domingo, abril 29, 2018

REDIMIDOS POR CRISTO.


HEBREOS COMENTADO
LECCIÓN 9 
© Pastor Iván Tapia Contardo

 
Lectura bíblica: “11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, / 12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.”  (Hebreos 9:11,12) 

Palabra clave del capítulo: REDENCIÓN. 

Idea central: La redención del pecador. 

Objetivos: a) Comprender y practicar el concepto bíblico de redención que nos transmite el libro de Hebreos; b) Comprender que la redención se encuentra en el Tabernáculo de Dios; c) Comprender y valorar que la redención implica expiación, que sin “purgar” el pecado con un sacrificio sangriento no hay liberación del pecado; d) Comprender que la redención perfecta está en el Nuevo Pacto; e) Comprender que la redención es producto de un sacrificio de sangre; f) Comprender que la redención nos limpia de pecado, transformándonos en “santos” en permanente “santificación” por el Espíritu Santo; y g) Motivarse a vivir bajo el régimen de la Gracia, abandonando el régimen de la Ley del Antiguo Pacto. 

Resumen: Desde el momento que Jesucristo entregó Su vida como Cordero de Dios en rescate de los pecadores, se abre un nuevo período en la Historia de la Redención, que es el período de la Gracia, en que todo pecador, consciente de su pecado y arrepentido de él, pide perdón a Dios y acepta el sacrificio de la cruz para salvación de su alma. La redención es la compra y liberación del alma cautiva en las tinieblas, por parte de Jesucristo, nuestro Redentor.
 

R
edención significa “liberado o devuelto mediante el pago de un rescate”. Dios, luego de hacer juicio sobre los hijos primogénitos de los egipcios, reclamó los primogénitos de los hebreos para Su servicio: “1 Jehová habló a Moisés, diciendo: / 2 Conságrame todo primogénito. Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales, mío es.”  (Éxodo 13:1,2). Después los reemplazó por los levitas: “5 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: / 6 Haz que se acerque la tribu de Leví, y hazla estar delante del sacerdote Aarón, para que le sirvan, / 7 y desempeñen el encargo de él, y el encargo de toda la congregación delante del tabernáculo de reunión para servir en el ministerio del tabernáculo” (Números 3:5 

Los israelitas fueron redimidos o liberados por el Dios Todopoderoso, del yugo egipcio. Luego la acción redentora se traslada a la redención de la persona, extraviada a causa del pecado. El hombre no puede dar a Dios rescate por su hermano, pues la redención del alma es de gran precio y jamás lo lograremos por nuestros medios, pues el precio de una vida es sumamente alto. 

Cristo ha redimido a los creyentes pagando con Su vida, el rescate de sus almas, para que seamos declarados libres de pecado e hijos de Dios.  

¿Qué nos enseña Hebreos acerca de la redención? 

1.      La redención se encuentra en el Tabernáculo de Dios.

“1 Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal. / 2 Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición. / 3 Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, / 4 el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto; / 5 y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle.”  (Hebreos 9:1-5) 

En el Antiguo Pacto, es decir la alianza que Dios estableció con Su pueblo, teniendo a Moisés como mediador, había un sistema de culto claramente ordenado por Jehová y un santuario, que era el Tabernáculo, primero móvil, en el desierto, cuando los hebreos eran nómades y luego en el Templo de Salomón, cuando ya se establecieron en un lugar. 

Tres partes se distinguían en el Tabernáculo:  

a)      El Atrio, donde se ubicaba el pueblo para adorar y para solicitar favores de Dios, por medio de sacrificios y peticiones a los sacerdotes y levitas. Se accedía al Lugar Santo por una puerta de cinco columnas de madera de acacia rematadas en oro y bases de bronce. 

b)      El Lugar Santo, de 9 por 6 metros, al que sólo tenían acceso los sacerdotes y levitas, y donde se encontraban los objetos sagrados. A mano derecha estaba la mesa con los doce panes de la proposición (las 12 tribus); en frente de ella, el candelero de siete brazos o menorá (los 7 dones del Espíritu);  y al lado del velo que lo separaba del Lugar Santísimo, estaba el altar del incienso (las oraciones de los santos).  

c)      El Lugar Santísimo era la cámara interior de la “morada de Dios”, corazón de ella. De 6 por 6 metros, estaba separado del Lugar Santo por un velo y en él se encontraba el objeto más importante del Tabernáculo: el arca del pacto con su propiciatorio, lámina cuadrada de oro que le servía como tapa (el misterio de la fe). Además se encontraba en el Lugar Santísimo un incensario de oro. Dentro del Arca se guardaban: el maná (pan del cielo), la vara de Aarón que reverdeció (símbolo del sacerdocio), y las tablas del pacto (Ley de Dios). 

