domingo, octubre 28, 2018

OYENTES DEL EVANGELIO.

EL EVANGELIO
LECCIÓN 12


 © Pastor Iván Tapia Contardo 

Lectura bíblica: “14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? / 15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! / 16 Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? / 17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” (Romanos 10:14-17) 

Idea central: Tipos de oyentes y cómo evangelizarlos. 

Objetivos: a) Conocer e identificar los tipos de oyentes del Evangelio; b) Conocer las razones de los que rechazan el Evangelio, para elaborar estrategias de evangelización, c) Conocer las características de las personas que son proclives a aceptar el Evangelio; d) Conocer y practicar los consejos bíblicos para evangelizar; e) Desarrollar valor, energía y decisión en el evangelismo; f) Defender el Evangelio “con mansedumbre y reverencia”, de mentiras y ataques.  

Resumen: En la evangelización de las almas nos encontraremos con dos tipos de personas, los que rechazan el Evangelio y los que lo aceptan. Jesús y los apóstoles nos dan una pauta de las distintas clases de oyentes y cómo poder alcanzarlos con el mensaje de Jesucristo. 
 

E
l apóstol Pablo, refiriéndose a Cristo y Su Evangelio, escribió: “9 quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, / 10 pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Timoteo 1:9,10)  

Hemos sido salvos no porque hubiésemos hecho nosotros buenas obras sino por la obra de Jesucristo en la cruz. Dios nos hizo a cada cristiano un llamado a la santidad y esto, aunque no estuviéramos conscientes, fue desde que nacimos; aún más, antes de que existiéramos en esta Tierra, Dios ya nos había predestinado a esta salvación. 

En Cristo Jesús nos fue dada la gracia, Su gracia, Su favor, Su Amor gratuito, sin pedirnos nada a cambio, sólo por amor. Esta Gracia ha sido manifestada en la Persona de nuestro Señor Jesucristo y a través del Evangelio. ¿En qué consiste esta “buena nueva” o Evangelio? En esta epístola lo explica así: “nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio”  

Jesucristo hizo un trabajo espiritual maravilloso, consistente en tres gracias, dones o regalos de Dios para los seres humanos: 1) Quitó la muerte; 2) Sacó a luz la vida; y 3) Sacó a luz la inmortalidad. Quitó la muerte espiritual, la muerte eterna a la que estábamos condenados si seguíamos en tinieblas sin Dios; Él venció a la muerte en la cruz, ese aguijón del pecado, ese resultado de nuestra condición adánica. Sacó a luz la vida, se refiere a la vida sobrenatural, la vida de Dios, la verdadera vida, la Vida con mayúscula, no la vida biológica ni la vida del alma o psique sino la vida zoé, del Cielo. Sacó a luz la inmortalidad de Él, Dios y todas las criaturas celestiales, trayéndonos la esperanza cierta de la vida eterna con Dios; si bien es cierto el ser espiritual del hombre es inmortal, cuando está caído jamás gozará de esa inmortalidad con Dios sino en el Infierno, una dimensión totalmente alejada del gozo y el amor que hay junto al Creador Divino. 

Este es un resumen del Evangelio, ante el cual podrá haber fundamentalmente dos actitudes humanas. De acuerdo a esas actitudes, podemos clasificar a los oyentes del Evangelio en distintas categorías.
 

¿Qué tipos de oyentes del Evangelio podemos encontrar? 

1.      Los que lo rechazan.

“Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?” (Romanos 10:16)  

No todos los oyentes obedecen al mensaje del Evangelio. Dios sabe que esto es así y no podemos molestarnos, enojarnos, enrabiarnos o rechazar nosotros a esas personas. Puede ser que no sea su momento; el Señor es un Dios misericordioso y dará nuevas oportunidades. ¿No le habló a usted varias veces antes de convertirse? 

