. 

  1. Asesinan a otros creyentes.
“y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate” 

Llegará un tiempo, les advirtió el Maestro, en que les asesinarán. Tal cosa se inició con Esteban, el primer mártir cristiano. Él era uno de los varones escogidos para atender a las mesas, es decir un diácono: “2 Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. / 3 Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. / 4 Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. / 5 Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía; / 6 a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos.” (Hechos 6:2-6). El relato de Lucas describe a Esteban como un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, lo cual queda en evidencia en su lapidación. Fue condenado a muerte en base a mentiras urdidas en su contra: “8 Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo. / 9 Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban. / 10 Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. / 11 Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios. / 12 Y soliviantaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; y arremetiendo, le arrebataron, y le trajeron al concilio. / 13 Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la ley; / 14 pues le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio Moisés.” (Hechos 6:8-14). Si analizamos la conducta de estos perseguidores nos damos cuenta que les movió la envidia, la venganza, el fanatismo religioso y el miedo a que su religión y costumbres fueran cuestionadas y cambiadas. 

El segundo mártir de la Iglesia fue Jacobo: “1 En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. / 2 Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan.  / 3 Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro.” (Hechos 12:1-3). Este Jacobo es uno de los Doce, hermano del apóstol Juan e hijo de Zebedeo, llamado también Santiago el Mayor para diferenciarlo de Santiago hijo de Alfeo. Jesús ya le había profetizado sobre su muerte: “35 Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos. / 36 El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? / 37 Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. / 38 Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? / 39 Ellos dijeron: Podemos. Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados” (San Marcos 10:35-39) 

Posteriormente, en el año 64 DC, durante la cruel persecución del emperador Nerón, fueron martirizados muchos cristianos, acusados del incendio de Roma. No fue la única persecución del Imperio Romano contra el Cristianismo. La Historia registra diez, las de: 1) Nerón (64-68 DC), 2) Domiciano (81-96 DC), 3) Trajano (109-111 DC), 4) Marco Aurelio (161-180 DC), 5) Septimio Severo (202-210 DC), 6) Maximiano (235 DC), 7) Decio (250-251 DC), 8) Valeriano (256-259 DC), 9) Dioclesiano (303-313 DC), y 10) Juliano (360-363). Numerosos cristianos ilustres murieron bajo esta perversa persecución de siglos, hasta que el cristianismo fue respetado como religión y en el año 380 fue declarado religión exclusiva del Imperio por el emperador Teodosio. Pero a través del tiempo no han faltado persecuciones a la fe cristiana, hasta el día de hoy. 

Se asesina cristianos por intolerancia religiosa y por temor al avance de una fe distinta. Casi siempre la persecución proviene de otra religión, aunque a veces también es por filosofía política. Hay distintos grados de intensidad de la persecución: 1) amenazas; 2) pago de impuesto suplementario; 3) confiscación de bienes; 4) destrucción de propiedades; 5) incitación a abjurar de la fe; 6) incitación a delatar a otros cristianos; 7) arresto sin garantías; 8) disminución de derechos públicos; 9) encarcelamiento; 10) azotamiento y tortura; 11) ejecución o martirio. 

¿Puedo ser asesinado por causa de mi fe cristiana? Claro que sí, pero también ese asesinato puede ser psicológico y no necesariamente físico. Cuando se hace mofa de nuestra fe, cuando se nos calumnia y denigra, cuando se nos rechaza y aísla del medio, estamos siendo martirizados en lo emocional y psicológico, causándonos gran daño.  

