domingo, diciembre 04, 2016

EL ESPÍRITU DE PODER.



NEUMATOLOGÍA
LECCIÓN 4

 Pastor Iván Tapia Contardo 

Lectura bíblica: “8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hechos 1:8) 

Idea central: El Espíritu Santo da a la Iglesia el poder para evangelizar. 

Objetivos: a) Comprender y valorar el “poder” que nos otorga el Espíritu Santo; b) Acudir al poder sobrenatural del Espíritu en todo lo que hagamos en Cristo; c) Comprender que nos es transmitido el poder de la Tercera Persona de la Trinidad; d) Comprender, agradecer y vivir el poder del Espíritu en el cumplimiento de la gran comisión; e) Avanzar con la predicación del Evangelio en el territorio dado por Dios; y f) Testificar de Jesucristo con el poder dado por el Espíritu Santo. 

Resumen: El Espíritu Santo es el gran poder que Dios ha dado a la Iglesia para avanzar en el territorio con el mensaje del Evangelio. La presente enseñanza, a partir de dos textos del libro de los Hechos, da a conocer que este “poder” es sobrenatural, emanado de una Persona, para cumplir una misión, avanzar en el territorio y para testificar.  

E

n el Antiguo Testamento, Dios hizo una promesa a Su pueblo, la cual consistió en que llegaría un día en que haría un nuevo pacto o alianza con ellos. Este pacto sería con los reinos del norte y del sur. No sería como el pacto que hizo a través de Moisés, una alianza basada en mandamientos que había que cumplir. El nuevo pacto consistiría en la instalación de Su voluntad en las mentes y corazones de Sus hijos. Así llegarían a ser verdadero pueblo de Dios. Podemos decir que la gran diferencia entre el Antiguo y Nuevo Pacto es que el primero obra externamente, se trata de cumplir leyes con pena de condenación si no las obedece; en cambio el segundo es interno, Dios pone Su ley en el corazón del hombre para que la cumpla: “31 He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. / 32 No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. / 33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.” (Jeremías 31:31-33 

Se amplía la visión de este futuro pacto o Nuevo Pacto, cuando Dios promete cambiar el corazón del hombre y, además, poner su propio Espíritu Santo dentro de él para que pueda caminar en Su voluntad. La única forma en que el ser humano puede cumplir la Ley de Dios es que su corazón sea cambiado, es decir sus motivaciones. Obviamente esto implica una disposición dentro de él y un verdadero arrepentimiento o cambio de actitud: “26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. / 27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.” (Ezequiel 36:26,27) 

Otro profeta anunció que el Señor derramaría Su Espíritu Santo sobre toda criatura. Podemos decir que el Espíritu de Dios en cierto modo está sobre la cabeza de cada ser humano, presto a entrar, pero no todos quieren recibirle. Esta Palabra habla de un acontecimiento extraordinario que ocurriría en Pentecostés, luego que el Señor Jesucristo fuera resucitado y ascendido a los cielos. El derramamiento del Espíritu Santo es una experiencia que se ha vivido a través de toda la historia de la Iglesia: “28 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. / 29 Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.” (Joel 2:28:29) 

La promesa del Padre es confirmada y realizada en el Nuevo Testamento. Al celebrar la última cena de Pascua con Sus discípulos, el Señor instituyó un sacramento para Su Iglesia, la Santa Cena, en la que afirmó que el vino de esa mesa representaba Su sangre, la que derramaría para perdón de los pecados. Se refirió a la sangre como “sangre del nuevo pacto”: “26 Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.  / 27 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;  / 28 porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.  / 29 Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.” (San Mateo 26:26-29) 

Esa misma noche les habló en varias oportunidades acerca del Espíritu que habrían de recibir:

“16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: / 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” (San Juan 14:16,17) 

“26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (San Juan 14:26) 

“7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” (San Juan 16:7) 

“13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” (San Juan 16:13) 

Pero no sólo el Evangelio habla de esta promesa, también en Su ministerio como Cristo Resucitado, les ordenó a los apóstoles que se quedaran en Jerusalén, la ciudad donde Él había sido crucificado, muerto y resucitado. Deberían esperar lo que llamó “la promesa del Padre”, tal como Él les había hablado. Era muy importante para los apóstoles, discípulos y futuros creyentes, que ellos esperaran la venida del Espíritu Santo, antes de iniciar cualquier acción: “4 Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.” (Hechos 1:4) 

¿Por qué era tan importante la “promesa del Padre”? Hemos visto que el Espíritu Santo hace posible el arrepentimiento, por tanto la salvación, además ser hechos miembros del Cuerpo de Cristo. A estas consecuencias u obras del Espíritu Santo, se agrega un poder especial que confiere el Espíritu de Dios a los que creen en Jesucristo. 

¿En qué consiste el poder de Dios? 

  1. Es un poder sobrenatural.
“8 pero recibiréis poder...” 

Jesucristo, antes de subir a los cielos, y ya habiendo resucitado, le prometió a Sus discípulos que recibirían poder. Se trata de una capacidad especial, sobrenatural, distinta a todas las capacidades naturales que toda persona tiene. Esas capacidades naturales las llamamos talentos; hay quienes tienen talento para el arte, otros para la administración, otros son deportistas desde niños, otros para determinadas labores domésticas, en fin son innumerables los talentos humanos. Estos también son dones de Dios, son dados por el Creador y los traemos al nacer; tenemos ya cierta predisposición a determinada actividad. No hay que menospreciar los talentos, por el contrario dar gracias a Dios por ellos y honrarlos; no son inútiles y Dios nos los ha dado para servir a nuestros prójimos y para realizarnos como personas. 

