lunes, diciembre 09, 2019

RECONOZCAMOS AL NACIDO DE DIOS.

EPÍSTOLAS DE SAN JUAN
LECCIÓN 12

 
© Pastor Iván Tapia 

Lectura bíblica: “9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. / 10 En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.” (1 Juan 3:9,10) 

Idea central: Actuación del nacido de Dios. 

Objetivos: a) Aprender a discernir quiénes son verdaderos nacidos de Dios”; b) Discernir si somos realmente nacidos de Dios; c) Aprender las dos formas que presenta San Juan para reconocer a los nacidos de Dios; d) Comprender el significado de practicar el pecado y pecar eventualmente; e) Comprender y aplicar el concepto de justicia bíblica; y f) Desarrollar el amor en todas sus implicancias, en la relación con hermanos y prójimos. 

Resumen: El apóstol Juan nos presenta en esta lección dos formas de identificar e identificarnos los “nacidos de Dios”: La práctica del pecado y la práctica de la justicia y el amor.

 

E
n el tercer capítulo de esta primera epístola de San Juan hemos aprendido, entre otras cosas, que: El pecado es infracción de la ley; Jesucristo apareció para quitar nuestros pecados; el que “permanece” en Jesucristo no peca; que el diablo apareció para robar, matar y destruir al hombre; y que Jesucristo apareció para deshacer las obras del diablo. 

Tal vez estos conceptos los tenemos todos los cristianos pero, por algún motivo, el Espíritu Santo quiere recordárnoslos. Quizás somos de mala memoria o no les damos importancia, o no los hemos puesto por obra, y necesitamos que se nos repita. Dos conceptos más, muy relacionados con los anteriores, nos plantea el apóstol Juan en los versos siguientes.
 

¿Cómo reconocemos al nacido de Dios? 

1.      El nacido de Dios no practica el pecado.
“9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.” (1 Juan 3:9) 

a)      Nacer de Dios.
¿Ha nacido usted de Dios? Esta fue en otras palabras la pregunta que Jesús hizo a Nicodemo, un maestro de la Ley. Nosotros nos consideramos muchas veces entendidos en la Escritura y las cosas de Dios. Si viniese un gran maestro a preguntarnos ¿Ha nacido usted de Dios? probablemente nos ofenderíamos. Una vez un hermano mayor me dijo: Siendo tú un profesor ¿No sabes estas cosas? Hirió mi orgullo. Con toda sinceridad preguntémonos ¿He nacido de Dios o es tan sólo una idea mía, algo que me agradaría experimentar?, ¿He nacido de nuevo? 

b)      Practicar el pecado.
Una cosa es pecar a veces porque nos ha faltado el dominio propio, porque hemos perdido los estribos, porque fue más grande la tentación que el mandamiento, porque nos faltó fe o amor; otra cosa es pecar porque desconocemos el mandamiento de Dios, porque nuestra vida no la preside el Señor o porque nos es indiferente pecar o no pecar. El primero es el creyente que a veces cae en pecado; el segundo es el no creyente, para el cual esta palabra ni siquiera está en su diccionario. El primero tiene temor de Dios y no quiere pecar, el segundo tiene el pecado como práctica. La práctica del ladrón es robar, el que no es ladrón quizás a veces robe una fruta en el mercado, tentado por su color y aroma, pero no será su práctica diaria asaltar comercios. ¿Es usted de los que practican el pecado o lo hace sólo a veces, cediendo a la tentación? 

c)      La simiente de Dios.
La simiente o semilla que ha sido plantada en nuestra mente es la Palabra de Dios; la simiente plantada en nuestro corazón es la fe en Jesús; la simiente que ha sido plantada en nuestro espíritu es el Espíritu Santo, Dios mismo viviendo en nosotros. Desde el día que escuchamos el Evangelio, creímos en el sacrificio de Jesucristo en la cruz, nos arrepentimos y entregamos la vida a Dios, tenemos Su simiente en nosotros. Esa semilla necesariamente ha crecido y producido frutos. ¿Tiene usted la simiente de Dios en su interior? He conocido cristianos que pareciera que tienen otra simiente, que adoran a otros dioses o diosas, que van tras otros derroteros y no los que señala el Evangelio, cristianos que no reflejan en sus vidas al que sembró Su semilla en ellos. Son como ovejas negras o hijastros de Dios.  

d)      Permanencia de la simiente.
“23 siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” (1 Pedro 1:23) 

