lunes, junio 06, 2011

LA PUERTA.

“LA PUERTA”
RETIRO
Domingo 2 de Septiembre de 2007
Avenida Francia 739, Valparaíso

OBJETIVOS:
1. Que cada discípulo comprenda, sienta y experimente que es una puerta al Reino de Dios.
2. Comenzar a transformar nuestros hogares en “puertas del cielo”.

TEXTO BASE:
“Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. / Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. / Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.”
San Juan 10:7-9

INTRODUCCIÓN
En este retiro utilizaremos la metáfora de LA PUERTA para significar al cristiano y su capacidad de dar amor y abrir su corazón y su casa al prójimo que necesita de Cristo. Una metáfora [del griego meta, «más allá», y phorein, «pasar, llevar»] consiste en el uso de una palabra con un significado o en un contexto diferente del habitual. La metáfora es un recurso literario que consiste en identificar dos términos entre los cuales existe alguna semejanza. Uno de los términos es el literal y el otro se usa en sentido figurado. Ejemplo: “Un pájaro vivía en mí./ Una flor viajaba en mi sangre./ Mi corazón era un violín…” (Juan Gelman)

Ejemplo de la Biblia: “Aquel mismo día llegaron unos fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar. / Y les dijo: Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra.” (San Lucas 13:31,32)

La gran fuerza poética de la metáfora reside en su capacidad de multiplicar de forma ilimitada el significado "normal" de las palabras. Los Yo Soy de Jesús son un bello y profundo ejemplo de metáforas.

I ¿QUÉ SIGNIFICA SER PUERTA?
Como Jesús, nuestro Modelo, es la Puerta, nosotros también podemos llegar a serlo.

“Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo, / y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; / de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. / En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz. / Y volvió Abraham a sus siervos, y se levantaron y se fueron juntos a Beerseba; y habitó Abraham en Beerseba.” (Génesis 22:15-19)

La puerta es la defensa. Cuando mi puerta no es sólida o no está, soy indefenso y cualquiera puede entrar a mi ciudad. Necesitamos, como Nehemías, restaurar todas nuestras puertas.

Ser puerta significa que tú eres parte de una casa. No eres muralla, cimiento ni ventana, sino que eres puerta.

Eres una persona usada por Dios para que otros entren, ingresen a Su casa. No hay cosa tan hermosa como ser puerta de la casa de Dios.

Cuando Jesús dijo “Yo soy la Puerta” estaba expresando que Él y sólo Él era el acceso al Reino de Dios. Por medio de Él y Su sacrificio redentor, los humanos podemos encontrar la entrada a ese reino espiritual.

Es como si el reino de luz estuviera cercado por grandes muros, los cuales son nuestra:
a) incredulidad
b) egoísmo
c) ignorancia
d) culpabilidad

Mas, de pronto aparece Alguien que es capaz de:
a) quitar la incredulidad y poner fe en nosotros
b) quitar el egoísmo y poner amor
c) quitar la ignorancia y poner esperanza
d) quitar las culpas y poner la paz

Sólo Jesús es el Maestro que puede hacer esto. Él es la Puerta. Pero tú, si le sigues a Él, también puedes convertirte en “puerta” para otros.

“Esta es casa de Dios y puerta del cielo” reza un letrero en algunas iglesias.
“Abre las puertas de tu casa” recomiendan los ministros de Dios.
“El Espíritu Santo golpea a las puertas de tu corazón” se predica.
Son dichos en boga. Todos expresan asuntos similares: la invitación a abrir nuestra vida, hogar y sociedad, a Dios.

Yo puedo abrir mi vida para el prójimo, dedicarme a ser luz, pan, vida, etc. y constituirme de esta manera en una puerta del cielo, una entrada a Su Reino, un puente hacia la cruz.

II ¿SOY UNA PUERTA?
Nuestra vida debiera ser: (Nehemías 3)
• puerta de las ovejas, una puerta de entrada para los hijos de Dios
• puerta del pescado que salva almas
• puerta antigua en la que s expresa la eterna Verdad de Dios
• puerta del valle, humilde
• puerta del muladar, donde son sanados, nuestros visitantes, de todo mal, enfermedad y pecado
• puerta de la fuente, donde todos beban la salvación y el Espíritu Santo
• puerta del Sumo Sacerdote, Cristo, ejerciendo sacerdocio por el mundo y la Iglesia
• puerta de las aguas, para dar de beber al sediento de Dios y Su Palabra
• puerta de los caballos, jóvenes, guerreros
• puerta del oriente, para orientar en la senda del discipulado
• puerta del juicio, para discernir entre lo bueno y lo malo, mostrando el buen camino

Para ejercer bien mi trabajo de puerta, requiero:

1. Tener bien aceitadas mis bisagras con el aceite del Espíritu Santo, para que la puerta siempre se abra, no se “tranque”, no se trabe. Ello se logra en oración permanente. Nunca debemos cerrar la puerta, nunca negarnos, jamás no contestar, nunca no responder. Esto implica a veces sacrificar la intimidad, los propios derechos.

