lunes, septiembre 08, 2008

VICTORIOSOS EN CRISTO.

CLAVES PARA LA FELICIDAD
VII PARTE


Lectura Bíblica: Apocalipsis 21:5-8

Propósitos de la Charla: a) Aprender a vivir como vencedores; b) Valorar la victoria de Jesucristo en la cruz; c) Identificar y luchar contra nuestros enemigos, utilizando las armas que Dios nos ha entregado; d) Ser victoriosos en el plano individual y colectivo; e) Tomar conciencia que somos del ejército de Jehová.


“Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. /Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. / El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. / Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apocalipsis 21:5-8)

Los cristianos siempre hablamos de tener “luchas”, refiriéndonos a las dificultades que se nos presentan a diario en las relaciones humanas, las exigencias de un medio laboral muy competitivo, la escasez de trabajo y el valor económico de las cosas de consumo permanente. A esto se suman problemas de salud, educación de los hijos, relaciones conyugales y sentimentales, etcétera. Es un panorama que para algunos se hace muy difícil de enfrentar y constituye una “lucha”. Pero la dificultad de ello no reside sólo en una ofensiva externa, sino que también en el modo personal que tiene cada persona de reaccionar frente a las dificultades. Y aquí no podemos negar que cada uno trae y arrastra una serie de “pesos” o “lastres” que le hacen mucho más dificultoso el diario vivir. Me refiero a las heridas, los traumas y los complejos del alma. Todo ello, más los prejuicios, las culpas, las debilidades y pecados, constituyen otro frente de “lucha”. Hay un enemigo interno de cada persona, su propia naturaleza humana, caída y pecaminosa, que le arrastra a la oscuridad, tanto emocional como ética.

La otra “lucha” del cristiano es netamente espiritual y sólo reconocible por los creyentes. Para el ateo y el agnóstico no existe la realidad sobrenatural, de modo que para ellos esta dimensión es irreal. Pero nosotros sabemos que “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6:12) y que “el diablo anda como león rugiente buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8).

En resumen, esta “lucha” del cristiano se da en tres frentes: contra el mundo, su propia carne y contra las tinieblas. Para ello el Señor nos ha provisto de armas poderosas, las que nos aseguran la victoria. En realidad la victoria ya es nuestra pues Jesucristo la conquistó en la cruz del Calvario para nosotros. No debemos vivir como derrotados sino con la conciencia de que ya hemos vencido. Es la mejor forma de “luchar”.

Hemos hablado de la “lucha”, pero otra cosa es combatir y batallar. Los combates humanos se dan en el mar, entre barcos enemigos. Nosotros sabemos del memorable Combate Naval de Iquique, por ejemplo. Las batallas se hacen en tierra, como la Batalla de Cancha Rayada o Chacabuco. Jehová, dice la Biblia es poderoso en batallas. “¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla.” (Salmo 24:8). Combates y batallas no son una simple “lucha” personal sino que forman parte de la “guerra” entre la Luz y las tinieblas.

Hermanos y hermanas: los cristianos no sólo tenemos una “lucha” personal contra los enemigos de nuestra alma, sino que además estamos involucrados en una “guerra” contra Satanás y sus huestes. Si es así ¿por qué tantos cristianos viven de un modo individualista, personalista, egoísta y con una mirada pequeña, sus vidas? Es necesario que tomemos conciencia que no estamos solos sino que pertenecemos a un Cuerpo, un Batallón, un Ejército; el Cuerpo de Cristo, el Batallón del Reino, el Ejército de Jehová. El gran líder seguidor de Moisés, Josué dijo: "…yo soy el jefe del ejército del Señor y ahora he venido" (Josué 5:14); Micaias dijo: “Escucha, pues, la palabra de Jehová: Yo he visto a Jehová sentado en su trono; y todo el ejército de los cielos estaba de pie junto a él, a su derecha y a su izquierda.” (1 Reyes 22:19) y el salmista: “Alabadle, vosotros todos sus ángeles; Alabadle, vosotros todos sus ejércitos.” (Salmo 148:2), Estamos en una guerra y no podemos permitir que el diablo se burle de la Iglesia. Tomemos conciencia de que pertenecemos al colectivo que es la Iglesia y ¡vamos tras la victoria! El himno “Firmes y adelante” nos insta a ello cuando dice “Nuestra es la victoria dad a Dios loor; / Y óigalo el averno lleno de pavor.” Es un canto de victoria que la Iglesia además de cantarlo debe vivirlo.