En este orden se puede ver una clara demarcación de los territorios: a) El pueblo tenía acceso sólo al Atrio; b) El Lugar Santo era sólo para sacerdotes y levitas; y c) El Lugar Santísimo era ocupado, con temor y temblor, nada más que por el Sumo Sacerdote. Hay un concepto de extrema “santidad”, es decir separación de lo “profano”. Acercarse a la Santidad de Dios no es algo fácil para el pueblo del Antiguo Pacto, el pueblo que vive bajo la Ley. Por tal motivo, para limpiarse del pecado humano, toda persona debe presentar sacrificios de sangre para alcanzar el perdón divino: “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.” (Hebreos 9:22)

La redención se encuentra en el Tabernáculo de Dios. Para los hebreos significaba el cumplimiento de una serie de rituales en que el sacrificio de un animal les limpiaba de pecado. Para los cristianos la cruz es el Tabernáculo sobre el cual se ejecutó el más grande sacrificio, el del Hijo de Dios e Hijo del Hombre, Jesucristo, para nuestra liberación.
 

2.      La redención implica expiación.

“6 Y así dispuestas estas cosas, en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto; / 7 pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo; / 8 dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie. / 9 Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto, / 10 ya que consiste sólo de comidas y bebidas, de diversas abluciones, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas.” (Hebreos 9:6-10) 

La única forma de que el Sumo Sacerdote pueda entrar en el Lugar Santísimo es habiendo hecho antes un sacrificio de sangre. Lo hace una vez al año, el Día de la Expiación, cuando ingresa al Lugar Santísimo para efectuar la ceremonia más importante de todas. Dos elementos destacan aquí: 1) El arca del pacto, que representa la santidad de Dios, opuesta al pecado humano; y 2) Los querubines de oro sobre el propiciatorio, que recuerdan la gloria eterna de Dios, opuesta a la mortalidad humana. Pero Dios reconcilia al ser humano Consigo por medio de la “expiación”.  

¿Qué es la expiación? Deriva de la palabra “expiar”, que tiene dos significados: 1) Sufrir un castigo por haber cometido una falta, delito o culpa, sinónimo de purgar; 2) Purificar una cosa profanada. En el contexto bíblico, el castigo del pecado lo expía o purga un animal sacrificado en el Antiguo Pacto, o Jesucristo, “Cordero de Dios”, en el Nuevo Pacto. El hombre fue profanado por las tinieblas y el pecado, mas Jesús lo purifica al morir por él y éste creer en ese sacrificio expiatorio.  

Una vez al año el pueblo se humillaba ante Dios para la expiación de sus pecados. Ese día el sumo sacerdote ofrecía sacrificios para: a) Purificación del santuario; b) Purificación de los sacerdotes; y c) Purificación de la nación. Así lo plantea la Escritura: “26 También habló Jehová a Moisés, diciendo: / 27 A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová. / 28 Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios. / 29 Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo. / 30 Y cualquiera persona que hiciere trabajo alguno en este día, yo destruiré a la tal persona de entre su pueblo. / 31 Ningún trabajo haréis; estatuto perpetuo es por vuestras generaciones en dondequiera que habitéis. / 32 Día de reposo será a vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando a los nueve días del mes en la tarde; de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo.” (Levítico 23:26-32) 

Se guardaba el décimo día del séptimo mes por la suspensión de los trabajos diarios, por una santa convocación y por ayuno. Sólo este día entraba el Sumo Sacerdote en el Lugar Santísimo vestido de lino blanco y quemaba incienso para que el humo cubriera el propiciatorio. En seguida rociaba sobre y debajo de él la sangre del novillo que había ofrecido por sus pecados y los de los sacerdotes. Después volvía a entrar con la víctima ofrecida por los pecados de la nación y con la sangre rociaba el velo. Por medio de ritos semejantes hacía expiación por el Lugar Santo y el altar de los sacrificios (la cruz en el Nuevo Pacto). 

La entrada del Sumo Sacerdote en el Lugar Santísimo, después de realizar el sacrificio de un animal, simboliza la entrada de Jesucristo, el Gran Sumo Sacerdote, Mediador del Pacto de Gracia, una vez y para siempre en los cielos, habiendo adquirido para nosotros la salvación, el perdón de los pecados y la justificación del pecador, haciendo inútiles los sacrificios de expiación de la Ley. 

La redención implica expiación. Sin “purgar” el pecado con un sacrificio sangriento no hay liberación del pecado y la autoridad de las tinieblas. Necesitamos la expiación para que haya redención.
 

3.      La redención perfecta está en el Nuevo Pacto.

“11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, / 12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. / 13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, / 14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:11-14) 

Aquí se nos presenta un Tabernáculo superior, más amplio y perfecto, el cual no pertenece a esta realidad en que vivimos. El Sumo Sacerdote de ese Tabernáculo es Jesucristo, quien se ganó ese oficio no sacrificando animales sino Su propia vida. Así entró en el Lugar Santísimo eterno (el Cielo), redimiendo a todos los pecadores arrepentidos. Él se ofreció a Sí mismo mediante el Espíritu Santo y es absolutamente capaz de limpiar las conciencias de todo pecado, superior a cualquier sacrificio humano. 