Pero Jesús les estaba hablando a ellos de una capacidad sobrenatural que sería añadida a sus vidas, la que recibirían cuando fuese derramado sobre ellos el Espíritu Santo. Esta es la Tercera Persona de la Trinidad. No hay un completo conocimiento de Dios si desconocemos el Espíritu de Dios, como no hay un completo conocimiento de Dios si no conocemos a Jesucristo, el Hijo. Es necesario que los seres humanos tengamos un encuentro con Jesucristo, quien nos conduce al Padre y a la vez, por Su intercesión, recibimos el Espíritu Santo. Conocer a Dios es conocer al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, entendiendo que los tres son Persona y que los tres son un solo Dios. Al recibir el Espíritu Santo adquirimos un poder de lo alto, el poder del cielo, el poder de Dios. 

  1. Es el poder de una Persona.
“8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo...” 

¿Para qué nos da Dios este poder? Pensemos que más que un poder es una Persona; recibimos la misma Persona de Su Espíritu en nuestro interior, como lo prometió Jesús a Tadeo: “22 Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? / 23 Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” (San Juan 14:22,23) ¿Qué prefiere usted: recibir en su casa el poder de un ser extraordinario o que venga a vivir con usted ese ser extraordinario? Indudable que es mejor que el mismo Espíritu de Dios habite en nosotros con todos Sus poderes, a que sólo recibamos Su poder. Todos querrán tener al Espíritu consigo, disfrutar de Su amor, Su sabiduría y todos Sus poderes.  

  1. Es el poder para cumplir una misión.
“8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos...” 

Era necesario que viniese el Espíritu Santo con Su poder para que los once apóstoles y el centenar de discípulos, pudieran recién comenzar su misión evangelizadora. Si bien es cierto la acción del Espíritu Santo es muy amplia y diversa, en este versículo se destaca la capacidad que el Espíritu les dio para el cumplimiento de la gran comisión: “19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; / 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (San Mateo 28:19,20) Esta misión, que es para toda la Iglesia, no es posible realizarla solo con talentos; es necesaria la intervención sobrenatural del Espíritu Santo con todos Sus dones, carismas, frutos, servicios y ministerios. Tal vez podríamos avanzar un poco en el evangelismo usando nuestros talentos naturales, pero llegará el momento que necesitemos del don de sabiduría, o del carisma de discernimiento de espíritus, del fruto de la paciencia o del apoyo del ministerio pastoral. 

  1. Es el poder para avanzar en el territorio.
“8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”  

Este verso nos presenta una visión geográfica de la evangelización y el avance del mensaje del Evangelio en el mundo. Los discípulos debían esperar en su ciudad, Jerusalén, la investidura de poder del Espíritu Santo, donde predicarían dando testimonio de Jesús; luego avanzarían por toda la nación de Judea; posteriormente penetrarían en el territorio samaritano, donde ya el Señor había hecho un avance cuando habló con la mujer samaritana en el pozo de Jacob. De Samaria seguirían avanzando por el imperio y el mundo, hasta los confines de la Tierra. La progresión del anuncio del mensaje es semejante a cuando se lanza una piedra en una laguna de aguas quietas; pueden observarse círculos concéntricos en torno al punto donde cayó la piedra. El Espíritu Santo cayó en Jerusalén y desde allí se fue extendiendo a otras ciudades, sea por el traslado de los hermanos por necesidades laborales, sea por afán misionero o producto de las persecuciones.  

  1. Es el poder para testificar.
“... y me seréis testigos...” 

El Texto habla de “ser testigos”. Un testigo es alguien que ha presenciado algo o sabe determinado asunto. Puede callar su testimonio o bien declararlo a otros, incluso en un juicio. En griego, idioma en que está escrito el Nuevo Testamento, testigo es “mártus” y testimonio es “marturia”. De estas palabras deriva nuestra expresión “mártir” que es alguien que da testimonio de su creencia dando su propia vida. Jesucristo dio su vida por los pecadores, fue el primer Mártir, testigo del Padre, pues le conoce desde la eternidad. En una de las cartas de Jesús a las siete Iglesias de Asia se da a conocer como “Mártus”: “14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto” (Apocalipsis 3:14) Los apóstoles y discípulos que conocieron a Jesús, dieron testimonio de la realidad de Jesucristo, Su vida, muerte y resurrección, como de la Verdad de Su mensaje, que es el Evangelio. Quienes no le conocimos en vida sino que por fe en Su resurrección y por Sus hechos poderosos en nuestra vida, seguimos dando testimonio de Él y Su Camino. 

Para ser testigo es necesario dar testimonio. No puedo ser un testigo pasivo sino uno que da testimonio. Hay diversas formas de dar testimonio; he aquí algunas: 

1)      Hablando de Jesucristo, Su Persona, Sus hechos, Sus enseñanzas.

2)      Contando lo que Jesús ha hecho en nuestras vidas, los cambios que Él ha operado en nosotros, los milagros y hechos extraordinarios que hemos vivido con Él.

3)      Escribiendo lo anterior en cartas, redes sociales, revistas, libros, etc.

4)      Viviendo o poniendo en práctica las enseñanzas de Jesús, de tal modo de que nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, etc. vean nuestro buen actuar y quieran conocer a Jesús.

5)      Organizando actividades sociales en nuestro hogar, con el propósito de dar a conocer a Jesús y Su Evangelio. 

El Espíritu Santo siempre acompañará al que da testimonio de Jesús y Su Evangelio, porque así lo prometió el Señor: “16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: / 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” (San Juan 14:16,17 

CONCLUSIÓN.
 
Los profetas del Antiguo Testamento dieron a conocer que Dios preparaba un Nuevo Pacto con el ser humano, ya no basado en una ley externa sino en la implantación de Su propio Espíritu dentro del creyente, con el propósito de capacitarlo para caminar bajo Su voluntad. Jesús instruyó a Sus discípulos con respecto al Espíritu o Consolador, al que llamó “la promesa del Padre”, cuyo derramamiento debían esperar, luego que Él fuera ascendido a los cielos.
 
Dice el Texto que Dios envió el Espíritu Santo para que la Iglesia (los cristianos) tuviera “poder”, el cual es: 1) Un poder sobrenatural; 2) El poder de una Persona; 3) El poder para cumplir una misión; 4) El poder para avanzar en el territorio; y 5) El poder para testificar.
 
