sábado, noviembre 15, 2008

SACERDOCIO UNIVERSAL DE LOS CRISTIANOS.


SIRVIENDO AL CUERPO DE CRISTO
VI PARTE


Lectura Bíblica: 1 Pedro 2:4,5

Propósitos de la Charla: a) Comprender y valorar el enfoque evangélico del sacerdocio; b) Aprender a ser buenos y auténticos sacerdotes del Reino de Dios; c) Servir a la Iglesia con nuestro fervor, dones y estilo personal.


“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;” (1 Pedro 2:9)

En la Edad Media, antes de la Reforma, la Iglesia Católica se dividía en dos grandes grupos: los religiosos y los laicos. Los primeros estaban totalmente dedicados a la vida sacramental, de oración y servicio a los pobres. En cambio el resto de los cristianos, los laicos, desarrollaban su vida secular sin más participación en la Iglesia que su asistencia a los ritos de la misa y los sacramentos. La tarea de edificar la Iglesia era menester único de sacerdotes, monjes y monjas, enfoque que aún conserva la Iglesia Católica Romana y algunas iglesias protestantes tradicionales.

Cuando el sacerdote agustino Martín Lutero, el año 1517, clavó las 95 tesis en las puertas de la catedral de Wittemberg, en Alemania, comenzó una gran revolución en el Cristianismo, una vuelta atrás a los principios de la Iglesia apostólica. Estos principios son los que sostienen todas las iglesias evangélicas y protestantes: sólo Escritura, sólo fe y sólo gracia. Muchos piensan que no hay acuerdo en el protestantismo y que existe gran divergencia o discordia entre las diversas denominaciones, pero no es así. Los tres principios nombrados dan un sólido fundamento a la fe Reformada.

El principio de “sola scriptura” significa que la Palabra de Dios es el único parámetro de fe para el cristiano. La Reforma nos hizo volver a la Biblia. En 1962, pasados cuatro siglos y medio, la Iglesia Católica, en el Concilio Vaticano II declara la importancia de la traducción y difusión de la lectura bíblica en todas las comunidades cristianas. La Biblia estaba en latín y sólo los monjes la leían. Gracias a la Reforma la Biblia es para todos. Si no conocemos la Palabra de Dios no hay manera de saber si nuestra fe es correcta. Los seres humanos no estamos capacitados para conocer a Dios ni quienes somos. El mismo Creador implantó el conocimiento de Él en la Biblia. Así conocemos quien es Dios y quién es el hombre: un pecador necesitado de salvación. La Biblia es la única fuente de autoridad del creyente para la doctrina y la práctica de ella:

“y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. / Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, / a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:15-17)

Otro principio básico del cristianismo evangélico es que Dios ha convocado a todos al sacerdocio y éste no es patrimonio del clero. Esta distinción entre religiosos y laicos no debiera existir, si nos atenemos a los escritos de los apóstoles. El sacerdocio universal de los cristianos es una importante doctrina de la Iglesia. Ahora cabe preguntarnos
¿Cómo ejerce su sacerdocio el cristiano?

1. PIEDRAS DE UN EDIFICIO ESPIRITUAL.
Antes que nada, los cristianos somos “piedras vivas”. Todos y cada uno es parte de un gran edificio espiritual: la Iglesia. No somos piedras sueltas tiradas en el camino o en algún lugar del campo, sino que estamos unidos por el cemento del amor de Dios y formamos en su totalidad la Casa de Dios.
En el Antiguo Testamento el sacerdote era el que estaba en el templo y los demás no tenían más participación que llevar un animal para el sacrificio y orar. Cuando Jesucristo entregó su vida como Cordero de Dios, en sacrificio santo en el altar de la cruz, el velo del templo, que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo, se rasgó y abrió un camino seguro para todos, un camino directo al Padre, en el que ya no necesitaríamos sacerdotes humanos pues nuestro Único y Sumo Sacerdote había hecho ya el sacrificio perfecto y abierto la puerta de la salvación. Hay algo muy particular en la obra de Jesucristo y es que Él fue Sacerdote oficiante y a la vez Víctima del sacrificio. Ningún sacerdote del pasado ni actual puede hacer aquello. Sólo Cristo es nuestro Sacerdote.

El sacerdocio en la Gracia, en el Nuevo Pacto, es muy distinto. Ya no consiste en hacer sacrificios de animales sino en ofrecer a Dios toda nuestra vida en adoración y alabanza, vivir para Cristo. Podríamos decir que en la nueva Alianza es cada discípulo de Jesucristo que se ofrece a Él para vivir la vida de Él. En el Nuevo Pacto todos los cristianos ejercen el sacerdocio, como dice el apóstol: “vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.” (1 Pedro 2:4,5)

Ser sacerdotes de Jesucristo significa ministrarlo o servirlo a Él en oración, servir a nuestros hermanos y prójimo en el servicio, y desarrollar las virtudes del Sumo Sacerdote.

2. CIUDADANOS DE UN REINO SANTO.
Ya lo anuncia el Antiguo Testamento: "Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa" (Éxodo 19: 6). Cuando nos convertimos a Jesucristo fuimos trasladados al Reino de Dios. Antes vivíamos bajo la potestad del señor de las tinieblas, sin tener conocimiento alguno de Dios, entendiendo que “conocer” es más que saber acerca de algo. El conocimiento de Dios es por medio de la experiencia. Que ahora estemos en un Reino significa que estamos bajo las órdenes del Rey de Reyes y Señor de Señores. Estos sacerdotes de los cuales habla el libro de éxodo, es el pueblo de Dios, que debe comportarse a la altura de su dignidad: un reino de sacerdotes.

Otra característica que señala el Libro Sagrado para estos sacerdotes, es su santidad. Si el Rey es Santo, sus súbditos tendrán que vivir conforme a esa autoridad. Santidad significa “separado para” porque los santos han sido sacados del mundo –aquél sistema de cosas que desagrada a Dios- y apartados para el Santo de Israel. Los cristianos debemos vivir apartados de los falsos valores mundanos del Reino de Tinieblas y dedicados a Dios. Sólo así podremos ejercer el “sacerdocio santo” al que el Señor nos convocó.

3. REYES CON AUTORIDAD ESPIRITUAL.
En el último libro de la Biblia se confirma este llamado al sacerdocio universal de los cristianos: “y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, / y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.” (Apocalipsis 1:5,6). Por el sacrificio de Jesucristo en el monte Calvario, la Humanidad ha sido lavada de su pecado mas para hacer efectivo ese sacrificio cada persona debe arrepentirse de sus pecados, volverse a Dios y creer en Jesucristo. Un sacerdote es uno que ha sido lavado por la sangre del Cordero; ahora es cubierto por la sangre de Jesús cada vez que peca conciente o inconcientemente, pero vive una vida nueva, buscando siempre agradar la voluntad de Dios.

Cuando aceptó a Jesucristo como Salvador y Señor de su vida, el Padre envió Su Espíritu Santo a él y ese espíritu le trajo toda autoridad del cielo. Los cristianos llevamos el Espíritu Santo en nuestro interior y por lo tanto participamos de la autoridad de Dios. Recordemos la promesa de Jesucristo para los que creyeran en Él: "Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán" (San Marcos 16:17,28).

La autoridad espiritual está repartida entre todos los miembros del Cuerpo de Cristo. Todos y cada uno pueden ejercer tal autoridad sobre las tinieblas.

4. PROCLAMADORES DE JESUCRISTO
Todos los miembros de la Iglesia son sacerdotes de Dios, sean ministros o servidores. Cada miembro tiene una función distinta en el Cuerpo. Dice la Biblia: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;” (1 Pedro 2:9) Somos los cristianos del linaje de Cristo porque hemos renacido a la Familia de Dios y Su Sangre corre por nuestro ser; somos un sacerdocio con autoridad; una nación, un país o estado con leyes propias, en absoluta contradicción con el pecado que impera en este mundo; un pueblo que camina hacia la Tierra Prometida, el Paraíso de Dios, un pueblo que fue adquirido a precio de sangre. Y todo esto con el único propósito de anunciar al Salvador del mundo.

El sentido de nuestra permanencia en este mundo no es otro que continuemos proclamando el mensaje del Evangelio con nuestras palabras y con nuestra manera de vivir. Ser proclamadotes de Jesucristo es otra forma en que los cristianos ejercemos el sacerdocio universal.

CONCLUSIÓN
En definitiva el sacerdocio es de todos. Los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros son personas que ayudan a los miembros de la Iglesia a cumplir su función. Si pensamos que la Iglesia es un Cuerpo, podríamos preguntarnos ¿es nuestra iglesia un cuerpo saludable? Una iglesia saludable es aquella en que funciona perfectamente cada miembro. Una Iglesia sana es la que tiene a todos sus miembros funcionando en la misión que Jesucristo les ha dado. Si reconocemos nuestro fervor, dones y estilo personal, podremos ejercer el sacerdocio de modo óptimo y ser discípulos útiles en Su Iglesia.

PARA REFLEXIONAR:
1) ¿Quiénes, a su juicio, deben dirigir la Iglesia y hacer el trabajo espiritual, social, educativo y evangelizador de ella?
2) ¿Qué opina usted del principio de “sólo Escritura”? ¿Cree usted que debe haber un grupo de personas expertas que determinen la Verdad?
3) ¿Cree usted que sea posible vivir y ser como nuestro Sumo Sacerdote?
4) ¿Está usted proclamando el Evangelio de Jesucristo? ¿Cómo?
5) ¿Cuáles son las diferencias entre el sacerdocio del Antiguo y el Nuevo Pacto?


BIBLIOGRAFIA
1) Maestra Sangsoon Kim; apuntes de clases Asignatura “Network”; Seminario Teológico Misión Internacional de la Gracia; Chile, 2008.
2) Grace Ministry Internacional; “Dones Espirituales, Network”; Seminario Teológico de la Gracia.
3) La Santa Biblia, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.

sábado, noviembre 08, 2008

EL ESTILO PERSONAL.


SIRVIENDO AL CUERPO DE CRISTO
V PARTE


Tema basado en la asignatura "Network"
entregada en el Seminario de la Gracia 2008, Chile.
Lectura Bíblica: Salmo 139:13-16

Propósitos de la Charla: a) Que el discípulo descubra su “estilo personal”; b) Adquirir conceptos básicos sobre Personalidad; c) Apreciar en la Biblia los distintos elementos que conforman el servicio a la Iglesia.

“Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. / Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien. / No fue encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fui formado, Y entretejido en lo más profundo de la tierra. / Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas.” (Salmo 139:13-16)

Todos hemos nacido de una madre que se ha unido a un hombre, nuestros progenitores. No necesariamente ha mediado el amor en esa unión. Muchos son hijos de otros padres, algunos hijos de una violación o de la costumbre de una pareja que ya no se ama. Pero en verdad nuestros padres sólo han sido un instrumento utilizado por el Padre de la vida, el Creador. Usted y yo somos, existimos, no por voluntad de una pareja humana, sino por voluntad de Dios.