El cristiano debe estar preparado contra la persecución de las tinieblas, con la virtud de “fortaleza” que es la que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien, nos permite vencer el temor y hacer frente a las pruebas y persecuciones. Jesucristo es ejemplo de fortaleza: “33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (San Juan 16:33) 

¿Puedo matar a alguien por causa de su fe? Lamentablemente sí. De tal cosa debemos tener cuidado, nosotros que estamos tan convencidos de estar en la Verdad. Recordemos que todos los creyentes, sean de la religión o secta que sean, piensan que están en la verdadera fe. ¿Y quién puede asegurarnos esto? Seamos más humildes y callemos confiando en la misericordia del Señor: “3 Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.” (Romanos 12:3) 

  1. Matan como servicio a Dios.
“y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios.”

Los judíos anti-cristianos estaban convencidos de que servían a Dios al perseguir y lapidar a los que ellos consideraban enemigos de su fe en Jehová. En el Antiguo Testamento se validaba el matar a los impíos en pro de la conquista de la Tierra Prometida. Dios permitió tales matanzas para dar a Su pueblo escogido un lugar geográfico, una patria, más todo ello cambió en el Nuevo Testamento. Todo lo sucedido antes del advenimiento de Jesucristo es tan sólo una sombra del Nuevo Pacto: “1 Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.” (Hebreos 10:1) 

En el Nuevo Testamento la guerra no es contra personas sino contra las tinieblas; en el Nuevo Pacto a nadie se da muerte pues ya Jesucristo murió por todos; en este nuevo régimen buscamos recibir y dar vida, jamás muerte. Nadie puede servir a Dios dando muerte a otro semejante. Dios promueve el amor, la misericordia, la compasión y no el odio ni la venganza. Jesús dijo: “10 El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (San Juan 10:10) y “27 La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (San Juan 14:27) 

Lamentablemente los cristianos a veces en la Historia hemos olvidado este principio de paz y vida, y hemos muerto a los que piensan en forma diferente, como sucedió durante las Cruzadas. Estas duraron casi dos siglos, entre los años 1096 y 1291. Consistió en campañas de guerra contra los musulmanes. Volvió a repetirse algo así en el tiempo de la Reforma, cuando una organización católica como la Santa Inquisición persiguió, torturó y asesino a miles de protestantes. También hubo persecución y matanza de católicos en esa época, por parte de Enrique VIII y el gobierno de Inglaterra. Hoy día se persigue a los cristianos en Corea del Norte, Somalia, Afganistán, Pakistán, Sudán, Siria, Irak, Irán y Eritrea, entre otros. La Humanidad religiosa aún no ha aprendido la tolerancia.  

¿Cuándo olvidamos estas enseñanzas del Espíritu Santo?: “8 Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.” (1 Timoteo 2:8) y “17 No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. / 18 Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. / 19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. / 20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. / 21 No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.” (Romanos 12:17-21) 

¿Es un servicio a Dios ser asesinado por mi fe cristiana? Para el que mata, sea física o espiritualmente, es un gran pecado del cual tendrá que dar cuentas al Señor. Para el que es muerto es un martirio, un testimonio de fe en Dios, si no reniega de ella. Esteban murió perdonando a sus persecutores, como Jesús: “60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.” (Hechos 7:60 

¿Sirvo a Dios si mato a alguien por causa de mi fe cristiana? Jamás matar a alguien por causa de fe, será un servicio a Dios. El mandamiento es claro: “No matarás” (Éxodo 20:13) Y en el Nuevo Testamento ratifica: “17 Esto os mando: Que os améis unos a otros.” (San Juan 15:17) 

  1. No conocen el corazón de Dios.
“Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí.”  

Quien conoce al Padre sabe que Él es amor. Quien conoce al Hijo sabe que el Hijo de Dios es misericordioso y actúa en la Gracia. Quien conoce el Espíritu Santo sabe que es un Espíritu de amor, consolación, perdón, reconciliación, y no de odio ni muerte.  Expulsar de las iglesias u otros templos, asesinar por causa de la religión, matar equivocadamente como si fuera un servicio a Dios es un total contrasentido, es desconocer totalmente el pensamiento y el corazón del Señor misericordioso. 

