domingo, mayo 13, 2018

HABLA EL IDIOMA DE CRISTO.

EL CAMINO PARA ESTA IGLESIA.
LECCIÓN 3
 
© Pastor Iván Tapia Contardo 

Lectura bíblica: 18 No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, / 19 hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; / 20 dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.(Efesios 5:19) 

Idea central: El idioma cristiano. 

Objetivos: a) Comprender que Dios nos llama a tener un idioma diferente al que posee el mundo; b) Valorar y practicar un lenguaje que edifique al prójimo; c) Transmitir el mensaje del Evangelio en palabras y acción; d) Buscar, descubrir y practicar un idioma común entre cristianos; e) Adquirir un lenguaje sencillo para transmitir la Verdad; y 3) Comprender, valorar y practicar el idioma del amor de Jesús. 

Resumen: Como toda nación, el Reino de Dios tiene su propio idioma. Tal lenguaje encierra todos los valores que Jesucristo nos legó y es la comunicación, en palabras y obras, que tenemos con los hermanos en la fe y con el mundo. Nuestro idioma es el amor.
 

U
n lunes de Oración Mística le preguntamos al Señor ¿Cuál es el camino para esta Iglesia? y Él respondió así: 1) Descubre tu desnudez (pecado, debilidad) y luego cúbrela con Cristo; 2)  Aliméntate de Cristo pues desfalleces de hambre, por falta del Pan de Vida. Y como tercer aspecto nos invitó a: 3) Hablar el mismo idioma y que sea un lenguaje comprensible, un idioma que los cristianos comprendan; un idioma que niños, adultos, jóvenes y ancianos entiendan.  

¿Cuál es el idioma que el Señor desea que hablemos?
 

1.      Un idioma común.

A veces pensamos que todos los cristianos, por el hecho de creer en Jesús y Su Evangelio, estamos hablando el mismo idioma y nos entenderemos muy bien entre nosotros, pero al acercarnos y compartir la fe nos damos cuenta que somos muy distintos. Nos separan las doctrinas, las interpretaciones, el modo de ver y vivir el cristianismo; a veces nos separan hasta las palabras. Hablamos idiomas distintos, o tal vez debería llamarlos dialectos; así como hay diversas formas de hablar el castellano y es muy distinto cómo se hace en España a como se da en Chile o Colombia, en que cada país y región tiene modos de hablar diferente y palabras con significado propio.

La iglesia de Corinto ya sufría este problema: “10 Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. / 11 Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. / 12 Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. / 13 ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” (1 Corintios 1:10-13) 

Entre cristianos, por ejemplo, para unos “hablar en lenguas” será decir palabras inspiradas en un idioma desconocido, para otros será sencillamente una habilidad para hablar idiomas extranjeros;  para unos la “Virgen” será el nombre que darán a la madre de Jesús, para otros será el modo de llamar a cualquier mujer soltera; para unos el Espíritu es el Espíritu Santo de Dios, Persona de la Trinidad que habita en cada creyente, para otros será el énfasis de una idea o principio divino; para unos “evangélico” es sinónimo de protestante, no católico, para otros es todo lo que se desprende del Evangelio; en fin para unos iglesia es el Cuerpo de Cristo, la comunidad de cristianos, y para otros es sólo el templo.  

En la primera iglesia ya se daba este conflicto entre posturas o doctrinas distintas, por ejemplo entre los “conservadores” liderados por Santiago o Jacobo, los “centristas” como Pedro y los más “avanzados” como Pablo, lo cual se deja ver en este pasaje: 11 Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. / 12 Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. / 13 Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos.” (Gálatas 2:11-13) Los conservadores no querían apartarse de las tradiciones judías, los avanzados estaban abiertos a una Iglesia de gentiles, sin guardar la Ley, y los centristas eran conciliadores. 

El deseo de Dios es que, a pesar de nuestras diferencias, seamos todos de un mismo sentir, estando “Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.” (Romanos 12:16) Lo mismo se enfatiza en los textos a continuación: “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables” (1 Pedro 3:8); “Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio” (Filipenses 1:27) 

Recordemos que todos los cristianos, cualquiera sea nuestra denominación, somos parte de un mismo Cuerpo: “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.” (Efesios 4:25) 

¿Cómo podemos comunicarnos entre los cristianos, sin importar la denominación a la que pertenezcamos? ¿Podemos llegar a tener o descubrir el idioma común? Es imprescindible que cada uno descubra el idioma común del Evangelio de Jesucristo. 

