martes, junio 08, 2010

ROL DEL ESPOSO Y PADRE DE FAMILIA.


LA FAMILIA CRISTIANA
V PARTE
Pastor Iván Tapia


Lectura bíblica: 1 Timoteo 3:4,5

Propósitos de la charla: a) Conocer, valorar y practicar los doce roles del esposo y padre de familia, en el hogar cristiano; b) Evaluar en qué aspectos los padres de familia de mi Iglesia están más débiles y fortalecer esas áreas.

“que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad / (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)” (1 Timoteo 3:4,5)

Dios, como Padre, nos da ejemplo de Paternidad; de hecho, Jesucristo, nos ha mostrado a Dios como Su Padre y nuestro Padre Celestial. Además ha dejado registrado en la Biblia el modelo de paternidad en la figura de los patriarcas de Israel: Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Josué, etc. el Nuevo Testamento da lecciones clarísimas, a través de las cartas apostólicas, acerca del funcionamiento de la familia y el rol de los padres.

La figura del esposo también es recurrente en la Biblia, en ambos pactos. En el Antiguo se le muestra en cada pareja bíblica y en Dios mismo, Esposo de Israel; en el Nuevo es Jesucristo, Esposo de la Iglesia, Su Novia y enseña a los matrimonios a vivir una relación semejante.

A continuación veremos 12 roles que se pueden deducir de las Escrituras, para el esposo y padre de familia.

1. Servir como cabeza de la familia.
Hay un orden dado por Dios para la organización de la familia. Esta jerarquía no significa superioridad sino orden de procedencia. La Escritura dice que la mujer procede del varón ya que fue creada de una costilla de éste; esa procedencia pone en primer lugar de autoridad al hombre y luego a la mujer en la familia. Además la Escritura dice que la mujer fue creada por causa del hombre, en el sentido que él necesitaba una compañera. De este modo el apóstol Pablo fundamenta la “posición” del hombre en el orden familiar: “3 Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. / 7 Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. / 8 Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, / 9 y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.” (1 Corintios 11:3,7-9)

También hace una comparación entre el matrimonio y la relación de Cristo con la Iglesia. Así como el Señor es Cabeza o autoridad sobre Su Cuerpo, la Iglesia; el hombre es cabeza de su mujer. El ser “cabeza” da al varón derechos pero también deberes, entre los cuales el cuidado espiritual de su esposa y la provisión para la familia son los más importantes. Dice la Biblia: “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.” (Efesios 5:23)

Esta posición del varón y de la mujer se agudiza después de la caída de Adán y Eva. En el Paraíso el hombre tuvo un papel pasivo frente a la mujer, no le contradijo cuando ella le ofreció el fruto prohibido sino que accedió a probar de él. Después de ese evento la mujer quedará sujeta a la voluntad de su marido, teniendo éste señorío sobre ella: “A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.” (Génesis 3:16)

La pregunta teológica que en este punto cabe es: ¿La cruz elimina esa autoridad del hombre sobre la mujer? El único indicio de una liberación de este señorío masculino lo encontramos en el siguiente texto: “23 Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. / 24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. / 25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, / 26 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; / 27 porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. / 28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. / 29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gálatas 3:23-29)

Nunca debemos interpretar una posición de autoridad en la Biblia como un privilegio. Recuerde usted la tarea del anciano: “2 Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; / 3 no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.” (1 Pedro 5:2,3) El mismo Señor nos enseña: “25 Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. / 26 Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, / 27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; / 28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (San Mateo 20:25-28)

Finalmente, el varón como la esposa y los hijos, toda la familia, están para servirse unos a otros con amor y respeto, y para servir a Dios: “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” (Josué 24:15)

2. Proveer dirección espiritual para su familia.
Dirección para su familia es deber de un padre. La segunda gran tarea del padre de familia es indicar el camino justo y verdadero indicado por Dios: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.” (Génesis 18:19)