Si comparamos la acción de los Sumos Sacerdotes del Antiguo Pacto con la de Jesucristo, Sumo Sacerdote del Nuevo Pacto, podemos verificar que este último tiene mayor efectividad y nos liberta para eternidad: 

El Sumo Sacerdote del Antiguo Pacto
El Sumo Sacerdote del Nuevo Pacto
·         Es Sumo Sacerdote humano y pecador.
·         Es hijo de hombre.
·         Oficia en un Tabernáculo hecho de manos humanas.
·         Hace sacrificios de sangre de animales.
·         Entra cada año en el Lugar Santísimo.
·         Obtiene redención temporal.
·         Santifica para la purificación de la carne.
·         Es Cristo, Sumo Sacerdote Divino y Santo.
·         Es el Unigénito Hijo de Dios.
·         Oficia en un Tabernáculo eterno no hecho de manos.
·         Sacrifica Su propia vida.
·         Entró una vez y para siempre en el Lugar Santísimo.
·         Obtiene redención eterna.
·         Santifica para la purificación de la conciencia.
 

La redención perfecta está en el Nuevo Pacto. El Antiguo no logró la profundidad y eficacia del sacrificio perfecto de Jesucristo, Cordero de Dios. Por ello, hemos de servir a Dios en la dinámica de la Gracia del Nuevo Pacto y no de la Ley del Antiguo Pacto.
 

4.      La redención es producto de un sacrificio de sangre.

 “15 Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. / 16 Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. / 17 Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. / 18 De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. / 19 Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, / 20 diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. / 21 Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. / 22 Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.” (Hebreos 9:15-22) 

Si Moisés fue el mediador del Antiguo Pacto, Jesucristo es el Mediador del Nuevo Pacto. El Antiguo Pacto es un pacto basado en el cumplimiento de la Ley por cada ser humano, el Nuevo Pacto es un pacto basado en: a) El cumplimiento de la Ley por Jesucristo, siendo Él Santo; b) El sacrificio de Jesucristo en la cruz por nuestros pecados;  y c) La fe en el sacrificio redentor de Jesús. 

Hoy los cristianos podemos disfrutar de una herencia eterna: La salvación eterna de nuestras almas para ir a vivir al Cielo con Dios y disfrutar de Su presencia para siempre. Esa herencia y todas las promesas de Dios, forman un “testamento”. Para que nosotros pudiésemos disfrutar de los beneficios de ese testamento era necesario que el Testador muriera. Si Jesucristo no hubiese muerto en la cruz, si no hubiese derramado Su sangre, jamás habríamos podido disfrutar de Su herencia. Es ley de la vida que para ser purificados de la contaminación del pecado, alguien tiene que morir. En el Antiguo Pacto lo hacían animales, en el Nuevo Pacto un Hombre, Jesucristo.  

Si alguien peca contra un prójimo, por ejemplo calumniándole y manchando su honra, esa persona está en pecado y debe limpiarse de tal contaminación de muerte. Para hacerlo sólo tiene una opción: a) Reconocer que ha pecado; b) Pedir perdón a Dios; y c) Que Alguien (Jesucristo) derrame su sangre por ella. Sólo así será limpiada de pecado. 

Algunas sectas aplican equivocadamente esta lógica y derraman sangre inocente de animales o bebés. El error está en que ese sacrificio no lo hacen a Dios sino a Satanás, aunque ellos digan que se relacionan con santos, ángeles o dioses buenos. 

La época de los sacrificios cruentos de animales y personas ya pasó. Desde el momento en que el Hijo de Dios entregó Su vida en sacrificio perfecto, como Cordero sin mancha, ya no es necesario otro sacrificio. 

La redención es producto de un sacrificio de sangre. Sin sacrificio de sangre no hay redención. Era necesario que Cristo nos comprara con Su vida para ser propiedad Suya. Como se compraba a un esclavo para luego liberarlo, así lo hizo el Señor. Hoy día somos “libertos” de Dios, esclavos del Señor.
 

5.      La redención nos limpia de pecado.

“23 Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. / 24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; / 25 y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. / 26 De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. / 27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, / 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.” (Hebreos 9:23-28) 

El Salvador entró en el Cielo habiendo vencido a Satanás y al Reino de Tinieblas. Jesucristo, como Hijo del Hombre, se presentó ante el Padre en representación nuestra. Ya no es necesario que Él siga ofreciéndose, como lo hacían continuamente los sacerdotes del Antiguo Pacto. Sería un error pensar que Jesús muere en la cruz cada vez que lo invocamos, que oramos por alguien, que celebramos la Santa Cena o el Bautismo, ya que Él entregó Su vida una vez y para siempre.  

Así Jesús hizo una obra perfecta y quitó el pecado y la condenación que había entre nosotros y el Padre. Así como los seres humanos morimos y somos juzgados una sola vez, Jesucristo murió en sacrificio por nosotros una sola vez. De este modo nos salva y lleva al Cielo a vivir eternamente con el Padre. 

