domingo, diciembre 15, 2019

RECONOZCAMOS EL AMOR VERDADERO.

EPÍSTOLAS DE SAN JUAN
LECCIÓN 13 

 

© Pastor Iván Tapia 

Lectura bíblica: “11 Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. / 12 No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. / 13 Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece. / 14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. / 15 Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. / 16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. / 17 Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? / 18 Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.” (San Juan 3:11-18 

Idea central: Características del amor verdadero. 

Objetivos: a) Diferenciar entre el amor humano y el Amor Divino; b)Comprender, valorar y practicar el “amor ágape”; c) Conocer las cualidades que identifican al que ama verdaderamente, según San Juan; d) Comprender y valorar que quien ama no envidia; e) Comprender y valorar que quien ama da vida; f) Comprender y valorar que quien ama obra en verdad; y g) Comprender y aplicar conceptos como: Amor Divino y humano, envidia espiritual y vida eterna.  

Resumen: Se presentan tres características del amor recibido de Dios, fruto del Espíritu Santo: Un amor sin envidia, que da vida y que obra en verdad.
 

U
nas de las principales características de la fe cristiana es que propaga el amor de Dios por la Humanidad, el amor de Jesús en Su sacrificio en la cruz por los pecadores, el amor del Espíritu Santo derramado en el corazón de cada creyente, en fin el amor en sus distintas expresiones. Pero al mirar la Historia del Cristianismo y la conducta de muchos cristianos, no deja el mundo de sorprenderse ante muchas contradicciones entre su actuar y su teoría religiosa.  

La Iglesia, a través de los siglos, ha expresado el amor de Dios en obras de bien hacia los desposeídos y quienes tienen distintos tipos de sufrimiento. Ha habido numerosos cristianos que han destacado por su piedad y misericordia. Pero el mundo no creyente también ha hecho obras de bien a la sociedad, muchos científicos e inventores con sus descubrimientos e invenciones han favorecido a los seres humanos, y grandes artistas han creado bellas obras que en cierto modo elevan el espíritu. ¿Es todo esto amor? ¿Se puede considerar toda obra benéfica para el Hombre, una obra nacida del amor de Dios?
 

¿Cómo se reconoce el amor verdadero? 

1.      El que ama no envidia.
“11 Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. / 12 No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. / 13 Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece.” (San Juan 3:11-13 

El mensaje que nos dejó Jesús, dice el apóstol Juan, es claro: Que nos amemos unos a otros. Desde el inicio de la Iglesia, ha sido el mismo mensaje y lo será siempre:  

“34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. / 35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” (San Juan 13:34,35) 

“12 Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. / 13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” (San Juan 15:12,13) 

¿Por qué San Juan tiene que recordarles esto a los cristianos, esto que es tan básico? Y pareciera que hoy día nuevamente tiene que recordárnoslo. Porque no lo estamos cumpliendo, no nos estamos amando unos a otros: Hay críticas, murmuraciones, divisiones, rencillas, envidias, competencia, etc. Es una vergüenza que esto suceda en la Iglesia que fundó Jesucristo, la Familia de Dios fundada en el Amor. 

Y Juan nos lleva, como siempre, al comienzo. ¿Qué más antigua que esa división entre los hermanos Caín y Abel? Son los orígenes de nuestra raza, hijos de Adán. Nosotros llevamos ese germen de pecado. Llegó a tal punto la envidia y la ira de Caín, que fue capaz de asesinar a su propio hermano. Abel era bueno, puro y adoraba con sinceridad a Dios. El Señor se alegraba de su entrega porque conocía su corazón. Pero, mientras más grande era el gozo de Dios ante las ofrendas de Abel, más se llenaba de envidia y odio el alma de Caín. Su ira ya no era sólo con Abel sino también contra Dios:  

“1 Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. / 2 Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. / 3 Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. / 4 Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; / 5 pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. / 6 Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? / 7 Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. / 8 Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.” (Génesis 4:1-8) 

Caín mató a Abel “porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.” Le molestaba que Abel fuera bueno y agradara a Dios. Satanás entró en su corazón y le impulsó a destruir a Abel. La envidia es el enojo por el bien ajeno; cada vez que nos molestamos por un éxito de otro, estamos cayendo en el pecado capital de la envidia.  

