domingo, junio 10, 2018

DISFRUTEMOS LAS PROMESAS DE DIOS.

LA CASA DEL PAN
REFLEXIÓN Nº12 

© Pastor Iván Tapia Contardo 

Lectura bíblica: “17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, / 18 habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; / 19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.” (Hebreos 11:17-19) 

Idea central: Las promesas de Dios para el cristiano.

Objetivos: a) Comprender y valorar el llamado y pacto que Dios hizo a Abraham, con sus repercusiones hoy; b) Comprender y valorar las promesas dadas en el pacto abrahámico; c) Conocer y creer en la promesa de multiplicación para los cristianos; d) Conocer y creer en la “porción” prometida a los creyentes; e) Comprender que el Espíritu desea capacitarnos para reproducirnos espiritualmente; f) Conocer, creer y recibir la triple bendición de Jesús; y g) Conocer, comprender y valorar las riquezas espirituales del Evangelio. 

Resumen: Abraham recibió de parte de Dios cinco grandes promesas, constituyéndole en “padre de multitudes”. Del mismo modo se reflejan en el Nuevo Pacto esas promesas de multiplicación, porción, fertilidad, bendición y riqueza, todas de carácter espiritual. 
 

A
braham tenía una profunda relación con Dios, a tal punto que fue llamado “amigo de Dios”. Él es un modelo de fe para el creyente. La Palabra dice “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.” (Génesis 15:6) porque Abraham no desconfió de las promesas del Señor. Entendió que Jehová es un Dios Único y le adoró, pero también le obedeció. En Su llamado a Abraham, el Señor le hizo varias promesas. 

Dios cumpliría esas promesas si Abraham se comprometía con Dios a obedecerle y confiar en Él. Este sería su pacto y lo sellaría el hombre con una señal en su cuerpo: la circuncisión. Qué más íntimo que el órgano reproductor del varón; si se trataba de multiplicación de generaciones, entonces llevarían en su miembro esa señal, la que siempre les recordaría el pacto que hicieron con Jehová: 

“9 Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones. / 10 Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros. / 11 Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros. / 12 Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones; el nacido en casa, y el comprado por dinero a cualquier extranjero, que no fuere de tu linaje. / 13 Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo. / 14 Y el varón incircunciso, el que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; ha violado mi pacto.” (Génesis 17:9-14)

En el Nuevo Pacto, así como Abraham puso una señal en su cuerpo, los cristianos llevamos una señal que en cierto modo es visible: el bautismo. Cuando creímos testificamos ante el mundo que ahora somos hijos de Dios, bautizándonos para muerte del viejo hombre y nacimiento del hombre nuevo. En ese sacramento recibimos el Espíritu Santo, somos bautizados en el Espíritu y Éste ahora vive en nosotros como señal de la presencia de Dios en el creyente. La señal del pacto de gracia es el Espíritu Santo. 

Decíamos que el patriarca Abraham entendió que Jehová es el Único Dios y le adoró y obedeció. Entonces el Señor le hizo unas promesas. 

¿Qué prometió Dios a Abraham? 

1.      Le prometió multiplicarlo.

 1 Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto. / 2 Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera. / 3 Entonces Abram se postró sobre su rostro, y Dios habló con él, diciendo: / 4 He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes. / 5 Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes. / 6 Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti. / 7 Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti.” (Génesis 17:1-7) 

Dios promete multiplicar a Abraham. Si hoy disfrutamos de la paz que brinda el perdón de Dios, es gracias a la fe de Abraham. Si nuestra familia es convertida y goza de salvación es a consecuencia de la fe y entrega de este hombre de Dios, hace 4.000 años. En él serían bendecidas todas las familias: 

1 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. / 2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. / 3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” (Génesis 12:1-3) 

Al cristiano también el Señor promete multiplicarlo, porque Dios en Su Amor es multiplicador. Él quiere multiplicar Su Amor en muchos. Dios nos multiplica en tres aspectos: a) Nos multiplica en virtudes cristianas; b) Nos multiplica en buenas acciones, en una vida correcta; y c) Nos multiplica en nuevos creyentes.
 