2.      Un idioma sencillo.

Si entre nosotros, los cristianos, muchas veces no podemos comunicarnos ¡Cuánto más será con los no creyentes! si nos separa con ellos la fe en Jesús. Ellos no creen en Dios o a lo menos no le dan importancia ni le obedecen; otros reniegan de la religión cristiana y las iglesias, por diversas razones, plausibles o no, y se declaran ateos o por último agnósticos, es decir incapaces de probar la existencia de Dios. La mayoría desconoce la Biblia y muchas veces se reconocen ignorantes de ella; también están los que tienen prejuicios contra la Escritura: Que es un libro pasado de moda, de otra cultura, invento de hombres, etc. Así es que comunicar nuestra fe a los no creyentes, que es el gran desafío que Jesús nos dejó, comienza por establecer un contacto natural a través del idioma.  

La orden del Señor fue: “19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; / 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (San Mateo 28:19,20); y en otro texto, “15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. / 16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos 16:15,16) 

Cumplir tal orden no es fácil, casi imposible para nosotros que no podemos convencer a todos sobre el Evangelio, pero Jesús nos ha dado Su Espíritu y Su didáctica que dice: He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.” (San Mateo 10:16). No debemos desesperar en el trabajo evangelizador, ya que el mismo Maestro nos capacitará: “16 Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. / 17 Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.” (San Marcos 1:16,17)

¿Qué palabras usaremos para comunicar el Evangelio? ¿Entenderán las personas términos tales como salvación, justificación, ley, gracia, expiación, etc.? Evidentemente no las entenderán, salvo si se las explicamos o utilizamos equivalentes a esas palabras. Sabido es que la transmisión de la Verdad del Evangelio no es sólo una cuestión de comunicar conceptos, sino además comunicar vida; por tanto yo mismo debo ser una encarnación del Evangelio. La transmisión del mensaje cristiano es la suma de Logos + Rema, Palabra Escrita + Palabra Vivida. Así como nuestro Maestro, también nosotros debemos ser encarnación del Verbo: Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (San Juan 1:14); “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20) 

Es necesario que con una vida coherente y palabras sencillas podamos transmitir la Verdad de Jesucristo. 

3.      El idioma del amor.

En último término ¿Cuál es el idioma que hablamos? ¿Es el catolicismo, el idioma bautista, el pentecostalismo, el de los testigos, el idioma mormón, el adventista o el idioma de nuestra iglesia particular? Hemos nacido de nuevo, “del agua y del Espíritu” ha dicho Jesús; ahora somos nuevas criaturas, ya no somos lo que éramos antes de conocer al Señor y convertirnos a Él; ahora tenemos claridad acerca del sentido de la vida, sabemos de dónde somos y hacia dónde vamos, además de entender quiénes somos, hijos y amigos de Dios. Llevamos dentro al Espíritu Santo que nos habita, regenera, convence, guía, enseña,  da poder y santifica.  

Antes nuestro idioma eran las groserías, los insultos, las herejías, las bravatas, las mentiras, las burlas, las palabras hirientes, la murmuración, las quejas contra todo, era el idioma de las tinieblas. Como hijos de luz nuestro lenguaje ha cambiado y se ha tornado positivo: 29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. / 30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. / 31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.” (Efesios 4:29-31) 

Tanto lo que hablamos como nuestra actuación ahora es para edificación del prójimo: 3 Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; / 4 ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias.” (Efesios 5:3,4) 

Idioma y acción expresan a quien llevamos dentro: el Espíritu de Jesucristo. Por ello decimos que nuestra lengua es Cristo. Una de las primeras señales que dio el Espíritu Santo cuando se derramó sobre los apóstoles en Pentecostés, cuando se inició la Iglesia, fue el hablar en otras lenguas; ellos hablaban en diversos idiomas para que el mensaje evangélico fuese entendido por todos: 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. / 5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. / 6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. / 7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? / 8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? / 9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, / 10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, / 11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.” (Hechos 2:4-11) 

Si antes de conocer a Jesús hablábamos un idioma ajeno a Dios hoy hablamos el lenguaje de Jesucristo que es el amor. Este idioma nos hace pacientes, bondadosos, humildes, delicados, altruistas, serenos, joviales, compasivos y magnánimos con nuestro prójimo. 

Es impostergable la necesidad que tenemos todos los cristianos de comprender que nuestro idioma no es otro que la Persona de Jesucristo viviendo en nosotros. 

CONCLUSIÓN.

Dios nos llama a tener los cristianos un idioma diferente al que posee el mundo, que es de quejas, groserías, agresividad, etc. lo cual no edifica sino que destruye. Puesto que habitamos en lugares celestiales y pertenecemos a un Reino de Luz, que tenemos la grave misión de transmitir Su mensaje, el Evangelio, Dios desea que hablemos: 1) Un idioma común; 2) Un idioma sencillo; y 3) El idioma del amor.

 

 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Cuál es su experiencia con hermanos de otras denominaciones?

2)      ¿Qué aspecto le resulta más difícil al relacionarse con hermanos de otras iglesias?

3)      ¿Qué doctrinas considera usted irrenunciables?