¿Actúan como conocedores de Dios los que hoy matan en nombre de la fe? Evidentemente no conocen a Dios, creen conocerlo pero desconocen la naturaleza íntima del corazón del Señor: “8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” (1 Juan 4:8) Matar en nombre de la fe cristiana es la más grande aberración ya que todo el mensaje de Dios por medio de Jesucristo y Su Evangelio es un mensaje de amor, misericordia y reconciliación. Quienes matan físicamente a otro por su fe, lo torturan o denigran, le hacen guerra psicológica o desprestigian, quienes matan la imagen de un hermano, prójimo o semejante, desconocen el sentir de Dios, no lo conocen y pecan contra el amor. 

¿Actúo como conocedor de Dios si hoy mato en nombre de la fe? Un verdadero discípulo de Jesús nunca hará tal cosa. Como Jesús, estamos para dar vida y no muerte; estamos para perdonar y no juzgar ni culpar; estamos para mostrar y demostrar el amor de Dios y no el odio del diablo; estamos para ser luz y no tinieblas. 

CONCLUSIÓN.
La intolerancia religiosa es producto de un desconocimiento de la relación entre Jesucristo y el Espíritu Santo. Los intolerantes religiosos tienen este perfil: 1) Expulsan a otros creyentes; 2) Asesinan a otros creyentes; 3) Matan como servicio a Dios; y 4) No conocen el corazón de Dios.
 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:
1)      ¿Es bíblico expulsar a alguien de la Iglesia? (Ver San Mateo 18:15-17)
2)      ¿Es pecado contra el Espíritu Santo calumniar a un hermano?
3)      ¿Puede un cristiano matar a alguien por causa de fe?
4)      ¿Ha oído usted algo acerca de estos hombres: Nerón, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Septimio Severo, Maximiano, Decio, Valeriano, Dioclesiano, Juliano?
5)      ¿Actúan como conocedores de Dios los que hoy matan en nombre de la fe?
6)      ¿Cuál es la naturaleza íntima del corazón del Señor? (Ver 1 Juan 4:8)
7)      ¿Cómo podemos reconocer a un intolerante religioso?
8)      ¿Actúo como conocedor de Dios si hoy mato física o psicológicamente en nombre de la fe?
9)      ¿Qué obras no son posibles sin el Espíritu Santo?
10)  ¿Quién puede asegurar que su fe es la verdadera fe?
11)  ¿Quiénes fueron los primeros mártires de la Iglesia?
12)  ¿Se puede servir a Dios matando por causa de la fe?
13)  ¿Cómo se relacionan estos textos: Éxodo 20:13 y Juan 15:17?
 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.

·         Reina, Casiodoro de (1960) “La Santa Biblia” Estados Unidos: Broadman & Holman Publishers.

·         MacArthur, John (2011) “Biblia de Estudio MacArthur” Estados Unidos: Thomas Nelson Inc. 

·         (1979) “Dios Habla Hoy, La Biblia Versión Popular” Sociedades Bíblicas Unidas.

·         (1960) “La Santa Biblia” Sociedades Bíblicas Unidas. Recuperado de: http://www.gentle.org/biblia/

·         “Nuevo Testamento, Edición Pastoral” Chile, Ediciones Mundo, 1974.

·         “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España” Disponible en: http://www.rae.es/

·         Concordancia electrónica de la Biblia” Disponible en: http://www.miconcordancia.com/concordancia.php

·         Rizo Martínes, José L. “Diccionario Bíblico” Recuperado de: http://es.scribd.com/doc/50636670/Diccionario-Biblico-Jose-L-Rizo-Martinez#scribd

·         (1966, 1970, 1979, 1983, 1996) Dios habla hoy” ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, Disponible en: https://www.biblegateway.com/versions/Dios-Habla-Hoy-DHH-Biblia/

·         Apuntes de clases de Neumatología del profesor Rvdo. David King, Seminario Teológico De La Gracia, Chile, noviembre de 2008.