Podemos tener tal semilla pero esta secarse, podrirse, ser comida por algún ave, pisoteada, no brotar jamás ni llegar a crecer transformada en un arbolito que de buenos frutos. Es muy importante que la simiente o semilla de Dios permanezca en nosotros. La permanencia, persistencia, perseverancia de la fe, la Palabra y el Espíritu son un requisito imprescindible para el desarrollo de una vida cristiana auténtica y fructífera. Si usted se aburre de leer y escuchar la Biblia, si usted se cansa de orar y ya no insiste, si usted ya no desea tanto adorar a Dios ni hacer vida devocional, si usted prefiere disfrutar las cosas del mundo y no las de la Iglesia, si ya no quiere luchar contra el pecado ni hablar a otros de Cristo; una luz de alerta se ha encendido en su vida espiritual, algo anda mal en su alma y espíritu. ¿Es que la simiente de Dios ya no permanece en usted?  

e)      El nacido de Dios no peca.
Este es el resultado de los cuatro conceptos anteriores: Si usted ha nacido de Dios, si usted no tiene como práctica el pecado, si en usted vive la simiente Divina y permanece en ella, entonces usted no pecará. Quien sigue a Jesús querrá siempre hacer Su voluntad, actuar en concordancia con Sus principios, no tendrá como práctica hacer lo que al Padre desagrada y cuando por debilidad caiga en ello, se dolerá y pedirá perdón, como también fortaleza y templanza para no volver a caer.
 

2.      El nacido de Dios practica la justicia y ama a su hermano.
“10 En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.”  (1 Juan 3:10) 

a)      Hijos de Dios.
Las personas no familiarizadas con la Biblia dicen que todos somos hijos de Dios, pero la Escritura, específicamente el Evangelio de San Juan, señala que son hijos de Dios aquellos que han nacido de nuevo. Ser hijo de Dios es un gran privilegio del que ha reconocido ser pecador y entregó su vida a Jesucristo. He aquí una gran diferencia entre ser hijo de Dios y ser sólo una criatura de Dios. Más esto no ha de ser motivo de vanidad ni de prepotencia espiritual, sino más bien de humildad y agradecimiento. Somos hijos de Dios sólo por Su gran misericordia. 

b)      Hijos del diablo.
Así llamó Jesús a aquellos judíos que lo rechazaron y actuaban en forma hipócrita. Toda persona que acoge las sugerencias de las tinieblas, que no hace la voluntad de Dios, que se mofa de la fe, en fin que no vive bajo la autoridad del Reino de Dios, puede ser llamada hija del diablo, no porque haya sido creada por Satanás sino porque obedece a su espíritu. Tal vez la persona no crea en el diablo ni haya hecho algún pacto con él, pero es movida por su rebelión e incredulidad, y eso la hace estar bajo su paternidad diabólica. Los hijos del diablo necesitan conocer a Jesús para liberarse de las tinieblas. 

c)      Hacer justicia.
Actuar correctamente, como le agrada a Dios, reconocer a Jesucristo como Salvador y Señor, es hacer justicia. Sólo el justo hace justicia. La justicia, desde el punto de vista bíblico, es un atributo de Dios que mantiene lo que es coherente con Su propio carácter. En el hombre es lo opuesto a pecado. Dios reveló Su justicia en Jesucristo, castigando al pecado en Él. Ésta es revelada en el Evangelio. La fe nos es contada como justicia, aparte de las obras. Al conocer la justicia de Dios somos transformados en siervos de justicia. El lino fino del vestido de los cristianos y la Esposa del Cordero, en Apocalipsis, representa “las acciones justas de los santos” (Apocalipsis 19:8) Hacer justicia es actuar acordes a la voluntad de Dios. 

d)      Amar al hermano.
El amor fraternal, el amor al hermano en Cristo, es un distintivo del creyente. Sin embargo, al mirar nuestra realidad como Iglesia, vemos rencillas, murmuraciones, críticas hostiles, divisiones, partidismos. Es que aún hay mucho de carnal en nosotros. El cristiano ama a sus hermanos con un amor paciente, esperando que el hermano alcance un desarrollo mayor, incluso ayudándole en ello; un amor bondadoso que se conduele de los problemas del hermano y no lo juzga ni condena; un amor humilde, que no se cree superior a él ni se ubica en una posición de maestro; un amor que trata con delicadeza, para no herir ni destruir, sino para edificar; en fin un amor compasivo, misericordioso, el amor de Jesús. ¿Está practicando usted ese amor con los hermanos de su congregación? Después podrá hacerlo con los de otras iglesias y luego con todos los hombres. 