4)      ¿Se considera un cristiano/a conservador, centrista o avanzado?

5)      ¿Qué indicaciones daría usted a alguien que desee evangelizar?

6)      ¿Cuál es el idioma que el Señor desea que hablemos?

7)      ¿Cómo debemos reaccionar ante doctrinas que chocan con la nuestra?

8)      ¿Cómo podemos comunicarnos entre los cristianos, sin importar la denominación a la que pertenezcamos?

9)      ¿Cuál es, a su juicio, el idioma común del Evangelio de Jesucristo y cómo vivirlo?

10)  ¿Cómo puedo acercar al Evangelio a una persona que no cree en Dios?

11)  ¿Qué se puede hacer con aquellas personas que reniegan de la religión cristiana y las iglesias?

12)  ¿Cómo podemos transmitir una mejor valoración de la Biblia?

13)  ¿Evangelizar es sólo comunicar conceptos?

14)  ¿Qué significa la fórmula Evangelización= Logos + Rema?

15)  ¿Cuál es la gran diferencia entre lo que éramos antes de conocer a Cristo y ahora?

16)  ¿Es en todo tiempo mi lenguaje positivo?

17)  ¿Por qué decimos que nuestra lengua es Cristo?

18)  ¿De qué otra forma se puede entender el milagro de las lenguas en Pentecostés?

19)  ¿De qué pecados de la lengua necesitamos arrepentirnos?

 

 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.


 

 

sábado, mayo 05, 2018

EL AMOR ES DELICADO.

AMIGOS DE JESÚS
Enseñanza 23

 
 

© Maestra Elena Montaner
 

“El amor.../ 5 no hace nada indebido,...”
1 Corintios 13:5
 

La versión Dios Habla Hoy (DHH) dice:Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor; es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad. Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo.” (1 Corintios 13:4-7) 

Identificamos la delicadeza del amor cuando no somos presumidos, ni groseros, ni egoístas, este amor que proviene de Dios para  colocarnos una corona con varias perlas: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. (Gálatas 5:22-23)

Tengamos presentes estos frutos del Espíritu que nos permiten ser personas delicadas como Jesús.  

Jesús nos plantea un gran desafío: el amor es delicado. ¿Cómo nosotros podemos ser delicados con nuestros prójimos? Especialmente cuando no recibimos delicadeza de su parte. El Señor nos dice claramente que amemos a nuestro enemigo, pero ¿cómo podemos hacerlo realmente si algún prójimo se comporta poco delicado con nosotros?  

  • El comportamiento de una persona grosera es la que carece de cortesía, delicadeza o respeto hacia los demás.
  • La delicadeza se asocia a la suavidad y a la ternura.
  •  Una persona delicada, en este sentido, evita la brusquedad y la violencia, y trata de conducirse con afecto y respeto.
  • La delicadeza implica hablar en voz baja y apacible, evitar los gritos y manejarse con calma.
  • La persona actúa con delicadeza y trata a los demás con ella, es alguien que viene a dejar patente también que es sencilla, respetuosa, afable, serena, con capacidad de autodominio y tolerante en lo que respecta al trato con el resto de las personas.
  • La persona que tiene delicadeza lo demuestra por su paciencia, por su manera respetuosa en el trato con los demás, porque espera a que terminen de expresarse para poder exponer sus ideas, porque se muestra relajada en todo momento y porque nunca eleva la voz.
  • Jesús, modelo de Hombre y modelo del amor, es sensible y delicado en el trato. Cuando estuvo en la Tierra, como hombre fue delicado en el trato. 

Veamos algunos aspectos de la delicadeza de Dios: 

1)      El trato delicado de Jesús con las mujeres:

“Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?/ Ella dijo: Ninguno,  Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” (San Juan 8:10,11) 

Ella era una adúltera, al igual que  nosotros cuando decimos que lo amamos y nos vamos con nuestro propio pensamiento, cuando amamos nuestras propias decisiones y no lo tomamos en cuenta. No consideramos a nuestro Esposo. Tomamos decisiones sabiendo que a Él no le agrada.  No agradamos al esposo, somos adúlteros. Sin embargo Jesús nos trata con su delicado amor y nos tiene paciencia, nos espera a que recapacitemos. Entonces nos perdona y nos dice que no pequemos  más. No lo consideramos pero Él nos defiende de nuestra propia equivocación y nos  libera. Eso es delicadeza, eso es la  manifestación de su delicado amor. 