·         Howard F. Vos (1960) “Breve Historia de la Iglesia Cristiana” Chicago, Illinois: Editorial Portavoz

 

domingo, julio 16, 2017

CUBRE TU DESNUDEZ.

 


© Pastor Iván Tapia Contardo 

Lectura bíblica: “8 Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. / 9 Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? / 10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.” (Génesis 3:8-10) 

Idea central: Descubrir y cubrir nuestra desnudez.
 

Objetivos: a) Identificar las tres mentiras del diablo; b) Identificar las tres tentaciones al pecado; c) Reconocer nuestra desnudez espiritual; y 4) Recibir la vestidura del Señor. 

Resumen: Adán y Eva, al caer en pecado, fueron “desvestidos” de su pureza e ingenuidad. El hombre está desnudo ante Dios. La desnudez simboliza nuestra condición de pecadores necesitados de una cobertura. Jesucristo es la única Vestidura que puede cubrir esa desnudez.

 

L
a desnudez siempre ha sido un tema álgido en la vida social. Mostrar el cuerpo en esta sociedad es sinónimo de inmoralidad, lujuria, tentación, pecado. Hay pueblos que cubren el cuerpo de la mujer totalmente, con ropas oscuras, para evitar su propia inmoralidad, para evitar la tentación de la lujuria, el adulterio, la fornicación. Sin embargo en el Arte, el desnudo es visto como motivo de belleza, pero muchas veces se evita mostrar los órganos sexuales. La desnudez, se enseña, no debe descubrirse delante de otros, salvo en la intimidad del matrimonio. Algunos están obsesionados con ver desnudos a otros seres humanos y esto es motivo de la pornografía y desviaciones sexuales. Pero finalmente el desnudo es cuestión de la cultura en que vivimos; algunas religiones castigan duramente el desnudo, mas el problema no está en el desnudo mismo sino en el ojo del que mira, más propiamente en el corazón del observador. Si mi ojo es lujurioso miraré con lujuria, pero si mi ojo es limpio miraré limpiamente. El problema no es mirar, sino mirar con deseo. En un campo nudista nadie se extraña de ver cuerpos desnudos; como estar en las duchas del gimnasio o en un baño sauna; un médico mira a la enferma desnuda como una paciente necesitada de ayuda, pero a su esposa desnuda la mira como su mujer. El artista no ve con deseo a la modelo, sino como un objeto estético. Depende del contexto es como vemos la desnudez.  

En la Biblia se nos presenta por primera vez la desnudez en las personas de Adán y Eva, nuestros primeros padres. Mientras ellos permanecieron en la gracia no se percataron de que estaban desnudos, no le daban importancia a algo tan evidente, como que los animales tampoco usaban vestidos, salvo su piel, pelaje, escamas o plumas. Pero bastó que desobedecieran al Señor para que se dieran cuenta de su desnudez y aquella comenzara a ser un problema para ellos. Adán cuando pecó conoció su propia desnudez y sintió culpa; entonces quiso vestirse. Tontamente pensó esconderse de Dios, Aquél de quien nadie puede huir porque Él es ELROÍ, el Dios que todo lo ve (Génesis 16:13)

La pareja que siempre conversaba con el Señor, que se paseaba en el huerto de Edén, al aire del día, ahora se escondía de Dios, pues el pecado nos aleja de nuestro Creador y avergüenza.  

En el Edén no necesitaban vestidos para cubrir sus cuerpos porque estaban vestidos de pureza e ingenuidad. Esta última característica es la del ingenuo, el cual es sincero, candoroso y sin doblez y actúa sin tener en cuenta la posible maldad de alguien o la complejidad de una situación. Así eran ellos: de un corazón sincero, sin doblez y sin malicia. Por tal motivo pudo el diablo aprovecharse de ellos y conducirlos a la desobediencia. Fueron demasiado ingenuos. Al caer en pecado fueron “desvestidos” de su pureza e ingenuidad, se sintieron impuros y procuraron vestirse de algún modo físico, pero no espiritual. 