En la parábola del sembrador, Jesús nos dice que Dios es como un campesino que sale a sembrar por el mundo Su Palabra; pero también podemos entender que todo cristiano que anuncia el Evangelio a otros, sea ministro de Dios o discípulo común, es un sembrador de una semilla espiritual valiosísima: 

“1 Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. / 2 Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. / 3 Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.” (San Mateo 13:1-3) 

En esta parábola el Maestro habló de cuatro tipos de terrenos en los que se siembra el Evangelio. Estos terrenos representan los corazones humanos. Veamos cuáles son: 

“4 Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. / 5 Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; / 6 pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. / 7 Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. / 8 Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. / 9 El que tiene oídos para oír, oiga.” (San Mateo 13:4-9) 

Hay corazones que son como caminos, otros como pedregales, otros como espinos y otros como la tierra buena. El mismo Señor nos explica su significado. Es la única parábola en que lo hace: 

“18 Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: / 19 Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.  / 20 Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo;  / 21 pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.  / 22 El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.  / 23 Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.” (San Mateo 13:18-23) 

Analicemos cada uno de estos tipos de corazón rechazador del Evangelio:

a)      Corazones camino. “4 Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. / 19 Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.” (San Mateo 13:4,19)  

Hay corazones que son como caminos, mentes por las que pasa todo tipo de doctrina y creencia; cuando viene la semilla del Evangelio, ésta luego es pisoteada por alguna idea que el diablo pone en él. Esas personas no logran entender el Evangelio, por sus prejuicios y creencias extraviadas.  

b)      Corazones pedregales. “5 Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; / 6 pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. / 20 Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo;  / 21 pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.” (San Mateo 13:5,6,20,21)  

Estos corazones no rechazan abiertamente el Evangelio, por el contrario la aceptan en primera instancia, pero en cuanto vienen las pruebas, lo abandonan. Su fe no tiene raíz. 

c)      Corazones espinos. “7 Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. / 22 El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.” (San Mateo 13:7,22) 

Tal como los espinos ahogan cualquier planta o hierba que crezca cerca, así la semilla del Evangelio es ahogada por la mundanalidad: las ambiciones personales, el amor al dinero y la posición social. Cuando los deseos personales son más fuertes que el anhelo de Dios y eternidad, la semilla del Evangelio es ahogada y no produce fruto. 

Podemos decir que estos tres tipos de almas que escuchan el Evangelio, lo rechazan de algún modo, sea porque escuchan otras ideas, porque no soportan las pruebas o porque tienen intereses mundanos. El cuarto tipo de tierra lo trataremos más adelante. 

El Nuevo Testamento nombra otro grupo que en su mayoría rechaza el Evangelio de Jesucristo, por convicción religiosa y patriótica. Se trata de la posición de los judíos frente al anuncio del Evangelio: “Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.” (Romanos 11:28) Cuando se les predica a los judíos el Evangelio, no lo reciben porque aún esperan al Mesías, aunque hay unos pocos que son escogidos. Sin embargo hay una esperanza:

“25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; / 26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad. / 27 Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados.” (Romanos 11:25-27) 

El cristiano que da a conocer el Evangelio no debe desanimarse frente a estas respuestas negativas, sino estar preparado para alguna de estas cuatro formas de rechazo. Tampoco ha de preocuparse porque la Palabra del Evangelio a los que la escuchan les parezca dura, absurda, negativa, fanática u otro epíteto. El propósito del Evangelio es la salvación del alma y no es para agradar a los hombres sino para agradar a Dios: “sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones.” (1 Tesalonicenses 2:4)
 

2.      Los que lo aceptan.

“8 Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. / 9 El que tiene oídos para oír, oiga.” (San Mateo 13:8,9) / 23 Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.” (San Mateo 13:23) 

Cuando la tierra es buena es fértil y da buen fruto. Una tierra que contiene sales minerales, que está bien regada y soleada, que no ha sido depredada por otros cultivos, que contiene guano animal, es una tierra dispuesta a recibir la semilla. Si el Evangelio, como buena semilla, es plantado en un corazón dispuesto a recibir la Verdad, hambriento de ella, un corazón que anhela a Dios, Su perdón y Su amor, es seguro que esa Palabra germinará en la persona un cambio de actitud. Tal mensaje dará frutos de arrepentimiento, obediencia y fidelidad.  