2.      Le prometió una porción de tierra.

 “8 Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos.” (Génesis 17:7) 

Dios entregó una porción de tierra a Abraham y su descendencia, aquella tierra que hoy reclaman los israelitas: 

14 Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. / 15 Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. / 16 Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada. / 17 Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré. / 18 Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová.” (Génesis 13:14-18) 

La posesión de una porción de terreno por parte del pueblo de Dios, es una promesa del Señor a Abraham:  

“18 En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates; / 19 la tierra de los ceneos, los cenezeos, los admoneos, / 20 los heteos, los ferezeos, los refaítas, / 21 los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos.” (Génesis 15:18-20) 

A los cristianos nos ha prometido una “porción”:

a) Una porción en la Tierra, nuestra familia convertida a Jesús, “...Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” (Hechos 16:31);  

b) Una porción en la Iglesia, una misión específica, “7 Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. / 8 Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres.” (Efesios 4:7,8); y  

c) Una porción en la eternidad,Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” (San Mateo 25:34)
 

3.      Le prometió un hijo a Sara.

“15 Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. / 16 Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella. / 17 Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir? / 18 Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti. / 19 Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él.”  (Génesis 17:15-19) 

Dios le prometió un heredero a Abraham y Sara. Ambos eran ancianos y ella estéril. Varias mujeres bíblicas sufrieron este mal: Sara (de Abraham), Rebeca (de Isaac), Raquel (de Jacob), Ana (de Elcana), Mical (de David), Elizabet (de Zacarías) y otras. En su mayoría se produce el milagro de la maternidad, luego de mucha oración, lágrimas y ruegos, triunfando finalmente la misericordia del Señor. 

 1 Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande. / 2 Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer? / 3 Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa. / 4 Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará. / 5 Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. / 6 Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia. / 7 Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra.” (Génesis 15:1-7) 

Somos pecadores incrédulos, tan estériles, incapaces de dar fruto, como Sara; mas Dios nos hace fértiles y nos capacita para reproducirnos. Jesús nos ha prometido: “...Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.” (San Marcos 1:17). La reproducción que Dios nos promete es espiritual, por lo menos una persona que será nuestro hijo o hija espiritual y que continuará nuestra obra. Dios nos promete fertilidad.
 

4.      Le prometió bendecir al primogénito.

 “20 Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación. / 21 Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene. / 22 Y acabó de hablar con él, y subió Dios de estar con Abraham.” (Génesis 17:20-22) 

A pesar de que Isaac es el “hijo de la promesa”, Dios que es grande en misericordias y justo, no deja de bendecir al “primogénito” legal que es Ismael y lo bendice. Prueba de ello es el alto nivel material y económico del que gozan los pueblos árabes, descendientes de Ismael. 

El hijo primogénito en tiempos bíblicos, gozaba de un gran privilegio y debía ser dedicado a Dios: “Todo primer nacido, mío es; y de tu ganado todo primogénito de vaca o de oveja, que sea macho.” (Éxodo 34:19) Así Ismael y su descendencia recibieron la bendición del Señor.  

El Nuevo Testamento se refiere a los creyentes en Jesucristo como “a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos” (Hebreos 12:23), similares a aquellos que salieron de Egipto: “Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito.” (Éxodo 4:22). Los que hemos salido del Reino de las Tinieblas para habitar en Luz, somos seguidores del “primogénito de toda creación”, Jesucristo (Colosenses 1:15)

El hijo o hija primogénita de una familia, es decir el mayor es el primer hijo, quien trae gran felicidad al hogar. Los padres nos alegramos muchísimo cuando tenemos ese primer bebé, le amaremos grandemente durante toda la vida. Sin embargo también amaremos al siguiente y el más pequeño también será motivo de mucho cariño. En verdad, los padres amamos a todos nuestros hijos por igual; cada uno tiene sus encantos para nosotros. A veces los papás cometen el error de dar preferencia a uno más que a otro –la Biblia tiene ejemplos de esa peligrosa actitud, como los casos de Jacob y su hijo José; o Isaac y el mismo Jacob –lo que genera envidias, odios y venganzas en sus hermanos. El caso de Ismael es el de un niño producto de una relación ajena al matrimonio, aunque fuera motivada por Sara; entonces el niño fue tratado como familiar de segunda clase. Esto provocó en el niño y joven después, una actitud agresiva y odiosa hacia su hermano y descendencia. Pero Dios, siempre Fiel a Sus promesas, le bendijo. 