 
 
 
 

domingo, noviembre 27, 2016

EL REINADO DE JOSAFAT.



Pastor Iván Tapia Contardo 

Lectura bíblica: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (San Mateo 6:33 

Idea central: Cualidades de Josafat. 

Objetivos: a) Comprender, valorar e imitar las cualidades del reinado de Josafat; b) Aprender a defendernos de los enemigos concretos y espirituales, atendiendo a la Palabra de Dios; c) Buscar a Dios cada día, utilizando los medios de gracia; d) Comunicar la Verdad del Evangelio con fervor y persistencia; e) Desarrollar un testimonio de vida que inspire respeto al Señor y Su reino; y 5) Aprender a ser previsores, tanto en el plano material como espiritual. 

Resumen: Josafat tuvo grandes cualidades como gobernante, las que debiera imitar todo buen cristiano: fortaleza, devoción a Dios, comunicación, presencia de Cristo y previsión. Tales virtudes fueron producto de la base sólida en que construyó su reino: el conocimiento y la obediencia a Dios.   

El reino de Judá o Reino del Sur tuvo 20 reyes antes de ser destruido y llevado al cautiverio en Babilonia por Nabucodonosor II. La historia del reino de Judá se relata en los libros históricos de Samuel, Reyes y Crónicas. Los cuatro primeros monarcas fueron: Roboam, Abías, Asa y Josafat. El primero fue hijo de Salomón; el segundo, hijo de Roboam; el tercero, hijo de Abías y nieto de Salomón; el cuarto fue hijo de Asa. Es decir que el trono de Judá fue hasta ese tiempo, una sucesión.  

Josafat fue hijo de Asa, un rey piadoso, y como tal aprovechó muy bien la oportunidad que el Señor le daba para no gobernar solo sino bajo el señorío de Dios, sometiéndose a la voluntad Divina. Su período se distingue por las buenas reformas que hizo, el fortalecimiento militar, la prosperidad, la educación y la justicia. Puede decirse que Dios gobernó a través de Josafat dejando su testimonio una excelente huella en la Historia de Judá. 

¿Qué nos enseña el reinado de Josafat? 

1. Defendernos de los enemigos.

“1 Reinó en su lugar Josafat su hijo, el cual se hizo fuerte contra Israel. / 2 Puso ejércitos en todas las ciudades fortificadas de Judá, y colocó gente de guarnición en tierra de Judá, y asimismo en las ciudades de Efraín que su padre Asa había tomado.” (2 Crónicas 17:1,2 

Josafat fue rey de Judá, hijo y sucesor de Asa. Comenzó a reinar cuando tenía 35 años de edad. Al parecer estuvo asociado con su padre en el trono, el año 37 de su reinado: “28 Y Omri durmió con sus padres, y fue sepultado en Samaria, y reinó en lugar suyo Acab su hijo. / 29 Comenzó a reinar Acab hijo de Omri sobre Israel el año treinta y ocho de Asa rey de Judá.” (1 Reyes 16:28, 29) Reinó en solitario cinco años más tarde. Su gobierno duró 25 años. La madre de Josafat era Azuba hija de Silhi: “Era Josafat de treinta y cinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Azuba hija de Silhi.” (1 Reyes 22:42).  

En lugar de Asá reinó su hijo Josafat, quien se mostró fuerte en Israel. Puso tropas en todas las ciudades fortificadas de Judá, y destacamentos en todo el territorio de Judá y en las ciudades de Efraín que Asá, su padre, había conquistado. Fue fuerte su defensa contra el Reino del Norte, Israel.

Como Josafat, quien se hizo todo tipo de defensas contra posibles atacantes (ejércitos, ciudades fortificadas, destacamentos en cada ciudad), los cristianos debemos defendernos de nuestros enemigos: la propia debilidad, las tentaciones del mundo y las tinieblas espirituales. El Espíritu Santo nos da las armas, defensivas y ofensivas, para ser victoriosos en nuestra vida cristiana; es la cualidad de fortaleza. 

2. Siempre buscar a Dios.

“3 Y Jehová estuvo con Josafat, porque anduvo en los primeros caminos de David su padre, y no buscó a los baales, / 4 sino que buscó al Dios de su padre, y anduvo en sus mandamientos, y no según las obras de Israel. / 5 Jehová, por tanto, confirmó el reino en su mano, y todo Judá dio a Josafat presentes; y tuvo riquezas y gloria en abundancia. / 6 Y se animó su corazón en los caminos de Jehová, y quitó los lugares altos y las imágenes de Asera de en medio de Judá.” (2 Crónicas 17:3-6 

Josafat fue un rey piadoso que adoró de corazón a Jehová y no buscó a los baales: “Y anduvo en todo el camino de Asa su padre, sin desviarse de él, haciendo lo recto ante los ojos de Jehová. Con todo eso, los lugares altos no fueron quitados; porque el pueblo sacrificaba aún, y quemaba incienso en ellos” (1 Reyes 22:43). Sin embargo el pueblo seguía haciendo sacrificios en los lugares altos. Dios, por su fidelidad, le otorgó gran prosperidad a Josafat.  

Hizo desaparecer de Judá los lugares altos, y centralizó la adoración de Dios en Jerusalén, conforme a la Ley, destruyendo también a los que practicaban la sodomía: “44 Y Josafat hizo paz con el rey de Israel. / 45 Los demás hechos de Josafat, y sus hazañas, y las guerras que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? / 46 Barrió también de la tierra el resto de los sodomitas que había quedado en el tiempo de su padre Asa.”  (1 Reyes 22:44-46) 

Porque Josafat no siguió el mal ejemplo de la gente de Israel, se opuso a la adoración pagana y decidió depender sólo de Él, el Señor consolidó su reino.  