e)      El nacido de Dios es justo y ama al hermano.
Nuevamente cuatro conceptos nos muestran la voluntad de Dios. Somos hijos de Dios, Él es nuestro Padre, ya no somos hijos de la rebelión, del diablo. Por tanto buscamos siempre la justicia, hacer a cada minuto lo que a Dios, el justo, agrada. Y Su mayor deseo es que nos amemos unos a otros. El nacido de Dios es justo y ama al hermano: 

“34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. / 35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” (San Juan 13:34,35) 

“12 Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. / 13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” (San Juan 15:12,13)
 

CONCLUSIÓN.
Necesitamos reconocer al “nacido de Dios”, es decir aquella persona que ha nacido de nuevo y ahora vive en Cristo en el Reino de Dios. El primero o primera que debemos discernir somos nosotros mismos. ¿Soy, de acuerdo a los parámetros de Dios, un “nacido de Dios”? En estos versículos, el apóstol Juan nos presenta dos formas de reconocernos como “nacidos de Dios”: 1) El nacido de Dios no practica el pecado, aunque a veces caiga en tentación no es su manera natural de vivir, en pecado; y 2) El nacido de Dios practica la justicia y ama a su hermano, porque Dios es justo y amoroso, teniendo nosotros Su Espíritu, actuaremos de igual manera.
 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:
1)      ¿Es usted, de acuerdo a los parámetros de Dios, un “nacido de Dios”?

2)      ¿Cómo reconoce usted a un “nacido de Dios”?

3)      ¿Cómo define San Juan el “pecado”?

4)      ¿Para qué apareció Jesucristo en la Historia?

5)      ¿Qué significa que el nacido de Dios no “practica” el pecado?

6)      ¿Está actualmente luchando contra la tentación o se ha dado por vencido/a?

7)      ¿Cuál es la manera propia de vivir del cristiano?

8)      ¿Cómo es un justo, de acuerdo a la Biblia?

9)      ¿Cómo se concreta el mandamiento de Jesús de amar al hermano?

10)  ¿Qué significa “permanecer en Jesucristo”?

11)  ¿Por qué el Espíritu Santo nos repite una y otra vez los mismos conceptos?

12)  ¿Por qué hay creyentes que adoran a otros dioses o diosas, que van tras otros derroteros y no los que señala el Evangelio, cristianos que no reflejan en sus vidas al que sembró Su semilla en ellos?

13)  ¿Qué significa que un cristiano ya no se congregue, se aburra de leer y escuchar la Biblia, este cansado de orar y ya no insista, que no desee tanto adorar a Dios ni hacer vida devocional?

 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.

·         Reina, Casiodoro de (1960) “La Santa Biblia” Estados Unidos: Broadman & Holman Publishers.

·         MacArthur, John. (2011) “Biblia de Estudio MacArthur” Estados Unidos: Thomas Nelson Inc. 

·         (1979) “Dios Habla Hoy, La Biblia Versión Popular” Sociedades Bíblicas Unidas.

·         (1960) “La Santa Biblia” Sociedades Bíblicas Unidas. Recuperado de: http://www.gentle.org/biblia/

·         “Nuevo Testamento, Edición Pastoral” Chile, Ediciones Mundo, 1974.

·         “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España” Disponible en: http://www.rae.es/

·         “Concordancia electrónica de la Biblia” Disponible en: http://www.miconcordancia.com/concordancia.php

·         Rizo Martínes, José L. “Diccionario Bíblico” Recuperado de: http://es.scribd.com/doc/50636670/Diccionario-Biblico-Jose-L-Rizo-Martinez#scribd

·         (1966, 1970, 1979, 1983, 1996) “Dios habla hoy” ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, Disponible en: https://www.biblegateway.com/versions/Dios-Habla-Hoy-DHH-Biblia/

·         https://es.wikipedia.org/

·         Pérez Millos, Samuel “Comentario Exegético Al Texto Griego del Nuevo Testamento – Hebreos”


·         https://www.biblegateway.com

domingo, diciembre 01, 2019

¿PARA QUÉ APARECIÓ JESUCRISTO? II PARTE

EPÍSTOLAS DE SAN JUAN
LECCIÓN 11
 

 

© Pastor Iván Tapia 

Lectura bíblica: “8 El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.”  (1 Juan 3:8) 

Idea central: Jesús apareció para deshacer las obras del diablo. 