Cuando Jesús vino por primera vez a la Tierra lo hizo para vencer al pecado, pero cuando venga por segunda vez lo hará para llevarse a los que le esperamos.  

La redención nos limpia de pecado. Podemos considerarnos “santos” porque hemos sido rescatados por Dios de las tinieblas y apartados para Él y Su Reino. Podemos considerarnos en permanente “santificación” porque el Espíritu Santo opera un proceso constante de limpieza y descontaminación en nuestras almas, gracias a la redención.

 

CONCLUSIÓN.

El capítulo 9 del libro de Hebreos nos enseña acerca de la redención lo siguiente:

1)      La redención se encuentra en el Tabernáculo de Dios. Para los hebreos significaba el sacrificio de un animal, para los cristianos la cruz es el Tabernáculo sobre el cual se ejecutó el sacrificio del Hijo de Dios, para nuestra liberación.

2)      La redención implica expiación. Sin “purgar” el pecado con un sacrificio sangriento no hay liberación del pecado y las tinieblas.

3)      La redención perfecta está en el Nuevo Pacto. El Antiguo no logró la profundidad y eficacia del sacrificio perfecto del Cordero de Dios.

4)      La redención es producto de un sacrificio de sangre. Era necesario que Cristo nos comprara con Su sangre para ser Su propiedad.

5)      La redención nos limpia de pecado. Somos “santos” apartados para Dios y Su Reino, en permanente “santificación” por el Espíritu Santo, gracias a la redención.

 

 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Tiene algún ritual espiritual que es de su mayor agrado?

2)      ¿Qué relación hay entre la cruz y el Tabernáculo?

3)      ¿Cómo entiende usted los conceptos de redención y expiación?

4)      ¿Por qué la redención perfecta está en el Nuevo Pacto y no en el Antiguo?

5)      ¿Qué aporta la Gracia en la relación con Dios, en comparación a la Ley?

6)      ¿Qué significa que somos “libertos” de Dios?

7)      ¿Por qué la Biblia llama “santos” a los creyentes?

8)      ¿Es siempre necesario un sacrificio de sangre para la redención del pecador?

9)      ¿Qué simbolizan estos objetos sagrados: a) La mesa con los doce panes de la proposición; b) El candelero de siete brazos o menorá;  c) El altar del incienso; d) El arca del pacto; e) El maná; f) La vara de Aarón que reverdeció; y g) Las tablas del pacto?

10)  ¿Cómo se expía o purga el pecado y la culpa en los contextos bíblicos del Antiguo y Nuevo Pacto?

11)  ¿Cuál es el error de las sectas que hacen sacrificios de animales o bebés, dedicados a santos, ángeles o dioses?

12)  ¿Muere Jesús en la cruz cada vez que lo invocamos, que oramos por alguien, que celebramos la Santa Cena o el Bautismo?

13)  ¿Qué opina usted de las acciones hechas como sacrificios?

14)   ¿Quiénes fueron los mediadores del Antiguo Pacto y Nuevo Pacto?

 

 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.

·         Reina, Casiodoro de (1960). “La Santa Biblia” Estados Unidos: Broadman & Holman Publishers.
·         MacArthur, John. (2011). “Biblia de Estudio MacArthur” Estados Unidos: Thomas Nelson Inc. 
·         (1979). “Dios Habla Hoy, La Biblia Versión Popular” Sociedades Bíblicas Unidas.
·         (1960). “La Santa Biblia” Sociedades Bíblicas Unidas. Recuperado de: http://www.gentle.org/biblia/
·         “Nuevo Testamento, Edición Pastoral” Chile, Ediciones Mundo, 1974.
·         “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España” Disponible en: http://www.rae.es/
·         Concordancia electrónica de la Biblia” Disponible en: http://www.miconcordancia.com/concordancia.php
·         Rizo Martínes, José L. “Diccionario Bíblico” Recuperado de: http://es.scribd.com/doc/50636670/Diccionario-Biblico-Jose-L-Rizo-Martinez#scribd
·         (1966, 1970, 1979, 1983, 1996) Dios habla hoy” ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, Disponible en: https://www.biblegateway.com/versions/Dios-Habla-Hoy-DHH-Biblia/
·         “El Lugar Santo” http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=tabernaculosanto

domingo, marzo 04, 2018

LA HUMILDAD DE JESÚS.

AMIGOS DE JESÚS
Enseñanza 21

 
© Maestra Elena Montaner 

“... el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece” 
1 Corintios 13:4 

La envidia es el sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene o desearía tener para sí sola algo que otra posee. Es el pecado consistente en la tristeza por el bien ajeno en cuanto que rebaja nuestra gloria y excelencia. De la envidia proceden el odio, la murmuración, la difamación, el gozo en las adversidades del prójimo y la tristeza en su prosperidad.  

A la envidia se opone la humildad, virtud que consiste en conocer las propias limitaciones y debilidades y actuar de acuerdo a tal conocimiento. El término proviene del vocablo latino humilitas. 