Como primogénitos del Señor Jesús, somos beneficiados por las máximas bendiciones de Dios. El Señor nos da una triple bendición: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.” (3 Juan 2). Dios nos regala:

a)      Una bendición material y económica, “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas”
b)      Una bendición corporal, “y que tengas salud”, y
c)      Una bendición espiritual, la salvación del alma, “así como prospera tu alma.”
 

5.      Le prometió enriquecer a su nación.

“13 Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años. / 14 Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza. / 15 Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez. / 16 Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.” (Génesis 15:13-16) 

Profecía acerca de los 400 años en Egipto. 

La mayor riqueza del cristiano no está en esta Tierra sino en la eternidad: “19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; / 20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. / 21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” (San Mateo 6:19-21). Las riquezas materiales se corrompen y se pueden perder fácilmente, en cambio las riquezas espirituales son brillantes y apreciadas por Dios, se conservan limpias y eternas en el cielo, en la memoria del Señor.  

¿Cuáles son las riquezas espirituales o los tesoros que podemos acumular en el cielo? Las más destacables son las siguientes: 

a) Compasión, actitudes y acciones compasivas: “34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. / 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; / 36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.” (San Mateo 25:34,35);  

b) Generosidad, conducta generosa: “6 Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. / 7 Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. / 8 Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; / 9 como está escrito: Repartió, dio a los pobres; Su justicia permanece para siempre.” (2 Corintios 9:6) 

c) Evangelismo, comunicación del Evangelio: “14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? / 15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Romanos 10:14,15). “El fruto del justo es árbol de vida; Y el que gana almas es sabio.” (Proverbios 11:30)

 

CONCLUSIÓN.

El Señor llamó a Abraham e hice un pacto con él, prometiéndole, si le obedecía y creía en Él: 1) Multiplicarlo; 2) Darle una porción de tierra; 3) Darle un hijo a Sara; 4) Bendecir al primogénito; y 5) Enriquecer a su nación.  

A los cristianos del Nuevo Pacto nos promete: 1) Multiplicarnos en virtudes, buenas acciones y nuevos creyentes; 2) Darnos una “porción” en la Tierra (familia convertida), una en la Iglesia (misión) y una en la eternidad (cielo); 3) Capacitarnos para reproducirnos espiritualmente; 4) Darnos la triple bendición: económica, salud y salvación; y 5) Darnos las riquezas espirituales que son la compasión, la generosidad y el evangelismo.

 

 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Qué promesa espero del Señor?
2)      ¿Por qué es importante Abraham para mí?
3)       ¿Por qué la Biblia dice que en Abraham serían bendecidas todas las familias de la tierra?
4)      ¿De qué modo estoy multiplicando el Amor de Dios?
5)      ¿Cuál es la “porción” que el Señor me ha dado?
6)      ¿Cómo vivo el milagro de la maternidad o paternidad?
7)      ¿Me estoy reproduciendo como cristiano/a?
8)      ¿Cómo puede una comunidad cristiana dejar de ser estéril?
9)      ¿Qué significado tiene mi hijo/a primogénito/a?
10)  ¿Me siento bendecido/a como primogénito/a del Señor?
11)   ¿Qué significa para mí cada uno de mis hijos?
12)  ¿He cometido el error de dar preferencia a uno de mis hijos más que a otro?
13)  ¿Estoy practicando el ofrecer la triple bendición de prosperidad, salud y salvación?
14)  ¿De qué forma hace mi iglesia tesoros en los cielos? 

 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.

·         Reina, Casiodoro de (1960) “La Santa Biblia” Estados Unidos: Broadman & Holman Publishers.

·         MacArthur, John (2011) “Biblia de Estudio MacArthur” Estados Unidos: Thomas Nelson Inc. 