Tal como lo hizo el rey Josafat, los cristianos debemos “buscar a Dios” cada día. No es que Dios esté lejos de nosotros sino al contrario, nos alejamos de Él con nuestras desobediencias y actitudes negativas. Esto es la devoción a Dios. Por tanto hemos de buscarle mediante los medios de gracia que Él nos ha dejado para acercárnosle: 1) Lectura y reflexión diaria de Su Palabra; 2) Oración –conversación con Dios- permanente; 3) Participación frecuente en la Santa Cena; 4) Asistencia al culto congregacional; 5) Sumisión a Jesucristo mediante la sujeción al Cuerpo en el Discipulado. 

3. Comunicar la Verdad.

“7 Al tercer año de su reinado envió sus príncipes Ben-hail, Abdías, Zacarías, Natanael y Micaías, para que enseñasen en las ciudades de Judá; / 8 y con ellos a los levitas Semaías, Netanías, Zebadías, Asael, Semiramot, Jonatán, Adonías, Tobías y Tobadonías; y con ellos a los sacerdotes Elisama y Joram. / 9 Y enseñaron en Judá, teniendo consigo el libro de la Ley de Jehová, y recorrieron todas las ciudades de Judá enseñando al pueblo.”  (2 Crónicas 17:7-9 

Josafat, al tercer año de su reinado, comenzó una obra educativa. Hoy diríamos evangelizadora y de “edificación” de las mentes con la verdad expresada en la Torá. Comisionó a un grupo de hombres para que fueran por la nación judía enseñando la Ley. 

Envió a sus funcionarios o príncipes, a saber: 1) Ben-hail, 2) Abdías, 3) Zacarías, 4) Natanael y 5) Micaías. Éstos enseñaron la Ley en las ciudades de Judá. En esta labor les colaboraron los siguientes levitas: 1) Semaías, 2) Netanías, 3) Zebadías, 4) Asael, 5) Semiramot, 6) Jonatán, 7) Adonías, 8) Tobías y 9) Tobadonías. Además les acompañaron en tan importante labor los sacerdotes Elisamá y Joram. 

La misión de estos príncipes, levitas y sacerdotes era ir a la gente de Judá con el libro de la Ley del Señor, y enseñársela. Deberían escucharla, comprenderla, memorizarla, obedecerla y enseñarla a sus familias. Así lo hicieron, recorriendo todas las ciudades de Judá y enseñando al pueblo. 

La visión educativa que tuvo Josafat debiera ser también la visión de todo discípulo de Jesucristo: comunicar la Verdad del Evangelio. Es nuestro deber, tanto de obediencia como de gratitud al Señor, dar a conocer en nuestro entorno la salvación por medio de la fe en Jesús. El Espíritu Santo quiere dar vida sobrenatural a los que están “muertos en delitos y pecados” y desea utilizar a cada cristiano como canal de comunicación. Nuestra misión es señalada en las palabras del Maestro:  

“19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; / 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (San Mateo 28:19,20) 

4. Inspirar respeto.

“10 Y cayó el pavor de Jehová sobre todos los reinos de las tierras que estaban alrededor de Judá, y no osaron hacer guerra contra Josafat. / 11 Y traían de los filisteos presentes a Josafat, y tributos de plata. Los árabes también le trajeron ganados: siete mil setecientos carneros y siete mil setecientos machos cabríos.”  (2 Crónicas 17:10,11 

Los reinos que rodeaban a Judá sintieron tal miedo al Señor que no se atrevían a pelear contra Josafat. Por el contrario, algunos filisteos traían regalos y plata como tributo a Josafat, y los árabes le llevaron muchísimos carneros y chivos. El terror del Señor les hizo tributarios de Josafat.  

Josafat y su reino inspiraron respeto y admiración sobre los pueblos vecinos, a tal punto que lo reconocieron con tributos y regalos. El cristiano no pretenderá enseñorearse de su prójimo, pero como este rey, muchas veces obtendrá el reconocimiento de sus admiradores. Sin embargo ha de tener claro que esa admiración no es a él por sí mismo sino al que produce en él esa obra: el Señor Jesucristo. Esto es lo que se llama “presencia de Cristo”. 

5. Ser previsores.

“12 Iba, pues, Josafat engrandeciéndose mucho; y edificó en Judá fortalezas y ciudades de aprovisionamiento. / 13 Tuvo muchas provisiones en las ciudades de Judá, y hombres de guerra muy valientes en Jerusalén. / 14 Y este es el número de ellos según sus casas paternas: de los jefes de los millares de Judá, el general Adnas, y con él trescientos mil hombres muy esforzados. / 15 Después de él, el jefe Johanán, y con él doscientos ochenta mil. / 16 Tras éste, Amasías hijo de Zicri, el cual se había ofrecido voluntariamente a Jehová, y con él doscientos mil hombres valientes. / 17 De Benjamín, Eliada, hombre muy valeroso, y con él doscientos mil armados de arco y escudo. / 18 Tras éste, Jozabad, y con él ciento ochenta mil dispuestos para la guerra. / 19 Estos eran siervos del rey, sin los que el rey había puesto en las ciudades fortificadas en todo Judá.”  (2 Crónicas 17:12-19 

Este rey se hizo muy poderoso. Construyó fortalezas y ciudades para almacenes y tuvo muchas propiedades en las ciudades de Judá.  

He aquí a continuación la lista de sus valientes soldados: 

  • Por la tribu de Judá, tres grandes grupos: 1) El batallón de Adná con 300.000 soldados; 2) Johanán con 280.000 soldados; y 3) Amasías con 200.000 soldados. 

  • Por la tribu de Benjamín, dos grupos: 1) Eliadá con 200.000 hombres armados con arcos y escudos; y 2) Jozabad con 180.000.

Además de los nombrados, estaban los que el rey había destinado a las ciudades fortificadas de todo Judá. 

El rey Josafat instaló guarniciones en las ciudades fuertes de su reino, e hizo la paz entre Israel y Judá, que desde la época de Roboam habían estado en guerra entre sí, casando a su hijo Joram con Atalía, la hija de Acab y Jezabel. Ésta fue una unión imprudente que traería funestas consecuencias, pero en este capítulo sólo se observan los aspectos positivos del personaje. 