Del mismo modo el pecador trata de vestirse de justo y bueno ante sí mismo, los demás y el dios que tenga, si lo tiene. Pero en verdad, sea lo que nos pongamos para cubrirnos, nada podrá tapar nuestro pecado, sólo el arrepentirnos y volvernos a Dios para recuperar aquel estado de gracia en que estaban nuestros primeros padres antes de pecar. Necesitamos entender que estamos desnudos ante Dios; necesitamos descubrir nuestra desnudez espiritual. Si aceptamos las debilidades, errores y pecados que tenemos, entonces podrá Dios cubrir nuestra desnudez, pero si pretendemos cubrirla nosotros, seguiremos muy lejos de Él, tanto como lo estuvieron Adán y Eva después de la caída. 

¿Cómo podemos cubrir nuestra desnudez? 

  1. Identificando las tres mentiras del diablo.
“1 Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? /“2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; / 3 pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. / 4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; / 5 sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.” (Génesis 3:1-5) 

La serpiente, con la astucia del diablo, trató de desorientar a la mujer en cuanto a la orden de Dios, quien le había dicho que podía comer de todos los árboles del huerto menos del árbol de la ciencia del bien y del mal (Génesis 2:17) La mujer recordaba y entendía perfectamente la orden de Dios. Entendía que si lo hacían morirían, pero fue débil a los argumentos de Satanás. 

La mentira de la serpiente contiene las aseveraciones:

1)      “No moriréis” Es una mentira que pretende inyectar desconfianza contra el Señor. A nosotros nos dice: nada te sucederá si haces lo que te gusta. 

2)      “El día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios,” En cierto modo era cierto, pues al rebelarse contra Dios entraría la corrupción diabólica en ellos y tomarían conciencia del bien y el mal. Pero no serían como Dios. “Ser como Dios” es la tentación con que el diablo siempre trata de hacer caer al ser humano, que tenga poder y dominio sobre muchos. Lo hizo con Jesús cuando le ofreció este mundo: “8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, / 9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.” (San Mateo 4:8,9) A nosotros nos dice: Si haces lo que te gusta te sentirás realizado y será una gran persona. 

3)      “sabiendo el bien y el mal.” Cuando Adán y Eva obedecían en todo a Dios, desconocían lo malo como el robo, el asesinato, la lujuria, la ambición y cualquier pecado. Al desobedecer a Dios y dar paso a la ambición y el desengaño, además de entrar la culpa en ellos, conocieron la diferencia entre obedecer y desobedecer, hacer lo bueno y hacer lo malo, entre pecar y no pecar. En otras palabras, ellos antes de desobedecer estaban en la Gracia de Dios. El “árbol de la ciencia del bien y del mal” es como la Ley que nos da a conocer lo bueno y lo malo. Cuando Adán y Eva comieron de su fruto, desobedecieron a Dios y despertaron al pecado. A nosotros nos dice: Has lo que te agrada y verás que tendrás mucha experiencia conociendo lo bueno y lo malo de la vida. 

  1. Identificando las tres tentaciones al pecado.
“6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.” (Génesis 3:6) 

Tres características, tenía el “árbol de la ciencia del bien y del mal”: 

1)      “Árbol era bueno para comer” retrata la tentación de la carne. El diablo, en la tentación de Jesús en el desierto, le incitó a comer convirtiendo piedras en panes: “2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. / 3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.” (San Mateo 4:2,3) La tentación de la carne apunta a las necesidades más básicas del ser humano: comer, dormir, tener sexo; de allí la importancia del ayuno, la vigilia y la continencia en el camino de santificación. La lujuria, la gula y la pereza son pecados que nacen de estas tentaciones de la carne. 