Las características de los que aceptan el Evangelio son, en general, las siguientes: 

a)      Personas con una gran necesidad espiritual, que han buscado lo superior y no lo han hallado en otros ámbitos. “42...Y mientras iba, la multitud le oprimía. / 43 Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, / 44 se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre. / 45 Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? / 46 Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí. / 47 Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, y postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sido sanada. / 48 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.” (San Lucas 8:42-48 ) 

b)      Personas que están dispuestas a reconocer sus errores y pecados, cuyo orgullo está superado o en camino a entregarse. “7 Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. / 8 Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.” (San Lucas 5:7,8) 

c)      Personas que no van tras lo material, los apetitos carnales y ambiciones mundanas. “40 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. / 41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. / 42 Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.” (San Lucas 10:40-42)  

d)     Personas que han fracasado, que viven una situación de conflicto extremo, que han llegado a un punto de quiebre en sus vidas. “35 Aconteció que acercándose Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando; / 36 y al oír a la multitud que pasaba, preguntó qué era aquello. / 37 Y le dijeron que pasaba Jesús nazareno. / 38 Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! / 39 Y los que iban delante le reprendían para que callase; pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! / 40 Jesús entonces, deteniéndose, mandó traerle a su presencia; y cuando llegó, le preguntó, / 41 diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que reciba la vista. / 42 Jesús le dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado. / 43 Y luego vio, y le seguía, glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a Dios.” (San Lucas 18:35-43 )  

e)      Personas que están dispuestas a escuchar a otro que les guíe en el camino del espíritu. “6 Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; / 7 por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano. / 8 Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.” (San Lucas 7:6-8) 

Siempre habrá sembradores del Evangelio, evangelistas de multitudes, evangelizadores de pequeños grupos y cristianos fieles que viven el Evangelio y lo comunican a otros que no conocen a Jesucristo. Por lo tanto siempre habrá conversiones de personas que escuchan el Evangelio por boca de cristianos. Hay medios que evangelizan, como la radio, la televisión, las revistas y libros, el internet, etc. Las personas se convierten en las casas, en las iglesias, en campañas evangelísticas en lugares públicos o escuchando a los medios de difusión. Estos son la mayoría, pero no podemos desconocer otro grupo. 

También está la conversión de los que reciben la salvación directamente de Dios, los que experimentan la revelación del Evangelio en una experiencia personal, sin que alguien les predique, como le sucedió a Saulo de Tarso, más conocido como Pablo: “Pero subí según una revelación, y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico entre los gentiles.” (Gálatas 2:2) Dios mismo se le reveló. Aquellas personas deben ser convencidas por el Espíritu Santo de incorporarse a una iglesia, pues en la Iglesia se recibe la alimentación de la Palabra, el acompañamiento y la unción que permite un desarrollo espiritual adecuado. 

Así es que vamos a encontrar en el camino del evangelismo dos grandes tipos de personas: los que reciben el Evangelio y los que lo rechazan. Necesitamos estar preparados para enfrentar ambas posibilidades, sin rencores, sin frustración, con alegría y esperanza. Puede ser que alguien que una vez rechaza, luego de un tiempo de trato del Espíritu Santo, esté dispuesto a aceptar a Jesús. ¿Qué debemos aprender para tratar a estos dos tipos de oyentes del Evangelio? 

¿Cómo evangelizarlos? 

    1. Evangelizar con denuedo.
“y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio” (Efesios 6:19)  

Se requiere denuedo en el uso de la Palabra del Evangelio. Esto significa tres cosas:

a)      Valor. Sin valentía no se puede evangelizar. Es preciso que rompamos el miedo de hablar a otros acerca de Jesucristo, que no sintamos vergüenza de Su mensaje y Su Persona y testimonio que no ha sido poco ni pequeño. Adquiriremos valor cuando apreciemos mejor la obra de Jesucristo y el lugar que ocupa en la Historia humana. 

b)      Energía. Se debe tener vitalidad, fuerza, entusiasmo para evangelizar. Algo que es propio de la juventud pero que ningún cristiano debiera perder, es el dinamismo para poner en medio de una conversación el tema de Jesús y Su Evangelio. La oración y el testimonio de Cristo en nuestras vidas, nos darán ese entusiasmo por comunicar Su Verdad a otros. 

c)      Decisión. Sólo hay que estar convencidos y decidir cumplir el mandamiento de la Gran Comisión. Y si es ministro de Dios no olvidar el encargo de San Pablo: “Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” (2 Timoteo 4:5)
 

El misterio del Evangelio es “misterio” para el no creyente, un misterio que usted debe develarle, sacarle la venda de su comprensión y animarlo a que entregue su vida a Jesucristo. Todo discípulo de Jesucristo debe aprender a evangelizar con denuedo.
 