La Biblia dice que Él formó nuestro ser completo, Él nos hizo en el vientre de una madre. Y qué maravillosa es esta creación que Dios ha hecho. Nos podemos maravillar de la vida animal, de la geografía del planeta y del multiforme mundo de las plantas, pero ¡cuán mayor es la perfección y belleza de nuestro cuerpo y mente! Dice el salmo que fuimos formados en lo oculto, como tantas otras creaciones, como el árbol que es el producto de la germinación de una semilla escondida en la oscuridad de la tierra. Emergemos del útero de la madre, más aún salimos de la unión del óvulo con el espermatozoide y nadie ve ese milagro de vida. Ahora, adultos, vamos caminando por la existencia, desconociendo aquél misterio del cual vinimos. La vida surge de lo oculto; la luz de la vida, como dice San Juan, surgió de lo escondido.

Fuimos, según la Palabra de Dios “entretejido en lo más profundo de la tierra.” La vida es como el tejido de una red en que cada cosa se relaciona con otra: cada fruta y verdura que hay en nuestro huerto, está relacionada con algún órgano de nuestro cuerpo, por las vitaminas o elementos químicos que contiene. Los insectos y lombrices que viven en la tierra donde están plantados esos alimentos, también tienen una relación con los vegetales y, por ende, con nosotros. No diga usted que quiere saber nada del gusano que airea la tierra para que esta permita el crecimiento de las hortalizas que nos alimentan. La vida es como el tejido de una bella alfombra o de un útil chaleco, cada uno de sus hilos, colores, nudos, texturas, tienen una razón de ser, fue prediseñada por el gran Artista que es nuestro Dios.

Dios nos conoce antes que nosotros nos viéramos en un espejo o en el reflejo del agua en una pileta. Él vio nuestro feto: “Mi embrión vieron tus ojos”, dice el salmista. Ya que fuimos creados por Él, manipulados por Su mano misericordiosa, en Su conocimiento está todo lo que somos y habremos de ser, en cada uno de sus detalles. Lo que su médico conoce de usted es nada comparado con lo que el Señor de la Vida sabe de usted. Lo que su psicólogo o psiquiatra sabe de sus oscuridades es nada comparado con lo que el Creador de la mente humana conoce de usted. Lo que su pastor o tutor espiritual sabe de usted es nada si lo comparamos con el conocimiento que tiene nuestro Pastor y Obispo, Jesucristo, el Hijo de Dios.

ÉL NOS HA DADO FERVOR Y DONES.
Nada hay oculto de la vida para el Creador de la Vida. Es así que Él sabe perfectamente cual es el fervor o la pasión que cada uno de Sus hijos tiene en este mundo. Él sabe que su pasión es ganar muchas almas para el Reino, o alabar a Dios con instrumentos y danzas cada día del resto de su vida, o atender a los niños pobres de su ciudad, o cualquiera sea la visión que hay dentro de usted. Lo puede ocultar a su familia, a sus jefes en el trabajo, a si mismo –hay muchas personas que huyen de una vocación- o a sus líderes de Iglesia, pero de Dios no puede ocultarlo, porque Él le dio a usted ese fervor: “en oculto fui formado”. No se formó usted a sí mismo/a, ni fueron sus padres; aparentemente lo formaron sus papás y profesores, pero en realidad sólo fueron un instrumento de Dios para que usted llevara en su corazón esa pasión.

También nos dio dones espirituales cuando nacimos de nuevo, a la familia de Dios. Él nos proveyó de las capacidades espirituales y concretas necesarias para llevar a cabo la visión. Es decir nos dio las herramientas para hacer el trabajo que tenemos dibujado o planeado en el corazón. Como el albañil posee los planos del edificio que habrá de construir, así el cristiano tiene dibujado en su mente el diseño de la obra que debe hacer; eso es su fervor. Y para llevarlo a cabo requiere de la pala, el chuzo, la plana y todas las herramientas de construcción, más los materiales. Esas herramientas son sus dones y los materiales son los frutos del Espíritu Santo. La obra de Dios se construye con amor, fe, etc. Todas las cosas necesarias para hacer la Obra de Dios nos han sido dadas y no necesitamos andarlas buscando en otro lugar o persona que no sea el propio Creador de la Vida:

“3 Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, 4 por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; 5 vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; 6 al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; 7 a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. 8 Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.” (2 Pedro 1:3-8)

EL TERCER ELEMENTO.
Pero en esta ecuación para el buen servicio del Cuerpo de Cristo, por parte del discípulo de Jesucristo, es necesario un tercer elemento. Si bien el primero, que es el fervor, aporta la meta hacia la cual se dirige el cristiano individualmente, lo que comúnmente se llama “visión” y nosotros hemos nombrado como “fervor o pasión”; el segundo elemento nos da las capacidades para realizar esa visión, por medio de los dones espirituales. Es necesario destacar que cada persona realizará su misión o vocación de acuerdo a su particular modo de ser. Es lo que nosotros llamamos “estilo personal”.

La “pasión”, la visión, los sueños, el anhelo del corazón nos indican donde trabajar, nosotros dedicaremos todas nuestras fuerzas para cumplir esa pasión. Para lograr el cumplimiento de esa pasión requerimos de los dones espirituales que nos muestran qué debemos hacer. El estilo personal nos dirá cómo lo haremos.

TRES ASPECTOS DE LA PERSONALIDAD.
El estilo personal apunta al modo de actuar de la persona. La Psicología nos habla de tres aspectos básicos en la personalidad humana: el temperamento, la actitud y el carácter.

1. El Temperamento, que es algo así como la carga genética de la persona, la manera natural de ser y que no puede ser cambiada. Es el “tinte” emocional de nuestras respuestas aprendidas. Si alguien tiene un temperamento melancólico, por ejemplo, difícilmente se transformará en una persona alegre, sanguínea, espontánea o en alguien flemático. Es la disposición innata que nos induce a reaccionar de forma particular a los estímulos ambientales, determinada genéticamente.

2. La Actitud está determinada por el medio ambiente y la educación. La actitud que un cristiano tiene hacia la muerte es muy distinta a la de un ateo; la reacción de un ciudadano cuando escucha su himno patrio en el extranjero es diferente a la del de otra nacionalidad. Las actitudes dependen del medio socio-cultural en que la persona está inserta.

3. El Carácter es el “cuño”, la huella o la marca de la persona, un conjunto de reacciones y hábitos de comportamiento que se han adquirido durante la vida. Es el resultado de temperamento más actitud. Las características del carácter suelen ser rígidas y ayudan al sujeto a defenderse del medio. No hay que confundir con el dicho popular de alguien que tiene mal humor “tiene mal carácter”. Tampoco lo relacionemos con aquello que se dice de alguien que es autoritario o seguro de sí mismo: “él tiene mucho carácter”, porque todos tenemos carácter, y cada uno porta un carácter distinto.

Temperamento, actitudes y carácter, conforman lo que llamamos Personalidad. Podríamos decir que la personalidad es la forma en que pensamos, sentimos, nos comportamos e interpretamos la realidad.

Nuestra personalidad va a determinar un “estilo personal”, como trabajaremos en la Obra del Señor. Todos somos diferentes y Dios nos acepta tal como somos. De acuerdo a esa manera de ser, a ese carácter, actuaremos. Ahora, en Cristo, Él nos da una nueva oportunidad de seguir creciendo, de transformar nuestro carácter y formar en nosotros la personalidad de Jesucristo.

Cuando fuimos concebidos, toda la información acerca de nuestro yo estaba allí. Ahora que hemos nacido del Espíritu Santo, también hay una nueva información en nuestros genes. El misterio de la Vida continúa actuando en los cristianos, hijos de Dios, nacidos de nuevo.

El mundo tiene una población de 6.700 millones de habitantes. Sumemos a todos ellos, la enorme cantidad de personas que ha vivido en el planeta a través de toda la historia de la humanidad. Dios ha hecho a todos diferentes. No hay otro igual a mi.

Como las piedras preciosas son valiosas por su escasez, el diamante lo es más aún. Así también cada cristiano es diferente el uno del otro y, cual piedra preciosa, un diamante valioso para la Iglesia. Agradezcamos el fervor, los dones y el estilo personal que Dios nos ha dado.

EL ESTILO PERSONAL
El estilo personal es la manera en como enfrentamos el ministerio o servicio que Dios nos ha encargado. Este estilo cuenta de dos elementos principales, a saber la manera en que realizamos la tarea y de dónde obtenemos la energía para ejecutarla. A la primera podríamos llamarla “camino” y a la segunda “fuente”.

El camino de nuestro estilo personal es la huella que seguimos para llegar a la meta. Cada persona tiene su propio camino, su modo de resolver los asuntos vitales. Hay quienes siguen una senda prefijada, claramente establecida, y otros que buscan diversos senderos y atajos para llegar a la misma meta. Ambos son efectivos. Nuestro camino como cristianos es uno sólo: Jesucristo, pero el Espíritu Santo escoge sendas distintas para cada uno. Jesucristo nos ha dicho acerca de Sí mismo: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (San Juan 14:6). A pesar de ello, para cada cristiano el Espíritu Santo ha previsto un camino diferente: “El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni á dónde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu.” (San Juan 3:8)

La fuente de nuestro estilo personal es la “fuente de energía”, de donde obtenemos el vigor para la tarea. Hay personas que se concentran en la tarea y hay otras que se enfocan en las personas. Ambas miradas o focos están correctas. Nuestra fuente de energía y vida es una sola: Jesucristo, “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. (San Juan 7:37) pero Dios usa diversos medios de gracia para otorgarnos la fuerza espiritual, como en el ministerio de la Palabra: “Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados; / esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí.” (Romanos 1:11,12) o en el ministerio de sanidad: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. / Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados.” (Santiago 5:14,15)

SISTEMÁTICOS Y ASISTEMÁTICOS.
¿De qué manera realiza usted sus trabajos? El modo en que usted enfrenta un trabajo en su hogar, en la junta vecinal del barrio, en su oficina o industria, en la Iglesia, en fin cualquier encargo, pagado o no, habla mucho de su personalidad. Por ejemplo, cuando va de vacaciones ¿prefiere improvisar o seguir un riguroso plan que contempla horas de levantada, hotel, cuánto va a gastar cada día, a qué lugares va a ir? Seguramente, si hacemos esta pregunta a un grupo de hermanos, cada uno va a tener una respuesta distinta. Hay personas que se aburren con las rutinas, los planes preestablecidos, en cambio a otras les resulta sumamente cómodo un oficio o acción rutinaria.

Desde el punto de vista de la manera en que realizan su trabajo, las personas pueden clasificarse en dos grandes grupos: los asistemáticos y los sistemáticos.

1. Los asistemáticos prefieren improvisar, crear en el momento, tienen las ideas y las organizan en la conversación, les agrada lo sencillo y común, dan distintas opciones y caminos para resolver algo, se adaptan a distintos oficios, modifican su trabajo según las circunstancias, les aburre la rutina y rinden de acuerdo a la situación que viven

2. Los sistemáticos prefieren seguir lo planificado, lo definitivo y claro, terminar rápido su trabajo, se adaptan fácilmente a oficios rutinarios, siempre van a preferir hacer las cosas como estaban planeadas, no les incomoda la rutina y son más eficaces siguiendo lo planificado.

En resumen, el asistemático prefiere la diversidad de opciones y la disponibilidad de distintas posibilidades o caminos; y el sistemático prefiere los planes y el orden. Ambas formas de enfrentar la tarea son aceptables; una no es mejor ni peor que la otra, sino distinta. En cualquier grupo humano vamos a encontrar personas sistemáticas y personas asistemáticas; en la Iglesia también, habrá líderes y discípulos de ambos grupos. Debemos conocer estos estilos de personalidad para apreciarlos y entender cómo cada miembro del Cuerpo de Cristo enfrenta la acción.