Como Josafat, los cristianos en cierto modo nos hacemos poderosos, pero no en el sentido humano sino espiritual. Nuestro poder es Dios, Su Espíritu actuando en nosotros. Por otro lado, al igual que este rey, debemos ser previsores para los tiempos malos o difíciles. Previsor es el que piensa y prepara con antelación las cosas que hará o necesitará en el futuro. Se puede ser previsor en el aspecto material, ahorrando en una cuenta bancaria, manteniendo una despensa con alimentos para tiempos difíciles, contando con un equipo de emergencia para eventos de la naturaleza, etc. Pero también se puede ser previsor en el aspecto espiritual. Lo dice el Apóstol cuando aconseja: “tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.” (Efesios 6:13) Hay días buenos y días malos; necesitamos estar preparados espiritualmente para los tiempos difíciles. 

CONCLUSIÓN.

El reinado de Josafat contempla importantes enseñanzas para los creyentes en Dios. Durante su gobierno fue glorificado el Señor, ya que Josafat procuró buscar Su voluntad y vivir bajo Su palabra. Está en nosotros cambiar el curso de nuestras vidas, haciendo la voluntad de Dios; así será bendecida la casa y la Iglesia. Como Josafat, tal vez es necesario que hagamos “reformas” para que Dios sea glorificado en nuestras vidas. 

El reinado de Josafat nos enseña a: 1) Defendernos de los enemigos; 2) Siempre buscar a Dios; 3) Comunicar la Verdad; 4) Inspirar respeto; y 5) Ser previsores.

 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿En qué oportunidades a usted le es difícil someterse a la voluntad Divina?
2)      ¿Qué buenas reformas ha hecho el Señor en su vida personal, familiar, laboral, etc.?
3)      ¿Qué testimonio quiere usted dejar en este mundo?
4)      ¿Qué ha aprendido del reinado de Josafat?
5)      ¿Cómo está luchando actualmente contra su enemigo?
6)      ¿Qué arma del Espíritu Santo utiliza con mayor regularidad?
7)      ¿Cuáles son los “baales” de la actualidad?
8)      ¿Cuál fue la causa del gran éxito de Josafat?
9)      ¿Qué significa en jerga cristiana “buscar a Dios”?
10)  ¿De qué medios de gracia disponemos para acercarnos al Señor?
11)  ¿Si Josafat decidió enseñar al pueblo la Ley, qué debemos enseñar nosotros?
12)  ¿Cuáles son las cinco acciones que debemos hacer con la Palabra de Dios?
13)  ¿Por qué debemos comunicar la Verdad del Evangelio?
14)  ¿Están usted y su Iglesia siendo un canal de comunicación del mensaje de Dios?
15)  ¿Qué misión dio Jesús a Sus discípulos?
16)  ¿Cómo puede un cristiano obtener el reconocimiento de la gente?
17)  ¿En qué consiste el poder de los creyentes?
18)  ¿Cómo podemos ser previsores en el aspecto material?

domingo, octubre 16, 2016

ENFRENTANDO AL ENEMIGO.


 
 
SAMUEL, EL VIDENTE
MENSAJE 14
Pastor Iván Tapia Contardo

 
Lectura bíblica: “17 Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. / 18 Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. / 19 He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. / 20 Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.” (San Lucas 10:17-19) 

Idea central: Los enemigos del cristiano. 

Objetivos: a) Comprender y aplicar las claves para enfrentarnos a nuestros enemigos; b) Aprender a respetar al enemigo; c) Discernir cuáles son nuestros enemigos externos e internos; d) Enfrentar a nuestros enemigos con valentía y fe en Dios; e) Utilizar toda la armadura de Dios para la batalla espiritual; y f) Identificar los merodeadores del cristiano y la Iglesia. 

Resumen: El enfrentamiento de Israel y Filistea nos enseña, a través de los errores de Saúl y su pueblo, la actitud que debemos tener con los enemigos. Identificar al contrincante, desarrollar un carácter apropiado para vencerlo y utilizar las armas que Dios nos da para la batalla cristiana, son claves para nuestra victoria contra el mal. 

E
nemigo es todo oponente. Dios tiene enemigos, el demonio es el primero a quien siguió la tercera parte de los ángeles, convirtiéndose éstos en enemigos de Dios. Si nos volvemos al Señor, también nos convertimos en enemigos de Satanás. Por tanto hay una lucha entre los cristianos y las tinieblas.

Todo lo que se opone a la voluntad de Dios es Su enemigo, de tal modo que si hay dentro de nosotros o en nuestra vida elementos opuestos al Señor, el enemigo actúa allí. Los discípulos de Jesús libramos una guerra contra diversos enemigos, pero gracias a Dios que contamos con la ayuda del Espíritu Santo y la fe: “4 Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. / 5 ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Juan 5:4,5 

La guerra contra los filisteos librada por Saúl y su pueblo, es una magnífica oportunidad para obtener lección sobre cómo debe ser nuestra conducta frente a los enemigos. He aquí varias claves para no cometer errores y salir victoriosos en nuestra batalla espiritual. 

¿Qué nos enseña 1 Samuel 13, sobre el enemigo? 

  1. El enemigo debe ser respetado.
“1 Había ya reinado Saúl un año; y cuando hubo reinado dos años sobre Israel, / 2 escogió luego a tres mil hombres de Israel, de los cuales estaban con Saúl dos mil en Micmas y en el monte de Bet-el, y mil estaban con Jonatán en Gabaa de Benjamín; y envió al resto del pueblo cada uno a sus tiendas. / 3 Y Jonatán atacó a la guarnición de los filisteos que había en el collado, y lo oyeron los filisteos. E hizo Saúl tocar trompeta por todo el país, diciendo: Oigan los hebreos. / 4 Y todo Israel oyó que se decía: Saúl ha atacado a la guarnición de los filisteos; y también que Israel se había hecho abominable a los filisteos. Y se juntó el pueblo en pos de Saúl en Gilgal.” (1 Samuel 13:1-4) 

Al cabo de dos años de reinado, Saúl escogió 3.000 hombres para formar su ejército. 2.000 estarían con él en Micmas y en Bet-el; y 1.000 con Jonatán en Gabaa de Benjamín. Cuando este último atacó la defensa de los filisteos que había en el valle, el rey Saúl hizo anunciar por todo el país cómo “Saúl” había atacado a los filisteos haciéndose Israel abominable a los filisteos. Entonces se juntó el pueblo tras Saúl en Gilgal. 