Hasta ahora hemos visto que la felicidad eterna se encuentra en la adquisición de estas claves o posesiones espirituales:
1) la Sabiduría de temer a Dios y guardar Sus mandamientos;
2) la Esperanza en la manifestación de los hijos de Dios;
3) la relación con el Padre a través de la Justicia establecida por Él en la fe en Jesucristo;
4) la Verdad que es Cristo la Roca;
5) la Revelación de nuestro destino como discípulos Suyos.
6) la convicción de que nuestros nombres están escritos en el Libro de la Vida.

Todo lo anterior apunta hacia algo relevante para nuestras vidas, algo deseable y por lo cual “luchamos”, “combatimos” y “batallamos” durante toda nuestra vida, desde el día de nuestra conversión y estaremos peleando por ella hasta la muerte: la Victoria.

San Juan escribe en su primera epístola: "Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo: y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe. / ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?" (1 Juan 5:4,5). Enseña el apóstol que toda persona que ha nacido de nuevo tiene victoria sobre el mundo y el espíritu que rige al mundo; el cristiano es un vencedor. Se puede decir que lo que vence al mundo es la fe en Jesucristo. El que cree que Él es el Hijo de Dios puede ya considerarse un vencedor. El texto de Apocalipsis agrega la herencia que espera al vencedor: el reino de Dios. Asegura:

“El que venciere heredará todas las cosas.”

¿Cuáles son los pasos para alcanzar esa victoria y esas “cosas” que son la herencia dada por Dios? El Señor mismo toma la iniciativa y nos conduce, como nuestro Capitán, a la victoria.

1. Dios hace nuevas todas las cosas.
“Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.” (v.5)

Después del Juicio Final, Dios destruirá la primera creación y hará otra: un cielo nuevo y una tierra nueva (v.1). San Juan ve descender una nueva ciudad santa, una Jerusalén nueva, el tabernáculo de dios con la Humanidad que fue salvada por Jesucristo. En esta ciudad de Dios no habrá más muerte, llanto, clamor ni dolor; allí no existirá más el sufrimiento humano. Esta será la felicidad absoluta. Dios hará todo nuevo ¡Qué bello será ver todo nuevo, re-creado, recién salido de la mano del Creador.

Entonces Dios, desde Su trono, invita al visionario a dejar un registro de Sus palabras. “Estas palabras son fieles y verdaderas”, dice, es la pura Verdad lo que te diré. Como cuando Jesús decía a sus discípulos “de cierto, de cierto te digo”, ahora Dios nos dice escucha estas palabras y escríbelas, toma nota, porque son toda la Verdad. ¿Hasta ahora, has escuchado con atención al Señor? A veces, cuando alguien nos cuenta sus experiencias y reflexiones, solemos distraernos con nuestros propios pensamientos y dejamos de prestarles atención. Quizás hacemos con Dios lo mismo y tenemos que volver a vivir una y otra vez pruebas innecesarias si hubiéramos prestado atención al Señor.