Un discípulo asistemático desarrolla su servicio en forma muy espontánea y libre. Su relación con otras personas se organiza de manera dinámica, atendiendo a las diferencias individuales. El discípulo sistemático lleva su servicio de modo muy ordenado, planificado, secuenciado, organizando a las personas del mismo modo. Tanto el sistemático como el asistemático, utilizan diferentes métodos pero los dos le dan importancia a la armonización. Ambos buscan servir a la Iglesia y al Señor de la mejor manera. Necesitamos comprender estas características y no calificar, motejar o desmerecer a nuestros hermanos por esas formar de ser o estilos de personalidad. Seguramente usted ha visto y escuchado a grandes predicadores de radio y televisión con estas cualidades. Habrá alguno que estructura ordenadamente su mensaje, transmitiendo con tal claridad la Palabra de Dios que a algunos oyentes o televidentes les parece de gran edificación, y a otros muy frío, racional y hasta aburrido. Sin embargo aquél que hace uso de la improvisación aparente o “inspiración” del momento, ese que avanza entre ejemplos de actualidad y diversas parábolas divertidas, a unos no satisface por “desordenado” y a otros les inspira como muy guiado por el Espíritu Santo. En nuestro ejemplo, ambos enseñan la palabra de Dios y son tan siervos el uno como el otro, sólo que tienen dos maneras distintas, estilos personales diferentes. Hay sermones sistemáticos y sermones asistemáticos, hay ministros de Dios sistemáticos y asistemáticos. Si comparamos la carta a los Romanos de San Pablo con la carta de Santiago, podemos ver claramente un ejemplo de esto, el primero, a todas luces, es planificado, ordenado, sistemático; el segundo avanza de acuerdo a la inspiración en forma asistemática.

LABORALES Y PERSONALES.
¿De qué manera obtiene usted las fuerzas para hacer su trabajo? Quizás usted se sienta más cómodo cuando trabaja con otras personas, siente que las ideas fluyen mejor, es más entretenido y completa la labor que realiza; sin embargo hay otras personas que lo hacen más cómodos y eficaces trabajando solos. Podríamos decir que hay quienes se sienten mejor trabajando para otras personas y quienes se sienten mejor trabajando con otras personas. Unos encuentran la fuerza en el grupo, en los demás; y otros la hayan en la tarea misma, su fuerza fluye del trabajo mismo. A los primeros les interesará mantener la cohesión del equipo de trabajo y a los otros finalizar pronto la tarea; porque esos centran su tarea en las personas y éstos en el trabajo mismo. Ambos están preocupados de cumplir su misión de servicio, pero obtienen la fuerza o se enfocan en distintos aspectos. Es así que nos encontramos con otra clasificación de los individuos: los que enfatizan el trabajo y los que enfatizan el hombre, los laborales y los personales.

« Los laborales trabajan muy cómodos “a las órdenes de”, con un objetivo claro o en función del objetivo a lograr, por una causa específica, buscando la ejecución y pronto término del trabajo, respetando horarios y tiempo, centrándose en el trabajo en sí.

« Los personales cuando trabajan tienden a poner el foco en la relación humana, ya sea a quien va dirigida la labor o quienes participan en ella; son fervorosos cuando forman una organización; sienten gran satisfacción cuando se establecen relaciones humanas; comienzan las reuniones no en virtud de la puntualidad sino de la asistencia de todos; se preocupan por mantener bien el equipo de trabajo; durante el trabajo dan más importancia a la comunicación que al trabajo en sí.

En resumen, los “laborales” dan énfasis al trabajo y obtienen vigor al trabajar; y los “personales” ponen su énfasis en el hombre y obtienen vigor o energía al relacionarse con las personas. Desde la perspectiva de la fuente energética o motivación de las personas, podemos encontrarnos con estos dos tipos de cristianos, los que son movidos por las personas con que trabajan y aquellos a quienes sirven; y los que están altamente motivados por la tarea. Por ejemplo, puede haber dos evangelistas en nuestra iglesia. Uno tendrá gran pasión por salvar a aquellos que sufren los estragos del pecado y las tinieblas en sus vidas, aún más, interesará a un grupo de hermanos a hacerlo y a trabajar en equipo por ello. El otro también anhela la salvación de muchos, pero su motivación es hacerlo con el mejor método evangelístico, es un estudioso de las Escrituras y desarrolla temas planificadamente; también reúne equipo en torno suyo, pero su pasión es organizarlo en la tarea. El primero es un evangelista “personal” y el segundo “laboral”.

La medición de cómo obtenemos fuerza en la acción, nos revela si es en el aspecto emocional o en la ejecución de las tareas. Si usted es una persona que enfatiza el trabajo, la parte principal de su servicio está en organizar y hacer más efectivo el acto de servir a las personas; su foco está en el trabajo en sí. Si usted es una persona que enfatiza el hombre, entonces la parte principal de su servicio debe relacionarse mucho más con las personas que con la tarea. Su foco está en las relaciones humanas.

En ambos casos se le da mucha importancia al objetivo, el propósito de la tarea o servicio. Para lograr eso, cada cual puede tener sus propios métodos.

LOS CUATRO ESTILOS.
Usted tiene un fervor y ya ha descubierto sus dones espirituales. Ahora necesita identificar cual es su “estilo personal”. Quizás sea asistemático o sistemático; a ello añadirá un enfoque laboral o personal.

El estilo personal puede estar centrado en: el trabajo (L) o en las personas (P). El estilo personal puede ser de carácter: sistemático (S) o asistemático (A). De la combinación de estos cuatro elementos resultan los siguientes estilos personales:
1. L-S, Laboral - Sistemático
2. L-A, Laboral - Asistemático
3. P-S, Personal - Sistemático
4. P-A, Personal - Asistemático

LAS TRES PREGUNTAS DEL SERVIDOR.
Los tres elementos estudiados deben relacionarse para una correcta consejería: pasión, don espiritual y estilo personal. Jesucristo es la Cabeza de la Iglesia y Dios Padre le entregó a Él la misión de conducirla. Él quiere una Iglesia saludable, que lleve con eficacia su misión de evangelizar y servir a la sociedad. Para ello cada miembro debe hacerse tres preguntas cruciales:

1. Cada cristiano tiene una tarea que cumplir. Se preguntará “¿Dónde trabajaré?” y la respuesta la hallará en su fervor: “trabaja en la pasión que Yo he puesto en tu corazón.” Cuando Jesús habló con Pedro junto al mar de Tiberias, antes de partir a los cielos, le dio tres respuestas, las que apuntaban justo a su pasión: cuidar las ovejas del rebaño.

“Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. / Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. / Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. / De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. / Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.” (San Juan 21:15-19)

2. ¿Qué debo hacer para cumplir mi fervor? Será su segunda pregunta y la respuesta la encontrará en sus dones: “Te he dado un don especial para que me sirvas” Cuando Jesús llamó a Pablo le declaró el don que Él le habría de dar para servirle en su fervor. El fervor de San Pablo era anunciar a Cristo a todas las naciones y su don ser un apóstol.

“Después, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito. / Pero subí según una revelación, y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico entre los gentiles. / Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; / y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, /a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros. /Pero de los que tenían reputación de ser algo (lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa; Dios no hace acepción de personas), a mí, pues, los de reputación nada nuevo me comunicaron. /Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión / (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles), /y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión.” (Gálatas 2:1-9)

3. La última pregunta que resta por hacernos es ¿Cómo cumpliré mi servicio o ministerio en la Iglesia y la sociedad? La contestación a esa pregunta está en su misma forma de ser: “Lo harás con el estilo personal que Yo te he dado” Cada uno de los doce apóstoles de Jesucristo tuvo un estilo personal, una manera distinta y especial de cumplir la misión que el Maestro les encomendó. El apóstol Juan, por ejemplo, se caracterizó por su visión amorosa de Dios, lo cual se deja traslucir en sus cartas, tanto en su teología como en el trato para con los hermanos (2 Juan)

CONCLUSION
El Señor amó a Su Iglesia, al punto de morir por ella. Y le dio en abundancia, en cada uno de sus discípulos, fervor y dones. Además agregó un tercer elemento: el estilo personal. Cada cristiano trae una personalidad natural, la que contiene tres aspectos: temperamento, actitud y carácter; más en el nuevo nacimiento Él desea transformar esa personalidad en la de Jesucristo. El estilo personal puede ser sistemático o asistemático, laboral o personal, lo que da origen a cuatro estilos personales del cristiano. En resumen, para estar bien orientados para el servicio al Cuerpo de Cristo, necesitamos respondernos estas tres preguntas:
« ¿Dónde trabajaré?
« ¿Qué debo hacer para cumplir mi fervor?
« ¿Cómo cumpliré mi servicio o ministerio en la Iglesia y la sociedad?

PARA REFLEXIONAR:
1) De acuerdo a lo expuesto en esta charla ¿cuál es su estilo personal?

BIBLIOGRAFIA
1) Maestra Sangsoon Kim; apuntes de clases Asignatura “Network”; Seminario Teológico Misión Internacional de la Gracia; Chile, 2008.
2) Grace Ministry Internacional; “Dones Espirituales, Network”; Seminario Teológico de la Gracia.
3) La Santa Biblia, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.

jueves, octubre 30, 2008

CÓMO EJERCER LOS DONES.


SIRVIENDO AL CUERPO DE CRISTO
IV PARTE


Lectura Bíblica: Romanos 11:29-36

Propósitos de la Charla: a) Aprender a ejercer los dones con profundo amor; b) Comprender que los dones espirituales son un regalo de la Gracia de Dios; c) Hacer crecer nuestra estatura de fe para que crezcan nuestros dones; d) Desarrollar los frutos del Espíritu Santo para utilizarlos en conjunto con los dones; e) Que cada discípulo se esfuerce en cumplir su propio don.


“Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios. / Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, / así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia. / Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. / ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! / Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? / ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? / Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Romanos 11:29-36)

Es muy importante descubrir los dones que Dios nos ha dado a cada uno, para servirle en Su Iglesia. Una de las características principales de los dones es que son permanentes o, como dice San Pablo, irrevocables. Los dones siempre están, permanecen, no desaparecen. Los dones son las armas con las que salgo al cambo de batalla y siempre están ahí. Es lo que me ha dado Dios para ser feliz, para construir el Reino de Dios y para servir a mi prójimo. De mi dependerá tener esas armas a punto, desarrolladas, cuidadas; de mi dependerá estar acostumbrando a funcionar desde mis dones pero nunca podré decir que a mi se me ha dado menos, que yo no soy capaz. En mis dones está parte de la llave de mi felicidad y de la capacidad de hacer felices a los que me rodean y de poner a Dios en el mundo.

El Espíritu Santo trabaja donde se le da la bienvenida y nuestra Iglesia así lo ha hecho. ¿Le ha dado usted la bienvenida al Espíritu Santo en su vida? ¡Nada más fructífero que permitir que ese Espíritu que ha creado la vida, haga lo Suyo en la Iglesia! Si no damos cabida a que el Señor de la Iglesia y de cada discípulo, cumpla Sus planes, tanto la Iglesia como los cristianos no estarán caminando en la perfecta voluntad de Dios. Por eso es tan importante este tema del fervor y de los dones espirituales, ya que son el equipo que nuestro Padre Celestial, a través de Jesús, repartió a Su Iglesia para cumplir Su plan en esta tierra.