El amor del Señor hacia nosotros es tierno, delicado y cuidadoso:

“Yo soy la rosa de Sarón, y el lirio de los valles. / Como el lirio entre los espinos, así es mi amiga entre las doncellas. / Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los jóvenes; bajo la sombra del deseado me senté, y su fruto fue dulce a mi paladar. /Me llevó a la casa del banquete, y su bandera sobre mí fue amor.” (Cantar de los Cantares 2:1-4 

2)      Jesús nos pastorea con delicadeza:

La ternura con que el Señor Jesucristo nos pastorea, se compara a la forma en que un pastor atiende, cuida y anima a sus ovejas a seguir adelante, a pesar de sus tropiezos, enfermedades y heridas, situaciones trágicas que ocurran en el camino, etc. que podemos experimentar en la vida, y nos  cura, nos alivia, nos mantiene cerca, nos busca si nos apartamos y nos trae a Él si estamos perdidos, perdonándonos y amándonos con ternura.

Cuando vemos nuestro pasado, nos damos cuenta de todo lo que el Señor Jesús hizo para traernos a Él. Como nuestro buen Pastor, Él nos encontró a nosotros los perdidos, nos llevó en Sus hombros delicadamente y nos trajo a Su hogar. Cuando creímos en Él, Él nos perdonó, nos lavó y entró en nosotros como el Espíritu vivificante para estar con nosotros para siempre. Ahora Él es el Pastor que mora en nosotros, cuidándonos tanto interna como externamente. ¡Qué gran demostración de su delicado amor hacia nosotros sus ovejas!  

Y cuando nos desesperamos, nos frustramos y nos amargamos por las dificultades de la vida, Él nuestro Buen Pastor nos levanta en sus brazos y nos trae de regreso al hogar, junto a Él:  

En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. / Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. /Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” (Salmos 23:2-4)
 

3)      El Espíritu Santo de Dios es delicado:

·         El Espíritu Santo es la delicadeza y ternura de Dios, que todo lo mueve y da vida sin que lo advirtamos. El Espíritu Santo del Señor nos guía hacia toda verdad, lo hace con suavidad, con ternura, con paciencia, con bondad, con delicadeza porque nos respeta y nos deja libres, sin embargo está atento cuando nos descarriamos y con suave voz, nos llama a terreno. 

Una vez que el Señor Jesús resucitó, estando con los discípulos, sopló sobre ellos y les dijo: “…Recibid el Espíritu Santo” (San Juan 20:22).

Como  el soplo de Dios en el Jardín del Edén,  Dios tomó a Adán y sopló en su nariz: Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7)

Así mismo, Jesús sopló en sus discípulos, esta vez fue aliento de vida para  fortaleza que requerirían para la gran comisión. En el Jardín del Edén fue aliento para la vida, en los discípulos fue aliento de su Gracia.

Es tanta la delicadeza de Jesús en este gesto pues el aliento que sopló en sus discípulos era aliento de vida para sus espíritus. 

·         El Espíritu de Dios es como el viento, puede ser recio o puede ser suave y delicado como la brisa.  

Así como en Pentecostés el Espíritu Santo se comportó como un viento recio que llenó toda la casa donde estaban reunidos: “Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; /y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. /Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. (Hechos 2:2-4) 

Pero fue como una brisa cuando Jesús sopló en sus discípulos. El Salvador fue tierno, suave, apacible, cortés y atento con ellos.
 

CONCLUSIONES

·         Dios siempre ha sido delicado en su amor hacia nosotros.  Esta ternura se evidencia en la ternura con que nos ha tratado, en su amor incondicional hacia nosotros.  Esa misma ternura, Dios desea que cada uno de los creyentes, hagamos visible, mediante el trato fino y amable con todos los hermanos y también con todas las personas que nos rodean. 

La ternura es una evidencia grande, de que Cristo mora en nosotros. La dulzura de Cristo se ve manifestada, mediante las palabras, la disposición para ayudar al prójimo, y el deseo ferviente para trabajar en la iglesia de Dios. 

·         Amar también es obrar con tacto y delicadeza. Jesús nos ama de esta manera, en la vida que tuvo en la Tierra, en la cruz del Calvario y luego en su resurrección. Es mucho más que la sencilla cortesía humana, a menudo muy cercana a la hipocresía.  La delicadeza del amor se interesa verdaderamente por el otro; es sensible a sus aspiraciones. El amor no busca su propio interés.   

Si no se ve claramente en nosotros la mansedumbre y ternura de Cristo (2 Corintios 10:1), ¿Quién escuchará el mensaje que queremos entregar? ¿Cómo será el testimonio que mostraremos a nuestros hermanos, familia, amigos y donde quiera que vayamos? 

·         Seguir a Jesús nos asegura que Él sana nuestra alma y venda nuestras heridas. Nos infunde rasgos como la delicadeza, la sinceridad, la humildad y calibra nuestra mente para que funciones a base de fe, esperanza y amor, incluso hacia aquellos que no nos comprenden, que no nos respetan, que nos insultan o acusan injustamente.

 

 

domingo, abril 29, 2018

REDIMIDOS POR CRISTO.