Humildad es sumisión, rendimiento. Si soy humilde me rindo a Dios, acato su Palabra, creo a lo que Él me dice y obedezco. La palabra "humildad" viene de humus, humi, que significa "tierra". La persona humilde es la que clava los ojos en el suelo, demostrando docilidad y abnegación.  

Lo contrario de la humildad es el orgullo, estar hinchados de amor propio y vanidad. Orgullo deriva de orgao, que significa estar hinchado. Los orgullosos son unos inflatos, decía Agustín de Hipona. "El orgullo es uno de los muchos harapos con que cubren sus llagas la soberbia y el egoísmo" (Roque Barcia). 

Ser humilde es también tener una justa apreciación de sí mismo, no tener un mayor concepto de lo que se es; es tener el sentir que tuvo Jesús.

“Yo les he puesto el modelo, que, así como yo hice con ustedes, ustedes también deben hacerlo.” (Juan 13:15 

“Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová (Proverbios 22:4) 

Dicho lo anterior, podemos exponer algunos aspectos de la Humildad del Señor Jesús: 

  1. Su encarnación:
Dice la Escritura en  Juan 1: 1, 14: "En el principio de todas las cosas era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios…(verso 14)Aquella Palabra se hizo hombre, y como hombre vivió entre nosotros con plenitud de gracia y de verdad. Y fuimos testigos de su gloria, la gloria que pertenece al Hijo único de Dios Padre." 

La Humildad llevada a un nivel sublime  por parte de Dios al hacerse hombre. Podemos ver a ese niño siendo Dios y Rey de todo el Universo naciendo no en cuna de oro sino en un establo, sin ninguna comodidad, en medio de corderos, vacas y asnos. Solo Dios en su inmenso Amor por el ser humano podía hacer este milagro, Amor en condición extrema de Humildad. 

Y Pese a ser perfecto, pasaría la primera etapa de su vida sujeto a padres humanos imperfectos ¡Qué humildad! 

2.     Obediente hasta morir:

Filipenses 2:6-8: “quien, siendo por naturaleza Dios, no trató de aferrarse al hecho de ser igual a Dios, /sino que se vació de sí mismo y se redujo a la condición de un esclavo haciéndose igual a los hombres. /Y en su calidad humana se humilló todavía más, pues se hizo obediente hasta la muerte, la ignominiosa muerte en la cruz.”

¿Quién de nosotros sería capaz de humillarse de esa manera? Se requiere una Humildad a toda prueba, una Humildad real, verdadera, no fingida. A veces decimos que debemos ser humildes y nos disponemos a hacerlo creyendo que es real en nosotros ¿cómo puede convivir la Humildad con el Orgullo al mismo tiempo, o con la soberbia?

Algunos piensan que los dones espirituales exaltan a la persona que los posee y por eso buscan desarrollarlos, pero lo cierto es que el que recibe dones espirituales tiene que humillarse más, crucificar más la carne y entregarse más a Dios. Dios no da dones espirituales para promover nuestras propias metas y aspiraciones, dice la palabra de Dios en 1 Pedro 5:6: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo.” 

3.     Jesús aceptó la Misión.

Imaginemos que nos llaman para cumplir una Misión que implica sacrificios diversos, dolores, sufrimiento, tristeza, etc. sin recibir nada a cambio sino solo dolor y martirio ¿estaríamos dispuestos? Y sobre todo ¿dispuestos a obedecer las instrucciones y mandatos que implica tal misión? Jesús lo hizo. Y como Dios y al mismo tiempo como Hijo unigénito de Dios aceptó la misión. ¿Por qué? Porque era humilde. Sabía que iba a ser torturado hasta morir en la cruz siendo inocente, pero lo que hizo fue asumir la culpa de todos  nosotros y recibir el castigo de muerte. Dice Jesús en Juan 6:38: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.”

De su palabra se desprende obviamente que para que obedezcamos la santa voluntad de Dios tenemos que pedir se nos otorgue Humildad. Ser humilde bajando la  cabeza, inclinándonos frente a Él y aceptando obedientemente su voluntad en nuestras vidas. Curiosamente esto no nos hace sufrir, sino que podemos aprender a obedecer con gozo, paciencia y mansedumbre. 

4.     Todo el reconocimiento era hacia su Padre.

Marcos 10:17,18.: “Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? /Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. 

Juan 7:15,16 “Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?  /Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.  

Durante toda su vida como hombre  Jesús demostró su total humildad. Él demostró esta virtud al dar siempre la alabanza y gloria a su Padre. Aunque a veces lo elogiaban por la sabiduría de sus palabras, el poder de sus milagros e incluso por la bondad de su carácter, Jesús se negó en todo momento a aceptar esa gloria y la dirigió a su Padre. 

5.     Tuvo un trato humilde con las personas:

Mateo 20:28 “…como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” 

Jesús manifestó humildad en el trato con otras personas. De hecho, dejó muy claro que no había venido a la Tierra para que le sirvieran, sino para servir Su trato amoroso y razonable demostraba lo humilde que era. Cuando sus discípulos le fallaron, no los regañó, sino que siguió esforzándose por llegarles al corazón El día que las multitudes le impidieron retirarse a descansar, no las despidió, sino que sacrificó su descanso y les enseñó “muchas cosas” como dice en Marcos 6:34 “Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.” 