Objetivos: a) Conocer los dos grandes personajes opuestos de la Biblia; b) Conocer la historia del mal y el bien en las figuras de Satanás y Jesucristo; c) Estar alertas a los engaños del Diablo; d) Conocer las características de nuestro adversario espiritual y precavernos contra ellas; e) Informarse de los inicios del “ser de luz” que se transformó en enemigo de Dios; f) Conocer los propósitos del Diablo al aparecer en nuestro planeta; g) Conocer y apreciar los propósitos de Jesucristo para con los cristianos y los hombres en general. 

Resumen: Esta enseñanza revela los propósitos de los dos personajes fundamentales de la Biblia –Satán y Jesús- al aparecer en nuestro planeta. Uno, constituido en enemigo de Dios, vino a destruir al Hombre y el otro, Hijo de Dios y Amigo del Hombre, vino a salvarlo.
 

L
a Biblia nos presenta una gran cantidad de personajes viviendo diversas historias, las que sirven para mostrarnos la voluntad de Dios para con el Hombre y cómo éste actúa frente a la Deidad. El mensaje de la Biblia está dirigido al ser humano, por lo que podríamos pensar que éste es el actor principal o protagonista de la historia bíblica. Pero en realidad no es así; Dios es el gran Protagonista, personificado en Jesucristo. Hay un actor secundario imprescindible en el relato de la Escritura, el enemigo de Dios, también enemigo de la Humanidad. Jesús y Satán son los dos personajes más importantes de la Biblia, confrontados en una lucha a muerte. Ambos luchan por apoderarse de nuestras almas, uno para nuestra destrucción y el Otro para nuestra salvación.
 

¿Para qué aparecieron el diablo y Jesús? 

1.      El diablo apareció para destruir al hombre.
“8 El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio...” (1 Juan 3:8a) 

Practicar el pecado es tener una disposición permanente a contradecir la voluntad de Dios. Los que viven en tinieblas practican el pecado, viven en desobediencia a toda autoridad superior: roban, matan, destruyen, mienten, desprecian, en fin no aman a Dios ni a su prójimo. Todas sus acciones se originan en la incredulidad y la rebelión. Están los que niegan la existencia de Dios y también están los que saben que hay un Dios pero no quieren obedecerle.  

Se inició una rebelión contra Dios en la Tierra cuando Adán prefirió creerle a la serpiente y no a Dios. Pero en verdad el inicio de la rebelión es muy anterior y su verdadero origen fue en los cielos. Había junto a Dios, en los cielos, un ser espiritual con características especiales, como lo cuenta el profeta: “11 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:” (Ezequiel 28:11) 

a)      “12 Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura.” (Ezequiel 28:12) Era un ser con poder similar al de un rey, perfecto, sabio y muy hermoso.  

b)      “13 En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación.” (Ezequiel 28:13) Poseía todas las riquezas del cielo, tal vez un administrador, además gustaba de la música, quizás dirigía la alabanza y la adoración en los cielos.  

c)      “14 Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas.” (Ezequiel 28:14) Era uno de los más altos seres espirituales, cercanos al Padre, un querubín. Poseen el don de ciencia en forma preponderante, en relación a todos los ángeles. El profeta tuvo una visión de los querubines como poseyendo cuatro caras y cuatro alas, es decir que podían ver y movilizarse hacia los cuatro puntos cardinales. Los querubines son los guardianes de la gloria de Dios, pero además se presentan en la visión, semejantes a un carruaje ya que al juntar como grupo sus alas forman una especie de carroza celestial: “9 Con las alas se juntaban el uno al otro. No se volvían cuando andaban, sino que cada uno caminaba derecho hacia adelante.” (Ezequiel 1:9) Su desplazamiento es muy veloz: “14 Y los seres vivientes corrían y volvían a semejanza de relámpagos.” (Ezequiel 1:14)

d)     “15 Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.” (Ezequiel 1:15) En todo había sido creado este querubín con tal perfección que llegó a ensoberbecerse.  