·         (1979) “Dios Habla Hoy, La Biblia Versión Popular” Sociedades Bíblicas Unidas.

·         (1960) “La Santa Biblia” Sociedades Bíblicas Unidas. Recuperado de: http://www.gentle.org/biblia/

·         (1974) “Nuevo Testamento, Edición Pastoral” Chile, Ediciones Mundo.

·         “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España” Disponible en: http://www.rae.es/

·         Concordancia electrónica de la Biblia” Disponible en: http://www.miconcordancia.com/concordancia.php

·         Rizo Martínes, José L. “Diccionario Bíblico” Recuperado de: http://es.scribd.com/doc/50636670/Diccionario-Biblico-Jose-L-Rizo-Martinez#scribd

·         (1966, 1970, 1979, 1983, 1996) Dios habla hoy” ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, Disponible en: https://www.biblegateway.com/versions/Dios-Habla-Hoy-DHH-Biblia/

·         Rollo Marín, Antonio (1954) “Teología de la Perfección Cristiana” Biblioteca de Autores Cristianos.

·         (2011) “Nuevo Testamento Interlineal Griego Español” Argentina, Iglesia en Salta, Ministerio Apoyo Bíblico.

domingo, mayo 13, 2018

HABLA EL IDIOMA DE CRISTO.

EL CAMINO PARA ESTA IGLESIA.
LECCIÓN 3
 
© Pastor Iván Tapia Contardo 

Lectura bíblica: 18 No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, / 19 hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; / 20 dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.(Efesios 5:19) 

Idea central: El idioma cristiano. 

Objetivos: a) Comprender que Dios nos llama a tener un idioma diferente al que posee el mundo; b) Valorar y practicar un lenguaje que edifique al prójimo; c) Transmitir el mensaje del Evangelio en palabras y acción; d) Buscar, descubrir y practicar un idioma común entre cristianos; e) Adquirir un lenguaje sencillo para transmitir la Verdad; y 3) Comprender, valorar y practicar el idioma del amor de Jesús. 

Resumen: Como toda nación, el Reino de Dios tiene su propio idioma. Tal lenguaje encierra todos los valores que Jesucristo nos legó y es la comunicación, en palabras y obras, que tenemos con los hermanos en la fe y con el mundo. Nuestro idioma es el amor.
 

U
n lunes de Oración Mística le preguntamos al Señor ¿Cuál es el camino para esta Iglesia? y Él respondió así: 1) Descubre tu desnudez (pecado, debilidad) y luego cúbrela con Cristo; 2)  Aliméntate de Cristo pues desfalleces de hambre, por falta del Pan de Vida. Y como tercer aspecto nos invitó a: 3) Hablar el mismo idioma y que sea un lenguaje comprensible, un idioma que los cristianos comprendan; un idioma que niños, adultos, jóvenes y ancianos entiendan.  

¿Cuál es el idioma que el Señor desea que hablemos?
 

1.      Un idioma común.

A veces pensamos que todos los cristianos, por el hecho de creer en Jesús y Su Evangelio, estamos hablando el mismo idioma y nos entenderemos muy bien entre nosotros, pero al acercarnos y compartir la fe nos damos cuenta que somos muy distintos. Nos separan las doctrinas, las interpretaciones, el modo de ver y vivir el cristianismo; a veces nos separan hasta las palabras. Hablamos idiomas distintos, o tal vez debería llamarlos dialectos; así como hay diversas formas de hablar el castellano y es muy distinto cómo se hace en España a como se da en Chile o Colombia, en que cada país y región tiene modos de hablar diferente y palabras con significado propio.

La iglesia de Corinto ya sufría este problema: “10 Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. / 11 Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. / 12 Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. / 13 ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” (1 Corintios 1:10-13) 

Entre cristianos, por ejemplo, para unos “hablar en lenguas” será decir palabras inspiradas en un idioma desconocido, para otros será sencillamente una habilidad para hablar idiomas extranjeros;  para unos la “Virgen” será el nombre que darán a la madre de Jesús, para otros será el modo de llamar a cualquier mujer soltera; para unos el Espíritu es el Espíritu Santo de Dios, Persona de la Trinidad que habita en cada creyente, para otros será el énfasis de una idea o principio divino; para unos “evangélico” es sinónimo de protestante, no católico, para otros es todo lo que se desprende del Evangelio; en fin para unos iglesia es el Cuerpo de Cristo, la comunidad de cristianos, y para otros es sólo el templo.  