    1. Defender el Evangelio.
“como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia.” (Filipenses 1:7)  

Las personas no creyentes, por desconocimiento, no entienden las verdades de la fe y las rechazan; a veces tienen ideas distorsionadas de la fe cristiana y la doctrina del Evangelio. Los discípulos debemos estar bien preparados en el conocimiento de la Palabra de Dios para poder “defender” la fe cristiana, que no significa enojarse ni ponerse a discutir con un contrincante, sino que exponer con claridad el pensamiento cristiano. Esto no significa que el otro deba aceptarlo, sino que basta con que lo escuche y conozca. Tal cosa debe hacerse siempre en un clima de respeto. Las personas tienen otras creencias y pueden practicar una religión muy diferente a la cristiana o seguir alguna doctrina filosófica. Recordemos siempre que portamos y presentamos una Persona: Jesucristo. 

La defensa de la fe cristiana se llama “apologética”. Nos prepara para hablar a los escépticos que dudan de la existencia de Dios, a los que atacan la inspiración de la Biblia, a los que promueven doctrinas distorsionadas de la fe o niegan las enseñanzas básicas del Evangelio. 

Todo cristiano debe poder hacer una presentación razonable de su fe, saber lo que cree, por qué lo cree, cómo compartirlo con otros y defenderlo de mentiras y ataques; pero debe hacerlo “con mansedumbre y reverencia”. No se trata de alejar a las personas de Jesucristo, sino de ganarlas para Él, como nos aconseja el apóstol: “sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15)  


CONCLUSIÓN.

Existen dos tipos de oyentes del Evangelio:

1)      Los que lo rechazan. No todos los oyentes obedecen al mensaje del Evangelio. Jesús señala cuatro tipos de terrenos en los que se siembra el Evangelio, los que representan los corazones humanos, simbolizados en caminos, pedregales, espinos y buena tierra. los tres primeros lo rechazan y el último lo acepta. Se agrega a estos tipos la posición de los judíos que por convicción religiosa y patriótica, rechazan a Jesucristo y Su Evangelio.

 

2)      Los que lo aceptan. Son la buena tierra, fértil y apta para dar fruto (arrepentimiento, obediencia y fidelidad). Son personas con las siguientes características: a) gran necesidad espiritual, b) dispuestas a reconocer sus errores, c) no andan tras lo material, d) están dispuestas a escuchar a otro.

A pesar de que siempre habrá evangelizadores, hay quienes reciben la salvación directamente de Dios y experimentan la revelación del Evangelio en una experiencia personal.  

Para evangelizar, la Biblia aconseja:

1)      Evangelizar con denuedo, es decir con valor, energía y decisión.

2)      Defender el Evangelio “con mansedumbre y reverencia”, hacerlo en un clima de respeto, portando y presentando a Jesucristo y estando bien preparados en el conocimiento de la Palabra de Dios (hacer una presentación razonable de la fe, saber lo que se cree y por qué lo cree), defenderlo de mentiras y ataques. 

 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Qué impide que todos los hombres acepten el mensaje del Evangelio?

2)      ¿Qué sucede con los judíos cuando se les predica el Evangelio?

3)      ¿Qué trabajo cumplió San Pablo en la prisión?

4)      ¿Qué simboliza cada tipo de terreno señalado en la Parábola del Sembrador?

5)      ¿Cómo orientaría a una persona que haya experimentado en solitario la revelación de Jesucristo?

6)      ¿Qué tipo de oyentes del Evangelio ha tenido?

7)      ¿Qué situaciones de vida en las personas les vuelven más proclives al mensaje de Jesucristo?

8)      ¿Qué tipo de evangelización le agrada más?

9)      ¿Cuál es, a su juicio, el método ideal de evangelización?

10)  ¿Cree usted que el rechazo de una persona al Evangelio es un rechazo a Jesucristo, un rechazo a la Iglesia, un rechazo al que le predica u otro tipo de rechazo?

11)  ¿Cómo evangeliza su iglesia?

12)  ¿Qué significa que “portamos” a Jesucristo?

13)  ¿Qué entiende usted por evangelizar?

14)  ¿Cómo se autoevalúa en estos tres conceptos en relación a evangelismo: valor, energía y decisión?

15)  ¿Qué aspectos debiera cambiar la Iglesia actual, para ser más efectiva en su misión?

16)  ¿Cómo debe ser nuestra relación con los hermanos de otras iglesias?

17)  ¿Dónde se encuentra hoy la buena tierra para el Evangelio?