HEBREOS COMENTADO
LECCIÓN 9 
© Pastor Iván Tapia Contardo

 
Lectura bíblica: “11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, / 12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.”  (Hebreos 9:11,12) 

Palabra clave del capítulo: REDENCIÓN. 

Idea central: La redención del pecador. 

Objetivos: a) Comprender y practicar el concepto bíblico de redención que nos transmite el libro de Hebreos; b) Comprender que la redención se encuentra en el Tabernáculo de Dios; c) Comprender y valorar que la redención implica expiación, que sin “purgar” el pecado con un sacrificio sangriento no hay liberación del pecado; d) Comprender que la redención perfecta está en el Nuevo Pacto; e) Comprender que la redención es producto de un sacrificio de sangre; f) Comprender que la redención nos limpia de pecado, transformándonos en “santos” en permanente “santificación” por el Espíritu Santo; y g) Motivarse a vivir bajo el régimen de la Gracia, abandonando el régimen de la Ley del Antiguo Pacto. 

Resumen: Desde el momento que Jesucristo entregó Su vida como Cordero de Dios en rescate de los pecadores, se abre un nuevo período en la Historia de la Redención, que es el período de la Gracia, en que todo pecador, consciente de su pecado y arrepentido de él, pide perdón a Dios y acepta el sacrificio de la cruz para salvación de su alma. La redención es la compra y liberación del alma cautiva en las tinieblas, por parte de Jesucristo, nuestro Redentor.
 

R
edención significa “liberado o devuelto mediante el pago de un rescate”. Dios, luego de hacer juicio sobre los hijos primogénitos de los egipcios, reclamó los primogénitos de los hebreos para Su servicio: “1 Jehová habló a Moisés, diciendo: / 2 Conságrame todo primogénito. Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales, mío es.”  (Éxodo 13:1,2). Después los reemplazó por los levitas: “5 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: / 6 Haz que se acerque la tribu de Leví, y hazla estar delante del sacerdote Aarón, para que le sirvan, / 7 y desempeñen el encargo de él, y el encargo de toda la congregación delante del tabernáculo de reunión para servir en el ministerio del tabernáculo” (Números 3:5 

Los israelitas fueron redimidos o liberados por el Dios Todopoderoso, del yugo egipcio. Luego la acción redentora se traslada a la redención de la persona, extraviada a causa del pecado. El hombre no puede dar a Dios rescate por su hermano, pues la redención del alma es de gran precio y jamás lo lograremos por nuestros medios, pues el precio de una vida es sumamente alto. 

Cristo ha redimido a los creyentes pagando con Su vida, el rescate de sus almas, para que seamos declarados libres de pecado e hijos de Dios.  

¿Qué nos enseña Hebreos acerca de la redención? 

1.      La redención se encuentra en el Tabernáculo de Dios.

“1 Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal. / 2 Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición. / 3 Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, / 4 el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto; / 5 y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle.”  (Hebreos 9:1-5) 

En el Antiguo Pacto, es decir la alianza que Dios estableció con Su pueblo, teniendo a Moisés como mediador, había un sistema de culto claramente ordenado por Jehová y un santuario, que era el Tabernáculo, primero móvil, en el desierto, cuando los hebreos eran nómades y luego en el Templo de Salomón, cuando ya se establecieron en un lugar. 

Tres partes se distinguían en el Tabernáculo:  

a)      El Atrio, donde se ubicaba el pueblo para adorar y para solicitar favores de Dios, por medio de sacrificios y peticiones a los sacerdotes y levitas. Se accedía al Lugar Santo por una puerta de cinco columnas de madera de acacia rematadas en oro y bases de bronce. 

b)      El Lugar Santo, de 9 por 6 metros, al que sólo tenían acceso los sacerdotes y levitas, y donde se encontraban los objetos sagrados. A mano derecha estaba la mesa con los doce panes de la proposición (las 12 tribus); en frente de ella, el candelero de siete brazos o menorá (los 7 dones del Espíritu);  y al lado del velo que lo separaba del Lugar Santísimo, estaba el altar del incienso (las oraciones de los santos).  

c)      El Lugar Santísimo era la cámara interior de la “morada de Dios”, corazón de ella. De 6 por 6 metros, estaba separado del Lugar Santo por un velo y en él se encontraba el objeto más importante del Tabernáculo: el arca del pacto con su propiciatorio, lámina cuadrada de oro que le servía como tapa (el misterio de la fe). Además se encontraba en el Lugar Santísimo un incensario de oro. Dentro del Arca se guardaban: el maná (pan del cielo), la vara de Aarón que reverdeció (símbolo del sacerdocio), y las tablas del pacto (Ley de Dios). 