Es deber del varón mostrar a los suyos sus errores y pecados “1 Dijo Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú. / 2 Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos. / 3 Y levantémonos, y subamos a Bet-el; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha estado conmigo en el camino que he andado. / 4 Así dieron a Jacob todos los dioses ajenos que había en poder de ellos, y los zarcillos que estaban en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de una encina que estaba junto a Siquem. / 5 Y salieron, y el terror de Dios estuvo sobre las ciudades que había en sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob. / 6 Y llegó Jacob a Luz, que está en tierra de Canaán (esta es Bet-el), él y todo el pueblo que con él estaba. / 7 Y edificó allí un altar, y llamó al lugar El-bet-el, porque allí le había aparecido Dios, cuando huía de su hermano.” (Génesis 35:1-7)

Dios ordenó en una oportunidad a Moisés que cada familia hiciera una celebración solemne. Cada familia debería escoger un cordero, matarlo, asarlo y comerlo. Las celebraciones familiares como los cumpleaños, aniversarios, bodas, fiestas patrias, etc. son una oportunidad para que la familia se reúna y fortalezca su unidad y amor. La cena de la pascua y de los panes sin levadura es una importante celebración de los judíos. En esa noche ellos recuerdan la salida de la esclavitud de Egipto, cuando Dios abrió el mar Rojo. El cordero pascual prefigura el sacrificio de Jesucristo por la Humanidad. En el contexto de esa celebración el Señor Jesús estableció la Santa Cena o partimiento del pan, para nosotros los cristianos, la principal celebración religiosa. Narra la Palabra de Dios: “3 Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. / 4 Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero.” (Éxodo 12:3,4)

En el sentido espiritual, el padre de familia es el sacerdote que estimula, propicia y dirige el culto a Dios en medio de la familia. Por eso la Biblia dice: “Después subió el varón Elcana con toda su familia, para ofrecer a Jehová el sacrificio acostumbrado y su voto.” (1 Samuel 1:21)

3. Bendecir a sus descendientes.
Bendición para su familia es deber de un padre: “24 Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que le había hecho su hijo más joven, / 25 y dijo: Maldito sea Canaán; Siervo de siervos será a sus hermanos. / 26 Dijo más: Bendito por Jehová mi Dios sea Sem, Y sea Canaán su siervo. / 27 Engrandezca Dios a Jafet, Y habite en las tiendas de Sem, Y sea Canaán su siervo.” (Génesis 9:24-27) Este pasaje cuenta que uno de los tres hijos de Noé vio la desnudez de su padre. ¿Es que será ver a otro hombre desnudo algo pecaminoso? El padre conoce el cuerpo de su hijo desde pequeño y no puede ser algo pecaminoso. Tampoco sería pecado que Cam viera a su padre desnudo. Muchos hijos ven a su padre desnudo cuando están ancianos y necesitan ser aseados, por ejemplo. El problema, de acuerdo a los expertos, no estaría allí sino en que Cam abusó sexualmente de su padre cuando éste se emborrachó. Los otros hermanos cubrieron su desnudez. Al despertar Noé y darse cuenta de la infamia hecha por su hijo, pronunció una maldición sobre él: “Maldito sea Canaán; Siervo de siervos será a sus hermanos.” (v.25) Los descendientes de Cam son los Egipcios, Etíopes, Cananeos, Filisteos, Hititas, Amorreos y muchos otros pueblos antiguos, en su mayoría habitantes de África.

En hebreo bendecir es “berak”. La palabra "bendición” significa literalmente: hablar (dictio) bien (bene), (benedictus) es decir, hablar bien de alguien o de algo. También puede interpretarse como “buen deseo”. Dice la Palabra de Dios: “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” (Génesis 12:3). Si somos hijos de Abraham, bendeciremos a todos cuantos nos rodean. Hay una bendición en la Biblia que ha sido repetida por 3.000 años, la bendición de Aarón que fue instruida por Moisés al Sumo Sacerdote: “El Señor te bendiga y proteja, haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda su favor. Que el Señor te mire con benevolencia y te conceda la paz.” (Números 6:24-26). Dar una bendición es como arrojar una manta de protección y benevolencia, sobre la persona, mediante el poder de la palabra. Todos necesitamos escuchar cosas buenas de nosotros. Necesitamos apoyarnos, afirmarnos los unos a los otros. Es más que una palabra de alabanza o apreciación, más que resaltar los talentos y las obras buenas de alguien. Al dar una bendición se crea la realidad de la cuál se habla, por el poder de las palabras. Las bendiciones tienen que estar fundadas especialmente en la Palabra de Dios. En todos los tiempos, nuestros antepasados han besado, abrazado y colocado sus manos de manera gentil y amorosa sobre la persona a la cual bendicen.

