EPÍSTOLAS DE SAN JUAN
LECCIÓN 6
© Pastor Iván Tapia
Lectura
bíblica: “12
Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados
por su nombre. / 13 Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es
desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al
maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. / 14
Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el
principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra
de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno.” (1 Juan 2:12-14)
Idea central: Tres niveles de compromiso cristiano.
Objetivos:
a) Identificar niveles
de compromiso cristiano; b) Comprender a quiénes San Juan denomina “hijos,
padres y jóvenes”; c) Discernir a la “hijos de Dios” sin discriminar; d) Conocer,
valorar y buscar la paternidad espiritual de los creyentes; e) Comprender,
valorar y vivir la multiplicación de la fe en otras vidas; f) Identificar y
apoyar a jóvenes en la fe; g) Comprender y aplicar la enseñanza sobre la lucha
contra adversidades y tentaciones en lo personal y en la Iglesia.
Resumen: El
apóstol Juan presenta en su segunda epístola tres niveles de compromiso que
tienen los cristianos frente al Señor y la Iglesia, a saber: Hijos, todos los
que han sido perdonados y permanecen en Cristo; padres, los que son maduros y
apoyan o guían a otros, siendo ejemplo para ellos; y jóvenes, los que han
tenido la valentía de vencer las dificultades y el pecado.
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omo en la vida
natural, en la vida espiritual se dan cinco niveles de desarrollo; a saber:
bebé, niño, joven adulto y anciano. En el camino del Discipulado nominamos cada
uno de estos niveles o etapas de desarrollo espiritual como: Aprendiz, fiel,
responsable, obrero y ministro.
El recién nacido
a la vida cristiana, quien se ha arrepentido de sus pecados, se ha bautizado y
recibido el Espíritu Santo es un bebé,
recién nacido en Cristo, quien necesita la “leche espiritual no adulterada” (1 Pedro 2:2).
Aquel cristiano
que ya camina y permanece con fe, sumiso a Cristo y sujeto a la Iglesia,
requiriendo “los rudimentos de la doctrina de Cristo” (Hebreos 6:1) de la mano de un tutor en el discipulado, es un niño en Cristo.
Cuando el
discípulo, lleno de entusiasmo, desea dar vida a otros y adquiere una mayor
responsabilidad con la Iglesia, estamos ante un joven en Cristo bien formado en “el misterio de la piedad” (1 Timoteo 3:16).
El creyente
llega a ser un verdadero adulto en
la Casa de Dios cuando conoce y vive la sana doctrina, es padre de otras vidas,
ha alcanzado un adecuado discernimiento del bien y del mal y resiste el “alimento
sólido” (Hebreos 5:14).
El cristiano que
ejerce el ministerio de la Palabra en una de sus cinco modalidades (apóstol,
profeta, evangelista, pastor o maestro) es un anciano, modelo para todos los anteriores y vive un permanente
perfeccionamiento, procurando siempre ser un “buen administrador de la
multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10)
San Juan en esta
epístola es más sencillo en su esquema y nos habla sólo de hijos, padres y
jóvenes. En verdad todos somos potencialmente los tres, pues Dios ha dado a
todos sus hijos el Espíritu y las capacidades necesarias para ejercer el
ministerio. Hijos, padres o jóvenes son niveles de compromiso con Jesucristo y
Su obra.
¿Qué significan los tres niveles de
compromiso de San Juan?
1.
Somos
hijitos, niñitos de Dios, el Padre.
“12
Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados
por su nombre.” (1 Juan 2:12)
“13...Os
escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre.” (1 Juan 2:13)
Hay en esta
expresión del anciano apóstol Juan, un tono de ternura con este diminutivo
“hijitos”. En griego está escrito teknia,
derivado del sustantivo teknon que
significa “niño”; es decir que la traducción literal sería “niñitos”. Esto
significa que para este hombre, ya de unos 60 años, padre espiritual de las
iglesias del Asia Menor, la gran cantidad de creyentes son como los “niñitos”
amados de un buen papá. Es el Espíritu Santo hablando a través de San Juan, que
se dirige a sus lectores, entre ellos nosotros, en el tono cariñoso de un
padre; en definitiva es el Padre Celestial quien nos dice “Os escribo a
vosotros, hijitos”.
Esta expresión cariñosa
ya la había utilizado Jesús con Sus discípulos en dos oportunidades, según el
Evangelio del mismo apóstol:
“Hijitos,
aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así
os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir.” (San Juan 13:33)
“4
Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no
sabían que era Jesús. / 5 Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le
respondieron: No. / 6 El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y
hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad
de peces.” (San Juan 21:4-6)
El apóstol
Pablo, también en tono paternal, escribe a los hermanos de Galacia,
recordándoles así que él es su padre y ellos sus hijos espirituales: “19 Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta
que Cristo sea formado en vosotros, / 20 quisiera estar con vosotros ahora
mismo y cambiar de tono, pues estoy perplejo en cuanto a vosotros.” (Gálatas 4:19,20)
San Juan en esta
carta utiliza el término “hijitos” nueve veces, ya en tono de ruego, ya de
recordatorio de nuestro deber de amar.