En la primera iglesia ya se daba este conflicto entre posturas o doctrinas distintas, por ejemplo entre los “conservadores” liderados por Santiago o Jacobo, los “centristas” como Pedro y los más “avanzados” como Pablo, lo cual se deja ver en este pasaje: 11 Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. / 12 Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. / 13 Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos.” (Gálatas 2:11-13) Los conservadores no querían apartarse de las tradiciones judías, los avanzados estaban abiertos a una Iglesia de gentiles, sin guardar la Ley, y los centristas eran conciliadores. 

El deseo de Dios es que, a pesar de nuestras diferencias, seamos todos de un mismo sentir, estando “Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.” (Romanos 12:16) Lo mismo se enfatiza en los textos a continuación: “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables” (1 Pedro 3:8); “Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio” (Filipenses 1:27) 

Recordemos que todos los cristianos, cualquiera sea nuestra denominación, somos parte de un mismo Cuerpo: “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.” (Efesios 4:25) 

¿Cómo podemos comunicarnos entre los cristianos, sin importar la denominación a la que pertenezcamos? ¿Podemos llegar a tener o descubrir el idioma común? Es imprescindible que cada uno descubra el idioma común del Evangelio de Jesucristo. 

2.      Un idioma sencillo.

Si entre nosotros, los cristianos, muchas veces no podemos comunicarnos ¡Cuánto más será con los no creyentes! si nos separa con ellos la fe en Jesús. Ellos no creen en Dios o a lo menos no le dan importancia ni le obedecen; otros reniegan de la religión cristiana y las iglesias, por diversas razones, plausibles o no, y se declaran ateos o por último agnósticos, es decir incapaces de probar la existencia de Dios. La mayoría desconoce la Biblia y muchas veces se reconocen ignorantes de ella; también están los que tienen prejuicios contra la Escritura: Que es un libro pasado de moda, de otra cultura, invento de hombres, etc. Así es que comunicar nuestra fe a los no creyentes, que es el gran desafío que Jesús nos dejó, comienza por establecer un contacto natural a través del idioma.  

La orden del Señor fue: “19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; / 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (San Mateo 28:19,20); y en otro texto, “15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. / 16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos 16:15,16) 

Cumplir tal orden no es fácil, casi imposible para nosotros que no podemos convencer a todos sobre el Evangelio, pero Jesús nos ha dado Su Espíritu y Su didáctica que dice: He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.” (San Mateo 10:16). No debemos desesperar en el trabajo evangelizador, ya que el mismo Maestro nos capacitará: “16 Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. / 17 Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.” (San Marcos 1:16,17)

¿Qué palabras usaremos para comunicar el Evangelio? ¿Entenderán las personas términos tales como salvación, justificación, ley, gracia, expiación, etc.? Evidentemente no las entenderán, salvo si se las explicamos o utilizamos equivalentes a esas palabras. Sabido es que la transmisión de la Verdad del Evangelio no es sólo una cuestión de comunicar conceptos, sino además comunicar vida; por tanto yo mismo debo ser una encarnación del Evangelio. La transmisión del mensaje cristiano es la suma de Logos + Rema, Palabra Escrita + Palabra Vivida. Así como nuestro Maestro, también nosotros debemos ser encarnación del Verbo: Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (San Juan 1:14); “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20) 

Es necesario que con una vida coherente y palabras sencillas podamos transmitir la Verdad de Jesucristo. 