Caín representa al mundo y Abel al Reino de Dios; Caín es el no creyente y Abel el cristiano. Al mundo le molesta nuestra fe, nuestro apego al mandamiento Divino, nuestra insistencia en hacer lo que a Dios agrada, y por eso nos aborrece: “Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece.”  

La envidia es contraria al amor y puede producir: murmuración, robo, odio, alegría por el fracaso o la adversidad de los demás. El envidioso disminuye la gloria del otro. Luzbel, el querubín de Dios, tuvo envidia del Todopoderoso y quiso robar Su gloria y poder, murmuró contra Él e hizo rebelarse a la tercera parte del cielo; luego hizo lo mismo con el hombre. Por la envidia del Diablo entró la muerte al mundo. 

Hay pecados que son verdaderas blasfemias contra el Espíritu Santo que nos santifica. Uno de ellos es la envidia que puede sentir un creyente de la gracia de otro, la envidia del hermano. En este caso se desprecian los dones sobrenaturales dados a un hermano. Este es un pecado imperdonable. En cierto modo el hombre o la mujer están envidiando al Espíritu Santo glorificado en Sus obras. 

La envidia espiritual es uno de los pecados más satánicos, pues no sólo se siente envidia y tristeza del bien del hermano (de su bondad, de su espiritualidad, de su capacidad evangelizadora, de su entrega al Señor, de los dones que Dios le ha dado, etc.) sino de la operación del Señor mismo en este mundo. Es, en definitiva, un pecado contra el Espíritu Santo que concede los dones para la santificación del creyente; es el pecado de Satanás a quien le molesta la santidad de los justos: 

“31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. / 32 A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.” (San Mateo 12:31,32) 

Los escribas de Jerusalén decían que Jesús tenía dentro a Beelzebú y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios, o sea blasfemaban contra el Espíritu Santo que habitaba en Cristo. Por eso Jesús les dijo: 

“28 De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; / 29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno. / 30 Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo.” (San Marcos 3:28-30) 

El amor verdadero no envidia sino que es humilde y compasivo: “4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; / 5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; / 6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.” (1 Corintios 13:4-6)
 

2.      El que ama da vida.
“14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. / 15 Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.” (San Juan 3:14,15) 

Cuando andábamos por este mundo sin Dios, despreciando o siendo indiferentes a la fe de Jesús, haciendo lo que queríamos, en verdad estábamos muertos espiritualmente. Nuestra vida no tenía un sentido trascendente; nuestro espíritu estaba vacío de Dios, pues no teníamos el Espíritu Santo; vivíamos alejados de Dios y estábamos condenados, por nuestra impiedad, al infierno. Al convertirnos a Jesucristo, fuimos vivificados y pasamos de muerte a vida.  

La máxima expresión de la nueva vida es el Amor, por tanto amar al hermano en la fe, amar al hermano en Cristo, amar al que es parte del Cuerpo es como amarse a sí mismo y a Dios. Amar al hermano es amar al Señor. Dice el apóstol: “sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos”. Si cuidamos de nuestro cuerpo físico, con mayor razón cuidaremos de nuestro cuerpo espiritual. Con respecto a este último, no lo miremos exclusivamente en forma individualista pensando sólo en nuestro espíritu, sino que pensemos en nuestra pertenencia a un Cuerpo y un Espíritu mayor, el Cuerpo de Cristo y el Espíritu Santo del Señor: 

“29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, / 30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.” (Efesios 5:29,30) 

Si no amamos al hermano en Cristo, significa que aún estamos muertos. ¡Cuidado, no vaya a ser que creas estar vivo en Cristo, pero en verdad estás muerto! Y tal vez tu conversión es sólo algo aparente, el buen deseo de tu alma de sentirse bien, de estar con la conciencia tranquila, de creer que hay un dios que te protege, de pertenecer a un grupo de buenas personas, de explicarte la vida, en fin todo un autoengaño. No pretendo hacerte dudar de tu fe, sino de que tomes conciencia de ella. El apóstol Juan es categórico: “El que no ama a su hermano, permanece en muerte.” 

