domingo, junio 01, 2008

RENOVACIÓN DE LA MENTE


SANIDAD INTERIOR
III PARTE
Pastor Iván Tapia
Lectura Bíblica: 1 Corintios 2:14-16

Propósitos de la Charla: a) Identificar la raíz de los problemas del alma del discípulo; b) Diferenciar entre Verdad y creencias; c) Buscar la renovación mental; d) Discriminar entre mente y corazón; e) Identificar y desechar las creencias inútiles y los sentimientos negativos; f) Cambiar creencias negativas por creencias positivas; g) Descubrir y aplicar los principios que nos lleven a tener una conciencia limpia; h) Liberarnos de culpas fundadas e infundadas; i) Aprender a alimentar mi mente con ideas positivas; y j) Limpiar y liberar mi mente con la sangre de Cristo y renovarla con el Espíritu Santo.

“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente./ En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie./ Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.” (1 Corintios 2:14-16)

LA VERDAD Y LAS CREENCIAS
Jesucristo ha dicho “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (San Juan 14:6) Por lo tanto vivir en Cristo es vivir en la Verdad. Quien tenga el Espíritu de Cristo ya tiene la Verdad en sí mismo, tiene a la Persona del Espíritu Santo habitando en él.

Cualquier cosa que una persona decida creer, llega a ser verdad para él. Por ejemplo, alguien piensa que el varón es el jefe del hogar y que a él deben estar sujetos todos los que habiten ese hogar, pues eso llegará a ser su verdad, la que podrá definirse como “el hombre manda en la casa”. Mas, para otros será muy importante satisfacer las demandas de los niños, a objeto de que se críen felices, de tal modo que los adultos de esa casa renunciarán a sus propios gustos para dar paso a los menores; para ellos la verdad será “su majestad el niño”. No es que la verdad sea relativa, sino que cada ser humano hace de sus puntos de vista la Verdad.

Los cristianos tenemos nuestra Verdad enunciada en las Sagradas Escrituras, pero le damos diferentes interpretaciones doctrinales y personales, llegando a constituir diversas pequeñas verdades, dependiendo de nuestra cultura, temperamento, experiencias, etc. A esto se llama creencia. La Verdad absoluta está en y es Dios, Cristo es la Verdad. Las verdades de fe son las doctrinas e interpretaciones oficiales y teológicas de esa Verdad. Las creencias es lo que cada persona o grupo piensa acerca de la vida.

UN CAMBIO DE MENTE
Desde el punto de vista de la Sanidad Interior nos interesa abordar el tema de las creencias pues están profundamente relacionadas con los problemas del alma humana. La mayoría de los problemas tienen como base a una creencia. Un problema casi siempre surge de una creencia. Por más difícil que sea el problema personal con que nos enfrentamos, no es más que el resultado o efecto exterior de un modelo mental interno. Por lo tanto, al cambiar ese modelo negativo, es factible que el problema desaparezca y se transforme en una bendición. Por eso la Biblia habla de una renovación del entendimiento o de un cambio de mentalidad: la mente del viejo hombre debe ser cambiada por la mente del nuevo hombre, creado según Dios. “Renovación” en griego es metamorfosis; es necesario que se produzca una metamorfosis de todas nuestras formas de pensamiento para que seamos sanados de tanto problema del alma.

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional./ No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (Romanos 12:1,2)

CREENCIAS QUE TRAEN PROBLEMAS
Las ideas o creencias erradas crean problemas. ¿Qué dificultades tienes en su vida? ¿Cuáles son las circunstancias que le traen sufrimiento? ¿Qué dolores lleva en su alma, quizás desde la infancia, y aún le hacen infeliz? Le propongo que responda a esta interrogante con toda franqueza; usted sabe exactamente lo que le aqueja. Pues bien, quiero ayudarle a superar esta situación brindándole algunas herramientas que podrán liberarle de esos dolores. Es tan simple como que ahora tome una hoja de papel y escriba cuáles son sus dolores del alma.

Si pone atención podrá descubrir bajo cada uno de esos dolores ciertas creencias que dan origen a sus problemas. Por ejemplo, si su problema es que es una persona muy crítica, que siempre juzga a los demás y jamás está conforme en el grupo porque todos le parecen muy mediocres, sin duda eso le hace sufrir. Usted quiere liberarse de esta carga; ha escuchado que Jesús le pide no juzgar, mas para usted es imposible abandonar ese hábito mental. Lo más probable es que piense que el ser humano siempre debe esforzarse en la perfección del bien actuar, usted mismo debe ser muy exigente consigo mismo, una persona perfeccionista. Su creencia tal vez fue instalada tempranamente y forma parte de su estructura mental. La única forma que deje de ser un “criticón” o “criticona” es que abandone su creencia acerca de la perfección humana. Piensa que usted mismo no es perfecto ni nunca lo será. Todos los cristianos estamos en una carrera en que marchamos hacia la perfección, pero no estamos compitiendo.

Que piense de ese modo no es culpa de sus padres, de sus profesores ni de Dios, es únicamente responsabilidad suya, puesto que usted fue quien optó por esta creencia y este camino. Tales creencias generaron en su vida varios problemas, como la intolerancia, la impaciencia, la arrogancia, en definitiva el desamor.

Es preciso que se respondas a si mismo ¿quién piensa en su mente? ¿Es acaso Dios, sus padres, sus hermanos, sus profesores o usted mismo? En verdad quien piensa en usted es solamente su persona. Lo que en este momento decida pensar y creer creará cada momento de su vida futura. En este sentido la mente humana es poderosa, puesto que podemos crear nuestros sufrimientos o nuestras alegrías, a partir de las creencias que pongamos en juego.