6.     El lavado de pies en el Aposento Alto.

Juan 13:3-5 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, /se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. /Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.”

No es difícil imaginar la escena, la que ha sido reproducida en películas o en pinturas, vemos a Jesús inclinarse o arrodillarse frente a cada uno de sus discípulos para lavarles los pies. También imaginemos que llegamos de visita a un lugar y que el dueño de casa se inclina frente a nosotros y nos lava los pies...de seguro nos costaría  mucho aceptar, y menos hacerlo nosotros  a otros.

Jesús en esta acto no solamente les está enseñando a sus discípulos sino también a nosotros. No es que literalmente les lavemos los pies a las personas, sino es el acto de servicio al prójimo renunciando a nuestras propias comodidades. Les dijo lo siguiente: “Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. /Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. /De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. 
(Juan 13:12-16) 

  1. Un poco menor que los ángeles
Hebreos 2:9 dice que Jesús fue hecho un poco menor que los ángeles. Al momento de la encarnación de Dios, se encontró en una posición de sumisión/obediencia/sometimiento. Sabemos que los ángeles cuentan con más poder y habilidades mentales que los seres humanos, de ahí que Dios, al hacerse hombre, fue hecho un poco menor que ellos; esto es, no se encontraba ejerciendo Su Señorío sobre toda la creación en unión con el Padre y el Espíritu Santo. O sea, Dios, en la Persona de Jesús, estaba operando, caminando, hablando, viviendo y actuando como un simple hombre sujeto a la Ley.  

Son innumerables los actos de humildad de Jesús, que podemos verlos en la Biblia. La entrada a Jerusalén en un asno siendo Rey, el trato humilde para enseñar a sus discípulos, el trato humilde a todo tipo de personas, como aceptar comer con prostitutas, pescadores y cobradores de impuestos, etc. Es la perfecta Humildad, virtud que Dios quiere que tengamos. 

Conclusiones: 

1.      El mayor acto de humildad de Jesús al cumplir su misión como hombre despojándose de casi toda su deidad. Permitiendo ser torturado y colgado en una cruz hasta morir con dolor y sufrimiento en el alma. Una prueba de la perfecta Humildad de Dios, personificada en Jesús.

2.      La demostración constante de humildad destinada a enseñarla a sus discípulos y también a nosotros, que somos los privilegiados porque nos reemplazó en el castigo que deberíamos recibir nosotros y en  cambio fuimos perdonados y lavados de todo pecado del pasado, presente y futuro, por su acto de amor en muerte de cruz.

3.      La humildad presente de Jesús que está siempre dispuesto a aceptarnos tal como somos. Dios ama a toda criatura y no hace acepción de personas. Es una virtud propia de su Amor y Misericordia eternos.

UNA FAMILIA ALEGRE.


LA CASA DEL PAN
REFLEXIÓN Nº7 

© Pastor Iván Tapia Contardo 

Lectura bíblica: “Entraré al altar de Dios, Al Dios de mi alegría y de mi gozo; Y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío.” (Salmos 43:4) 

Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra.” (Salmos 66:1) 

Idea central: Los cristianos somos personas alegres. 

Objetivos: a) Comprender y valorar la alegría como una de las principales características de la familia cristiana; b) Comprender que el origen de la alegría verdadera está en Dios; c) Entender y valorar a Dios como un Dios alegre; d) Comprender y valorar la salvación como una razón de nuestra alegría; e) Comprender que el Señor desea un culto alegre y gozoso; f) Aprender a alegrarse con la creación de Dios. 

Resumen: La familia cristiana está constituida por una mayoría de miembros convertidos, caracterizada entre otras cosas por su alegría. Este gozo se origina en Dios y en la salvación recibida de Cristo, se expresa en el culto Divino y en la armonía con la creación.
 

L
as familias deben regocijarse juntas delante de Dios. Ordena el Antiguo Testamento: “y darás el dinero por todo lo que deseas, por vacas, por ovejas, por vino, por sidra, o por cualquier cosa que tú deseares; y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia.” (Deuteronomio 14:26).  

Los primeros cristianos perseveraban unánimes cada día en el templo, y partían el pan en las casas, comiendo juntos con alegría y sencillez de corazón. Dios siempre ha satisfecho a los creyentes con el sustento y la alegría en sus corazones. Cuando hay aflicción, oramos; cuando estamos alegres cantamos alabanzas. Un día, cuando seamos llevados a la presencia de Dios, en las bodas del Cordero, como en toda boda, nos gozaremos, le daremos gloria y nos alegraremos pues seremos Su novia: Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado.” (Apocalipsis 19:7) 

El salterio o himnario judío-cristiano es principalmente el libro de Salmos que contiene la Biblia. Los salmos invitan a alegrarse en Dios. De los 150 salmos, 82 hablan de la alegría, lo que equivale al 55 por ciento. La mitad del libro de los Salmos se refiere en forma positiva a la alegría. Las familias cristianas deberían tener en cuenta estos textos que estimulan la alegría en la alabanza y la adoración. 