2)       “Agradable a los ojos” retrata los deseos superficiales, lo mundano. Un ardid satánico es tentarnos con lo superficial, frívolo, vano, como preocuparnos del qué dirán, de nuestra apariencia, de seguir la moda exageradamente, el sentido estético por sobre lo ético. La avaricia, la envidia y la ira son pecados relacionados con el “mundo”, el deseo de los ojos. 

3)      “Codiciable para alcanzar la sabiduría” muestra la tentación de ser “dios”, retrata la tentación del diablo; el pecado fundamental de Lucifer y de todo hombre pecador: la vanagloria de la vida, el pecado de soberbia u orgullo del corazón rebelde contra Dios. 

San Juan resume esta condición del pecador en estas palabras: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.” (1 Juan 2:16) La carne, el mundo y el diablo son nuestros principales enemigos. 

  1. Reconociendo nuestra desnudez.
“7 Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.” (Génesis 3:7) 

Cuando Adán y Eva consumaron su pecado, es decir comieron del fruto prohibido desobedeciendo la orden de Dios, conocieron el bien y el mal, y se dieron cuenta que estaban desnudos. Antes no les preocupaba andar desnudos por el huerto de Edén, como todas las demás criaturas. Pero cuando pecaron descubrieron su desnudez, se sintieron sucios y quisieron cubrirse. Sobre todo cubrieron sus sexos, se avergonzaron de mostrar su intimidad, ya que los órganos sexuales son lo más íntimo que tenemos en el cuerpo “y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro.” (1 Corintios 12:23 

Nosotros también cuando pecamos descubrimos nuestra desnudez, la debilidad de la carne y del alma que nos hace caer en la maldad y ofender al Señor. Nuestros primeros padres quisieron cubrir esa desnudez con hojas de higuera. Este es el primer árbol nombrado en la Biblia, después del árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Las hojas de la higuera, arrancadas del árbol, ásperas y malolientes, pronto se marchitan, así es que serán un vestido de muy poca duración. Simbolizan la religión hecha por el hombre y la falsa justicia, que procura encubrir nuestra miseria. Es sabido que la higuera representa a Israel, el pueblo de Dios. La religión legalista que pretende justificarnos por obras humanas, no quita la culpa ni liberta al ser humano. 

Dos situaciones se dan cuando caemos en pecado:

1)      Son abiertos los ojos; reconocemos el error y sentimos dolor por haber pecado.
2)      Conocemos que estamos desnudos; nos percatamos de la debilidad humana. 

La solución al problema no es cubrirnos con nuestras pobres “hojas de higuera” como:

a)      Negar el pecado.
b)      Buscar una justificación o pretexto.
c)      Hacer un sacrificio para agradar a Dios.
d)     Hacer buenas obras para sentirnos buenos 

El inicio de la solución es reconocer que estamos desnudos frente a Dios, es decir que somos pecadores. 

  1. Recibiendo la vestidura del Señor.
“8 Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. / 9 Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? / 10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.” (Génesis 3:8-10) 

La solución a nuestra desnudez espiritual y moral es aceptar la vestidura que Dios nos da. Él con misericordia por la primera pareja humana en pecado, mató un animal para hacerles vestiduras:

“Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.” (Génesis 3:21) Fue el primer sacrificio de sangre; asimismo lo ha hecho por nosotros: envió a Su Hijo a morir en la cruz para cubrir nuestra desnudez.  

Los cristianos necesitamos cubrirnos con Cristo como si fuera un vestido: “pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos.” (2 Corintios 5:3); “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia” (Efesios 6:14); “Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; Pero tú eres el mismo, Y tus años no acabarán.” (Hebreos 1:12) 

Nos cubrimos de Cristo en oración, dando los siguientes pasos:

1)      Reconociendo el pecado ante Dios
2)      Doliéndonos por ofender la santidad del Señor
3)      Pidiendo perdón al Señor
4)      Acudiendo a la sangre de Jesucristo derramada en la cruz
5)      Aplicando la Palabra de Dios 