18)  ¿Cuál sería su “presentación razonable de la fe”?




BIBLIOLINKOGRAFÍA.


 

domingo, septiembre 09, 2018

EL FUNDAMENTO DOCTRINAL.

EL FUNDAMENTO
LECCIÓN 5

© Pastor Iván Tapia Contardo 

Lectura bíblica: “1 Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, / 2 de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. / 3 Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite.” (Hebreos 6:1-3) 

Idea central: Las doctrinas fundamentales del cristianismo. 

Objetivos: a) Comprender, valorar y enseñar las seis doctrinas fundamentales del Cristianismo; b) Comprender y enseñar la importancia del arrepentimiento de obras muertas; c) Profundizar y desarrollar la fe en Dios; d) Comprender y practicar la doctrina de bautismos; e) Comprender, valorar y enseñar la imposición de manos; f) Comprender la doctrina de la resurrección de los muertos; y g) Conocer y valorar las enseñanzas sobre el juicio eterno.  

Resumen: Se explica cada una de las doctrinas que el libro de Hebreos señala como fundamentales o “rudimentos de la doctrina de Cristo”: el arrepentimiento, la fe, el bautismo, la imposición de manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno. 
 

A
 lo largo del desarrollo de este tema, El Fundamento, nos hemos hechos diversas preguntas: ¿Por qué se dice que Jesucristo es el Fundamento del cristiano?; ¿Qué significa “el fundamento de los apóstoles”?; ¿Por qué Jesucristo es nuestro Fundamento?; ¿Qué “órganos” posee el hombre interior?; ¿Cómo adquiere las virtudes básicas el hombre interior? Todas estas interrogantes tienen como propósito la comprensión de la Persona, los principios, las virtudes y todo aquello que está a la base de nuestro desarrollo espiritual.  

La primera lección dejó en claro que estamos fundados los cristianos sobre la Persona de Jesucristo; la segunda lección precisó la función de los primeros apóstoles como edificadores del fundamento de la Iglesia; la tercera lección profundizó en la Persona de Cristo como Fundamento, Jefe, Roca, Arquitecto y Constructor;  la cuarta lección nos enseño los cuatro órganos básicos del ser humano (corazón, conciencia, espíritu y mente) y las virtudes sobrenaturales que se alojan en ellos (fe, paz, amor y esperanza). 

Como el cristianismo no es sólo una experiencia espiritual o mística, sino también un cuerpo teológico, es necesario aclarar cuáles son las doctrinas básicas enseñadas en la primera etapa del discipulado cristiano. 

¿Cuáles son las doctrinas fundamentales del Cristianismo?
 

1.      El arrepentimiento de obras muertas.

“1 Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas,...” (Hebreos 6:1) 

Se ha definido el Arrepentimiento de diversas maneras. Algunos dicen que es el dolor de haber ofendido a Dios con nuestro pecado. También se dice que no es una obra, una acción, sino tan sólo una especie de radiografía, un darse cuenta de quién soy yo como pecador, algo así como verse al espejo y avergonzarse. No negamos estos significados pero reconocemos que es en primer lugar un cambio de actitud ante Dios: de desobediente a obediente, de incrédulo a creyente, de orgulloso ante Dios a humilde.  

Cuando Jesús comenzó a predicar Su Evangelio invitaba a arrepentirse: “14 Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,  / 15 diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.” (San Marcos 1:14,15)

El Arrepentimiento, por ser un cambio de una actitud rebelde a un corazón sumiso, es sujeción al Cuerpo de Cristo, como dice la Escritura: “Someteos unos a otros en el temor de Dios.” (Efesios 5:21). Un cristiano arrepentido no es un orgulloso y rebelde, sino una persona sumisa a Cristo y sujeta a la Iglesia. 

El Arrepentimiento implica un traslado de Reino: “el cual [el Padre] nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13) Si no fuera así aún estaríamos viviendo bajo el imperio espiritual de las tinieblas y el Diablo. 

Otro aspecto del Arrepentimiento es la mutación de egocéntrico a Cristo-céntrico; antes era el yo o ego el que gobernaba todas nuestras decisiones, ahora es Jesucristo quien está sentado en el trono del corazón y dirige cada determinación que tome: “14 Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; / 15 y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” (2 Corintios 5:14,15)  

El Arrepentimiento es, además del dolor de haber ofendido al Señor y una toma de conciencia de nuestra pecaminosidad: a) Cambio de actitud; b) Sujeción al Cuerpo de Cristo; c) Traslado de Reino; y d) Mutación de egocéntrico a Cristo-céntrico. 