Cuenta la Biblia que Esaú, hijo de Isaac, no valoró ser el primogénito, y su hermano Jacob era un oportunista, ventajoso, egoísta, carente de sensibilidad, un miserable. Su madre Rebeca recomendó a Jacob que engañase al anciano, utilizando una piel de carnero en sus brazos y haciéndose pasar por su hermano, para que al acercarse su progenitor le confundiera con Esaú y así obtener la ansiada bendición. Díjole Isaac: “y hazme un guisado como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que yo te bendiga antes que muera.” (Génesis 27:7). Rebeca aconsejó: “y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que él te bendiga antes de su muerte.” (Génesis 27:10). Jacob robó la bendición que correspondía a Esaú. Esta bendición fue la siguiente: “1 Entonces Isaac llamó a Jacob, y lo bendijo, y le mandó diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán. / 2 Levántate, ve a Padan-aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí mujer de las hijas de Labán, hermano de tu madre. / 3 Y el Dios omnipotente te bendiga, y te haga fructificar y te multiplique, hasta llegar a ser multitud de pueblos; / 4 y te dé la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra en que moras, que Dios dio a Abraham.” (Génesis 28:1-4)

Esta bendición contenía una orden: no tomar mujer de las hijas de Canaán, ir a casa de Betuel, su abuelo, y tomar por mujer una de las hijas de su tío materno Labán. La bendición propiamente tal decía que el Dios Omnipotente le bendijera, fructificara y multiplicara en una multitud de pueblos. Le da la bendición de Abraham, para que herede la tierra en que vive, la misma tierra que Dios dio a Abraham.

Otros ejemplos de bendición paternal los encontramos en Labán e Israel o Jacob:

“Y se levantó Labán de mañana, y besó sus hijos y sus hijas, y los bendijo; y regresó y se volvió a su lugar.” (Génesis 31:55)

”8 Y vio Israel los hijos de José, y dijo: ¿Quiénes son éstos? / 9 Y respondió José a su padre: Son mis hijos, que Dios me ha dado aquí. Y él dijo: Acércalos ahora a mí, y los bendeciré / 15 Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día, / 16 el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra.” (Génesis 48:8,9,15,16)

“1 Y llamó Jacob a sus hijos, y dijo: Juntaos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los días venideros. / 28 Todos éstos fueron las doce tribus de Israel, y esto fue lo que su padre les dijo, al bendecirlos; a cada uno por su bendición los bendijo.” (Génesis 49:1.28)

“Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras.” (Hebreos 11:20)

Todo padre debe bendecir a sus hijos y familia, Como también debe hacerlo el padre espiritual con sus discípulos.
4. Orar por su familia.
Oración por su familia es deber de un padre. David oró así a Dios:“25 Ahora pues, Jehová Dios, confirma para siempre la palabra que has hablado sobre tu siervo y sobre su casa, y haz conforme a lo que has dicho. / 26 Que sea engrandecido tu nombre para siempre, y se diga: Jehová de los ejércitos es Dios sobre Israel; y que la casa de tu siervo David sea firme delante de ti. / 27 Porque tú, Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, revelaste al oído de tu siervo, diciendo: Yo te edificaré casa. Por esto tu siervo ha hallado en su corazón valor para hacer delante de ti esta súplica. / 28 Ahora pues, Jehová Dios, tú eres Dios, y tus palabras son verdad, y tú has prometido este bien a tu siervo. / 29 Ten ahora a bien bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti, porque tú, Jehová Dios, lo has dicho, y con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre.” (2 Samuel 7:25-29)

Cuando David pecó, Jehová hirió al niño que la mujer de Urías le había dado y enfermó gravemente “Entonces David rogó a Dios por el niño; y ayunó David, y entró, y pasó la noche acostado en tierra.” (2 Samuel 12:16)

“11 Ahora pues, hijo mío, Jehová esté contigo, y seas prosperado, y edifiques casa a Jehová tu Dios, como él ha dicho de ti. / 12 Y Jehová te dé entendimiento y prudencia, para que cuando gobiernes a Israel, guardes la ley de Jehová tu Dios.” (1 Crónicas 22:11,12)