Escuchemos lo que Dios reveló a San Juan:

2. Dios da gratuitamente la vida eterna.
“Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.” (v.6)

“Consumado es” dijo Jesús en la cruz, cuando hubo terminado su trabajo redentor, la misión por la cual vino a este mundo. Algo similar dice Dios cuando el juicio de la Iglesia, de las naciones, de los impíos y del diablo y sus ángeles ya ha terminado. “Hecho está”. Y por sobre todo ello, se confirma una vez más que Él es todo, tiene toda autoridad y es toda realidad, es el principio y el fin de todas las cosas. Él es la Totalidad, el Alfa y la Omega. Y ratifica la invitación de Jesucristo “si alguno tiene sed, venga a mí y beba. ... Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.” (San Juan 7:37); “Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.” ¡Cuánta sed de Dios, de eternidad, de salvación, tienen los seres humanos y no quieren venir a Jesucristo para saciar esa necesidad! En este pasaje está muy bien establecida la necesidad del hombre y la capacidad de Dios para satisfacer esa necesidad. Los hombres no tenemos esa capacidad de salvarnos por nosotros mismos, por nuestros esfuerzos o deseos; sólo tenemos el vacío interior, el hambre y la sed, la necesidad imperiosa de ponernos a cuenta con el Creador. Lo hermoso es que Dios nada nos pide, Él no cobra, otorga gratuitamente la vida sobrenatural y eterna, para vivir con Él en la nueva Jerusalén. ¡Qué torpes somos al rechazar la oferta del Señor!

3. Dios da su herencia al vencedor.
“El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.” (v.7)

Es muy desconcertante este versículo, si lo comparamos con el anterior. En el precedente nos habla de la gratuidad de la salvación; podemos obtener el “agua viva que salta para vida eterna” (San Juan 4:14) sólo creyendo en Jesucristo. Sin embargo ahora nos habla de ser vencedores. “El que venciere” asegura “heredará todas las cosas”. Cuando hablamos de vencer, estamos implicando una acción humana que es más que un simple y pasivo creer; existe un opositor sobre el que necesitamos salir victoriosos. Este puede ser un ente concreto como espiritual, ya sea externo o interno. La oposición que tenemos los cristianos es triple: a) nuestra propia carne inclinada al mal, el llamado hombre natural o naturaleza humana; b) el mundo que nos rodea con todas sus tentaciones; y c) el diablo y sus huestes espirituales de maldad. El cristiano habrá de salir vencedor en esas tres áreas para recibir un buen resultado y salir aprobado en el juicio a los cristianos en el Tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10).

Pero ello se contradice con la salvación por gracia. Dios da la salvación gratuitamente al que es de la fe de Jesús y no puede quitarla o hacerla depender de comportamiento humano. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; / no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8,9). El agua de vida es gratis mas ¿por qué agrega que “el que venciere heredará todas las cosas”? La respuesta la encontramos en el verso siguiente.

4. Dios juzga y condena a los perdedores y a los suyos purifica.
“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (v.8)

¿Quiénes son los perdedores? Estos son los perdedores, los fracasados, los que no aceptaron el mensaje puro y claro de Jesucristo. La cobardía, la incredulidad, la abominación, el homicidio, la fornicación, la hechicería, la idolatría y la mentira, fueron más fuertes que la verdad de Jesús en sus vidas. Amaron más las tinieblas que la luz (San Juan 3:19). Prefirieron desechar el mensaje de Dios, para seguir haciendo lo que a ellos les llenaba. No se acercaron a la Luz porque sus obras estaban en oscuridad (San Juan 3:20).

1) Los cobardes son los que no se atrevieron a aceptar a Jesucristo, los que tuvieron miedo de ser censurados por su familia y prójimos, los que tuvieron temor de tener que abandonar sus vicios y costumbres arraigadas, los que no se animaron con valentía a dejar su pasado. “Al reino de los cielos se hace fuerza, y los valientes lo arrebatan.” (San Mateo 11:12)

2) Los incrédulos son aquellas gentes que todo lo cuestionan, incapaces de hacerse niños frente al Padre. En el fondo son unos orgullosos que no quieren ponerse bajo la autoridad máxima de la Creación. Seguir a Jesucristo es un asunto de fe. “Sin fe es imposible agradar a Dios porque es necesario que el que se acerca a Él crea que le hay y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). Si usted es valiente y se permite creer en Jesús, la Palabra de Dios le asegura que el Padre le dará un galardón, un premio en la eternidad.