El arrepentimiento de obras muertas es una de las doctrinas fundamentales del Cristianismo.
 

2.      La fe en Dios.

“1 Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios” (Hebreos 6:1)

La Biblia define la fe como “...la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1) 

La primera vez que aparece el verbo hebreo “aman”, que se traduce como creer, es cuando se dice de Abraham: “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.” (Génesis 15:6). Esta fe está basada en una absoluta confianza en Dios, es la fe salvadora, como la que tuvo Abraham, el padre de la fe, quien creyó a Dios. 

En el Nuevo Testamento se afirma: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.” (San Juan 3:36) La fe es la virtud que conecta el alma con el Dios Eterno. Tal virtud es dada por el mismo Dios para salvar al ser humano: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8) 

Tan importante es la fe, porque por ella podemos alcanzar la salvación: “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” (Romanos 10:9). La salvación es por fe y no por las obras de la Ley: “20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. / 21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; / 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia” (Romanos 3:20-22) 

La fe verdadera se manifiesta en el buen obrar: “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.” (Santiago 2:17) Primero es la fe, luego las obras como una consecuencia de ésta, pues es Dios quien pone la fe en nuestro interior y produce las buenas obras. 

La fe cristiana es muy diferente a la fe que pueden tener otros en objetos, elementos de la naturaleza, animales, ídolos, personajes muertos, etc. el hombre natural puede creer en la existencia de Dios y lo sobrenatural, pero no creerle a Él. La fe correcta no sólo cree en la existencia de un Dios, sino también confía plenamente en Él: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.” (Santiago 2:19) 

La fe en Dios es otra de las doctrinas fundamentales del Cristianismo.
 

3.      La doctrina de bautismos.
 
“1 Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, / 2 de la doctrina de bautismos,...” (Hebreos 6:1,2) 

El Bautismo forma parte de lo que se llama “la puerta del Reino”, indicada por el apóstol Pedro en su primer discurso público, en Pentecostés: “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (Hechos 2:38) 

Es una orden de Cristo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (San Mateo 28:19) Se bautiza en nombre de la Trinidad, aunque a veces los apóstoles lo hicieron en el nombre de Jesucristo. El bautismo es una ratificación ante Dios y la Iglesia de que la persona ha creído y nacido de nuevo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos 16:16) 

Pero el Bautismo en agua es también símbolo de muerte y resurrección, en que la inmersión significa la muerte del viejo hombre y al salir del agua se anuncia el nacimiento de una nueva vida, un nuevo hombre o mujer: “3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? / 4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.” (Romanos 6:3,4) 

Es necesario nacer del agua y del Espíritu: “3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. / 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? / 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. / 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” (San Juan 3:3-6) 

Otro significado del Bautismo dice relación con el lavamiento del agua. Somos perdonados y liberados en la conciencia de toda culpa. Así como Noé y su familia salió del mundo antediluviano para emerger en un nuevo mundo, también nosotros: “20 los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua. / 21 El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo” (1 Pedro 3:20,21). Nuestra conciencia es lavada por Cristo. 

Por el Bautismo nacemos a la Familia de Dios. El Padre nos llama a pertenecer a Su familia eterna, haciéndonos hermanos de Jesús, nuestro Hermano mayor. Como hijos adoptados por el Padre, pasamos a formar parte de la Familia de Dios, al ser bautizados –lo que significa “sepultados” –o introducidos en el Cuerpo de Cristo: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (1 Corintios 12:13) 

Como decíamos al principio, el Bautismo es una orden de Jesucristo. Por tanto debemos cumplir con ello, aunque no nos parezca importante, para aprender obediencia: “8 Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; / 9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Hebreos 5:8,9) 

En definitiva, el Bautismo es una orden de Cristo, símbolo de muerte y resurrección, que refleja cómo somos perdonados y liberados en la conciencia de toda culpa; anuncia que nacemos a la Familia de Dios.  Debemos cumplir con este mandato de Jesús para aprender obediencia. La doctrina de bautismos es otra de las doctrinas fundamentales del Cristianismo.
 