3.      El idioma del amor.

En último término ¿Cuál es el idioma que hablamos? ¿Es el catolicismo, el idioma bautista, el pentecostalismo, el de los testigos, el idioma mormón, el adventista o el idioma de nuestra iglesia particular? Hemos nacido de nuevo, “del agua y del Espíritu” ha dicho Jesús; ahora somos nuevas criaturas, ya no somos lo que éramos antes de conocer al Señor y convertirnos a Él; ahora tenemos claridad acerca del sentido de la vida, sabemos de dónde somos y hacia dónde vamos, además de entender quiénes somos, hijos y amigos de Dios. Llevamos dentro al Espíritu Santo que nos habita, regenera, convence, guía, enseña,  da poder y santifica.  

Antes nuestro idioma eran las groserías, los insultos, las herejías, las bravatas, las mentiras, las burlas, las palabras hirientes, la murmuración, las quejas contra todo, era el idioma de las tinieblas. Como hijos de luz nuestro lenguaje ha cambiado y se ha tornado positivo: 29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. / 30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. / 31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.” (Efesios 4:29-31) 

Tanto lo que hablamos como nuestra actuación ahora es para edificación del prójimo: 3 Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; / 4 ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias.” (Efesios 5:3,4) 

Idioma y acción expresan a quien llevamos dentro: el Espíritu de Jesucristo. Por ello decimos que nuestra lengua es Cristo. Una de las primeras señales que dio el Espíritu Santo cuando se derramó sobre los apóstoles en Pentecostés, cuando se inició la Iglesia, fue el hablar en otras lenguas; ellos hablaban en diversos idiomas para que el mensaje evangélico fuese entendido por todos: 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. / 5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. / 6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. / 7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? / 8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? / 9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, / 10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, / 11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.” (Hechos 2:4-11) 

Si antes de conocer a Jesús hablábamos un idioma ajeno a Dios hoy hablamos el lenguaje de Jesucristo que es el amor. Este idioma nos hace pacientes, bondadosos, humildes, delicados, altruistas, serenos, joviales, compasivos y magnánimos con nuestro prójimo. 

Es impostergable la necesidad que tenemos todos los cristianos de comprender que nuestro idioma no es otro que la Persona de Jesucristo viviendo en nosotros. 

CONCLUSIÓN.

Dios nos llama a tener los cristianos un idioma diferente al que posee el mundo, que es de quejas, groserías, agresividad, etc. lo cual no edifica sino que destruye. Puesto que habitamos en lugares celestiales y pertenecemos a un Reino de Luz, que tenemos la grave misión de transmitir Su mensaje, el Evangelio, Dios desea que hablemos: 1) Un idioma común; 2) Un idioma sencillo; y 3) El idioma del amor.

 

 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Cuál es su experiencia con hermanos de otras denominaciones?

2)      ¿Qué aspecto le resulta más difícil al relacionarse con hermanos de otras iglesias?

3)      ¿Qué doctrinas considera usted irrenunciables?

4)      ¿Se considera un cristiano/a conservador, centrista o avanzado?

5)      ¿Qué indicaciones daría usted a alguien que desee evangelizar?

6)      ¿Cuál es el idioma que el Señor desea que hablemos?

7)      ¿Cómo debemos reaccionar ante doctrinas que chocan con la nuestra?

8)      ¿Cómo podemos comunicarnos entre los cristianos, sin importar la denominación a la que pertenezcamos?

9)      ¿Cuál es, a su juicio, el idioma común del Evangelio de Jesucristo y cómo vivirlo?

10)  ¿Cómo puedo acercar al Evangelio a una persona que no cree en Dios?

11)  ¿Qué se puede hacer con aquellas personas que reniegan de la religión cristiana y las iglesias?

12)  ¿Cómo podemos transmitir una mejor valoración de la Biblia?

13)  ¿Evangelizar es sólo comunicar conceptos?

14)  ¿Qué significa la fórmula Evangelización= Logos + Rema?

15)  ¿Cuál es la gran diferencia entre lo que éramos antes de conocer a Cristo y ahora?

16)  ¿Es en todo tiempo mi lenguaje positivo?

17)  ¿Por qué decimos que nuestra lengua es Cristo?

18)  ¿De qué otra forma se puede entender el milagro de las lenguas en Pentecostés?

19)  ¿De qué pecados de la lengua necesitamos arrepentirnos?

 

 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.