Jesucristo, el Hijo de Dios, venció en la cruz al diablo y dijo “Consumado es”, ya que allí completó la salvación de muchos. En la cruz Jesús tomó nuestro lugar de castigo como pecadores y crucificó al viejo hombre. El trabajo de Jesús fue la salvación, redención y justificación de quienes creyeran en Él, como la santificación es el trabajo del Espíritu Santo. Este ha sido dado a la Iglesia para:
« consuelo y ayuda (San Juan 14:16);
« convencer de pecado (San Juan 16:8,9);
« dar dones espirituales (1 Corintios 12);
« enseñar (San Juan 14:26);
« dar fruto en nosotros (Gálatas 5:22-23);
« guíar (San Juan 16:13);
« habitar (Romanos 8:9-11);
« llenar (Efesios 5:18);
« revestir de poder (San Lucas 24:29; Hechos 1:8);
« recordar (San Juan 14:26);
« regenerar (San Juan 3:5-8);
« revelar la Verdad (San Juan 12:13);
« sellarnos para siempre como hijos de Dios (Efesios 1:13) y
« ungirnos (1 Juan 2:20)

Una de las tareas importantes del Espíritu Santo ha sido capacitar a la Iglesia con los dones espirituales. Para no cometer errores en su aplicación, veremos cómo ejercerlos.

1. EN AMOR.
Necesitamos tener un claro conocimiento de los dones y ejercerlos con profundo amor. El día de Pentecostés vino el Espíritu Santo sobre los apóstoles y repartió dones, según la estatura de la fe. Es así que el Dios Trino reparte a cada uno en la Iglesia diversidad de dones. Los dones son dados a la Iglesia para que esta funcione como voz profética en medio de la sociedad, tanto en vivencia de Jesucristo, como en palabras y obras de servicio. Para poder llevar a cabo la función de cada don es necesario hacerlo con y en el amor. Este es el modo de operar de los dones espirituales, ya que proceden del Espíritu Santo, que es un Espíritu de Amor. La esencia del que dio los dones es el amor, puesto que “Dios es Amor”, como explicita el Texto Sagrado: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. / El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” (1 Juan 4:7,8)

Hablar en lenguas, tener don de profecía, don de ciencia, don de fe o cualquier otro don sin amor es inútil, no tiene valor para Dios. “1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. 3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.” (1 Corintios 13:1-3)

El amor es una virtud teologal, es decir que viene de Dios y se dirige a Él. La caridad o amor es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por El mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. Es el “vínculo de la perfección” (Colosenses 3:14) y la forma de todas las virtudes. De allí su importancia. Es definido el amor tanto en forma positiva como negativa, en el texto que dice: “4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” (1 Corintios 13:4-7)

La forma “positiva” dice que el amor es: 1) sufrido, 2) benigno, 3) se goza de la verdad, 4) todo lo sufre, 5) todo lo cree, 6) todo lo espera y 7) todo lo soporta. La forma “negativa” explica que el amor: 1) no tiene envidia, 2) no es jactancioso, 3) no se envanece; 4) no hace nada indebido, 5) no busca lo suyo, 6) no se irrita, 7) no guarda rencor. Hay una definición perfectamente equilibrada de 7 características positivas y 7 características redactadas en forma negativa. Podemos autoevaluar nuestra capacidad actual de amar, asignando un puntaje o calificación de 1 a 7 y enterarnos de qué aspectos debemos trabajar en nosotros, referente a esta virtud básica.

2. COMO GRACIA DE DIOS.
Como la salvación, los dones espirituales son un regalo de la Gracia de Dios. Los dones no los hemos recibido por simpatía, inteligencia o cualquier otro atributo personal. Tampoco nos han sido dados como premio a nuestro comportamiento. Sencillamente han sido dados por Gracia. Dios ha entregado los dones a Su Iglesia, por el puro afecto de Su voluntad. Ha sido Soberano en la repartición de éstos. No son mérito para nosotros sino mérito de Jesucristo que dio su vida por nosotros: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. / Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres.” (Efesios 4:7,8). Otra versión dice: “Pero cada uno de nosotros ha recibido los dones que Cristo le ha querido dar” (DHH)

Si consideramos los dones “gracias” o regalos de Dios, seremos humildes al ponerlos en acción. Nada más repugnante al Espíritu que la vanidad y gloria propia.

3. CRECIENDO EN FE.
Cada vez que nuestra estatura de fe crece, crecen nuestros dones. En la medida que confiemos en que ha sido Dios quien nos ha otorgado estos dones para glorificarlo y servir a nuestros prójimos, se desarrollarán los dones. Incluso adquiriremos nuevos dones. Por ejemplo, si nuestro don es la sabiduría, al utilizarlo en beneficio de nuestros hermanos para que ellos crezcan, nos sentiremos más útiles y ellos confiarán más en nosotros, dándonos responsabilidades mayores en la Iglesia. Pero si escondemos el don y no lo hacemos funcionar, nos sentiremos inútiles y nadie valorará nuestras personas. Confiar en los dones que el Señor nos ha regalado es confiar en Él y ponerlo muy en alto. Dios nos puede dar mejores dones y en mayor cantidad. Considere usted de sumo valor su ministerio o servicio y los dones que Dios le ha otorgado. Nosotros hablamos de “ministerio” cuando nos referimos a un don de la Palabra (apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros) y de “servicio” cuando hablamos de cualquier otra función en la Iglesia (diácono, presbítero, músico, etc.)

4. DESARROLLANDO LOS FRUTOS.
Los dones espirituales deben ser utilizados en conjunto con los frutos. Al utilizar los dones, no vayamos más allá del Espíritu Santo. La inmadurez nos puede llevar al engaño de Satanás y éste a un mal uso de los dones. Podríamos definir los frutos como actitudes que aparecen en nosotros por el poder y confianza del Espíritu Santo.

El primero de los frutos del Espíritu Santo es el amor, luego sigue el gozo. No podemos vivir el amor si no tenemos un profundo gozo, de lo contrario sería una pesada carga amar al prójimo y a Dios. La paz es el tercer fruto, porque una conciencia que no se culpa a sí misma ni vive culpando a los demás, es una conciencia que vive en la verdadera paz de Jehová-Shalom. Amor, gozo y paz son los tres primeros frutos, podrían llamarse también caridad, alegría espiritual y tranquilidad de conciencia.

A estas tres añade el Espíritu la paciencia, la benignidad y la bondad, que son componentes del primero, el amor. El amor es paciente, es benigno y es bondadoso; paciente porque sabe comprender y aceptar las personas y circunstancias difíciles; benigno porque es siempre bueno y no piensa mal del prójimo; bondadoso porque siempre hará el bien a los demás. Así es que esta trilogía de frutos en realidad se desglosa del primero, del amor.

Luego viene la fe, no como virtud teologal, sino como fruto; así también el amor está aquí tratado como fruto, es decir como resultado de una madurez, de un desarrollo. A la virtud teologal del amor, que se recibe del Espíritu Santo al nacer como nueva criatura, se añade el fruto del amor; igualmente sucede con la fe. Esta es una fe desarrollada, una fe que se conecta en confianza con Dios, una fe que es compartida a los hermanos a través de la vida de la persona. Ella ejerce fe en su vida devocional, en su vida de servicio y en su vida familiar. Después nos encontramos con la mansedumbre o humildad y con la templanza o dominio propio; la primera está íntimamente relacionada con la fe, ya que no puede haber fe sin humildad; es preciso ser manso como un cordero para aceptar recibir a Cristo. Pero esta mansedumbre es el fruto de una vida tratada, obediente y llena de fe en la dirección Divina. Resultado de esa fe y mansedumbre, es la templanza. La virtud de la templanza es una de las cuatro virtudes cardinales, mas aquí está señalada como fruto del Espíritu Santo. Se alcanza el dominio propio, el dominio de la carne, la autoridad del espíritu por sobre las pasiones, cuando el alma se ha humillado en mansedumbre y fe.

En resumen: el amor se vive con gozo y paz, el amor es paciencia, benignidad y bondad; y la fe produce mansedumbre y templanza. Todo ello es el fruto del Espíritu Santo. “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, / mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” (Gálatas 5:22,23)

Los dones son las capacidades que nos hacen funcionar en la Iglesia y como Iglesia a cada uno. Los frutos son los rasgos característicos de Cristo, los modos que adoptan los dones para actuar en la Iglesia. Comparados con una persona natural, los dones serían como los talentos, aquello de que es capaz, y los frutos son sus rasgos de personalidad, cómo actúa. Los cristianos tenemos capacidades sobrenaturales llamadas “dones” y rasgos de Jesucristo, llamados “frutos” o “virtudes”.

5. CADA UNO EN SU DON
Cada discípulo debe esforzarse en cumplir el servicio o ministerio que le ha sido asignado, ejerciendo sus propios dones. Una parábola del siglo XXI: Los animales del bosque hicieron una escuela para entrenarse en todas las habilidades: correr, nadar, trepar árboles, volar. Participaron el conejo, el águila, el pato, la ardilla. Cada uno rendía en lo que era su naturaleza especial pero fracasaba en lo demás. Así somos en la Iglesia cuando queremos rendir en áreas que no son nuestro don especial. Dios no nos obliga a hacer cosas que no podemos hacer. A través de los dones Él quiere que seamos libres para hacer las tareas en forma óptima. Esforcémonos en el don que es nuestra especialidad.

CONCLUSIÓN.
Para ejercer correctamente nuestros dones en la Iglesia, luego de conocerlos, debemos ejercerlos con amor y en el amor de Jesucristo. Consideremos siempre que son una gracia o regalo de Dios, algo que no merecíamos pero que Dios quiso obsequiarnos para hacernos importantes y necesarios en Su Obra. Procuraremos siempre crecer en la fe para un mejor ejercicio de los dones. Este desarrollo debe ir a la par con el crecimiento de los nueve frutos del Espíritu Santo. Por último, cada discípulo ocúpese en desarrollar, ejercitar y hacer actuar su propio don, sin criticar, envidiar ni envanecerse ante sus hermanos.

APLICACIONES
1. Examinemos cómo está mi amor frente a mi prójimo, en qué aspectos del amor debo mejorar. Pidamos al Señor más paciencia, bondad, humildad, delicadeza, altruismo, serenidad, jovialidad, compasión y magnanimidad.

2. ¿He considerado que los dones que poseo no son míos sino tan sólo una “gracia” del Señor? Necesitamos ser más humildes y agradecidos con Dios.

3. Señor: auméntanos la fe para crecer en dones y servirte mejor a Ti y a mi prójimo.

4. Padre, Tú que eres el Labrador de mi árbol de vida: desarrolla en mí todos Tus frutos para ser útil y feliz en Tu Reino. Dame amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.

5. Escuchemos al Señor que nos dice “cada discípulo ocúpese en desarrollar, ejercitar y hacer actuar su propio don, sin criticar, envidiar ni envanecerse ante sus hermanos.” Demos gracias a Dios por Sus dones. Amén.