Micmas significa “algo escondido”. Es una localidad cercana a la montaña de Bet-el, al este de Bet-avén, al norte de Geba. Los filisteos acamparon en Micmas para combatir contra Saúl.  

Gilgal significa “círculo de piedras”. Fue el primer campamento de Israel después de cruzar el Jordán. Se consideró como lugar sagrado. Un lugar entre Bet-el y Siquem incluido en la visita anual de Samuel. 

El hijo de Saúl atacó a los filisteos. No fueron los filisteos que comenzaron esta guerra, sino Jonatán y Saúl. Envalentonados por esta ofensiva, declararon en toda la nación que Israel era odiado por Filistea. El pueblo les siguió, con la admiración que seguimos a un líder seguro y victorioso. Hay en estos hechos una actitud vanidosa y demasiado triunfalista, una exagerada seguridad de superioridad. Ellos, tanto los líderes como el pueblo, confiaron excesivamente en sus capacidades. En Micmas tramaron en sus corazones “algo escondido” contra Filistea y en Gilgal se reunieron fuertemente como un gran “círculo de piedras”. 

Del mismo modo, nosotros también a veces nos sentimos demasiado capaces y somos imprudentes y poco realistas, al atacar a otras personas. Pensamos que tenemos la razón y que contamos con todas las garantías para vencerlos con nuestros argumentos. Lo peor es cuando nos creemos facultados para atacar a las tinieblas, sin considerar al Señor, cosa que ni siquiera el arcángel Miguel se atrevió a hacer contra Lucifer: “8 No obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores. / 9 Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda.” (San Judas 8,9) 

El rey atacó a los filisteos, lo que fue una imprudencia con el enemigo. El enemigo debe ser respetado, pues es tan inteligente, capaz y hábil como nosotros. Jamás debemos infravalorar al enemigo.  

  1. El enemigo es de varios tipos.
“5 Entonces los filisteos se juntaron para pelear contra Israel, treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo, y pueblo numeroso como la arena que está a la orilla del mar; y subieron y acamparon en Micmas, al oriente de Bet-avén. / 6 Cuando los hombres de Israel vieron que estaban en estrecho (porque el pueblo estaba en aprieto), se escondieron en cuevas, en fosos, en peñascos, en rocas y en cisternas. / 7 Y algunos de los hebreos pasaron el Jordán a la tierra de Gad y de Galaad; pero Saúl permanecía aún en Gilgal, y todo el pueblo iba tras él temblando.” (1 Samuel 13:5-7) 

Los filisteos se reunieron con todo su ejército para pelear contra Israel: 30.000 carros, 6.000 hombres a caballo y una gran multitud de pueblo. Subieron y acamparon en Micmas, al oriente de Bet-avén. Al ver los israelitas que estaban en gran aprieto, se escondieron en cuevas, fosos, peñascos, rocas y cisternas. Incluso algunos atravesaron el Jordán y huyeron a Gad y Galaad. Pero el rey permaneció en Gilgal, y el pueblo le seguía con miedo. Indudablemente aquí se puede ver que Israel no era un pueblo guerrero ni tan fiero como los filisteos. 

Los hebreos tuvieron miedo y huyeron del enemigo. Es lo que muchos seres humanos hacen cuando se encuentran en aprietos, cuando se enfrentan a un enemigo que consideran mayor a sus fuerzas. Nuestros enemigos pueden ser externos o internos. Los de más temer son estos últimos. Una persona puede atacarnos físicamente o hablar mal de nosotros, sembrar una mentira sobre nuestra persona, pero aquello tiene solución y lo podemos ignorar. Actualmente aumenta la delincuencia y todos estamos en peligro si no nos precavemos de andar a horas y en lugares peligrosos. Pero los enemigos internos, como la cobardía, la intolerancia, el perfeccionismo, el orgullo, la blandura de carácter, la carnalidad, la impaciencia o la indiferencia, son mucho más difícil de enfrentar, resolver y superar. A veces se esconden de nosotros, los negamos y nos acechan, atentando contra la convivencia social.  

Los discípulos de Jesús libramos una guerra contra tres tipos de enemigos, a saber: el diablo, el mundo y nuestra propia carne. Dice San Juan: “15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. / 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. / 17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” (1 Juan 2:15-17 

El pueblo huyó del enemigo, lo cual fue una cobardía. Es importante saber distinguir nuestros verdaderos enemigos, que los hay externos e internos, y estos últimos son los más difíciles de derrotar. 

  1. El enemigo no debe asustarnos.
“8 Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho; pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le desertaba. / 9 Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el holocausto. / 10 Y cuando él acababa de ofrecer el holocausto, he aquí Samuel que venía; y Saúl salió a recibirle, para saludarle. / 11 Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, / 12 me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto. / 13 Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. / 14 Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó. / 15 Y levantándose Samuel, subió de Gilgal a Gabaa de Benjamín.” (1 Samuel 13:8-15) 

El rey Saúl esperó una semana en Gilgal que viniera el profeta Samuel a acompañarle, pero el pueblo comenzó a desertar. Ante este problema, Saúl ordenó traer holocausto y ofrendas de paz. Estaba terminando de ofrecer el holocausto y Samuel llegó. Salió a recibirle y para saludarle, pero el profeta le dijo “¿Qué has hecho?” El rey respondió que, viendo que el pueblo desertaba, que él no venía en el plazo señalado y que los filisteos estaban a punto de atacar, decidió implorar al Señor.  

Samuel dijo a Saúl que había actuado como un demente, que no había guardado el mandamiento de Jehová. El Señor hubiera confirmado su reino sobre Israel para siempre, pero ahora su reino no sería duradero. Le dijo que Jehová buscaba un varón conforme a su corazón, designado para ser príncipe sobre Su pueblo. 