Él escribe a los
que considera “hijitos” o “niñitos” y lo son “porque vuestros pecados os han
sido perdonados por su nombre.” Si no hubiéramos sido perdonados, no seríamos
hijos de Dios en el sentido más perfecto, perdonados de nuestros pecados,
limpiados y trasladados de Reino, nacidos de nuevo.
Todos los
auténticamente cristianos somos los “hijitos” de Dios, perdonados por el nombre
de Jesús Dios y amados por el Padre Dios.
2.
Somos
padres con hijos espirituales para Dios.
“13
Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio...” (1 Juan 2:13a)
“14
Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el
principio...” (1 Juan 2:14)
El apóstol Juan
llama “padres”, en griego pateres a
aquellos que como él, son creyentes que han alcanzado la madurez, que tienen
una experiencia rica y larga. En primer lugar un “padre” es quien ha tenido
“hijos”; en el plano espiritual se trata de un cristiano que ha dado a luz a
otros creyentes por su testimonio y su palabra. ¿Es usted “padre” espiritual de
otras vidas?
Padre puede ser
un cristiano que engendra a otro; un cristiano que guía y alimenta
espiritualmente a otro o un cristiano que es una autoridad espiritual. He aquí
algunas funciones del padre espiritual, desde el punto de vista bíblico:
a)
El padre engendra hijos y es imitado por
éstos: “14 No escribo esto para
avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos amados. / 15 Porque
aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en
Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio. / 16 Por tanto, os ruego
que me imitéis.” (1 Corintios
4:14-16)
b)
El padre entrega el tesoro del Evangelio
a sus hijos espirituales: “14 He aquí,
por tercera vez estoy preparado para ir a vosotros; y no os seré gravoso,
porque no busco lo vuestro, sino a vosotros, pues no deben atesorar los hijos
para los padres, sino los padres para los hijos. / 15 Y yo con el mayor placer
gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas,
aunque amándoos más, sea amado menos.” (2 Corintios 12:14,15)
c)
El padre espiritual, como el padre
natural, debe ser paciente y tolerante con sus hijos, procurando su mejor
desarrollo. Esto requiere, por otro lado, de una actitud obediente y sujeta de
los hijos: “1 Hijos, obedeced en el Señor
a vuestros padres, porque esto es justo. / 2 Honra a tu padre y a tu madre, que
es el primer mandamiento con promesa; / 3 para que te vaya bien, y seas de
larga vida sobre la tierra. / 4 Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a
vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.” (Efesios 6:1-4)
d)
El padre enseña a sus hijos espirituales
a poner en primer lugar a Jesucristo y Su Reino y luego confía en ellos: “21 Porque todos buscan lo suyo propio, no
lo que es de Cristo Jesús. / 22 Pero ya conocéis los méritos de él [Timoteo],
que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio. / 23 Así que a éste
espero enviaros, luego que yo vea cómo van mis asuntos” (Filipenses 2:21-23)
e)
El padre exhorta al hijo para caminar correctamente en
Cristo y lo consuela en sus aflicciones: “11
así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y
consolábamos a cada uno de vosotros, / 12 y os encargábamos que anduvieseis
como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria.” (1 Tesalonicenses 2:11,12)
f)
El padre disciplina a sus hijos, les
amonesta y reconviene cuando actúan mal: “7
Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es
aquel a quien el padre no disciplina? / 8 Pero si se os deja sin disciplina, de
la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.”
(Hebreos 12:7,8)
g)
El padre transmite una forma de vida a
sus hijos, como valores, conocimientos, actitudes, costumbres, tradiciones: “17 Y si invocáis por Padre a aquel que sin
acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo
el tiempo de vuestra peregrinación; / 18 sabiendo que fuisteis rescatados de
vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con
cosas corruptibles, como oro o plata, / 19 sino con la sangre preciosa de
Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:17-19)
Para todos los
cristianos es el llamado a ser “padres” o “madres” espirituales de otras vidas.
No podemos negarnos al llamado del Señor a “hacer discípulos” y a “predicar el
evangelio a toda criatura”. Dios nos creó tanto en lo natural como en lo
espiritual para multiplicarnos: “27 Y
creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los
creó. / 28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad
la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los
cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.” (Génesis 1:27,28)
Todos los
cristianos estamos llamados a ser “padres” y multiplicarnos en “hijos
espirituales”: “Lo que has oído de mí
ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.” (2 Timoteo 2:2)
3.
Somos
jóvenes cuando vencemos al mal y la debilidad.
“13...Os
escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno...” (1 Juan 2:13b)
“14
Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece
en vosotros, y habéis vencido al maligno.” (1 Juan 2:14)
Los jóvenes son
los neaniskoi, llenos de vigor,
energía, conflicto y victoria. Son los que pueden derrotar al diablo, “han
vencido al maligno”. No son necesariamente los jóvenes de cuerpo sino los que
ya han superado su infancia espiritual y son capaces de vencer las tentaciones
de la carne y al diablo en su lucha espiritual. El apóstol llama “jóvenes” a
los que han sido tan fuertes frente a las tentaciones y a las adversidades de
la vida; que han permanecido en la Palabra de Dios, pudiendo así vencer al
diablo.