BIBLIOGRAFIA
1) Maestra Sangsoon Kim; apuntes de clases Asignatura “Network”; Seminario Teológico Misión Internacional de la Gracia; Chile, 2008.
2) Grace Ministry Internacional; “Dones Espirituales, Network”; Seminario Teológico de la Gracia.
3) La Santa Biblia, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.
4) Dios Habla Hoy, Sociedades Bíblicas Unidas, 1979


lunes, octubre 20, 2008

¿CUÁL ES MI DON?


SIRVIENDO AL CUERPO DE CRISTO
III PARTE

Lectura Bíblica: 1 Corintios 12:1-11

Propósitos de la Charla: a) Constatar cuáles son los dones que se registran en la Biblia y conocer sus características; b) Identificar los dones que posee cada discípulo; c) Examinar las características de las personas y sus dones.


El Señor no desea que seamos ignorantes acerca de algo tan importante como es las capacidades espirituales con que Él nos ha dotado para servir en la Iglesia. En el mundo y en las falsas religiones a las personas se las arrastra a cualquier tipo de manifestación emocional, sin ningún fundamento lógico. No es así en el Reino de Dios; debemos conocer exactamente lo que hacemos y hacia donde nos dirigimos. Ya sabemos, como discípulos de Jesucristo, que hemos sido edificados sobre Él y que estamos siendo formados a Su imagen. Ahora precisamos conocer cómo debemos funcionar en Su Iglesia. Esto lo hace el Espíritu Santo en cada uno. El mismo Espíritu que nos hace reconocer a Cristo como Señor es el que nos ha dado capacidades para servirlo.

Hemos visto que cada cristiano tiene un “fervor”, una pasión personal por servir a Dios y a su prójimo de un modo particular. También cada cristiano ha sido dotado de uno o más “dones” por el mismo Espíritu. Todo esto es para beneficiar al Cuerpo de Cristo, fervor y dones son dados para provecho y no para dañar. En este capítulo vamos a acercarnos un poco más a las características de estos dones, con el propósito de que cada uno vaya descubriendo cuáles son los dones con que el Señor nos ha llamado a servirle a Él y a nuestros hermanos.

CATÁLOGO DE LOS DONES BÍBLICOS.
Busquemos los dones que aparecen en la Biblia, leyendo los siguientes pasajes. Así haremos un catálogo de dones bíblicos.

“Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; / a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. / A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.” (1 Corintios 12:8-10)

De este pasaje se pueden inferir los siguientes dones:

1. Sabiduría
2. Ciencia
3. Fe
4. Sanidades
5. Milagros
6. Profecía
7. Discernimiento de espíritus
8. Lenguas
9. Interpretación de lenguas

“Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.” (1 Corintios 12:28)

10. Apóstol
11. Enseñanza (maestros)
12. Colaboración (los que ayudan)
13. Administración

“De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; / o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; / el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.” (Romanos 12:6-8)

14. Exhortación
15. Solidaridad (el que reparte)
16. Liderazgo (el que preside)
17. Misericordia

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros” (Efesios 4:11)

18. Evangelismo (evangelistas)
19. Pastoral (pastores)

“Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. / Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” (1 Pedro 4:9,10)

20. Hospitalidad

“Habló Jehová a Moisés, diciendo: / Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; / y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, / para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce” (Éxodo 31:1-4)

21. Habilidad manual y artística.

“Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; / por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.” (1 Timoteo 2:1,2)

22. Oración de intercesión

“Alabadle a son de bocina; Alabadle con salterio y arpa. / Alabadle con pandero y danza; Alabadle con cuerdas y flautas. / Alabadle con címbalos resonantes; Alabadle con címbalos de júbilo.” (Salmos 150:3-5)

23. Arte o Comunicación Creativa (Alabanza y adoración)
Algunos consideran otros dones espirituales, tales como:

24. Don de continencia o celibato
25. Don de consejo
26. Ejercer justicia
27. Echar fuera demonios o exorcismo
28. Martirio
29. Pobreza voluntaria

“Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. / Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; / sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. / Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura.” (Isaías 11:2-5)

“Y si no tienen don de continencia, cásense; que mejor es casarse que quemarse.” (1 Corintios 7:9)

CARACTERÍSTICA DE CADA DON.
Cada don tiene sus características propias. A continuación veremos el propósito de cada uno y cómo actúan las personas que los poseen. Piense usted en qué aspecto puede contribuir a la Iglesia cada don. Esto le ayudará a descubrir cuál o cuáles son sus dones para servir a la Iglesia.

1. Sabiduría
Propósitos del don: a) Que los hermanos puedan comprender, corregirse, aprender o arrepentirse; b) Revelar y propagar las verdades de Dios utilizando métodos adecuados. Su efecto puede ser inmediato o a largo plazo.
La persona con este don:
a) Revela la mentira y el pecado de otros cristianos con el propósito de reconciliarlos con Dios.
b) Para que halla comprensión del pecado, arrepentimiento y aprendizaje, desafía a las personas mostrando las cosas que otros no ven, para que reaccionen de manera correcta.
c) Si la persona no se arrepiente, le advierte sobre el juicio de Dios.
d) Comprende el corazón y el pensamiento de Dios, teniendo experiencias permitidas por Él.

2. Ciencia
Propósito del don: a) Aplicar las verdades espirituales necesarias para responder a una circunstancia determinada.
Los cristianos con este don:
a) En el momento de decidir el siguiente acto, prestan atención al resultado que puede traer.
b) Conocen bien las necesidades de la iglesia para satisfacerlas.
c) Proveen soluciones que Dios da en circunstancias de confusión y discordia.
d) Escucha la guía del Espíritu Santo para entregar lo mejor a Dios.
e) Aplica de forma práctica y específica las verdades espirituales.


3. Fe
Propósito del don: a) Actuar con fe y convicción, confiando en las promesas de Dios, que realiza Su voluntad.
Los cristianos con este don:
a) Creen absolutamente en Dios y ayudan a que otras personas también puedan tener ese tipo de fe.
b) Actúan teniendo la certeza de un Dios que hace superar toda dificultad.
c) Tienen una actitud de completa seguridad en las promesas y voluntad del Señor.
d) Hacen avanzar la obra de Dios, cuando otros no lo hacen.
e) Confían en la providencia de Jehová en medio de las necesidades.

4. Sanidades
Propósito del don: a) Ser instrumentos de Dios para restaurar la salud de las personas.
Las personas con este don:
a) Muestran verdaderamente el poder de Dios para sanar.
b) Sanan a los enfermos.
c) Comprueban el mensaje de Dios a través de la sanidad.
d) Utilizan este don para transmitir la Palabra de Dios y dar gloria a Él.
e) Realizan sanidades milagrosas utilizando la oración y la imposición de manos.

5. Milagros
Propósito del don: a) Ratificar el mensaje del Evangelio y las obras de Dios poderosamente, como mediador sobrenatural.
Las personas con este don:
a) Demuestran la Palabra de Dios a través de los milagros que se relacionan con ésta.
b) Expresan la fe segura, Su fidelidad y Su presencia.
c) Predican con poder el mensaje y las obras de Jesucristo.
d) Declaran que Él es quien realiza los milagros y le glorifican.
e) Representan a Cristo y hacen tener una relación con Dios a través del don.

6. Profecía
Propósito del don: a) Confirmar a la Iglesia en su misión, por medio de las profecías o la Palabra de Dios.
Las personas con este don:
a) Reciben la palabra verdadera que ayuda a un mejor servir de la Iglesia.
b) Investigan profundamente la Escritura para obtener sabiduría e inteligencia, conocimiento y verdad.
c) A veces llegan a la Verdad por un método sobrenatural.
d) Tienen intuición y conocimiento por vía no racional, pero que ayuda a la Iglesia.
e) Ordenan la información para la educación y una aplicación real.

7. Discernimiento de espíritus
Propósito del don: a) Discriminar entre falsedad y verdad, bien y mal, para descubrir lo correcto y lo incorrecto.
Las personas con este don:
a) Distinguen la pureza de la impureza, el bien del mal y lo correcto de lo incorrecto.
b) Descubren el engaño.
c) Distinguen la verdadera Palabra de Dios.
d) Enseñan, predican, profetizan, descubren lo incompatible con Dios.
e) Perciben la presencia del mal.

8. Lenguas
Propósito del don: a) Rendir culto, orar y hablar en un idioma que no conoce ni la persona que lo habla.
Las personas con este don:
a) Sin mediar su voluntad, reciben las palabras que deben ser transmitidas a los hermanos a través del intérprete en lenguas.
b) Hablan las palabras del Espíritu Santo, que son traducidas por las personas con el don de interpretación de lenguas, para edificar a la Iglesia.
c) Hablan en idiomas que desconocen.
d) Rinden culto a Dios en un idioma profundo y complicado de comprender.
e) Experimentan una relación profunda con Dios para servirlo.

9. Interpretación de lenguas
Propósito del don: a) Interpretan y transmiten a la Iglesia, el mensaje que ha sido dado en otras lenguas.
Las personas con este don:
a) Traducen el mensaje dado en lenguas.
b) A través de estas manifestaciones, revelan el poder de Dios y lo glorifican.
c) Transmiten un mensaje moralizador para la Iglesia, el Cuerpo de Cristo.
d) Traducen y transmiten las lenguas que nunca han estudiado.
e) Muchas veces toman sus traducciones forma de profecía para la Iglesia.

10. Apostolado
Propósito del don: a) Fundar y controlar nuevas iglesias y ministerios.
Las personas con este don:
a) Fundan iglesias, nuevas comunidades cristianas o ministerios.
b) Tienen una fuerte conciencia cultural, sensible y rápidamente adaptable a otros ambientes.
c) Desean ministrar a las diferentes personas.
d) Al interior de la Iglesia, asumen la tarea de controlar los distintos servicios.
e) Muestran autoridad y tienen su propio ideal.

11. Enseñanza (maestros)
Propósito del don: a) Mejor comprensión de la Palabra de Dios; b) Explicación y aplicación de la Palabra, para que quienes la escuchan puedan cada día asemejarse más a Jesucristo.
Las personas con este don:
a) Transmiten la verdad de la Palabra de Dios y esto los hace más obedientes.
b) Dan un desafío real y preciso a quienes los escuchan.
c) Testimonian la enseñanza perfecta de Dios, para poder alcanzar cambios profundos en sus vidas.
d) Dan gran importancia a los detalles y a la precisión.
e) Preparan la Palabra con largas investigaciones y devociones.

12. Colaboración (los que ayudan)
Propósito del don: a) Llenar, satisfacer, apoyar las necesidades de otras personas, para que puedan servir libremente en su don.
Las personas con este don:
a) Si son necesarios para el servicio de otros hermanos, sirven anónimamente donde sea para apoyarlos.
b) Se contentan solucionando tareas concretas.
c) Se conforman realizando estas labores y realizan el plan de Dios a través de ellas.
d) Agregan sentido espiritual a las tareas reales.
e) Apoyan para que otras personas puedan servir a Dios a su modo.

13. Administración
Propósitos del don: a) Comprender rápidamente las necesidades de una organización para su correcto funcionamiento; b) Impulsar los métodos más efectivos para lograr los objetivos de la Iglesia.
Las personas con este don:
a) Realizan programas y planes para alcanzar el objetivo.
b) Ayudan para que el ministerio de la Iglesia sea más efectivo y eficaz.
c) Implementan sistemas en donde no había.
d) Administran y organizan recursos para el cumplimiento de la misión de la Iglesia.