Y Samuel regresó a Gabaa de Benjamín. 

¿Por qué el profeta Samuel le dijo al rey Saúl que había actuado como un demente y que no había guardado el mandamiento de Jehová? Saúl sintió miedo porque vio que el pueblo desertaba y no tendría ejército para combatir al enemigo. Además él mismo había iniciado la guerra atacando a Filistea. Se sintió solo porque no venía el profeta a apoyarle, es decir que su confianza se basaba en la compañía del pueblo y de Samuel, y no tenía confianza en Dios. Tuvo tanto miedo de que los filisteos lo atacaran, que decidió implorar al Señor. Al hacerlo mostraba desesperación y no fe; aunque hiciera holocausto y rogativas y presentara ofrendas a Dios, quizás estaba confiando más en sus propias acciones rituales que en el Señor mismo. 

Samuel expresó que Jehová buscaba “un varón conforme a su corazón” y por lo visto él no tenía ese corazón. Le faltaba valentía y confianza en el Señor, ver más allá de sus capacidades y de las circunstancias, ser más espiritual y menos carnal. 

Dios también busca en nosotros esas cualidades. Él quiere que seamos varones y varonas “conforme a Su corazón”. ¿Cuáles son las características de ese corazón? 1) Un corazón lleno de fe, que confía en el poder de Dios, que cree que Él está con Su pueblo, que tiene convicciones y no es cobarde sino valiente; 2) Un corazón en paz, limpio por la sangre de Jesucristo, que no se siente culpable, que cree en el perdón de Dios, que no se juzga a sí mismo ni a los demás, un corazón en la Gracia; 3) Un corazón lleno de amor a Dios y al prójimo, que tiene misericordia, que está siempre dispuesto a servir; y 4) Un corazón con esperanza que conoce el legado del Señor Jesucristo y se goza en la vida eterna: “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos.” (1 Timoteo 6:12) 

El rey Saúl tuvo miedo, cosa que jamás debe sucedernos sino estar preparados para pelear la buena batalla y tener un corazón que no teme al enemigo y confía en Dios. El enemigo no debe asustarnos. 

  1. El enemigo siempre merodea.
“Y Saúl contó la gente que se hallaba con él, como seiscientos hombres. / 16 Saúl, pues, y Jonatán su hijo, y el pueblo que con ellos se hallaba, se quedaron en Gabaa de Benjamín; pero los filisteos habían acampado en Micmas. / 17 Y salieron merodeadores del campamento de los filisteos en tres escuadrones; un escuadrón marchaba por el camino de Ofra hacia la tierra de Sual, / 18 otro escuadrón marchaba hacia Bet-horón, y el tercer escuadrón marchaba hacia la región que mira al valle de Zeboim, hacia el desierto. ” (1 Samuel 13:16-18) 

Al contar Saúl cuántos estaban con él, resultaron ser 600 hombres. El rey, su hijo Jonatán y el pueblo que estaba con ellos se quedaron en Gabaa de Benjamín. Los filisteos acamparon en Micmas. 

Los filisteos enviaron tres grupos de “merodeadores”: uno por el camino de Ofra hacia la tierra de Sual, es decir al norte; otro hacia Bet-horón, al oeste, y otro hacia la región que mira al valle de Zeboim, o sea al este. Merodear es andar por los alrededores de un lugar, con malas intenciones, curioseando o buscando algo. Los merodeadores filisteos eran verdaderos espías en Israel que se dirigieron a distintos puntos de Israel, para informarse del estado del pueblo, los planes y recursos de guerra que pudieran tener. Eran los filisteos unos infiltrados en la tierra del Señor. 

¿Cuáles son los actuales “merodeadores” de la Iglesia y los cristianos?

1)      Los merodeadores eclesiales: Es lamentable que haya hermanos que se dedican a merodear, vigilar, espiar las costumbres, creencias, liturgias y doctrinas de las congregaciones, no permaneciendo definitivamente en ninguna. Los mueve una curiosidad malsana, deseosa de criticar, no se proponen edificar a la hermandad sino más bien destruyen con críticas y palabras de desconfianza. Estos merodeadores eclesiales van y vienen, no crecen en su fe, son inconstantes y piedras de tropiezo para los nuevos creyentes.

2)      Los merodeadores chismosos. Personas no creyentes que se dedican a observar la vida de los cristianos con la intención de descubrir algún defecto, pecado o debilidad, para luego murmurar de ellos, descalificarlos y desacreditar su fe. No están pendientes de nuestro testimonio cristiano sino de aquello en que podamos caer.

3)      Los merodeadores malintencionados. Desean burlarse de Dios y de nuestra fe, utilizando la tentación como un arma para hacer caer de su fe a los creyentes. Tientan con sexo, bebidas alcohólicas, drogas, lenguaje grosero y conversaciones impropias, murmuración y todo lo que pueda sacarnos de una vida equilibrada, acorde con los principios de Dios.

4)      Los merodeadores espirituales. Espíritus inmundos de las tinieblas que atacan al cristiano durante la oración, en sueños, en momentos de fatiga física o debilidad emocional. El mismo diablo es un merodeador: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8) 

Como los filisteos enviaron “merodeadores” a Israel, nosotros también somos merodeados por diversos enemigos. El enemigo de nuestras almas siempre merodea. 