En este orden se puede ver una clara demarcación de los territorios: a) El pueblo tenía acceso sólo al Atrio; b) El Lugar Santo era sólo para sacerdotes y levitas; y c) El Lugar Santísimo era ocupado, con temor y temblor, nada más que por el Sumo Sacerdote. Hay un concepto de extrema “santidad”, es decir separación de lo “profano”. Acercarse a la Santidad de Dios no es algo fácil para el pueblo del Antiguo Pacto, el pueblo que vive bajo la Ley. Por tal motivo, para limpiarse del pecado humano, toda persona debe presentar sacrificios de sangre para alcanzar el perdón divino: “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.” (Hebreos 9:22)

La redención se encuentra en el Tabernáculo de Dios. Para los hebreos significaba el cumplimiento de una serie de rituales en que el sacrificio de un animal les limpiaba de pecado. Para los cristianos la cruz es el Tabernáculo sobre el cual se ejecutó el más grande sacrificio, el del Hijo de Dios e Hijo del Hombre, Jesucristo, para nuestra liberación.
 

2.      La redención implica expiación.

“6 Y así dispuestas estas cosas, en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto; / 7 pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo; / 8 dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie. / 9 Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto, / 10 ya que consiste sólo de comidas y bebidas, de diversas abluciones, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas.” (Hebreos 9:6-10) 

La única forma de que el Sumo Sacerdote pueda entrar en el Lugar Santísimo es habiendo hecho antes un sacrificio de sangre. Lo hace una vez al año, el Día de la Expiación, cuando ingresa al Lugar Santísimo para efectuar la ceremonia más importante de todas. Dos elementos destacan aquí: 1) El arca del pacto, que representa la santidad de Dios, opuesta al pecado humano; y 2) Los querubines de oro sobre el propiciatorio, que recuerdan la gloria eterna de Dios, opuesta a la mortalidad humana. Pero Dios reconcilia al ser humano Consigo por medio de la “expiación”.  

¿Qué es la expiación? Deriva de la palabra “expiar”, que tiene dos significados: 1) Sufrir un castigo por haber cometido una falta, delito o culpa, sinónimo de purgar; 2) Purificar una cosa profanada. En el contexto bíblico, el castigo del pecado lo expía o purga un animal sacrificado en el Antiguo Pacto, o Jesucristo, “Cordero de Dios”, en el Nuevo Pacto. El hombre fue profanado por las tinieblas y el pecado, mas Jesús lo purifica al morir por él y éste creer en ese sacrificio expiatorio.  

Una vez al año el pueblo se humillaba ante Dios para la expiación de sus pecados. Ese día el sumo sacerdote ofrecía sacrificios para: a) Purificación del santuario; b) Purificación de los sacerdotes; y c) Purificación de la nación. Así lo plantea la Escritura: “26 También habló Jehová a Moisés, diciendo: / 27 A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová. / 28 Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios. / 29 Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo. / 30 Y cualquiera persona que hiciere trabajo alguno en este día, yo destruiré a la tal persona de entre su pueblo. / 31 Ningún trabajo haréis; estatuto perpetuo es por vuestras generaciones en dondequiera que habitéis. / 32 Día de reposo será a vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando a los nueve días del mes en la tarde; de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo.” (Levítico 23:26-32) 

Se guardaba el décimo día del séptimo mes por la suspensión de los trabajos diarios, por una santa convocación y por ayuno. Sólo este día entraba el Sumo Sacerdote en el Lugar Santísimo vestido de lino blanco y quemaba incienso para que el humo cubriera el propiciatorio. En seguida rociaba sobre y debajo de él la sangre del novillo que había ofrecido por sus pecados y los de los sacerdotes. Después volvía a entrar con la víctima ofrecida por los pecados de la nación y con la sangre rociaba el velo. Por medio de ritos semejantes hacía expiación por el Lugar Santo y el altar de los sacrificios (la cruz en el Nuevo Pacto). 

La entrada del Sumo Sacerdote en el Lugar Santísimo, después de realizar el sacrificio de un animal, simboliza la entrada de Jesucristo, el Gran Sumo Sacerdote, Mediador del Pacto de Gracia, una vez y para siempre en los cielos, habiendo adquirido para nosotros la salvación, el perdón de los pecados y la justificación del pecador, haciendo inútiles los sacrificios de expiación de la Ley. 

La redención implica expiación. Sin “purgar” el pecado con un sacrificio sangriento no hay liberación del pecado y la autoridad de las tinieblas. Necesitamos la expiación para que haya redención.
 