4.      La imposición de manos.
 
“1 Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, / 2 de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos,...” (Hebreos 6:1,2) 

La imposición de manos, que significa que una autoridad espiritual pone sus manos sobre la cabeza de un menor, haciendo oración o proclamando,  es mencionada en el Nuevo Testamento 24 veces. 

Se imponen manos para diversas circunstancias en la Iglesia: 

a)      Para levantar y bendecir a un líder: “No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio.” (1 Timoteo 4:14) 

b)      Para sanar: “Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y de disentería; y entró Pablo a verle, y después de haber orado, le impuso las manos, y le sanó.” (Hechos 28:8) 

c)      Para recibir el Espíritu Santo (bautismo del Espíritu Santo): “Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.” (Hechos 19:6) El Bautismo del Espíritu Santo es la recepción del Espíritu de Dios con el fin de darnos Su poder para vencer las tentaciones de la carne, el pecado, el mundo, las tinieblas y al Diablo. El Espíritu Santo otorga dones y desarrolla Su fruto  en el discípulo. 

d)     Para hacer milagros: “Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos?” (San Marcos 6:2) 

e)      Para bendecir a los niños: “Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron.” (San Mateo 19:13) 

La imposición de manos es una importante doctrina fundamental del Cristianismo.
 

5.      La resurrección de los muertos.
 
“1 Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, / 2 de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos...” (Hebreos 6:1,2) 

El poder de Dios triunfa sobre la muerte. Esta es una doctrina fundamental de la Escritura, avalada tanto en pasajes del Antiguo como del Nuevo Testamento. La resurrección del hijo de la viuda de Sarepta por el profeta Elías y la resurrección del hijo de la sunamita por el profeta Eliseo, son demostración de ello. El arrebatamiento de Enoc y el del profeta Elías nos enseñan que los amados del Señor pueden escapar de la muerte. 

En el Nuevo Testamento encontramos varios casos de resurrección. Están las hechas directamente por Jesucristo: el hijo de la viuda de Naín, la hija de Jairo y Lázaro, Su amigo. También están los muertos que salieron de los sepulcros cuando Jesús resucitó. Luego tenemos a Dorcas, resucitada por Pedro, y a Eutico, el joven que se quedó dormido mientras Pablo predicaba y cayó por una ventana, muriendo, que fue resucitado por el Apóstol. 

Como en la creación natural se observa que a partir de la muerte surge la vida, así sucederá con la resurrección: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.” (San Juan 12:24) 

Los resucitados tendrán un cuerpo transformado: incorruptible, glorioso, lleno de poder, sobrenatural: “42 Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. / 43 Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. / 44 Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.” (1 Corintios 15:42-44) 

El cuerpo de los resucitados será semejante al cuerpo de Jesucristo resucitado: “20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; / 21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” (Filipenses 3:20,21) 

La primera resurrección tendrá lugar al regreso de Cristo, en el momento del rapto de la Iglesia. Será la resurrección de los creyentes antes del comienzo del Milenio: “4 Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. / 5 Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. / 6 Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.” (Apocalipsis 20:4-6) 

La segunda resurrección será para los que no aceptaron al Salvador y Señor Jesucristo. Tendrá lugar después del Milenio, para dar inicio a lo que se ha llamado “el Juicio Final”: “13 Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. / 14 Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. / 15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” (Apocalipsis 20:13-15)  

Los cristianos estamos llamados a tener parte en la primera resurrección.  

La resurrección de los muertos es una doctrina fundamental del Cristianismo, que nos da respuesta sobre la muerte y esperanza de una vida eterna.
 

6.      El juicio eterno.
 
“1 Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, / 2 de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno.” (Hebreos 6:1,2) 

En realidad el término “juicio final” no aparece en la Biblia. Nunca comparecerá toda la Humanidad ante Dios, como piensa mucha gente. Hay dos grandes juicios colectivos en las Escrituras: el Juicio de las Naciones y el Juicio ante el Gran Trono Blanco. Estas son sus características, al compararlos. 