El texto pone al que no tiene afecto fraternal al mismo nivel de un “homicida”, un asesino. Los cristianos a veces matamos a un hermano con murmuración, malos comentarios sobre su persona, falta de misericordia, indiferencia, desprecio, etc. ¿No sucede esto con más frecuencia de lo que pensamos?  

El cristiano verdadero ha de tener vida eterna permanente en él. Aquí hay dos ideas que debemos comprender: Vida eterna y vida eterna permanente. La vida eterna es más que vivir eternamente, no morir jamás. Todos los hombres tienen vida eterna, si creemos en la inmortalidad del alma, incluidos los no creyentes. Si no fuera así no habría castigo eterno: 

“10 Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. / 15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” (Apocalipsis 20:10,15) 

El texto de Juan se refiere a la vida “zoe”, la vida de Dios; esta es la vida que tenemos los cristianos y que no tienen los ateos, los agnósticos y no creyentes en general. Si tengo el Espíritu Santo tengo esa “vida”, mas ésta debe ser permanente, constante, no una visita eventual sino un morador habitual en nosotros. Nuestro deber es conservar la vida permanente, como una llama que nunca se apaga. Teniendo esa vida amaré a mis hermanos y a mi prójimo en general, aún a mis enemigos. Al tener la “vida” de Dios no daré muerte sino vida, que es dar amor. 

Dar vida significa: Edificar, no destruir; respetar, no desairar; apoyar en vez de abandonar; bendecir y no maldecir; dar y no quitar o robar. En términos de un jardinero, dar vida es: Regar y no dejar secar; cuidar, no maltratar; podar cuando es necesario, no dejar crecer indiscriminadamente; limpiar y no ensuciar. Pablo dio vida a través de sus cartas y prédicas a mucha gente, inconversos y creyentes; Pedro dio vida a la Iglesia, cuando evangelizó a más de 3.000 personas en Pentecostés; Juan nos sigue dando vida a través de estas epístolas que amplían nuestros conceptos cristianos; María dio vida a la Humanidad al decir al ángel Gabriel: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.” (San Lucas 1:38); Jesús dio vida en cada uno de Sus milagros y palabras, como cuando liberó de culpa a la pecadora: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” (San Juan 8:11 

¿Estás dando vida a tus hermanos y a tu prójimo, o estás dando muerte, juzgándolos, condenándolos y abandonándolos? ¿Estás edificando y restaurando como Nehemías, o estás destruyendo y desanimando como los “amigos” de Job? Si estás dando vida, ora para que esa vida sobreabunde cada día más. Si no lo estás haciendo, pide perdón al Señor, arrepiéntete y disponte en las manos del Dios de San Juan, el Dios de Amor, para comenzar a dar vida a todos cuantos te rodeen. 
 

3.      El que ama obra en verdad.
“16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. / 17 Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? / 18 Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.” (San Juan 3:16-18 

Desde niños conocemos el amor en la persona de nuestros padres. Ellos nos traen a este mundo y nos cuidan con gran dedicación, salvo excepciones. Al crecer conocemos el amor fraternal de hermanos y amigos, y en la juventud el amor sentimental. Sin embargo San Juan nos dice que recién, al conocer a Jesucristo, hemos conocido el amor. Indudablemente se trata de un amor distinto, no el amor humano –que es bello y respetable- sino el amor Divino, este Amor que acostumbro escribir con mayúscula.  

Si hemos conocido ese Amor capaz de dar la vida por nosotros, entonces deberíamos hacer lo mismo. Suena bello, pero ¿Podremos hacerlo? ¿Cuándo se ejecutará tal cosa? ¿Cómo podríamos realmente dar la vida por un hermano? En los tiempos de la primera Iglesia en que había persecución con peligro de martirio (morir crucificado, quemado, lapidado, desollado, apaleado, etc.) era muy factible dar la vida por los hermanos o dar la vida por la causa de Cristo. Pero también había hermanos que no eran capaces de hacerlo, que les faltaba el coraje o la convicción. Esta Palabra se prueba en casos extremos, pero también en nuestra vida diaria simple y cómoda de los tiempos actuales.  