Hay dos tipos de
batallas que los cristianos damos contra el mal:
a)
Batalla contra las adversidades de la vida, como enfermedades, problemas económicos,
familiares, laborales y todas aquellas circunstancias que no dependen siempre
de nuestras decisiones. Para enfrentar esas adversidades necesitamos del don y
la virtud de “fortaleza”. El Espíritu Santo nos consuela y la Palabra
nos aconseja al respecto: “10 Por lo
demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. / 11
Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las
asechanzas del diablo.” (Efesios
6:10,11)
b)
Batalla contra las tentaciones de la carne, del mundo y del diablo, que nos incitan a
pecar, a hacer lo que a nuestro ser animal o más bajo nos impulsa y le agrada. Para
enfrentar las tentaciones requerimos de una gran fuerza interior, el don y la
virtud llamada “templanza” o dominio propio. El Señor nos ha dado el
Espíritu Santo para vencer la tentación y nos recuerda: “6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está
en ti por la imposición de mis manos. / 7 Porque no nos ha dado Dios espíritu
de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Timoteo 1:6,7)
La forma verbal
que San Juan utiliza en griego y que se traduce “os escribo” se llama aoristo. Significa una acción que se
hace en forma puntual o momentánea. Aquí el escritor la repite cinco veces,
destacando que escribe a cada uno de los tipos de lectores u oyentes: Los
“hijitos”, “los padres” y “los jóvenes”. Como buen pedagogo el apóstol utiliza
la “repetición” para dejar bien grabada su enseñanza en la mente de los
discípulos:
“6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; / 7
y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando
por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. / 8 Y las atarás como una
señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; / 9 y las escribirás
en los postes de tu casa, y en tus puertas.” (Deuteronomio 6:6-9)
“12
Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las
sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente. / 13 Pues tengo por justo,
en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación” (2 Pedro 1:12,13)
Todo discípulo de Jesús debiera ser un “joven” capaz de alcanzar este
nivel de dominio propio ante las tentaciones y fortaleza frente a la
adversidad.
CONCLUSIÓN.
El apóstol Juan
nos presenta tres niveles de compromiso con Cristo muy simples: Hijos, padres y
jóvenes: 1) Hijos son todos los que han recibido a Jesucristo como Salvador y
Señor, es decir todos los cristianos; 2) Padres son los creyentes que tienen
responsabilidad sobre otras vidas, aquellos que se han multiplicado; y 3)
Jóvenes son los hijos que han madurado y son capaces de enfrentar las
circunstancias difíciles y vencer la tentación.
PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:
1) ¿En
cuál de los tres niveles de crecimiento que presenta el apóstol Juan, se
considera usted?
2) ¿Cree
usted en Jesucristo como su Salvador y Señor?
3) ¿Cuándo
nos da el Señor responsabilidad espiritual sobre otras vidas?
4) ¿Qué
circunstancias difíciles ha vivido y cómo las ha enfrentado?
5) ¿Es
usted “padre” espiritual de otras vidas?
6)
¿Cómo cree usted que ve la vida una
persona mayor de 60 años?
7)
¿Por qué el apóstol Juan trata en su
carta de “hijitos” o “niñitos” a sus lectores?
8)
¿Qué errores no debe cometer un “padre”
espiritual?
9)
¿Cree usted en la paternidad espiritual
en la Iglesia y en qué se basa bíblicamente?
10) ¿Cómo
podemos engendrar hijos espirituales?
11) ¿A
quiénes ha entregado esta Iglesia el tesoro del Evangelio?
12) ¿Cómo
se han comportado sus hijos en relación al mensaje del Evangelio?
13) ¿Qué
enseñanzas espirituales ha dado usted a su familia?
14) ¿Consuela en sus aflicciones a sus hijos o más bien los deja que ellos
resuelvan sus problemas?
15) ¿Se
considera un padre o madre castigador/a o permisivo/a?
16) ¿Qué
valores, conocimientos, actitudes, costumbres y/o tradiciones le transmitieron
sus padres?
17) ¿De qué
forma podemos ejercer como “padres” o “madres” espirituales de otras vidas?
18)
¿Cuáles son a su parecer los signos de
una infancia espiritual?
19)
¿Cuál batalla le ha resultado más
difícil, la batalla contra la adversidad o la batalla contra la tentación?
20)
¿Frente a cuáles circunstancias le ha
faltado a usted “fortaleza”?
21)
¿Cómo podemos desarrollar la virtud de
fortaleza frente a la adversidad?
22)
¿Qué herramientas nos da Dios para
desarrollar la templanza o dominio propio frente a la tentación?
23) ¿De
acuerdo a lo escrito por San Juan, podemos decir que somos tan sólo “hijitos” y
aún no alcanzamos el nivel de “jóvenes”, ni menos “padres”?
BIBLIOLINKOGRAFÍA.
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Pérez, Arturo “Epístolas de Juan” Disponible
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http://elmoverdelespiritusanto2010.blogspot.com/2015/07/epistolas-de-juan.html
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