3) Los abominables son los que practican abominación, aquello que el Señor rechaza, desprecia, enjuicia y condena. Abominación es definido como “Cosa abominable”; es algo “Que desagrada profundamente”. En este caso es lo que desagrada a Dios. Todo ser humano con su conciencia bien puesta sabe perfectamente qué es lo que no agrada a Jehová. Si por seguir en sus costumbres abominables, no acepta a Jesucristo, será juzgado en la segunda resurrección según sus obras, porque no aceptó el regalo misericordioso de Dios, la salvación en Jesucristo. Por tanto su nombre no estará escrito en el Libro de la Vida. “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. / Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.” (Apocalipsis 22:14,15). Quien hace abominación a Dios, lave su conciencia en la sangre de Jesucristo y encontrará salvación y liberación eterna para su alma.

4) Los homicidas son los que matan a sus hermanos, los Caín que asesinan el alma, que producen daño a su prójimo ya sea física, psicológica o espiritualmente. Quien se reconozca homicida, debe volverse a Dios, quien dijo “No matarás” (Éxodo 20:13). El aborto, la eutanasia, el suicidio, son pecados contra la vida y están condenados por el Creador. Mentir, calumniar, injuriar y hablar mal del prójimo, son pecados de la lengua tan nocivos y mortales como matar el cuerpo. Una calumnia puede herir y hasta dar muerte a la buena imagen de una persona. La injuria es imputar a alguien un hecho o dichos que menoscaban su persona. El sólo chisme y comentario malévolo sobre otras personas hacen mucho daño.

5) Los fornicarios son los que tienen relaciones sexuales fuera del matrimonio, sean casados o solteros. El desorden en la vida sexual y preferir ello a abandonarlo por seguir a Jesucristo, dejará a muchos fuera de la fe. Dios nos llama a una vida de orden en todo aspecto. Él ha dicho: “¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones que luchan en vuestros miembros?” (Santiago 4:1). Obviamente el Creador no está contra la vida ni la sexualidad, ya fue creada por Él mismo, sino que se opone al descontrol y desorden en las relaciones humanas. El séptimo mandamiento ordena: “No cometerás adulterio” (Éxodo 20:14). Aunque la salvación no depende de acciones humanas, quien siga a Jesucristo abandonará voluntariamente a su tiempo aquella forma de vida que no agrada a Dios. Que no sea el desorden sexual motivo para no seguir a Jesucristo.

6) Los hechiceros son los que practican la brujería y todo tipo de prácticas ocultistas. Dios creó al ser humano a su propia imagen y semejanza y le dio el encargo de cuidar y administrar lo creado según Su voluntad. Cada persona ha de utilizar su inteligencia y otros dones que Dios le ha otorgado para ganar el pan de cada día honradamente y trabajar por el bien común. Nadie debe depender de adivinaciones, brujerías, astros, sortilegios, macumba, magia, ouija, médium, ocultismo, horóscopos, hechicería, evocación de muertos o de la "suerte" para vivir y resolver las dificultades de la vida. Jesús dijo: "Adorarás al Señor tu Dios, y a El solo servirás" (San Mateo 4:10). El apego a estas prácticas pueden ser un gran obstáculo para seguir a Jesús, o bien seguirle a Él por motivaciones incorrectas, como la de Simón el mago, que intentó comprar el don del Espíritu Santo (Hechos 8:9,18-24). En la iglesia primera “Muchos de los que habían aceptado la fe venían a confesar y exponer todo lo que antes habían hecho. No pocos de los que habían practicado la magia hicieron un montón con sus libros y los quemaron delante de todos. Calculando el precio de los libros, se estimó en unas cincuenta mil monedas de plata. De esta forma la Palabra de Dios manifestaba su poder, se extendía y se robustecía" (Hechos 19, 19-20).