El rey David oró por su hijo Salomón así: “18 Jehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel nuestros padres, conserva perpetuamente esta voluntad del corazón de tu pueblo, y encamina su corazón a ti. / 19 Asimismo da a mi hijo Salomón corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, y para que haga todas las cosas, y te edifique la casa para la cual yo he hecho preparativos.” (1 Crónicas 29:18,19)

Es deber de todo padre ejercer como sacerdote ante Dios por su familia, hijos y esposa. La oración por los suyos es una obligación espiritual de todo padre cristiano. Dirección, bendición y oración por su familia son deberes del padre.

5. Guiar bien su propia familia.
“4 que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad / 5 (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)” (1 Timoteo 3:4,5)

“Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus casas.” (1 Timoteo 3:12)

Tanto al obispo como al diácono, San Pablo exige que sea alguien que sepa gobernar a sus hijos. Si estos líderes han de ser ejemplo para la comunidad cristiana, significa que es un mandamiento para todo padre de familia hacerlo así.

6. Amar, comprender y honrar a su esposa. Ser leal a su esposa.
“25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, / 28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. / 29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, / 33 Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.” (Efesios 5:25, 28,29, 33)

De acuerdo a la Palabra de Dios, el esposo cristiano debe guardar las siguientes conductas hacia su esposa:
1) Ama a su mujer hasta dar la vida por ella. Dar la vida implica negarse a los propios gustos para satisfacer al otro. Una conducta de este tipo permite el matrimonio para toda la vida, porque hay comprensión y aceptación de la manera de ser del cónyuge. El esposo cristiano auténtico da la vida por su mujer, entrega toda su vida a ella. Por supuesto que habrá casos en que tal cosa resultará imposible y se llegará a la separación matrimonial, pero estos son casos límite, en los que ya se ha experimentado todas las posibilidades de diálogo y entendimiento y nada resultó. Se entrega la vida no como “sacrificio” sino con verdadero amor en que en el otro hay muchas cosas que se aprecian y valoran, como una prolongación del mismo ser, “una sola carne”.

2) Está dispuesto a morir por ella. Morir no es únicamente entregar la vida en martirio por el otro, este sería un caso extremo. Morir es negarse a sí mismo. Cuando se tiene deseos de leer el periódico o estudiar la Biblia, o salir a dar un paseo con amigos, ver televisión o escribir en el computador, renunciar a ello para atender a la esposa, no por obligación sino por amor.

3) Ama a su esposa como se ama a si mismo. Otra indicación del amor de los esposos es el entregar los mismos sentimientos que se esperan para la propia persona. Ponerse en el lugar del otro es clave para entregar un auténtico amor. Estar dispuestos a ayudar, por ejemplo, en las labores del hogar, poniéndose en el sitio del otro que está cansado de acarrear bolsas del supermercado, de lavar, cocinar, aplanchar ropas, hacer el aseo del hogar, atender a los niños, etc.

4) Sustenta a su mujer en el aspecto físico, psicológico y espiritual. Tradicionalmente el esposo sostenía a la esposa y el hogar económicamente. Hoy día, con el ingreso de la mujer a la vida laboral, la costumbre social es que se comparte el sostenimiento del hogar. Cada uno aporta para la casa y, si hay amor, ninguno debe representar al otro su parte o reclamar porque el otro aporta menos. Ambos pueden ser tan fuertes psicológica como espiritualmente, o tan débiles, por lo tanto deben apoyarse mutuamente. En todo caso, desde el punto de vista de Dios, es al esposo a quien corresponde el liderazgo espiritual del hogar. Éste debe asumir tal papel, siendo un escudriñador de las Escrituras, un cristiano de oración, amante del Señor. Así dará ejemplo en su casa, apoyando a su esposa en todos sus conflictos personales y circunstancias difíciles de la vida, como madre, esposa, trabajadora, etc.

5) Cuida a su esposa de cualquier tipo de agresión. Se supone que el hombre es más fuerte que la mujer físicamente. Por eso la Biblia ordena al varón defenderla, pero la mayor agresión que todos los cristianos enfrentamos es la de las tinieblas. Por eso el esposo tiene el deber de bendecirla constantemente y orar por ella, cubrirla en oración para que el Señor la proteja de toda calamidad, tanto física como espiritual.