14. Exhortación
Propósito del don: a) Aconsejar en la toma de decisiones; b) Consolar o animar a través de la predicación a las personas que tengan inseguridad en su fe.
Las personas con este don:
a) Reaniman a los deprimidos dándoles seguridad.
b) Consuelan para que crean en la promesa de Dios con fe y esperanza.
c) Plantean desafíos.
d) Entrenan frente a la adversidad.
e) Aconsejan para que otros puedan aplicar en sus vidas las verdades bíblicas.
f) Alientan para que la fe pueda crecer.
g) Enfatizan las promesas del Señor y así podamos tener certeza de Su voluntad.

15. Solidaridad (el que reparte)
Propósito del don: a) Ofrendar dinero y recursos materiales con generosidad.
Las personas con este don:
a) No se preocupan ni se preguntan “¿Cuánto ofrendar?” sino “¿Cuánto es lo justo y necesario para vivir?”
b) Moderan y limitan su forma de vida financiera, para ofrendar lo máximo posible dentro de su capacidad económica.
c) Apoyan y ofrendan de manera sacrificada para la expansión del Reino de Dios.
d) Al satisfacer las necesidades materiales hacen posible el crecimiento espiritual.
e) Ofrendan con sencillez y alegría, confiando en la devolución abundante del Señor.
f) Poseen la capacidad especial de ganar el dinero necesario para expandir la obra de Dios.

16. Liderazgo (el que preside)
Propósitos del don: a) Poner “visión” en la Iglesia; b) dar fervor y guiar a los discípulos, para que puedan realizar la voluntad de Dios armoniosamente.
Las personas con este don:
a) Dan dirección a los cristianos y sus servicios.
b) Animan para que puedan desplegar su máxima capacidad.
c) Conducen de tal modo que los otros pueden ver el significado total de las cosas.
d) Demuestran el valor del ministerio, realizándolo personalmente.

17. Misericordia
Propósito del don: a) Ayudan con alegría y en forma práctica a las personas en dificultades y sufrimientos.
Las personas con este don:
a) Se esfuerzan principalmente en ayudar a las personas con dificultades y sufrimientos.
b) Cuidan a los marginados de la sociedad.
c) Les expresan amor, gracia y dignidad.
d) Sirven con alegría aún en las circunstancias extremas.
e) Se dedican a aquellos que están en la marginalidad social y personal.

18. Evangelismo
Propósito del don: a) Predicar de una manera más efectiva a los incrédulos, para que puedan acceder a la fe y comiencen a vivir una vida de discípulos.
Las personas con este don:
a) Transmiten el mensaje de Jesucristo con lucidez.
b) Siempre buscan la oportunidad de hablar con los no creyentes acerca de la espiritualidad.
c) Desafían a los oyentes para que puedan seguir a Cristo con fe y sacrificio.
d) Modifican la presentación del Evangelio, según la necesidad de las personas.
e) Se esfuerzan para poder tener familiaridad con los inconversos.

19. Pastoral
Propósito del don: a) Cuidar, proteger y guiar a las personas, para que puedan seguir creciendo y asemejarse a Cristo espiritualmente.
Las personas con este don:
a) Tienen la responsabilidad de que la persona viva acompañada por Dios en forma total.
b) Dirige y lidera la reunión de los hermanos.
c) Demuestra con su vida cómo es vivir como un discípulo sacrificado.
d) A través de la relación duradera obtiene seguridad y confianza.
e) Protege y guía a las personas que debe cuidar.

20. Hospitalidad
Propósito del don: a) Ofrecer comida y alojamiento con amabilidad.
Las personas con este don:
a) Crean el ambiente para que otros puedan sentir amor y aprecio.
b) Ayudan para que los hermanos nuevos se sientan bienvenidos.
c) Crean un clima confortable para el establecimiento de relaciones interpersonales.
d) Buscan nuevos métodos para que las personas puedan tener una relación más profunda y significativa.
e) Proveen ambientes cómodos.

21. Habilidad manual y artística.
Propósito del don: a) Proyectar con creatividad los artículos que se necesitan para la Iglesia.
Las personas con este don:
a) Trabajan utilizando madera, tela, pinturas, metales, vidrio y diversos materiales.
b) Crean elementos que ayudan a los diferentes ministerios y servicios de la Iglesia.
c) Disfrutan del trabajo manual para satisfacer los requerimientos materiales.
d) Idean herramientas y materias primas para confeccionar obras.
e) Saben manipular distintas herramientas.
f) Son hábiles en las artesanías.

22. Oración de intercesión
Propósito del don: a) Orar en forma permanente y específica por otras personas y sus necesidades.
Las personas con este don:
a) Sienten una fuerte responsabilidad de orar por las necesidades de otros.
b) Perciben la presencia de guerra espiritual y oran por ello.
c) Tienen fe en que Dios obra directamente en la oración.
d) Tengan la comprensión o no, oran según la guía del Espíritu Santo.
e) Cubren en oración a las personas para protegerlas y prepararlas para la obra del Señor.

23. Arte o Comunicación Creativa (Alabanza y adoración)
Propósito del don: a) Transmitir la Verdad de Dios a través del Arte.
Las personas con este don:
a) Predican la Verdad de Dios a través de las Artes.
b) Desarrollan y utilizan las técnicas artísticas, como el teatro, la literatura, la danza, la pintura, la música, etc.
c) Motivan a las personas con diversidad y creatividad, haciéndoles pensar el mensaje de Jesucristo.

Lo más probable es que usted ya tenga bastante más claro cuáles son sus dones, habiéndonos mirado en este verdadero espejo que nos ha puesto la Palabra de Dios. Aparte de preguntarnos ¿cuáles son mis dones? necesitamos preguntarnos ¿estoy dispuesto a poner mis dones al servicio del Señor y Su Iglesia? Si el Padre ha sido tan generoso de renunciar a Su propio Hijo; si Jesucristo me amó tanto que dio su vida por mí; si el Espíritu Santo me ha adornado por gracia con tan bellos dones ¿seré tan ingrato y falto de amor como para no entregarme y entregar todo lo que la Trinidad me ha dado por gracia? ¡Claro que no, sino que me daré por entero a Su obra, por amor del Dios que salvó mi alma y me dio la vida eterna!

PARA REFLEXIONAR:
1) Comente con sus hermanos cuáles son los dones que el Señor le ha dado.
2) Conteste el Cuestionario de Diagnóstico de Dones y analice los resultados con su tutor.

BIBLIOGRAFIA
1) Maestra Sangsoon Kim; apuntes de clases Asignatura “Network”; Seminario Teológico Misión Internacional de la Gracia; Chile, 2008.
2) Grace Ministry Internacional; “Dones Espirituales, Network”; Seminario Teológico de la Gracia.
3) La Santa Biblia, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.



domingo, octubre 12, 2008

NO DESCUIDES TUS DONES.


SIRVIENDO AL CUERPO DE CRISTO
II PARTE



Lectura Bíblica: 1 Timoteo 4:14

Propósitos de la Charla: a) Motivarse a descubrir los dones que el Señor nos ha dado; b) Comprender el propósito que tienen los dones en la Iglesia; c) Valorar el fervor y los dones como una bendición de Dios puesta en cada creyente.

Dios desea que trabajemos en equipo. El nos ha dado las capacidades necesarias para servirnos los unos a los otros. El trabajo de la Iglesia es anunciar el Evangelio y servir a las necesidades de la sociedad, mostrando el amor de Dios en todo lo que hagamos. Para ello necesitamos desatar manos y pies. “No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio.” (1 Timoteo 4:14) decía el apóstol a su discípulo. Hoy en día el Señor repite las mismas palabras.

Cada cristiano tiene el deber de descubrir su fervor y las capacidades o dones que el Señor le ha dado para servir en Su obra. “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” (1 Pedro 4:10). Somos administradores de aquellas capacidades dadas por el Señor.

RENDIREMOS CUENTA DEL USO DE LOS DONES.
Los cristianos somos “mayordomos” de los dones que hemos recibido del Señor, ante quien daremos cuenta. En la parábola de los talentos el Señor cuenta: “Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. / A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. / Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. / Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. / Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. / Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. / Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. / Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. / Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. / Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. / Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; / por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. / Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. / Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. / Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. / Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. / Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.” (San Mateo 25:14-30)

Jesús ha marchado a los cielos y ha repartido dones a Su Iglesia. A cada cristiano ha dado capacidades en distinta cantidad y género, como a Él le plació. Algunos multiplicaron esos dones, pocos o muchos, y obtuvieron el doble de ganancia de ellos. Mas otro, según la parábola, prefirió guardar su talento, hasta cuando regresara el Señor, pensando que así lo cuidaría, no se estropearía y podría devolverlo intacto a su Dueño. Llegado el tiempo de arreglar cuentas, quienes multiplicaron sus dones fueron premiados: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” En estas palabras hay implícita una recompensa para los que multiplicaron los talentos dados por el Señor. La explicación del que “cuidó” las monedas guardándolas, fue: “Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; / por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.” Explicó que tuvo miedo de su juicio, lo cual no agradó al Dueño pues consideró que el siervo había actuado con maldad e irresponsabilidad. Maldad pues perjudicó a su Señor y fue negligente en su deber. Si anhelamos ser servidores útiles en la obra de Dios, no guardemos los talentos que Él nos ha dado, sino que pongámoslos a trabajar, invirtamos en Su obra, hagamos tesoro en los cielos, activemos nuestros talentos, descubramos nuestros dones.

LOS DONES ACTÚAN COOPERATIVAMENTE.
Tiempo, salud, familia, etc. son dados por Dios. Es muy importante que cada cristiano conozca el o los dones que tiene él mismo como sus hermanos de congregación. Es preciso echar fuera orgullo, vanidad y mentira, a la hora de poner en movimiento el Cuerpo de Cristo. La Iglesia crece y se edifica mejor cuando despiertan los dones de sus miembros. A los dones de un discípulo corresponde un servicio de la Iglesia. Por un lado están los dones de cada uno y por otro los ministerios y servicios que desarrolla la Iglesia. Piense usted que su don o sus dones, apuntan a un servicio específico de la obra de Dios.

Existe en el ser humano la tendencia a pensar que el distinto a mí está mal, mas Dios ha creado con la diversidad y con ella ha formado un “todo”, la Iglesia. Cuando un “niño” nace en la Iglesia imita a los “padres”. “Sigan mi ejemplo” decía San Pablo, del mismo modo debe suceder hoy en la Iglesia. En cambio cuando los miembros son “independientes” y quieren prescindir de los demás discípulos, quieren estar solos, no relacionarse, lo cual afecta al Cuerpo de Cristo.

El agua sola, como la arena y el cemento, sin mezclar, no sirven para construir casas. Cuando se unen los tres elementos, se forma el concreto y se puede edificar. Asimismo pasa con nuestros dones. Al unirnos y servirnos unos a otros, podemos funcionar coordinadamente y ser Iglesia, Cuerpo de Cristo. Harina más huevos más agua más otros elementos, unidos, hacen una torta exquisita. De esto podemos aprender que un cristiano maduro no vive independiente sino en apoyo mutuo.