7) Los idólatras son los que tienen otros dioses. La idolatría no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios. Hoy por hoy varios falsos dioses son adorados por la gente, como el cuerpo, la belleza externa, el sexo, el poder, el dinero, el consumismo, la tecnología, etc. Estas cosas ocupan el corazón de las personas a tal punto que les impiden entregar sus vidas a Jesucristo. El segundo mandamiento de la Ley de Dios dice: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que está arriba en los cielos, en la tierra, ni debajo de la tierra. No te inclinarás delante de ellas ni la honrarás, porque yo Jehová, soy un Dios celoso” (Éxodo 20: 4). El celo de Dios es justo y se atiene a la verdad, ya que Él es el único Dios que existe y por lo tanto merece nuestro respeto y reconocimiento. Él no quiere compartir su lugar con nada en nuestros corazones. Su celo es por nuestro bien, ya que reconociéndolo y amándole, seremos felices. Dejar la idolatría de las cosas y seres de este mundo, que va hacia la destrucción, es una sabia decisión de nuestra parte. No permitamos que una idolatría nos lleve a la perdición por la eternidad. Jesús ha dicho “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (San Marcos 8:34). Negarse a sí mismo es un acto de “abnegación” por Dios. Seguir a Jesús es dejar de pensar en mí para pensar en Él y unirme con Él eternamente, dejando atrás todo ídolo.

8) Los mentirosos son los que fabulan y prefieren lo que la vanidad de sus mentes les dicta, a la Verdad de Dios. La Biblia dice: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, / ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” (1 Corintios 6:9,10).

La mentira es siempre mentira, como el mal siempre lo es. El mayor engaño de este mundo es cambiar de nombre a lo malo llamando bueno. Por ejemplo: a la pornografía la llaman "libertad de expresión"; al aborto "libertad de decidir"; aceptar la homosexualidad es "tolerancia de la diversidad sexual"; no decir la verdad en algo pequeño es una “mentira blanca”. El origen de la mentira está en Satanás "Homicida desde el principio, mentiroso y padre de la mentira" (San Juan 8:44); "Satanás, el seductor del mundo entero" (Apocalipsis 12:9). Si el diablo es creador de algo es la mentira. Desde el principio ha actuado con engaño. No se deje engañar por él y rebélese contra su poder diabólico, siga a Jesús, Camino, Verdad y Vida.

CONCLUSIÓN.
La tierra y los cielos como los conocemos ahora serán destruidos y un nuevo cielo y una nueva tierra serán creados, y el estado eterno será establecido. Una vez más, como en el Jardín del Edén en Génesis, el hombre nuevamente morará con Dios y Él con ellos (Apocalipsis 21:3); todo el remanente de la maldición (sobre la tierra por causa del pecado del hombre) será quitado (sufrimiento, enfermedad, muerte, dolor) (Apocalipsis 21:4) Dios dice que aquellos que vencieren heredarán todas las cosas, Él será su Dios y ellos serán Sus hijos Así que, como se inició en Génesis, la raza humana redimida vivirá en compañerismo con Dios, libre del pecado y su maldición (tanto interna como externamente), en un mundo perfecto, teniendo corazones perfectos a semejanza del corazón mismo de Cristo (1 Juan 3:2-3).

Por lo tanto:
1. Necesitamos aprender a vivir como vencedores y no como perdedores.
2. Valoremos la victoria de Jesucristo en la cruz y vivamos como vencedores y no como vencidos.
3. Luchemos contra nuestros enemigos: la carne, el mundo y el diablo, utilizando las armas que Dios nos ha entregado.
4. Seamos victoriosos tanto en el plano individual como en el plano colectivo, como Iglesia y tomemos conciencia que somos del ejército de Jehová.

PARA REFLEXIONAR:
1) Relacione las cuatro acciones de Dios mencionadas en esta enseñanza, con la obra de Dios en nosotros: Regeneración, Salvación, Adopción y Santificación.

BIBLIOGRAFÍA.
1) “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España”; http://www.rae.es/
2) “¿Qué dice la Biblia acerca de la hechicería y la adivinación?”
http://www.vidahumana.org/vidafam/nuevaera/biblia_nam.html

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