6) La cuida en la enfermedad. Como ella cuida amorosamente de él cuando enferma, asimismo debe hacerlo el esposo con ella. Hay hombres que son indolentes con sus mujeres, son insensibles a los dolores de ellas, sólo las quieren cuando están sanas, las tienen como empleadas a su servicio y cuando ellas no están en condiciones de servirlos, se molestan y las maltratan física o sicológicamente. Estos hombres no sienten el dolor de sus esposas, no son “una sola carne” con ellas, no les conmueve la enfermedad de sus esposas porque no las aman.

7) No es áspero ni grosero con ella. Ya se sabe que el verdadero amor es así. Un esposo de mal trato verbal hacia su esposa es un hombre sin el amor de Cristo en su corazón. Aquellos que se refieren a su esposa como “ésta”, “la estúpida”, “la guatona”, y todo tipo de sobrenombres o las tratan con groserías, no están siendo esposos amorosos y justos. Ellos no merecen ser cabeza del hogar y de su esposa, porque no la están tratando como Cristo trata a la Iglesia, con dulzura y amor. Tratar bien a la esposa es algo más que regalarle flores y chocolates, o cubrirla de besos y caricias; es siendo suaves en nuestra conversación, respetando su sensibilidad y valor como personas. “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.” (Colosenses 3:19)

8) Actúa con sabiduría en su trato como esposo, dueño de casa y compañero de ella. La sabiduría, más que al conocimiento, se refiere aquí a la conducta prudente y respetuosa que debe guardar todo esposo con su compañera de vida. Jamás el varón, por ejemplo, debe hablar de pasados amores o hacer comentarios sobre la belleza atractiva de otras mujeres, ni nada que pueda herir su dignidad.

9) Da honor a su mujer como a vaso más frágil. “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.” (1 Pedro 3:7) A esa forma especial de ser la mujer, lo que alguien podría calificar como lloronas, difíciles de comprender, habladoras, muy observadoras y detallistas, etc., la Biblia llama “vaso frágil” No significa que ella sea inferior al hombre o que tenga “fallas” como ser humano, sino sencillamente que es diferente. La fragilidad se refiere a su sensibilidad y delicadeza, a su agudeza en percibir la aspereza y rudeza viril. El cuidado que debe tener el varón para relacionarse con su esposa y con la mujer en general, dándole así honor y respeto, es lo que la Palabra de Dios aconseja.

10) La considera una compañera en el camino de la fe, coheredera de la gracia de Dios. Tanto el hombre como la mujer tienen ante Dios la misma dignidad, ambos son herederos de Jesucristo, por eso la Biblia dice: “7 Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.” (1 Pedro 3:7) La mujer no es inferior al hombre sino tan respetable como él. Hay esposos que las tratan como a imbéciles, incapaces de razonar y tener ideas propias, no conversan con ellas temas interesantes y consideran la conversación de ellas “cosas de mujeres”, como asuntos fatuos y sin profundidad. Hoy día, en la “farándula”, pueden ser tan vanos, superficiales y frívolos tanto hombres como mujeres. Pero entre cristianos no debe ser así, nuestra conversación ha de ser siempre para edificación del otro y plena de respeto hacia aquella que Dios declara coheredera de la gracia de la vida.