Cuentan que los distintos miembros del cuerpo se elogiaban a sí mismos: el ojo, la boca, el pie, la mano… Miraban al meñique del pie y se preguntaban ¿servirá para algo? Al faltar quedaron discapacitados. Todo cristiano necesita descubrir esto: “Soy indispensable para la Iglesia, porque soy miembro del Cuerpo de Cristo”.

LOS DONES SON PODERES OTORGADOS POR DIOS.
Los dones no se eligen sino que son otorgados por Dios. Tener un don no es correcto ni incorrecto. Los dones dan respuesta a la pregunta “¿en qué servir?”

Los dones espirituales son poderes especiales otorgados por Dios, para que cada discípulo pueda contribuir en forma personal a Su obra. “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” (1 Corintios 12:7) El Espíritu Santo nos dio los dones espirituales para que cada cristiano realice un servicio con sentido o propósito.

DIOS LOS REPARTE SOBERANAMENTE
“Pero todas estas cosas las hace uno y el Mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Corintios 12:11) Dios da Sus dones a todos los miembros de la Iglesia y no a unos pocos o a una minoría privilegiada. Él entrega Sus dones de acuerdo a Su Inteligencia y Gracia. Se puede afirmar que todos los creyentes tienen al menos un don y que cada uno es un servidor.

“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10) Dios otorgó los dones para que sean de provecho o utilidad al Cuerpo de Cristo que es Su Iglesia. La existencia de los dones permite que haya un mejor servicio mutuo. El objetivo central de los dones espirituales es glorificar a Dios y edificar a los hermanos. “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” (1 Corintios 12:7)

De acuerdo a las características particulares de los creyentes, Dios ha proyectado minuciosamente los dones y servicios espirituales para que los creyentes puedan servir a la Iglesia según el don que recibieron. Los perfiles de los servidores no son elegidos según nuestra voluntad, sino que según el proyecto de Dios. Observemos en estos textos la soberanía de Dios en la repartición de los dones:
a) “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” (1 Corintios 12:7)
b) “Pero todas estas cosas las hace uno y el Mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Corintios 12:11)
c) “Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso” (1 Corintios 12:18)
Cada discípulo de Jesucristo tiene un servicio específico en la Iglesia.

HAY DIVERSIDAD DE CREYENTES Y DONES.
En la Iglesia existe una diversidad de creyentes. Cada uno tiene características peculiares. Como el cuerpo humano tiene diversos miembros, así también el Cuerpo de Cristo. Cada uno de nosotros es diferente según el proyecto de Dios. “Porque a este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro fe, por el mismo espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas” (1 Corintios 12:8-10). A diversidad de creyentes, corresponde una diversidad de dones.

LOS DONES ACTÚAN EN EL APOYO MUTUO.
Dentro de la Iglesia pueden darse tres tipos de relaciones entre sus miembros:
Relación mutua: es aquella en que todos los miembros se contactan entre sí y están bajo la cobertura o protección de un pastor y hermanos más maduros.
Independiente: es aquella en que algunos cristianos considerados “maduros” sirven en forma independiente a Dios y al prójimo.
Relación de apoyo mutuo: es aquella en que cada miembro de la Iglesia se ayuda mutuamente y trabaja para el crecimiento y desarrollo del Cuerpo de Cristo.

Culturalmente tendemos a creer que “independencia” es sinónimo de madurez y “dependencia” es signo de inmadurez. Los dones no actúan en la independencia sino en la interdependencia.

El Señor espera una relación de apoyo mutuo en Su Iglesia. Él espera que nos sirvamos mutuamente, como lo hacen los distintos miembros del cuerpo humano, funcionando armónicamente: “así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros” (Romanos 12:5); “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1 Corintios 12:27)

Hay problemas que obstaculizan y evitan la relación de apoyo mutuo. Necesitamos implementar métodos que puedan hacer prosperar la relación de apoyo mutuo.

LOS DONES ACTÚAN EN LA DIVERSIDAD.
A través de los siguientes pasajes podremos entender que diversificación no es separación:
a) “Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo./ Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros” (1 Corintios 12:20,21);
b) “para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. 26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.” (1 Corintios 12:25,26)

LOS DONES TIENDEN A LA UNIDAD.
Aún siendo diferentes, hemos sido llamados para servir sin separarnos: “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. / Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. / Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.” (1 Corintios 12:4-6) Son diversos dones espirituales pero el Espíritu Santo es el mismo; los servicios son diferentes… pero es el mismo Señor Jesucristo; son diversas obras pero es el mismo Dios quien las realiza a través de distintos discípulos

Ser uno no quiere decir homogeneizar sino diversificar. “Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? / Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. / Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? / Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.” (1 Corintios 12:17-20)

No es necesario que seamos iguales para ser uno. “¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros? /¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?” (1 Corintios 12:29,30). Todos los discípulos podemos llegar a ser uno, si tenemos un solo propósito: glorificar a Dios y edificar a nuestros hermanos.

PARA REFLEXIONAR:
1) ¿Cuáles son las causas de los problemas que obstaculizan y evitan la relación de apoyo mutuo en su iglesia?
2) ¿Qué soluciones y métodos pueden hacer prosperar la relación de apoyo mutuo en su iglesia?

BIBLIOGRAFIA
1) Maestra Sangsoon Kim; apuntes de clases Asignatura “Network”; Seminario Teológico Misión Internacional de la Gracia; Chile, 2008.
2) Grace Ministry Internacional; “Dones Espirituales, Network”; Seminario Teológico de la Gracia.
3) La Santa Biblia, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.




RESUMEN.
1. DIOS DESEA QUE TRABAJEMOS EN EQUIPO.
· El nos ha dado las capacidades necesarias para servirnos los unos a los otros.
· Para ello necesitamos desatar manos y pies. (1 Timoteo 4:14)
· Cada cristiano tiene el deber de descubrir su fervor y los dones que el Señor le ha dado para servir en Su obra. (1 Pedro 4:10).
2. RENDIREMOS CUENTA DEL USO DE LOS DONES.
· Los cristianos somos “mayordomos” de los dones que recibimos del Señor
· Parábola de los talentos (San Mateo 25:14-30)
3. LOS DONES ACTÚAN COOPERATIVAMENTE.
· Cada cristiano debe conocer sus dones y los de sus hermanos.
· Echar fuera orgullo, vanidad y mentira
· Existe en el ser humano la tendencia a pensar que el distinto a mí está mal
· Ejemplo del agua + la arena y + el cemento = concreto
· Ejemplo de la harina + huevos + agua + otros elementos = unidos torta
· Ejemplo de los miembros que miraban con desprecio al meñique del pie.
· “Soy indispensable para la Iglesia, porque soy miembro del Cuerpo de Cristo”.
4. LOS DONES SON PODERES OTORGADOS POR DIOS.
· Los dones no se eligen
· Dan respuesta a la pregunta “¿en qué servir?”
· Son poderes especiales otorgados por Dios.
5. DIOS LOS REPARTE SOBERANAMENTE
· Dios da Sus dones a todos los miembros de la Iglesia.
· Cada creyente tiene al menos un don y es un servidor.
· Dios otorgó los dones para que sean de provecho
· Observemos en estos textos la soberanía de Dios:
o a cada uno (1 Co. 12:7)
o repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Co. 12:11)
o como él quiso” (1 Co. 12:18)
6. HAY DIVERSIDAD DE CREYENTES Y DONES.
· Como el cuerpo humano tiene diversos miembros, también el Cuerpo de Cristo.
· Cada uno de nosotros es diferente según el proyecto de Dios.
7. LOS DONES ACTÚAN EN EL APOYO MUTUO.
· Dentro de la Iglesia pueden darse tres tipos de relaciones entre sus miembros:
o Relación mutua: todos los miembros se contactan entre sí y están bajo cobertura.
o Independiente: cristianos que sirven en forma independiente a Dios.
o Relación de apoyo mutuo: cada miembro de la Iglesia se ayuda mutuamente y trabaja para el crecimiento y desarrollo del Cuerpo de Cristo.
· Se piensa que “independencia” es madurez y “dependencia” inmadurez.
· El Señor espera una relación de apoyo mutuo en Su Iglesia.
· (Romanos 12:5);
· (1 Corintios 12:27)
8. LOS DONES ACTÚAN EN LA DIVERSIDAD.
· (1 Corintios 12:20,21);
· (1 Corintios 12:25,26)
9. LOS DONES TIENDEN A LA UNIDAD.
· Aún siendo diferentes, hemos sido llamados para servir sin separarnos:
· (1 Corintios 12:4-6)
o Son diversos dones espirituales à pero el Espíritu Santo es el mismo
o los servicios son diferentesà pero es el mismo Señor Jesucristo;
o son diversas obras à pero es el mismo Dios quien las realiza a través de distintos discípulos
· Ser uno no quiere decir homogeneizar sino diversificar. (1 Corintios 12:17-20)
· No es necesario que seamos iguales para ser uno. (1 Corintios 12:29,30).
· Todos los discípulos podemos llegar a ser uno, si tenemos un solo propósito: glorificar a Dios y edificar a nuestros hermanos.
REFLEXIÓN
· ¿Cuáles son las causas de los problemas que obstaculizan y evitan la relación de apoyo mutuo en nuestra Iglesia?
· ¿Qué soluciones y métodos pueden hacer prosperar la relación de apoyo mutuo en nuestra Iglesia?

martes, octubre 07, 2008

¿DÓNDE SERVIR?


SIRVIENDO AL CUERPO DE CRISTO
I PARTE

Lectura Bíblica: Romanos 12:9-13

Propósitos de la Charla: a) Comprender el concepto de fervor, pasión o visión, en la vida de la Iglesia; b) Que cada discípulo descubra cuál es el fervor que el Espíritu Santo ha puesto en él para servir a Dios y el prójimo.


“El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. / Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. / En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; / gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; / compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.” (Romanos 12:9-13)

Saulo de Tarso caminaba hacia la ciudad de Damasco, con órdenes y autorización de perseguir y exterminar a las iglesias cristianas, consideradas en ese tiempo una secta judía muy peligrosa para la fe hebrea, ya que creía que el Mesías había venido y que Jesús es Dios (Hechos 9:1-19). “Respirando amenazas de muerte” dice la escritura, Saulo marchaba seguro de su misión, hasta que el mismo Señor se le apareció derribando todo su orgullo y celo religioso. Conocido es el relato de su conversión, como él pregunta a Jesucristo glorificado “¿qué quieres que haga Señor?” y como, desde ese instante, el que a la postre se convertiría en apóstol de los gentiles, fue un incansable propagador de la fe cristiana. Tiempo después relata: “Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, / revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre” (Gálatas 1:15,16) Los discípulos desconfiaban de éste que antes era su perseguidor y ahora estaba convertido en el más ferviente y comprometido seguidor de Jesucristo. El perseguidor de cristianos ahora era un seguidor de Cristo. Desde que el Todopoderoso intervino en su vida, San Pablo tuvo como la mayor motivación y pasión seguir al Señor, obedecer Sus mandatos, proclamar Su fe y ser un fervoroso apóstol fundador de iglesias cristianas. Su pasión eran las almas. Su pasión era llevar el Evangelio a todo el imperio romano, para lo cual luchó por llegar a Roma, la capital de éste. Su pasión era la Verdad, conocerla, estudiarla y proclamarla. Sin esa pasión no se habría extendido el Evangelio a los gentiles, no conoceríamos nosotros grandes verdades como la del Cuerpo de Cristo, el propósito eterno de Dios, el tribunal de Cristo o el rapto de la Iglesia. Fue gracias a la pasión de San Pablo que hoy podemos gozar de tan magníficas revelaciones. Por lo tanto la pasión es algo muy necesario en la obra de Dios. Como el árbol necesita de la energía del sol para realizar la fotosíntesis y crecer, como el cuerpo humano requiere de alimentos para desarrollarse, como para un vehículo es imprescindible la bencina para echar a andar el motor, así también la Iglesia requiere de “pasión” o “fervor” en sus miembros para que cumplan su función tanto individual como colectivamente.

