domingo, abril 11, 2021

EL JUICIO DE TIRO I

 ISAÍAS, EL PROFETA MESIÁNICO

CAPÍTULO 23

(PRIMERA PARTE)

EL JUICIO DE TIRO



© Pastor Iván Tapia

 

“Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes.” (Isaías 13:11)

Dolor y vergüenza ante el juicio de Dios.

“1 Profecía sobre Tiro. Aullad, naves de Tarsis, porque destruida es Tiro hasta no quedar casa, ni a donde entrar; desde la tierra de Quitim les es revelado.  / 2 Callad, moradores de la costa, mercaderes de Sidón, que pasando el mar te abastecían. / 3 Su provisión procedía de las sementeras que crecen con las muchas aguas del Nilo, de la mies del río. Fue también emporio de las naciones. / 4 Avergüénzate, Sidón, porque el mar, la fortaleza del mar habló, diciendo: Nunca estuve de parto, ni di a luz, ni crié jóvenes, ni levanté vírgenes. / 5 Cuando llegue la noticia a Egipto, tendrán dolor de las nuevas de Tiro.” (Isaías 23:1-5)

Una versión popular lo expresa así: “Profecía contra Tiro: Las naves de Tarsis están gimiendo, porque el puerto ha sido destruido. El puerto de Chipre ha sido arrasado. / La gente de Tiro y los comerciantes de Sidón guardan silencio. Sus agentes atravesaban el mar / y sus aguas inmensas. Sacaban sus ganancias del grano de Sihor, de las cosechas del Nilo, y comerciaban con las naciones. / Llénate de vergüenza, Sidón, fortaleza del mar, pues tendrás que decir: “Ya no tengo dolores de parto, ya no doy a luz. Ya no tengo hijos que criar ni hijas que educar.” (DHH)

Esta profecía pronunciada y escrita por Isaías es contra la gran ciudad marítima de Tiro. Rica en comercio y prosperidad material, quedaba al norte de Israel y era la ciudad más importante de los fenicios, un poder marítimo del Mediterráneo. Constituía el centro de un gran imperio comercial, a pesar de no ser de gran extensión territorial ni contar con un gran ejército.

Estaba dividida en dos zonas:

1)      La Tiro continental que fue conquistada por los asirios y babilonios, como lo profetizó Isaías y Ezequiel:

“1 Aconteció en el undécimo año, en el día primero del mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo: / 2 Hijo de hombre, por cuanto dijo Tiro contra Jerusalén: Ea, bien; quebrantada está la que era puerta de las naciones; a mí se volvió; yo seré llena, y ella desierta; / 3 por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, oh Tiro, y haré subir contra ti muchas naciones, como el mar hace subir sus olas. / 4 Y demolerán los muros de Tiro, y derribarán sus torres; y barreré de ella hasta su polvo, y la dejaré como una peña lisa. / 5 Tendedero de redes será en medio del mar, porque yo he hablado, dice Jehová el Señor; y será saqueada por las naciones. / 6 Y sus hijas que están en el campo serán muertas a espada; y sabrán que yo soy Jehová.” (Ezequiel 26:1-6)

2)      La Tiro insular, conquistada por Alejandro Magno en el año 332 a.C. Arrasó la ciudad continental para construir una calzada usando los restos de las construcciones, hacia la nueva ciudad situada en la isla. Este hecho dio cumplimiento a otra profecía:

“Y te pondré como una peña lisa; tendedero de redes serás, y nunca más serás edificada; porque yo Jehová he hablado, dice Jehová el Señor.” (Ezequiel 26:14) 

El rey Hiram de Tiro fue quien suplió a su gran amigo, el rey David y Salomón de madera en gran cantidad para la construcción del Templo. También le entregó a Salomón marineros para que iniciara una flota marítima y activara un comercio marítimo: “21 Y todos los vasos de beber del rey Salomón eran de oro, y asimismo toda la vajilla de la casa del bosque del Líbano era de oro fino; nada de plata, porque en tiempo de Salomón no era apreciada. / 22 Porque el rey tenía en el mar una flota de naves de Tarsis, con la flota de Hiram. Una vez cada tres años venía la flota de Tarsis, y traía oro, plata, marfil, monos y pavos reales.” (1 Reyes 10:21,22) 

En su lado negativo, de Tiro salió Jezabel, esposa de Acab, la malvada gobernante de Israel. 

Los marinos de Tiro, al escuchar sobre la destrucción de su amado puerto, aúllan de dolor. Están regresando las naves desde Tarsis y se enteran de la triste noticia de la destrucción de Tiro. Ven el humo elevándose en la ciudad y lamentan que ya no será ese gran centro que comerciaba con Sidón, la otra ciudad fenicia. Ya no llegarán las riquezas de Egipto a la Tiro considerada “emporio de las naciones”. Tiro había nacido gracias a Sidón, pero ahora sucumbía. Los egipcios también lamentarían la caída de la gran Tiro. Sidón y Tiro eran dos grandes ciudades fenicias, la primera fue la ciudad madre más luego fue superada por la rica y orgullosa hija. 

Esta primera parte de la profecía es el lamento de los marinos, comerciantes y todos los que disfrutaban del poder comercial del puerto de Tiro, por su destrucción. Esto afectaría a la ciudad como a los países que comerciaban con ella, como Egipto. 

Isaías anuncia un juicio venidero contra Tiro, el que traerá dolor y vergüenza a todos los que usufructuaban de sus riquezas. La reacción que tenga una persona frente al juicio de Dios dependerá de su grado de fe y madurez. Algunos podrán sentirse adoloridos por las pérdidas materiales pero no avergonzarse de su comportamiento; otros, quizás los menos, reaccionarán con dolor de arrepentimiento y decidirán tomar un rumbo distinto en sus vidas; pero también habrá quienes se molesten con el enemigo, las circunstancias de la vida, Dios en caso de que sean creyentes y endurezcan aún más sus corazones. La conducta correcta ante el juicio Divino debe ser la de acatamiento, arrepentimiento y sumisión a Él y Su voluntad. El juicio puede ser una circunstancia dolorosa (muerte del cónyuge, alejamiento de un hijo, pérdida del trabajo, enfermedad grave, una catástrofe, etc.) para quien está alejado de Dios o en rebeldía. La solución es la conversión, el camino de regreso a Dios, el cambio absoluto de actitud: 

“13 Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; / 14 si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. / 15 Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar; / 16 porque ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre.” (2 Crónicas 7:13-16)

 

De "Isaías, el Profeta Mesiánico", capítulo 23 (I Parte)

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