Hoy día podemos dar la vida por el hermano cuando renunciamos a nuestras comodidades y lo atendemos en su necesidad; cuando lo defendemos en público ante el descrédito del mundo; cuando dedicamos tiempo a escucharlo y aconsejarlo; cuando lo atendemos en la enfermedad; cuando pasamos por alto el juicio de otros y lo visitamos en su aislamiento (cárcel, hogar, etc.); en fin cuando dejamos a un lado nuestros intereses y nos damos al hermano. 

Cuando el Señor nos ha bendecido con casa, auto, dinero en el banco, un buen trabajo o jubilación, herencias, etc. y vemos a un hermano en necesidad, lo propio es que abramos el corazón y la cartera, para ayudarle primero materialmente. Si no lo hacemos significa que el Amor de Dios no está en nosotros y hasta podríamos dudar de que el Espíritu Santo more en nuestra vida. El Amor es más que un sentimiento, es más que una convicción, pensamiento o filosofía de vida. El Amor del que habla San Juan en la Biblia, es un don de Dios, el primer fruto del Espíritu Santo. Este Amor no es palabrería sino hechos, acciones. Si usted tiene a Cristo en su corazón amará de ese modo, no “de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.”
 

CONCLUSIÓN.
El amor del que nos habla la Biblia es el Amor de Dios, sin desestimar el amor humano (paternal, fraternal, matrimonial, etc.). El Amor Divino es el que se da por entero al otro, es el “amor ágape”. San Juan señala en estos versículos tres cualidades que identifican al que ama verdaderamente: 1) El que ama no envidia; 2) El que ama da vida; y 3) El que ama obra en verdad.

 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Es lo mismo el amor humano que el amor Divino y por qué?
2)      ¿Qué cualidades identifican al amor cristiano?
3)      ¿Cuáles son, a su juicio, las principales características de la fe cristiana?
4)      ¿De qué forma los cristianos, a través de la Historia, hemos vivido y negado el Evangelio de Amor?
5)      ¿Se puede considerar toda obra benéfica para el Hombre, una obra nacida del amor de Dios?
6)      ¿Cómo se pueden superar en la Iglesia las críticas, murmuraciones, divisiones, rencillas, envidias, competencias y otras actitudes de desamor?
7)      ¿Qué podemos hacer cuando en nuestro corazón o en un discípulo surge la envidia de la gracia del hermano?
8)      ¿Cómo dieron vida Pablo, Pedro, Juan, María y Jesús?
9)      ¿Cuáles son los aspectos positivos y negativos del amor humano (paternal, fraternal, sexual, sentimental)?
10)  ¿Cómo puede ser la aparente conversión de alguien un autoengaño?
11)  ¿Qué es para usted dar amor?
12)  ¿Cómo da vida un jardinero?
13)  ¿Cómo podríamos realmente dar la vida por un hermano?

 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.

·         Reina, Casiodoro de (1960) “La Santa Biblia” Estados Unidos: Broadman & Holman Publishers.

·         MacArthur, John. (2011) “Biblia de Estudio MacArthur” Estados Unidos: Thomas Nelson Inc. 

·         (1979) “Dios Habla Hoy, La Biblia Versión Popular” Sociedades Bíblicas Unidas.

·         (1960) “La Santa Biblia” Sociedades Bíblicas Unidas. Recuperado de: http://www.gentle.org/biblia/

·         “Nuevo Testamento, Edición Pastoral” Chile, Ediciones Mundo, 1974.

·         “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España” Disponible en: http://www.rae.es/

·         Concordancia electrónica de la Biblia” Disponible en: http://www.miconcordancia.com/concordancia.php

·         Rizo Martínes, José L. “Diccionario Bíblico” Recuperado de: http://es.scribd.com/doc/50636670/Diccionario-Biblico-Jose-L-Rizo-Martinez#scribd

·         (1966, 1970, 1979, 1983, 1996) Dios habla hoy” ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, Disponible en: https://www.biblegateway.com/versions/Dios-Habla-Hoy-DHH-Biblia/

·         https://es.wikipedia.org/

·         Pérez Millos, Samuel “Comentario Exegético Al Texto Griego del Nuevo Testamento – Hebreos”


·         https://www.biblegateway.com

·         De Aráujo Almeida, Inácio “Los hijos de la envidia” Disponible en: https://es.gaudiumpress.org/content/29819-Los--hijos--de-la-envidia 

 

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