¿Por qué la familia cristiana es alegre? 

1.      Dios es alegre.

Dios alegra el corazón de sus hijos: Tú diste alegría a mi corazón Mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto.” (Salmos 4:7). La alegría nace en el corazón de Dios. Él no es triste ni melancólico, Dios es una Persona alegre, feliz de ser Creador, Salvador y Vivificador. 

Por tanto los que amamos a Dios tenemos el mismo sentir que nuestro Padre Celestial y nos regocijamos con Él: “Pero alégrense todos los que en ti confían; Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; En ti se regocijen los que aman tu nombre.” (Salmos 5:11) 

En el salmo de David que es una oración por la paz de Jerusalén, se canta: “Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos.” (Salmo 122:1). Dirigirse al templo físico erigido a Dios, acudir a la ciudad santa de Jerusalén o entrar espiritualmente en la presencia del Señor, son experiencias místicas que nos llenan de alegría espiritual, la cual preferimos llamar “gozo”. 

La fuente de la alegría es el amor, saberse amado por Dios. La expresión genuina de la alegría es la sonrisa, no la carcajada histérica. “Un santo triste es un triste santo” decía Teresa de Jesús; Francisco de Asís hablaba de la “perfecta alegría”, decía en el siglo XIII: “Guárdense de aparecer tristes, ceñudos o hipócritas, antes muéstrense contentos en el Señor, alegres y religiosamente graciosos. Como San Pablo que ordena: 4 Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! / 5 Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. / 6 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. / 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:4-7) 

El Dios alegre nos invita a vivir contentos. 

2.      Dios nos salvó.

El mayor motivo de alegría de un cristiano es sin duda la salvación eterna de su alma. Sus pecados han sido perdonados, su alma ha sido limpiada por la sangre de Jesús, el Padre le ha aceptado como hijo y trasladado al Reino de Dios. Por eso canta el salmista: “Mas yo en tu misericordia he confiado; Mi corazón se alegrará en tu salvación.” (Salmos 13:5). ¿No nos regocijaremos también nosotros, los pecadores arrepentidos, al ser aceptados por el Señor? Entonces mi alma se alegrará en Jehová; Se regocijará en su salvación.” (Salmos 35:9) 

La familia cristiana es aquella en que la mayor parte de sus miembros son convertidos. Esto es una bendición y trae gran alegría al hogar. En la familia aprendemos a vivir con alegría, dejando fuera la ira, la indiferencia y la falta de respeto; se comparten las cosas buenas y malas; se ora en unidad y se alaba a Dios con alegría: “16 Estad siempre gozosos. / 17 Orad sin cesar. / 18 Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. / 19 No apaguéis al Espíritu.” (1 Tesalonicenses 5:16-19) 

La alegría nace en un corazón agradecido y se expresa en una sonrisa, un abrazo, un gesto. No necesariamente es ruidosa, se manifiesta en forma sencilla. Nos alegramos por el éxito de uno de nuestros familiares, por la noticia de la llegada de un bebé, por la mejoría de un enfermo, en fin por los testimonios de Dios en nuestra comunidad, en especial por los recién convertidos: Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, Y digan siempre los que aman tu salvación: Jehová sea enaltecido.” (Salmos 40:16) 

El mayor motivo de alegría cristiana es la salvación. 

3.      Dios desea un culto alegre.

La alegría por el amor de Dios y todas Sus bendiciones, se expresa en alabanza y adoración. Los cristianos nos reunimos semanalmente para rendir culto al Señor y lo hacemos con alegría. Rostros adustos, tristes, molestos, graves, no son propios de cristianos que han encontrado su felicidad en el Salvador. Notemos las diferentes expresiones físicas que toma la adoración divina en el libro de Salmos: 

a)       “Has cambiado mi lamento en baile; Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría.” (Salmos 30:11) Danzas para Dios. 

b)       “Alegraos en Jehová y gozaos, justos; Y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón.” (Salmos 32:11) Cantos llenos de júbilo o viva alegría para Dios. 

c)       “Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa, Y digan siempre: Sea exaltado Jehová, Que ama la paz de su siervo.” (Salmos 35:27) Exaltación a Dios. 

d)       “Entraré al altar de Dios, Al Dios de mi alegría y de mi gozo; Y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío. Aclamar, gritar de alegría.” (Salmos 43:4) Música alegre para Dios. 

e)       “Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra.” (Salmos 66:1) Aclamación o gritos de alegría para Dios. 

La integridad es la entereza moral. Dios desea que seamos íntegros, éticos, morales. De esa integridad ha de brotar alabanza muy alegre: Alegraos, oh justos, en Jehová; En los íntegros es hermosa la alabanza.” (Salmos 33:1) 

Se oponen a la alegría la falsa o necia alegría como los entretenimientos ilícitos, las risas exageradas, las obscenidades, las burlas al prójimo, y las bromas ridículas. Tales actuaciones no deben ser en el culto a Dios.