2. Ser puerta sólida, firme, que ofrezca defensa al Reino de Dios; que las fuerzas del mal choquen contra ella y no puedan derribarla. La sangre de Cristo en el dintel de mi vida es la clave para esto. “No temeré mal alguno”, “El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente”, nada podrá derribarme como puerta.

3. Ser una puerta segura, con una buena chapa o cerradura. La llave de una puerta la tienen sólo dos personas: su dueño, yo mismo, que puedo abrirla y cerrarla cuando quiera, y Cristo, que puede abrirla cuando desee. ¿Le has dado al Señor Jesucristo las llaves de tu corazón, tu mente, tu conciencia, tu mente, tu cuerpo, tu casa entera? Él es el Dueño de toda tu vida, recuérdalo.

El Espíritu Santo habita en ti y, por tanto, puede entrar y salir de tu casa cuando Él quiera. Tiene la llave de tu puerta, de tu vida y corazón.

Los demás no pueden llegar y entrar a ti, necesitan golpear. Pero cada vez que lo hacen, tú les abres. Jamás les dices “no estoy”, “salí”, “no molestar”, “aquí somos católicos”, etc.

Ser puerta no significa que está abierta siempre. Eso sería peligroso pues podrían entrar ladrones y robarte. La puerta permanece cerrada pero dispuesta a atender a todo el que le pida ayuda. La puerta es una defensa. Esto no es vivir a la defensiva de la gente sino del mal.

Una buena chapa es la Palabra de Dios. Ésta nos da seguridad de salvación, me da las herramientas para defenderme del diablo, de mi mismo y del espíritu mundano.

4. Ser puerta atractiva, bellamente tallada o pintada, con el nombre en una placa de metal, su número, etc. Nuestro testimonio, nuestra personalidad entera, nuestro modo de ser, Cristo en nosotros. Una bella puerta atrae al prójimo, lo enamora, somos una carnada para los peces y cardúmenes de este mundo. Las virtudes de Cristo en nosotros son una atracción para otras vidas. Viendo la puerta querrán conocer su interior, la casa. La puerta habla de la casa.

Pensemos en las puertas de las antiguas catedrales, talladas con cientos de ángeles, santos y figuras del Evangelio.

En conclusión, podríamos decir que ser puerta es ser un evangelizador y un samaritano. Un evangelizador porque siendo una puerta puede convertir a otros a Jesucristo. Un samaritano porque puede abrirla y servirlos.

Cuando hablamos de casa-iglesia, iglesia en casa, cenáculos, hablamos de puertas. Que cada hogar se transforme en una puerta de acceso a la salvación de Cristo. No es fácil transformar nuestras casas en “puertas abiertas” al prójimo. Es difícil pero no imposible. Hemos estado en este trabajo por años. Finalmente Dios lo logró en nosotros:

a) Hoy soy una puerta, mi vida es una puerta a la salvación en Cristo.
b) Mi casa es una puerta de acceso a la espiritualidad.
c) Todo lo que soy con mi esposa, nuestro matrimonio es una puerta a Dios.

TEXTOS SOBRE LA PUERTA
Salmos 84:10
Proverbios 31:23
Isaías 45:2
Jeremías 7:2
San Mateo 7:13
San Lucas 13:24
Apocalipsis 3:20

TALLER “LA PUERTA”
• ESCRIBIR UN POEMA COLECTIVO, A PARTIR DE LA FRASE “YO SOY PUERTA”
• HACER UN DIBUJO O PINTURA COLECTIVA, CUYO TEMA ES “LA PUERTA”
• PRODUCIR PEQUEÑA OBRA DE TEATRO, CON EL PROPÓSITO DE MOTIVARNOS A SER PUERTAS

ORACIÓN DE LA PUERTA
Padre: A Ti que mostraste a San Juan una puerta abierta en los cielos, te ofrecemos nuestras vidas y todas las capacidades que nos has dado. Permite que seamos una puerta abierta para aquellos que necesitan de Tu consuelo, Tu Palabra y la salvación de sus almas. Transforma nuestros hogares en puertas abiertas al Reino de Dios. Te lo pedimos en el nombre de Aquel que dijo “Yo soy la puerta”, nuestro Señor Jesucristo. Amén.

1 comentario:

Jose Miguel dijo...

Muy edificante la lectura, todo un estudio revelado sobre las puertas.

Dios bendiga sus vidas y les permita seguir abiertas y con luz para iluminar a otros un abrazo.

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