3.      La redención perfecta está en el Nuevo Pacto.

“11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, / 12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. / 13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, / 14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:11-14) 

Aquí se nos presenta un Tabernáculo superior, más amplio y perfecto, el cual no pertenece a esta realidad en que vivimos. El Sumo Sacerdote de ese Tabernáculo es Jesucristo, quien se ganó ese oficio no sacrificando animales sino Su propia vida. Así entró en el Lugar Santísimo eterno (el Cielo), redimiendo a todos los pecadores arrepentidos. Él se ofreció a Sí mismo mediante el Espíritu Santo y es absolutamente capaz de limpiar las conciencias de todo pecado, superior a cualquier sacrificio humano. 

Si comparamos la acción de los Sumos Sacerdotes del Antiguo Pacto con la de Jesucristo, Sumo Sacerdote del Nuevo Pacto, podemos verificar que este último tiene mayor efectividad y nos liberta para eternidad: 

El Sumo Sacerdote del Antiguo Pacto
El Sumo Sacerdote del Nuevo Pacto
·         Es Sumo Sacerdote humano y pecador.
·         Es hijo de hombre.
·         Oficia en un Tabernáculo hecho de manos humanas.
·         Hace sacrificios de sangre de animales.
·         Entra cada año en el Lugar Santísimo.
·         Obtiene redención temporal.
·         Santifica para la purificación de la carne.
·         Es Cristo, Sumo Sacerdote Divino y Santo.
·         Es el Unigénito Hijo de Dios.
·         Oficia en un Tabernáculo eterno no hecho de manos.
·         Sacrifica Su propia vida.
·         Entró una vez y para siempre en el Lugar Santísimo.
·         Obtiene redención eterna.
·         Santifica para la purificación de la conciencia.
 

La redención perfecta está en el Nuevo Pacto. El Antiguo no logró la profundidad y eficacia del sacrificio perfecto de Jesucristo, Cordero de Dios. Por ello, hemos de servir a Dios en la dinámica de la Gracia del Nuevo Pacto y no de la Ley del Antiguo Pacto.
 

4.      La redención es producto de un sacrificio de sangre.

 “15 Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. / 16 Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. / 17 Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. / 18 De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. / 19 Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, / 20 diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. / 21 Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. / 22 Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.” (Hebreos 9:15-22) 

Si Moisés fue el mediador del Antiguo Pacto, Jesucristo es el Mediador del Nuevo Pacto. El Antiguo Pacto es un pacto basado en el cumplimiento de la Ley por cada ser humano, el Nuevo Pacto es un pacto basado en: a) El cumplimiento de la Ley por Jesucristo, siendo Él Santo; b) El sacrificio de Jesucristo en la cruz por nuestros pecados;  y c) La fe en el sacrificio redentor de Jesús. 

Hoy los cristianos podemos disfrutar de una herencia eterna: La salvación eterna de nuestras almas para ir a vivir al Cielo con Dios y disfrutar de Su presencia para siempre. Esa herencia y todas las promesas de Dios, forman un “testamento”. Para que nosotros pudiésemos disfrutar de los beneficios de ese testamento era necesario que el Testador muriera. Si Jesucristo no hubiese muerto en la cruz, si no hubiese derramado Su sangre, jamás habríamos podido disfrutar de Su herencia. Es ley de la vida que para ser purificados de la contaminación del pecado, alguien tiene que morir. En el Antiguo Pacto lo hacían animales, en el Nuevo Pacto un Hombre, Jesucristo.  

Si alguien peca contra un prójimo, por ejemplo calumniándole y manchando su honra, esa persona está en pecado y debe limpiarse de tal contaminación de muerte. Para hacerlo sólo tiene una opción: a) Reconocer que ha pecado; b) Pedir perdón a Dios; y c) Que Alguien (Jesucristo) derrame su sangre por ella. Sólo así será limpiada de pecado. 

Algunas sectas aplican equivocadamente esta lógica y derraman sangre inocente de animales o bebés. El error está en que ese sacrificio no lo hacen a Dios sino a Satanás, aunque ellos digan que se relacionan con santos, ángeles o dioses buenos. 

La época de los sacrificios cruentos de animales y personas ya pasó. Desde el momento en que el Hijo de Dios entregó Su vida en sacrificio perfecto, como Cordero sin mancha, ya no es necesario otro sacrificio. 

La redención es producto de un sacrificio de sangre. Sin sacrificio de sangre no hay redención. Era necesario que Cristo nos comprara con Su vida para ser propiedad Suya. Como se compraba a un esclavo para luego liberarlo, así lo hizo el Señor. Hoy día somos “libertos” de Dios, esclavos del Señor.
 

5.      La redención nos limpia de pecado.

“23 Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. / 24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; / 25 y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. / 26 De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. / 27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, / 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.” (Hebreos 9:23-28) 

El Salvador entró en el Cielo habiendo vencido a Satanás y al Reino de Tinieblas. Jesucristo, como Hijo del Hombre, se presentó ante el Padre en representación nuestra. Ya no es necesario que Él siga ofreciéndose, como lo hacían continuamente los sacerdotes del Antiguo Pacto. Sería un error pensar que Jesús muere en la cruz cada vez que lo invocamos, que oramos por alguien, que celebramos la Santa Cena o el Bautismo, ya que Él entregó Su vida una vez y para siempre.  