Aquí comienza un camino de descenso en santidad. Como a los humanos, eras antes, al principio de los tiempos, Dios había creado a los seres celestiales en sus diversos tipos, nueve según algunos teólogos: Querubines, serafines, tronos, dominios, principados, potestades, virtudes, arcángeles y ángeles. Y este querubín especial, por sus muchas responsabilidades, se envaneció y quiso ser como Dios: “16 A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector.” (Ezequiel 28:16). El querubín habitaba en medio de fuego sagrado encendido para adorar al Señor; ministraba en la solidez de las piedras preciosas del templo de Dios. Protegía los bienes del cielo, mas no lo valoró y quiso ser más: “17 Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti.” (Ezequiel 28:17) 

Ya que profanó el santuario de los cielos, Dios le quitó la bendición, el fuego del Espíritu, y lo puso en esta Tierra como testimonio y advertencia de iniquidad y desobediencia: “18 Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran. / 19 Todos los que te conocieron de entre los pueblos se maravillarán sobre ti; espanto serás, y para siempre dejarás de ser.” (Ezequiel 28:18,19) 

Este querubín se volvió orgulloso y se exaltó a sí mismo, naciendo en él un deseo de gobernar la creación. Anhelaba sentarse en el lugar de Cristo. Entonces susurró mentiras en los seres celestiales, hasta que tuvo de su lado a la tercera parte de los ejércitos celestiales. Su nombre era Luzbell, Lucifer o Lucero, ser de luz. Isaías habla de él así:  

“12 ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. / 13 Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; / 14 sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. / 15 Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo.” (Isaías 14:12-15) 

De este modo, este querubín llamado Lucifer, pasó a ser el “adversario” o “enemigo” de Dios, es decir Satanás. Llamamos a Luzbell en esta nueva condición de ser expulsado del cielo, como Satán o Satanás, el enemigo de Dios y, por tanto, también enemigo de todos los que amamos al Señor. Algunos escritos bíblicos se refieren a él como el “enemigo”: “38 El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.  / 39 El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles.” (San Mateo 13:38,39) 

Diablo significa “acusador” o “calumniador”. Las acusaciones que Satanás hace contra nosotros suelen ser falsas, como también sus insinuaciones; es el mentiroso por excelencia. Tal es así que Jesús le llama “padre de mentira”: “44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.” (San Juan 8:44) 

De modo que Lucifer o ángel de luz, Satanás o enemigo, el Diablo o acusador, pecó desde mucho antes que el Hombre, rebelándose contra Su Creador; fue expulsado del Cielo y vino a esta Tierra para tentar y hacernos caer, para que los seres humanos formáramos parte de ese ejército de criaturas en contra de Dios, en contra de Cristo. 

Sí, el Diablo peca desde el principio y vino a este mundo con el propósito de robar al hombre su estado de pureza y santidad que tenía en el Edén; para matarlo espiritualmente, haciéndolo pecar y alejándole de Dios; para destruirlo porque somos obra del Señor, como una forma de vengarse de Él. Jesús lo afirmó: “10 El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (San Juan 10:10)
 

2.      Jesucristo apareció para deshacer las obras del diablo.
 “8... Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.” (1 Juan 3:8b) 

El capítulo anterior nos señaló que Jesús apareció para quitar nuestros pecados. El capítulo actual agrega que Jesús apareció para deshacer las obras del Diablo. Este ser vino para robarnos, matarnos, destruirnos. Contra esta obra destructiva apareció Jesucristo en la Tierra, para:  

a)      Devolver al hombre su condición primera.
“29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” (Romanos 8:29) 

Cristo es el Hombre perfecto que devuelve a la raza descendiente de Adán la semejanza divina que el pecado deformó. Incluso es mejor el resultado ahora, los bienes heredados de Jesucristo son mayores y mejores que los de Adán, pues “20... cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Romanos 5:20). 

En Cristo hemos recuperado:

·         La posibilidad que tenía Adán de conversar abiertamente con el Padre.

·         La armonía con la creación, viendo en ella la mano del Creador y alabándole.

·         La pureza de Adán y Eva, perdonados y limpios de pecados tenemos comunión con Dios.

·         La pertenencia al Huerto de Edén, que ahora es el Reino de Dios, donde vivimos en fe y obediencia al Señor Jesucristo. 

b)      Dar la verdadera vida al hombre, la vida espiritual con Dios.
“1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1)

“4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, / 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2:4,5) 

Cristo por Su muerte y resurrección nos da la vida que viene de lo alto, una vida basada en el Amor de Dios. Los delitos y pecados nos tenían atrapados en la culpa y la desesperanza, mas al ser perdonados y limpios por Dios, experimentamos la libertad de los hijos de Dios: “21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.” (Romanos 8:21) 