11) Ora y mantiene vida devocional con su esposa. Compartir la oración, que es la más íntima relación que un cristiano tiene con el Padre Celestial, produce un nivel de acercamiento mutuo muy profundo entre los esposos. Además se produce la unidad espiritual que el Espíritu Santo espera de la pareja, para poder construir juntos y en un mismo espíritu la obra del Señor. En la oración se comparten peticiones, logros, reflexiones espirituales, todo lo cual ayuda a acrecentar el amor y la comprensión mutua de los esposos, y a desarrollar un testimonio que será de tremenda bendición para la evangelización. Los esposos pueden orar y ayunar juntos, ponerse metas en el crecimiento espiritual, ayudarse a sanar de antiguas heridas, discipularse y reflexionar las Escrituras juntos.
12) Es fiel a su mujer de obra y pensamiento. La esposa confía en su marido, en cierto modo tiene su fe puesta en su persona y no merece ser defraudada en esa confianza. Como guardamos nuestro corazón sólo para el Señor, debemos hacerlo también para con nuestra esposa. A veces nos ufanamos de no ser idólatras porque no servimos a otros dioses, pero hemos puesto los ojos y hasta las manos sobre otra mujer y hemos sido adúlteros. para el Señor también hemos sido adúlteros espirituales, pues hemos fallado a la lealtad con la esposa. Faltamos a la promesa hecha en el matrimonio, cuando nuestros labios pronunciaron estas palabras: “Yo XX te recibo a ti, XX, como esposa y me entrego a ti y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida.” Sin embargo el Evangelio es más exigente que esto cuando nos dice: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. / Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” (San Mateo 5:27,28) Necesitamos como esposos y como hombres aprender a ser fieles al Señor practicando este texto. Si lo hacemos con exactitud, evitando miradas codiciosas, publicaciones eróticas de todo tipo, conversaciones de doble sentido o insinuantes con otras mujeres y pensamientos sexuales impuros con ellas, estaremos guardando fidelidad no solamente a la esposa sino también al Señor, nuestro Esposo espiritual. Por eso a los líderes se exige: “Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar” (1 Timoteo 3:2)

7. Ofrecer instrucción espiritual a los hijos.
“Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.” (Génesis 18:19)

a) Repetir la enseñanza bíblica a nuestros hijos.
b) Hablarles acerca de Jesús y su Evangelio. “6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; / 7 y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.” (Deuteronomio 6:6,7)
c) Hablar en todo momento a los hijos sobre la Palabra de Dios.
d) Enseñar a hacer lo correcto ante Dios. “El estableció testimonio en Jacob, Y puso ley en Israel, La cual mandó a nuestros padres Que la notificasen a sus hijos” (Salmo 78:5)
e) Enseñarles a relacionar cada circunstancia de la vida con la fe cristiana.
f) Instarlos a comunicarse con Dios por medio de la oración.
g) Contar a los hijos los testimonios del Señor en su vida. “Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado, La obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos.” (Salmo 44:1)

8. Mostrar cuidado y compasión de los hijos.
“Como el padre se compadece de los hijos, Se compadece Jehová de los que le temen.” (Salmo 103:13)

a) Aplicar la gracia y el amor en la educación y formación de los hijos.
b) Enseñar el respeto a los mayores, sobre todo a abuelos y maestros.
c) Exhortar a los hijos a hacer el bien y cumplir los mandamientos del Señor.
d) Consolar a los niños en sus sufrimientos y enfermedades como el Padre a Sus hijos. “así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros” (1 Tesalonicenses 2:11)
9. Disciplinar a los hijos.
“El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige.” (Proverbios 13:24)

a) Enseñar la disciplina y la obediencia a Dios por medio de la obediencia a los padres.
b) Corregir por medio de la exhortación y el castigo a los hijos cuando ellos desobedecen o actúan incorrectamente. “Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; Mas no se apresure tu alma para destruirlo.” (Proverbios 19:18)

10. No airar ni desesperar a los hijos.
“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.” (Efesios 6:4)

a) Dar un buen ejemplo de lo correcto a nuestros hijos.
b) Ser justo en la disciplina, sin airarse ni ofenderlos.
c) No poner excesivas exigencias a los niños. “Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.” (Colosenses 3:21)

11. Mantener a los niños en control.
“3 no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; / 4 que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad / 5 (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); / 12 Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus casas.” (1 Timoteo 3:4,5,12)

a) Ser capaz de gobernar a los hijos ejerciendo autoridad sobre ellos.
b) Enseñarles a respetar la autoridad de Dios delegada a los padres.
c) Formarlos como hijos creyentes, que respetan a Dios, Su Palabra y Su Iglesia.
d) Hacer de nuestros hijos personas obedientes y respetuosas. “el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía.” (Tito 1:6)

