domingo, diciembre 13, 2020

DECADENCIA DE LA AUTORIDAD

ISAÍAS, EL PROFETA MESIÁNICO

CAPÍTULO 19

(PRIMERA PARTE)

DECADENCIA DE EGIPTO

Vestidos de lino, tela elaborada a partir de una planta, 
una fuente de riqueza del antiguo Egipto, junto con el papiro y la pesca.


© Pastor Iván Tapia


“11 Ciertamente son necios los príncipes de Zoán; el consejo de los prudentes consejeros de Faraón se ha desvanecido. ¿Cómo diréis a Faraón: Yo soy hijo de los sabios, e hijo de los reyes antiguos? / 12 ¿Dónde están ahora aquellos tus sabios? Que te digan ahora, o te hagan saber qué es lo que Jehová de los ejércitos ha determinado sobre Egipto. / 13 Se han desvanecido los príncipes de Zoán, se han engañado los príncipes de Menfis; engañaron a Egipto los que son la piedra angular de sus familias. / 14 Jehová mezcló espíritu de vértigo en medio de él; e hicieron errar a Egipto en toda su obra, como tambalea el ebrio en su vómito. / 15 Y no aprovechará a Egipto cosa que haga la cabeza o la cola, la rama o el junco.” (Isaías 19:11-15) 

(Verso 11) Los gobernantes egipcios se han vuelto torpes y sus consejeros muy poco sabios. El poder de los faraones es traspasado de generación en generación, dentro de la familia real, lo que resulta a veces en hijos con retardo mental por consanguinidad de los padres. Por eso la pregunta retórica“¿Cómo diréis a Faraón: Yo soy hijo de los sabios, e hijo de los reyes antiguos?” A la postre ese linaje desapareció del reino. 

(Verso 12) “¿Dónde están ahora aquellos tus sabios?” pregunta el profeta. Egipto ya desconoce lo que Dios espera de él. De nada le sirve tanta cultura, escritura, arquitectura prodigiosa, conocimientos sobre todo tipo de medicinas, sus bibliotecas de papiros, pues carece del verdadero conocimiento: “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.” (Proverbios 9:10) 

(Verso 13) El gran reino de Egipto y sus faraones se han deshecho, ya no tienen el poder de antaño. Cualquiera es ahora príncipe o rey con engaño. 

(Verso 14) Como un ebrio cae el gran imperio en decadencia. 

(Verso 15) Nada que haga el grande o el pequeño podrá levantar al país. Sus riquezas y negocios se agotarán y fracasarán, lo cual traerá pobreza y hambre. Dada sus falsas creencias en dioses animales, antiguos héroes endiosados y faraones divinos, el verdadero Dios les destruiría por idólatras. Paulatinamente perdería poder espiritual y material.

Isaías en esta profecía anuncia el deterioro de la autoridad egipcia:

  • “son necios los príncipes de Zoán” Los gobernantes se volvieron necios, perdiendo la sabiduría que ostentaban.
  • “el consejo de los prudentes consejeros de Faraón se ha desvanecido” Los consejeros ya no son prudentes.
  • “¿Cómo diréis a Faraón: Yo soy hijo de los sabios, e hijo de los reyes antiguos?” Hijos deficientes en la casa de Faraón.
  • “¿Dónde están ahora aquellos tus sabios?” La sabiduría ha desaparecido del imperio.
  • “se han engañado los príncipes de Menfis” El poder se ha desmembrado en ciudades y debilitado la autoridad de Faraón.
  • “hicieron errar a Egipto en toda su obra” Egipto ha equivocado su camino. 

La decadencia de la autoridad de Faraón y sus príncipes sería fatal para Egipto. Necedad, falta de sabiduría, imprudencia, superstición e ignorancia, sumados al desconocimiento del Dios Verdadero, fueron artífices de la caída de este gran imperio. El principio de autoridad es básico en la vida de una nación, familia e individuo, como también de la Iglesia. La autoridad proviene del trono de Dios; Él establece toda autoridad, aún cuando puedan ser los hombres quienes las elijan e instalen. En el Reino de Dios se nos enseña a respetar toda autoridad civil, militar y eclesial; así conservar el orden social y llevar una vida en paz. A los cristianos nos interesa que exista un clima ciudadano de tranquilidad que nos permita difundir el Evangelio y lograr la salvación de las almas. También deseamos que la Iglesia sea bien gobernada por ministros, ancianos y diáconos, equilibradamente, evitando toda injusticia, pecado y escándalo, bajo la mirada y participación consciente de toda la asamblea.


(Del capítulo 19 de "Isaías, Profeta Mesiánico")


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