  1. El enemigo quiere desarmarnos.
“19 Y en toda la tierra de Israel no se hallaba herrero; porque los filisteos habían dicho: Para que los hebreos no hagan espada o lanza. / 20 Por lo cual todos los de Israel tenían que descender a los filisteos para afilar cada uno la reja de su arado, su azadón, su hacha o su hoz. / 21 Y el precio era un pim por las rejas de arado y por los azadones, y la tercera parte de un siclo por afilar las hachas y por componer las aguijadas. / 22 Así aconteció que en el día de la batalla no se halló espada ni lanza en mano de ninguno del pueblo que estaba con Saúl y con Jonatán, excepto Saúl y Jonatán su hijo, que las tenían. / 23 Y la guarnición de los filisteos avanzó hasta el paso de Micmas.” (1 Samuel 13:19-23) 

Los filisteos impidieron que los hebreos hicieren espadas y lanzas, haciendo que no hubiese herreros en Israel. Por eso los israelitas debían acudir a los filisteos para trabajos en metal como afilar la reja del arado, el azadón, el hacha o la hoz. Estos trabajos se hacían a un alto precio: por reparar un arado o azadones cobraban un “pim”, es decir 8 gramos de plata; por afilar hachas o arreglar aguijadas, cobraban la tercera parte de un “siclo”, correspondiente a 4 gramos de plata. 

Por lo tanto el día de la batalla Israel no contaba con espadas y lanzas, salvo el rey Saúl y su hijo Jonatán. El destacamento filisteo avanzó hasta el paso de Micmas. 

Fueron hábiles los filisteos al impedir a los hebreos tener armas. Para hacer la guerra se necesitan armas, no basta con el propio cuerpo, sobre todo si el enemigo cuenta con buen armamento. Así los ejércitos de las naciones mantienen un equilibrio bélico, teniendo la misma cantidad y capacidad armamentista. Los enemigos de Israel ingeniaron estrategias para que Israel no se armara: a) Impidieron que tuvieran herreros; y b) Cobraron precios altos por reparar viejas armas. El resultado fue un pueblo sin capacidad de ataque y defensa. 

En el caso de los cristianos –porque siempre debemos buscar la lección espiritual que nos entrega el Antiguo Testamento –el enemigo de nuestras almas buscará desarmarnos para que no peleemos “la buena batalla de la fe” (1 Timoteo 6:12). Él sabe que sin las armas espirituales no podremos salir victoriosos y necesitamos fortalecernos con el poder del Señor. Las armas con que Él, nuestro General, nos equipa nos dan Su fuerza. El Apóstol nos describe una verdadera “armadura” para defendernos del “merodeador” que anda al acecho nuestro. La guerra de los cristianos no es como la que sostenía Israel con Filistea, que era una guerra física, sino que es una guerra espiritual. Nuestros enemigos son invisibles. Para defendernos y atacarlos tenemos las siguientes armas: 1) Faja, la verdad de Cristo y el Evangelio; 2) Coraza, la justicia de Dios en Cristo; 3) Calzado, el Evangelio de la paz; 4) Escudo, la fe en el Dios Todopoderoso; 5) Yelmo, la salvación por fe en Jesús; 6) Espada, la Palabra de Dios; y 7) Lanza, la oración. 

Cuidemos las armas que el Señor nos ha dado, vistiéndonos cada día con la “armadura de Dios”: “10 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. / 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. / 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. / 13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. / 14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, / 15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. / 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. / 17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; / 18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6:10-18) 

El enemigo inhabilitó a los hebreos quitándoles armas. Siempre el enemigo va a querer desarmarnos. Las armas del cristiano son una verdadera armadura que nos protege de los enemigos espirituales. 

ENSEÑANZAS DE VIDA:

1)      Discernir cuáles son nuestros enemigos externos e internos.
2)      Respetar al enemigo.
3)      Enfrentar a nuestros enemigos con valentía y fe en Dios.
4)      Utilizar toda la armadura de Dios para la batalla espiritual.
5)      Identificar los merodeadores del cristiano y la Iglesia. 

CONCLUSIÓN.

El capítulo 13 de 1 Samuel nos enseña algunas claves a considerar en la relación con nuestros enemigos: 1) El enemigo debe ser respetado; 2) El enemigo es de varios tipos; 3) El enemigo no debe asustarnos; 4) El enemigo siempre merodea; y 5) El enemigo quiere desarmarnos. 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Ha tenido enemigos y cuál ha sido su relación con ellos?
2)      ¿Cuáles considera sus enemigos internos?
3)      ¿Por qué debemos respetar al enemigo?
4)      ¿Qué elemento de la armadura de Dios, a su juicio, es el más importante?
5)      ¿Cuál ha sido su mayor batalla espiritual?
6)      ¿Contra qué “merodeadores” ha debido luchar durante su vida cristiana?
7)      ¿Qué enemigos le asustan?
8)      ¿Cómo juzga usted la actuación de Saúl y Jonatán en este capítulo?
9)      ¿Cuál es la intención del enemigo al merodearnos?
10)  ¿Por qué Satanás quiere desarmarnos?
11)  ¿Por qué a Samuel no le pareció bien que Saúl ofreciera holocausto y ofrendas de paz, cuando se vio en apuros con los filisteos?
12)  ¿Cuáles son las características de un corazón conforme al corazón de Dios?
13)  ¿Qué diferencia hay entre la guerra de los israelitas y la guerra de los cristianos?
14)  ¿Qué podemos hacer con los distintos tipos de merodeadores: eclesiales, chismosos, malintencionados y espirituales?
 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.

·         Reina, Casiodoro de (1960). “La Santa Biblia” Estados Unidos: Broadman & Holman Publishers.
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·         (1960). “La Santa Biblia” Sociedades Bíblicas Unidas. Recuperado de: http://www.gentle.org/biblia/
·         “Nuevo Testamento, Edición Pastoral” Chile, Ediciones Mundo, 1974.
·         “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España” Disponible en: http://www.rae.es/
·         Concordancia electrónica de la Biblia” Disponible en: http://www.miconcordancia.com/concordancia.php
·         Rizo Martínes, José L. “Diccionario Bíblico” Recuperado de: http://es.scribd.com/doc/50636670/Diccionario-Biblico-Jose-L-Rizo-Martinez#scribd
·         (1966, 1970, 1979, 1983, 1996) Dios habla hoy” ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, Disponible en: https://www.biblegateway.com/versions/Dios-Habla-Hoy-DHH-Biblia/
·         “Watchtower, Biblioteca en Línea” Disponible en http://wol.jw.org/es/wol/h/r4/lp-s