El Juicio de las Naciones
El Juicio ante el Gran Trono Blanco
Se describe en San Mateo 25
Se describe en Apocalipsis 20
Se juzga a personas vivas, naciones vivientes.
Se juzga a personas muertas
Juicio a los que están vivos en ese momento.
Juicio a todos los que han muerto en sus pecados sin creer en Jesucristo.
No se menciona a los muertos.
No se menciona a los vivos.
Cristo separa las ovejas (creyentes) de los cabritos (incrédulos).
Cristo juzga a los muertos por las cosas que están escritas en los libros.
Se desarrolla en la Tierra.
Se desarrolla en el Cielo.
Ante el Hijo del Hombre (Jesucristo)
Ante el Hijo de Dios (Jesucristo)
Unos son salvados y otros perdidos.
Todos son perdidos.
Juicio referido al trato dado a los hermanos del Señor, sin mención de pecados.
Juicio referido a los pecados sin mención del trato dado a los hermanos del Señor.
Al comienzo del Milenio.
Al fin del Milenio.
 

Sin embargo los cristianos no iremos a juicio pues Jesús tomó sobre Si nuestros pecados y recibió el juicio y castigo: “13 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él [Jesucristo], perdonándoos todos los pecados, / 14 anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, / 15 y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.” (Colosenses 2:13-15)  

Jesús pagó el castigo del pecado mediante Sus padecimientos y muerte. Por tanto ya no hay juicio para el que está en Cristo. El juicio del pecador se ejecutó en la cruz del monte Calvario en Jesucristo. Así se cumplió la afirmación del Señor: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” (San Juan 5:24) 

El juicio eterno es una doctrina fundamental del Cristianismo, que nos da esperanza de salvación y vida eterna. 

CONCLUSIÓN.
La fe cristiana se basa, según el escritor de Hebreos, en seis doctrinas fundamentales, aquellas que los discípulos aprendices reciben durante su discipulado: 1) El arrepentimiento de obras muertas; 2) La fe en Dios; 3) La doctrina de bautismos; 4) La imposición de manos; 5) La resurrección de los muertos; y 6) El juicio eterno. 

 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Conocía usted todas las doctrinas expuestas en el sermón?

2)      ¿Cuál de estas doctrinas considera usted más importante?

3)      ¿Cómo se puede equilibrar en la formación del discípulo la formación teológica con la praxis de la enseñanza?

4)      ¿Qué concepto de Arrepentimiento tiene usted?

5)      ¿Por qué se dice que Jesucristo es el Fundamento del cristiano?

6)      ¿Qué “órganos” posee el hombre interior?

7)      ¿Cómo adquiere las virtudes básicas el hombre interior?

8)      ¿Qué importancia reviste para usted el Bautismo?

9)      ¿Qué experiencia tiene usted con la imposición de manos?

10)  ¿Por qué es tan importante la resurrección para el Cristianismo?

11)  ¿Qué amenazas enfrenta la Iglesia de hoy?

12)  ¿Qué otras enseñanzas debieran entregarse en la primera etapa del discipulado cristiano?

13)  ¿Cuándo, a su juicio, alguien debe ser bautizado?

14)  ¿Ir a juicio o no ir a juicio?

15)  ¿Qué diferencia hay entre imponer las manos, ungir y bendecir?

 

 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.

·         Reina, Casiodoro de (1960) “La Santa Biblia” Estados Unidos: Broadman & Holman Publishers.

·         MacArthur, John (2011) “Biblia de Estudio MacArthur” Estados Unidos: Thomas Nelson Inc. 

·         (1979) “Dios Habla Hoy, La Biblia Versión Popular” Sociedades Bíblicas Unidas.

·         (1960) “La Santa Biblia” Sociedades Bíblicas Unidas. Recuperado de: http://www.gentle.org/biblia/

·         “Nuevo Testamento, Edición Pastoral” Chile, Ediciones Mundo, 1974.

·         “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España” Disponible en: http://www.rae.es/

·         “Concordancia electrónica de la Biblia” Disponible en: http://www.miconcordancia.com/concordancia.php

·         Rizo Martínes, José L. “Diccionario Bíblico” Recuperado de: http://es.scribd.com/doc/50636670/Diccionario-Biblico-Jose-L-Rizo-Martinez#scribd

·         (1966, 1970, 1979, 1983, 1996) “Dios habla hoy” ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, Disponible en: https://www.biblegateway.com/versions/Dios-Habla-Hoy-DHH-Biblia/

·         (2011) “Nuevo Testamento Interlineal Griego Español” Argentina, Iglesia en Salta, Ministerio Apoyo Bíblico.

·         https://medium.com/@JPauloMartinez/con-quién-era-la-deuda-que-jesús-pagó-en-la-cruz-566eca7a4426