12. Proveer para las necesidades de la familia.
El padre debe proveer para las necesidades de la familia. Hay tres tipos de necesidades: 1. Materiales (pan, techo, abrigo y salud); 2. Psicológicas o del alma (seguridad, educación, consejo); y 3. Espirituales (fe por el oír de la Palabra de Dios; paz por la confesión de pecados y el perdón; amor por el Espíritu Santo en la oración; y esperanza por la continua tutoría y consejo paternal). Es decir que hay necesidades del cuerpo, de la mente o alma y del espíritu (1 Tesalonicenses 5:23)

El padre de familia, para proveer a las necesidades de su familia, tiene tres conductas:

a) Tiene cuidado de los suyos.
“porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.” (1 Timoteo 5:8)

- El padre de familia debe tener cuidado de su esposa, hijos y todos los que vivan junto a él.
- Debe poner especial cuidado en su esposa e hijos, su núcleo familiar.
- Demuestra la fe en como cuida a los suyos, los de su casa. No podemos decir que amamos la obra de Dios, la Iglesia, si no amamos de hecho a nuestra familia, que es parte de la “familia de Dios”.
- Muestra su fidelidad al Señor cuando tiene cuidado de sus hijos y esposa. En verdad está representando al Padre Celestial que cuida de Sus hijos.
- Es el proveedor del hogar.

b) Sabe dar buenas dádivas a sus hijos.
“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (San Mateo 7:11)

- Imitar al Padre Celestial siendo generosos con nuestros hijos, por puro amor, sin esperar recompensa. No representarles ni cobrarles lo que les damos.
- Mostrarles, a través de nuestra generosidad, la bondad de Dios.
- Las dádivas pueden ser: materiales (ropa especial, juguete, libro interesante, etc.); psicológicas (una orientación extra para tener éxito en la vida; una palabra o trato diferente al resto de los hijos, etc.); y espirituales (una bendición particular; un mensaje personalizado de la Palabra de Dios, etc.) Las dádivas, dones o regalos son los bienes extras que otorga el padre a los suyos.

c) Atesora para sus hijos.
“He aquí, por tercera vez estoy preparado para ir a vosotros; y no os seré gravoso, porque no busco lo vuestro, sino a vosotros, pues no deben atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos.” (2 Corintios 12:14)

- El padre guarda reservas de todo tipo (económicas, afectivas, espirituales) para brindarlas a los hijos cuando fuese necesario.
- Es económico y tiene un fondo para su vejez, no esperando que el hijo resuelva sus problemas, sino que es precavido.
- Apoya a sus hijos en todos sus proyectos, sin ser sobreprotector; mas bien equilibrado en la ayuda que les brinda.

CONCLUSIÓN.
En Conclusión podemos decir que el esposo y padre de familia cristiano tiene doce roles: 1) Servir como cabeza de la familia; 2) Proveer dirección espiritual para su familia; 3) Bendecir a sus descendientes; 4) Orar por su familia; 5) Guiar bien su propia familia; 6) Amar, comprender; honrar y ser leal a su esposa; 7) Ofrecer instrucción espiritual a los hijos; 8) Mostrar cuidado y compasión de los hijos; 9) Disciplinar a los hijos; 10) No airar ni desesperar a los hijos; 11) Mantener a los niños en control; y 12) Proveer para las necesidades de la familia.

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:
1) En su caso personal ¿Qué rol de esposo y padre de familia cree usted que debe trabajar más?
2) Responda el Test del Esposo y Padre de Familia, y comente los resultados con su tutor. (Si desea obtener este test, escríbanos a creasion@vtr.net)

REFERENCIAS.
1) “La Santa Biblia”, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.
2) “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España”, en línea, Internet.
3) “Vigilia: El Propósito De La Vida”, Iglesia Cristiana Discípulos De Jesucristo, 2008
4) María de Los Ángeles Pérez; “Herencias Familiares”; http://www.mailxmail.com/curso-herencias-familiares/biblia-que-nos-cuenta-respecto
5) “Liturgia de Matrimonio” http://www.aciprensa.com/Familia/liturgia.htm

1 comentario:

Entrelirios dijo...

Gracias por la publicación. Muy bíblica y pone el énfasis debido a la figura masculina dentro de la familia. Si las iglesias hicieran hincapié en el rol amoroso del esposo tanto como lo hacen con la sumisión de la esposa, otra cosa fueran las familias y la iglesia.
Gracias mil
Marleey Sagastume