LA IGLESIA ES UN ORGANISMO VIVO.
La Iglesia es un organismo vivo, el cuerpo de Cristo, en el que cada miembro cumple una función. Dios, al edificar su Iglesia, puso pasión en cada cristiano, una “pasión” o “visión” específica para participar en Su Iglesia. Al nacer de nuevo, en la regeneración o nuevo nacimiento, Dios nos da Su Espíritu Santo y con él el fervor, llamado o vocación para ejercer un servicio en la Iglesia.

La Palabra de Dios nos enseña Eclesiología cuando dice: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, / a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, / hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; / para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, / sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, / de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” (Efesios 4:11-16) La tarea de los “ministros” de Dios es perfeccionar a los cristianos para que realicen la función de la Iglesia que es servir al prójimo y a Dios. La palabra ministerio significa servicio. Haciendo ello la Iglesia crece en amor, en presencia de Cristo, en obras, en cantidad de salvados. Cada miembro tiene una “actividad propia” dada por el Señor. Cuando servimos a nuestros hermanos y al prójimo también le servimos a Él.

DEFINICIÓN DE “FERVOR”.
Fervor o pasión es el deseo del corazón dado por Dios. El diccionario lo define como el “Entusiasmo o ardor con que se hace algo.” Necesitamos darnos cuenta de qué es aquello que verdaderamente nos mueve en la vida cristiana para servir mejor en el Cuerpo de Cristo. El sueño o visión que tenemos define la meta de nuestro servicio en la Iglesia. Cuando Dios nos creó nos dio un imán llamado pasión, un imán que atrae todo lo bueno para nuestras vidas, el prójimo y la vida de la Iglesia. ¿Cuál es el anhelo que usted tiene?

El fervor es lo que Dios nos dio y no se define si es correcto o incorrecto. Tal vez usted quiere servir al Señor y no sabe cómo ni dónde hacerlo. Pues si logra descifrar cuál es su fervor podrá saberlo, ya que esa pasión o imán responde a la pregunta “¿dónde servir?”

El fervor se puede definir como el deseo que nos otorga Dios en nuestros corazones para que contribuyamos con abnegación en un determinado servicio.

“Confía en Jehová, y haz el bien; Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. / Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón. / Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará.” (Salmos 37:3-5) Si ponemos toda nuestra confianza en el Señor y hacemos lo que Él ha instalado en nuestros corazones para hacer, seremos felices, serviremos al prójimo y a Dios con alegría. Al seguir esa fuerza o visión que hay en nuestro corazón nos deleitaremos y conseguiremos mucho más que haciendo sólo lo que se nos ha ordenado hacer o no haciendo nada para la obra de Dios. Es imperativo que descubramos nuestra pasión.

UTILIDAD DEL “FERVOR” O “PASIÓN”.
En la Iglesia hay diversidad de tareas: evangelización, enseñanza, misericordia, administración, misiones, alabanza, oración, etc. De seguro el Señor le ha preparado a usted para insertarlo y ocuparlo en alguna de ellas. También hay una diversidad de grupos por edad, sexo, ocupación, nivel socio cultural, etc. tanto dentro como fuera de la Iglesia. Piense que el Señor le ha llamado a ocupar alguna tarea o cargo y a servir en eso. Los ministros de Dios, sobre todo el pastor, pueden diferenciar las distintas pasiones de los hermanos en la Iglesia, pudiendo serle a usted de consejeros a la hora de escoger un servicio.

El Señor quiere nuestro corazón completo y ya ha puesto una pasión dentro de nosotros. Encontrar cuál es esa pasión puede ser un largo proceso pero no debemos flaquear en buscarlo.

He aquí una lista de servicios que se dan en la mayoría de las iglesias:
1. Culto a Dios (para Dios):
a) Alalabanza
b) Oración
c) Ofrenda
d) Sermón
e) Sacramentos
2. Enseñanza (para cristianos):
a) Para adultos
b) Para jóvenes
c) Para niños
3. Evangelización y Misión (para inconversos).
4. Programas sociales (para todos):
a) Colegios
b) Hospitales

NECESIDAD DE RECONOCER NUESTRO FERVOR.
Es muy importante descubrir el propósito del llamado de Dios a mi vida. Cuando sabemos cuál es nuestra pasión, podemos entregar toda nuestra fuerza para el servicio.

Uno de los puntos más importantes al momento de armar nuestro perfil como discípulos que sirven en la Iglesia, es comprender cuál es nuestro fervor. Usted puede servir con deseo, entusiasmo y esfuerzo al tener fervor en determinada área.

CÓMO IDENTIFICARLO.
Pero ¿cómo podemos identificar ese fervor? Ya que este fervor ha sido dado por Dios, actuamos de esa manera y en esas actuaciones es que podemos descubrirlo. En ocasiones la pasión depende mucho del logro; los éxitos en ciertas áreas nos incentivan a perseverar en ella. Lo contrario desmotiva.

Es necesario que cada cristiano descubra el “anhelo de su corazón”. Piense que no tiene ningún tipo de obstáculo y respóndase estas preguntas. Si gusta las escribe. De su respuesta con total sinceridad y sin preocuparse en si va a poder realizar ese trabajo o en cómo va a realizarlo.

Primera pregunta: ¿Qué haría usted si tuviera la certeza de que va a realizar bien un determinado trabajo, y sabe que no va a tener dificultad ni va a fracasar realizando esa tarea?

Segunda Pregunta: ¿Qué es lo que más le agradaría realizar durante el resto de su vida?

Tercera Pregunta: ¿En qué cosa dirán sus amigos que usted tiene más fervor e interés?

Cuarta Pregunta: ¿Cuál sería el tema del que usted hablaría toda la noche?

Quinta Pregunta: ¿Qué obras le gustaría a usted realizar para otras personas?

Sexta pregunta: ¿A qué tipo de personas le gustaría a usted más ayudar? A bebés, madres adolescentes, divorciados, empresarios, padres, desempleados, presos, ejército, niños, viudos, separados, recién casados, campesinos, ancianos, pobres, adolescentes, universitarios, solteros, obreros extranjeros, sin hogar, discapacitados, hospitalizados, otros.

Séptima pregunta: ¿En qué temas tiene usted grandes opiniones o algo importante que decir? En: contaminación del medio ambiente, formación de discípulos, violencia, educación, economía, cobertura médica, aborto, iglesia, problema infantil, SIDA, corrupción social, adicciones, evangelización, pobreza, hambre, homosexualidad, política, discriminación racial, problemas internacionales, tecnología, familia, analfabetismo, otros.

Octava pregunta: ¿Cuáles han sido las experiencias más reconfortantes de su vida? Usted puede descubrir su fervor en experiencias significativas de su pasado. Piense en cinco experiencias positivas que ha tenido y piense en el significado de estos hechos. Todas las vivencias son buenas. Lo importante es que haya sentido alegría y compromiso a través de ellas. Pueden ser experiencias en su hogar, iglesia, trabajo, escuela, tiempo libre, etc. Recuerde cinco experiencias positivas y piense en el significado que tuvieron para usted. Seguramente hay una relación entre todas esas experiencias y fluye un solo tema dentro de ellas, el cual le llevará a descubrir cual ha sido siempre su fervor.

Probablemente, luego de haberse respondido estas interrogantes, usted ya tenga cierta claridad de cual es el área en la que mejor puede contribuir en la Iglesia. Para nadie es fácil expresar su pasión, pero al vislumbrarlo como ahora, lo verá con mayor claridad en cuanto adquiera más experiencia.

CONCLUSIÓN.
Hay un anhelo profundo por la misión, llamado, fervor o pasión. Los planes de Dios en nuestro corazón son transmitirnos Su pasión. Dios tiene un fervor; Él desea la salvación del hombre “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, / el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. / Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, / el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.” (1 Timoteo 2:3-6). Jesucristo también tenía una pasión y la cumplió hasta llegar a la cruz: “y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. / Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. / Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.” (San Juan 17:10-12).

El Espíritu Santo, por su parte, viene a nosotros dándonos su pasión: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hechos 1:8). El Padre ha planificado, el Hijo ha consumado la salvación y el Espíritu Santo nos ha sellado. Tal como el Dios Trino ha trabajado conjuntamente, en la Iglesia cada uno tiene un servicio o función a cumplirse coordinadamente con el resto de los miembros.

Demos hoy gracias al Señor de la Iglesia, a Jesucristo, Cabeza de la Iglesia, por habernos dado de Su pasión y ofrezcámosla a Él para amarle y servirle. Entreguemos a Dios nuestro “fervor”.

PARA REFLEXIONAR:
1) ¿Cuál es su fervor?
2) De acuerdo a ese fervor ¿en que tarea considera usted que podrá servir mejor?
3) ¿Qué dones le ha dado el Señor para cumplir esa misión?


BIBLIOGRAFIA
1) Maestra Sangsoon Kim; apuntes de clases Asignatura “Network”; Seminario Teológico Misión Internacional de la Gracia; Chile, 2008.
2) Grace Ministry Internacional; “Dones Espirituales, Network”; Seminario Teológico de la Gracia.
3) La Santa Biblia, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.


RESUMEN.
1. El fervor de Saulo de Tarso.
2. La Iglesia es un organismo vivo. Efesios 4:11-16
3. Definición de “fervor”. “Entusiasmo o ardor con que se hace algo.” El fervor es lo que Dios nos dio y no se define si es correcto o incorrecto. El fervor se puede definir como el deseo que nos otorga Dios en nuestros corazones para que contribuyamos con abnegación en un determinado servicio. Salmos 37:3-5
4. Utilidad del “fervor” o “pasión”. En la Iglesia hay diversidad de tareas.
5. Necesidad de reconocer nuestro fervor.
6. Cómo identificarlo
a) Primera pregunta: ¿Qué haría usted si tuviera la certeza de que va a realizar bien un determinado trabajo, y sabe que no va a tener dificultad ni va a fracasar realizando esa tarea?
b) Segunda Pregunta: ¿Qué es lo que más le agradaría realizar durante el resto de su vida?
c) Tercera Pregunta: ¿En qué cosa dirán sus amigos que usted tiene más fervor e interés?
d) Cuarta Pregunta: ¿Cuál sería el tema del que usted hablaría toda la noche?
e) Quinta Pregunta: ¿Qué obras le gustaría a usted realizar para otras personas?
f) Sexta pregunta: ¿A qué tipo de personas le gustaría a usted más ayudar? A bebés, madres
7. Conclusión. Pasión del Padre 1 Timoteo 2:3-6 Pasión del Hijo San Juan 17:10-12 Pasión del Espíritu Santo Hechos 1:8
8. Gratitud y entrega a Dios por nuestra “pasión”.