La oración, alabanza y adoración a Dios se desarrollan con alegría, porque así Dios lo pide en Su Palabra. 

4.      Dios se alegra en Su creación.

En la Biblia, la creación se alegra y goza en su Hacedor. La ciudad de Dios, en medio de ella, es alegrada por el canto de las aguas: “Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, El santuario de las moradas del Altísimo.” (Salmos 46:4). El salmista exhorta a la naturaleza a alegrarse con Dios: “Alégrense los cielos, y gócese la tierra; Brame el mar y su plenitud.” (Salmos 96:11). 

La creación de Dios refleja la alegría del Creador: “Destilan sobre los pastizales del desierto, Y los collados se ciñen de alegría.” (Salmos 65:12). La Palabra de Dios nos invita a unirnos a ella y alegrarnos con ella, a cantar alegres levantando la voz y aplaudiendo: “Cantad alegres a Jehová, toda la tierra; Levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos.” (Salmos 98:4). Dios es el Rey de toda la creación y debe ser alabado como tal: “Jehová reina; regocíjese la tierra, alégrense las muchas costas.” (Salmos 97:1). 

Cuando venga a Reinar por mil años Jesucristo, “Se alegrará el monte de Sion; Se gozarán las hijas de Judá Por tus juicios.” (Salmos 48:11). Pensar en el milenio en que Jesús reinará es otro buen motivo para alegrarse: “Alégrense y gócense las naciones, Porque juzgarás los pueblos con equidad, Y pastorearás las naciones en la tierra. Selah” (Salmos 67:4). Aquel día Su pueblo volverá a cantar: “Este es el día que hizo Jehová; Nos gozaremos y alegraremos en él.” (Salmos 118:24); “Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; Estaremos alegres.” (Salmos 126:3): “Alégrese Israel en su Hacedor; Los hijos de Sion se gocen en su Rey.” (Salmos 149:2). Cuando el Señor traiga juicio sobre esta Tierra, los creyentes serán testigos del cumplimiento de la profecía: “Se alegrará el justo cuando viere la venganza; Sus pies lavará en la sangre del impío.” (Salmos 58:10) 

El Creador se alegra en Su creación, la que está plena de alegría y alabanzas para Él. Como parte de esa creación, también nos alegraremos y adoraremos: En Jehová se gloriará mi alma; Lo oirán los mansos, y se alegrarán.” (Salmos 34:2); “Venid, aclamemos alegremente a Jehová; Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.” (Salmos 95:1); Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.” (Salmos 100:1) 

Muchas otras razones hay para la alegría de la familia cristiana, pero hay una razón que debe llenarnos de gozo y es que Dios nos ha acogido dentro de Su familia eterna, adoptándonos como Sus hijos. ¿No es un motivo de gran alegría? Gocémonos y alegrémonos y no volvamos a quejarnos de nuestra vida y de Dios. 

CONCLUSIÓN.

Una de las características de la familia cristiana es su alegría. El origen de esta alegría está en Dios, ya que Él es alegre. Otra razón para nuestra alegría es la salvación que nos dio el Señor. El Creador desea un culto alegre, que se le alabe y adore con gozo verdadero. Los cristianos nos alegramos en nuestro Hacedor y Dios se alegra en Su creación.

 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Sólo los cristianos se alegrarán cuando venga a Reinar por mil años Jesucristo? Compruébelo en Salmos 48:11.

2)      ¿Cree usted que pensar en el milenio en que Jesús reinará es otro buen motivo para alegrarse? Compruébelo en Salmos 67:4.

3)      ¿Puede esta iglesia decir “Este es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en él”?

4)      ¿Qué grandes cosas ha hecho el Señor en su vida?

5)      ¿Cuáles deben ser nuestras actitudes hacia Dios, como súbditos de un Rey?

6)      ¿Cómo se sentirán los creyentes cuando el Señor traiga juicio sobre esta Tierra, según el Salmo 58:10?

7)      ¿Se alegra usted en la creación de Dios y cómo lo experimenta?

8)      ¿Debemos criticar a aquellas iglesias que expresan con gritos, saltos y júbilo, su alabanza a Dios?

9)      ¿A quiénes ordena “cantad alegres a Dios”, el Salmo 100?

10)  ¿Cuáles fueron sus emociones cuando Dios le llamó?

11)  ¿Se considera usted miembro de la familia eterna de Dios y cómo se siente al respecto?

12)  ¿Qué actividad espiritual le reporta a usted mayor gozo?

13)  ¿Cómo podemos enseñar a las personas a no quejarse de sus vidas y de Dios?

14)  ¿Qué cosas entristecen a Dios en la actualidad?

15)  ¿Cuál es el motivo de mayor alegría espiritual para usted?

16)  ¿Por qué el culto al Señor debe ser alegre?