Espiritualmente nos encontrábamos muertos para Dios, sin vida en el espíritu, mas al ser resucitados con Cristo, adquirimos Su vida, una vida superior a cualquier otra. Así como Él resucitó de entre los muertos, los cristianos nos levantamos de las aguas del bautismo teniendo una nueva vida. Esto es un regalo de Dios que agradeceremos por eternidad. 

c)      Restaurar y edificar al hombre con la Verdad.
“31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;  / 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. / 33 Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? / 34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. / 35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. / 36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. / 37 Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. / 38 Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.” (San Juan 8:31-38) 

Jesucristo nos llama a permanecer en Su Palabra, el Evangelio de nuestra salvación. Si lo hacemos, seremos considerados por Él Sus verdaderos discípulos, cristianos que creen y obedecen a Su mensaje. 

Conocer la Verdad no es tener una información de ella, la teoría del Evangelio, aprender de memoria la Biblia. No, conocer la Verdad es experimentarla, vivirla, hacerla carne en nosotros: “21 Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. / 22 Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” (Santiago 1:21,22)  

Si nos sometemos a Dios y Su Palabra, creyéndola realmente y poniéndola por obra, se producirá la verdadera renovación y transformación de la vida. Entonces esa Verdad nos hará libres: “1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. / 2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (Romanos 12:1,2) 

d)      Dar vida abundante al hombre.
“...yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” 

“17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, / 18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, / 19 y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.” (Efesios 3:17-19) 

La vida abundante es la vida cimentada en Cristo, una vida basada en el Amor de Dios. El Espíritu Santo es quien produce esta vida “abundante”. Es una vida fructífera, plena de frutos: “43 No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. / 44 Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. / 45 El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” (San Lucas 6:43-45) 

Hay diversidad de frutos: 

·         Las virtudes de Jesucristo o frutos del Espíritu en la persona. “22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, / 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” (Gálatas 5:22,23) 

·         Las buenas obras, acciones que dan un buen testimonio de Jesucristo en la vida de la persona; no sólo obras de misericordia, sino toda acción, por muy insignificante que parezca, que da cuenta de la obediencia y fidelidad a Dios. “10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2:10) 

·         Los hijos espirituales, personas que son beneficiadas espiritualmente por la acción del cristiano. “14 No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos amados. / 15 Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio. / 16 Por tanto, os ruego que me imitéis. / 17 Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias.” (1 Corintios 4:14-17) No es necesario ser un apóstol, ni siquiera un líder, para ejercer esta función paternal y dar buenos frutos; el ejemplo siempre será el mejor medio de transmitir la fe de Jesucristo. 

CONCLUSIÓN.
En la historia de la salvación hay dos personajes opuestos, uno representa el mal y otro el bien: Satanás y Jesucristo. El Diablo (engañador), Satanás (adversario), Lucifer (querubín, ser de luz) apareció en este planeta para destruir al hombre, creación de Dios. Jesucristo, el Hijo de Dios, Mesías / Cristo / Salvador, apareció en este planeta para deshacer las obras del diablo. El Diablo vino para hurtar, matar y destruir; mas Jesucristo vino para salvar al pecador y darle vida abundante.
 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:
1)      ¿Qué personajes bíblicos le causan mayor simpatía?
2)      ¿Cuál relato bíblico es para usted el más motivador?
3)      ¿Cuál parábola de Jesús ha hablado más profundamente a su vida?
4)      ¿Qué historia bíblica expresa a su juicio con más claridad la voluntad de Dios?
5)      ¿Cómo es la conducta del Hombre hoy día frente a la Deidad?
6)      ¿Cuál es el actor principal de la historia bíblica?
7)      ¿Cómo se personifica Dios en la Biblia?
8)      ¿Cómo se llama al adversario, mentiroso y ser de luz en la Escritura?
9)      ¿Por qué luchan Jesús y Satán, cuáles son sus propósitos?
10)  ¿Cómo podemos definir el mal, desde el punto de vista bíblico?
11)  ¿En qué circunstancias puede aparecer el reino de tinieblas en nuestra vida?
12)  ¿Para qué apareció Jesucristo en este planeta, según esta enseñanza?
13)  ¿Si el Diablo vino para hurtar, matar y destruir; para qué vino Jesucristo a su vida?
 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.
·         Reina, Casiodoro de (1960) “La Santa Biblia” Estados Unidos: Broadman & Holman Publishers.
 
·         MacArthur, John. (2011) “Biblia de Estudio MacArthur” Estados Unidos: Thomas Nelson Inc. 
 
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