La desnudez del pecador sólo puede ser cubierta por la sangre de Jesús. Hoy otro tipo de hojas cubre nuestra desnudez: las hojas del árbol de la vida que es Cristo: “En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.” (Apocalipsis 22:2) 

El ser humano pecador tiene miedo de Dios porque conoce Su severidad; sabe que Dios es un Ser moral con una Ley estricta. A veces opta por negarlo, decir y pensar que Dios no existe; o bien vestir a Dios con un traje distinto, hacerse un dios a su medida. Muchas veces prefiere esconderse de Dios y justificarse a sí mismo con todo tipo de obras y buenas intenciones. Pero Dios siempre nos está mirando y nos pregunta ¿Dónde estás tú? Como hijos de Adán, siempre tememos a Dios y Su castigo. Mas Él nos llama a Su lado para perdonarnos, para decirnos cuánto nos ama, para que conozcamos Su gran amor en Jesús y para que cubramos nuestra desnudez.  

Queridos hermanos: No nos engañemos, estamos desnudos. Somos pecadores, “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.” (1 Juan 1:10) Todos en esta Iglesia necesitamos descubrir nuestra desnudez (pecado, debilidad) ante Dios, para que Él la cubra con la vestidura de Cristo. 

CONCLUSIÓN.

Es necesario que todo ser humano reconozca su desnudez, que es un pecador. Los cristianos también debemos comprender que estamos desnudos ante Dios y que no somos superiores a los demás. Esa desnudez de alma y espíritu debe ser cubierta, pero no por hojas de higuera o falsas vestiduras, sino por las hojas del árbol de la vida que es Jesucristo. El camino correcto para cubrir nuestra desnudez es: 1) Identificando las tres mentiras del diablo, No moriréis, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal; 2) Identificando las tres tentaciones al pecado, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida; 3) Reconociendo nuestra desnudez; y 4) Recibiendo la vestidura del Señor.
 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Considera usted inmoral la desnudez?

2)      ¿Ha vivido en su vida cristiana la experiencia de alejarse de Dios?

3)      ¿Cómo podemos recuperar el estado de gracia en que estaban nuestros primeros padres antes de pecar?

4)      ¿Es bueno o malo estar desnudo ante Dios?

5)      ¿Qué debilidades, errores y pecados desea superar?

6)      ¿Qué árboles de la Biblia se nombraron en este sermón?

7)      ¿Por qué Adán y Eva cubrieron sus órganos sexuales?

8)      ¿Qué representa la higuera en la Biblia?

9)      ¿Actúa Dios con nosotros del mismo modo con que lo hizo con Adán y Eva cuando pecaron?

10)  ¿Qué lugar se debe dar al sacrificio en la vida cristiana?

 

 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.

  • Reina, Casiodoro de (1960). “La Santa Biblia” Estados Unidos: Broadman & Holman Publishers.
  • MacArthur, John. (2011). “Biblia de Estudio MacArthur” Estados Unidos: Thomas Nelson Inc. 
  • (1979). “Dios Habla Hoy, La Biblia Versión Popular” Sociedades Bíblicas Unidas.
  • (1960). “La Santa Biblia” Sociedades Bíblicas Unidas. Recuperado de: http://www.gentle.org/biblia/
  • “Nuevo Testamento, Edición Pastoral” Chile, Ediciones Mundo, 1974.
  • “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España” Disponible en: http://www.rae.es/
  • Concordancia electrónica de la Biblia” Disponible en: http://www.miconcordancia.com/concordancia.php
  • Rizo Martínes, José L. “Diccionario Bíblico” Recuperado de: http://es.scribd.com/doc/50636670/Diccionario-Biblico-Jose-L-Rizo-Martinez#scribd
  • (1966, 1970, 1979, 1983, 1996) Dios habla hoy” ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, Disponible en: https://www.biblegateway.com/versions/Dios-Habla-Hoy-DHH-Biblia/