Así Jesús hizo una obra perfecta y quitó el pecado y la condenación que había entre nosotros y el Padre. Así como los seres humanos morimos y somos juzgados una sola vez, Jesucristo murió en sacrificio por nosotros una sola vez. De este modo nos salva y lleva al Cielo a vivir eternamente con el Padre. 

Cuando Jesús vino por primera vez a la Tierra lo hizo para vencer al pecado, pero cuando venga por segunda vez lo hará para llevarse a los que le esperamos.  

La redención nos limpia de pecado. Podemos considerarnos “santos” porque hemos sido rescatados por Dios de las tinieblas y apartados para Él y Su Reino. Podemos considerarnos en permanente “santificación” porque el Espíritu Santo opera un proceso constante de limpieza y descontaminación en nuestras almas, gracias a la redención.

 

CONCLUSIÓN.

El capítulo 9 del libro de Hebreos nos enseña acerca de la redención lo siguiente:

1)      La redención se encuentra en el Tabernáculo de Dios. Para los hebreos significaba el sacrificio de un animal, para los cristianos la cruz es el Tabernáculo sobre el cual se ejecutó el sacrificio del Hijo de Dios, para nuestra liberación.

2)      La redención implica expiación. Sin “purgar” el pecado con un sacrificio sangriento no hay liberación del pecado y las tinieblas.

3)      La redención perfecta está en el Nuevo Pacto. El Antiguo no logró la profundidad y eficacia del sacrificio perfecto del Cordero de Dios.

4)      La redención es producto de un sacrificio de sangre. Era necesario que Cristo nos comprara con Su sangre para ser Su propiedad.

5)      La redención nos limpia de pecado. Somos “santos” apartados para Dios y Su Reino, en permanente “santificación” por el Espíritu Santo, gracias a la redención.

 

 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Tiene algún ritual espiritual que es de su mayor agrado?

2)      ¿Qué relación hay entre la cruz y el Tabernáculo?

3)      ¿Cómo entiende usted los conceptos de redención y expiación?

4)      ¿Por qué la redención perfecta está en el Nuevo Pacto y no en el Antiguo?

5)      ¿Qué aporta la Gracia en la relación con Dios, en comparación a la Ley?

6)      ¿Qué significa que somos “libertos” de Dios?

7)      ¿Por qué la Biblia llama “santos” a los creyentes?

8)      ¿Es siempre necesario un sacrificio de sangre para la redención del pecador?

9)      ¿Qué simbolizan estos objetos sagrados: a) La mesa con los doce panes de la proposición; b) El candelero de siete brazos o menorá;  c) El altar del incienso; d) El arca del pacto; e) El maná; f) La vara de Aarón que reverdeció; y g) Las tablas del pacto?

10)  ¿Cómo se expía o purga el pecado y la culpa en los contextos bíblicos del Antiguo y Nuevo Pacto?

11)  ¿Cuál es el error de las sectas que hacen sacrificios de animales o bebés, dedicados a santos, ángeles o dioses?

12)  ¿Muere Jesús en la cruz cada vez que lo invocamos, que oramos por alguien, que celebramos la Santa Cena o el Bautismo?

13)  ¿Qué opina usted de las acciones hechas como sacrificios?

14)   ¿Quiénes fueron los mediadores del Antiguo Pacto y Nuevo Pacto?

 

 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.

·         Reina, Casiodoro de (1960). “La Santa Biblia” Estados Unidos: Broadman & Holman Publishers.
·         MacArthur, John. (2011). “Biblia de Estudio MacArthur” Estados Unidos: Thomas Nelson Inc. 
·         (1979). “Dios Habla Hoy, La Biblia Versión Popular” Sociedades Bíblicas Unidas.
·         (1960). “La Santa Biblia” Sociedades Bíblicas Unidas. Recuperado de: http://www.gentle.org/biblia/
·         “Nuevo Testamento, Edición Pastoral” Chile, Ediciones Mundo, 1974.
·         “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España” Disponible en: http://www.rae.es/
·         Concordancia electrónica de la Biblia” Disponible en: http://www.miconcordancia.com/concordancia.php
·         Rizo Martínes, José L. “Diccionario Bíblico” Recuperado de: http://es.scribd.com/doc/50636670/Diccionario-Biblico-Jose-L-Rizo-Martinez#scribd
·         (1966, 1970, 1979, 1983, 1996) Dios habla hoy” ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, Disponible en: https://www.biblegateway.com/versions/Dios-Habla-Hoy-DHH-Biblia/
·         “El Lugar Santo” http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=tabernaculosanto