Una incorrecta o exagerada interpretación de las Escrituras pueden traer mucho dolor. He conocido personas que no se dan la oportunidad de ser felices con una pareja porque hacen una lectura fanática de la Biblia y los textos que hablan acerca del matrimonio, del divorcio, de la viudez, etc.

He aquí un listado de creencias negativas, ejemplos de algunas ideas equivocadas o prejuicios, que pueden influir en el comportamiento adulto:

- Soy un perdedor
- A mí nadie me quiere
- Soy indigno del amor
- Esta enfermedad es de familia
- Me hace muy mal el frío
- No confíes en desconocidos
- Yo no me fío de los extraños
- No salgas de noche
- La gente lo engaña a uno
- Los hombres son malos
- Las mujeres son interesadas
- Los hombres no lloran
- Este es un juego de niñas
- Este es un trabajo para hombres
- No es de hombres vestirse así
- Yo no cuento para nada
- La persona espiritual es pobre
- Todos los artistas son unos irresponsables
- Yo soy así
- Así es la vida
- Un día de lluvia es de mal tiempo
- Tiene dinero, debe robar en su trabajo
- Es empresario, debe explotar a los trabajadores
- Es abogado, es deshonesto
- Es profesor, no le dio para más
- Soy profesor no más
- Ser artista no es un trabajo
- Le ha ido bien en la vida, gana mucho dinero
- Hizo muy buen matrimonio, se casó con un médico
- Todos los políticos son mentirosos
- Es un gordo feliz

EJERCICIO 1: “DESCUBRE TU CREENCIA”
Paso 1. ¿Qué me resulta más difícil hacer? Escríbalo en su cuaderno

Paso 2. Descubra que idea hay tras esa dificultad. ¿De qué idea viene este comportamiento? Probablemente fueron instaladas en usted durante su infancia y juventud una serie de ideas acerca de la vida, ideas que ahora estorban y le llevan a enjuiciar y enjuiciarse de un modo equivocado.

Paso 3. Descubierta la idea que hay tras el comportamiento, exprese en una frase: “No quiero ser…”

Paso 4. Exprese lo mismo, pero en forma inversa, positiva: “Soy…”

Hasta aquí hemos tratado de identificar la raíz de nuestros problemas. Ya hemos diferenciado entre Verdad y creencias; hemos descubierto que son nuestras falsas creencias instaladas en la mente, las que nos impiden ser felices pues generan problemas al alma. Por tanto es necesario realizar una renovación mental. La Sagrada Escritura nos interpela: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,/ y renovaos en el espíritu de vuestra mente, / y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” (Efesios 4:22-24)

EL ESPEJO DE DIOS
“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” (2 Corintios 3:18) “Por tanto” es “raya para la suma”, conclusión, corolario, respuesta final de algo que ya se ha dicho: el contexto. Por tanto, también, hay que conocer qué se dijo anteriormente, para no llegar a conclusiones peregrinas.

El escritor sagrado opone “franqueza” a “velo”. Moisés, según San Pablo, se ponía un velo para que los hebreos no vieran que la Ley iba a ser abolida, es decir el régimen de obediencia a mandamientos y estatutos escritos y no el régimen de fe en la gracia de Dios. Esta última no era tan desconocida, porque fue el sistema anterior, con Abraham, padre de la fe.

La comprensión que los hebreos tenían de las cosas de Dios fue nula, se embotó, se hizo ineficaz. La única forma de que a los judíos les sea quitado ese “velo” es por medio de Cristo, un velo para comprender el Antiguo Pacto. Se refiere al pacto de Dios con Moisés, no a otros pactos como el de Noé, Abraham, Adán, etc. Este velo no sólo está sobre su mente, su racionalidad, su comprensión, sino sobre su corazón.

Cuando nos convertimos a Cristo, un velo nos es quitado. El velo de los judíos es la Ley, ésta es un medio y ellos la ponen como un fin; el velo de los religiosos es su cuerpo de creencias que les impide recibir en plenitud el amor de Dios; el velo de los incrédulos es el ego.

Como el Señor es libertad, trae liberación a las personas cuando se acercan a Él. Una cosa es acercarnos a la Ley de Moisés, otra cosa es acercarse a la religión y una cosa muy diferente es acercarse a Jesucristo. ¿A quién te has acercado tú?

En base a todo lo anterior, nosotros, mirando a cara descubierta al Señor Jesucristo –no a mi iglesia, no a mi creencia, no en mi ignorancia, no a mi capacidad, a mi orgullo, a mi modo de pensar, a mi tradición, no a mi educación ni a mi cultura, inteligencia, posición social, etc.- franca y directamente a Sus ojos…

¿Ha mirado usted a Cristo a los ojos? Si no lo ha hecho aún, ya es hora de que lo haga. No tema, Él es su Maestro, su Salvador que le ama, su Señor, su Amigo, su Médico, su Esposo, su Sustentador que le alimenta. Cuando no nos atrevemos a mirar a alguien a los ojos, es que escondemos algo, es que nos consideramos indignos, pecadores, sucios, etc. Usted es digno porque es un hijo de Dios, usted ha sido limpiado por la sangre de Jesús, usted es santo y tiene todo el derecho a mirarle a los ojos. Atrévase. Él quiere que usted le mire y le vea. Vea la gloria del Señor. Él es la imagen del Dios invisible.

En esto hay un misterio de transformación, de renovación, de metamorfosis espiritual. Dice la Sagrada Escritura “somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu Santo”. No es magia que cuando admiro a alguien comience a imitarle, que el alumno que está pendiente de cada palabra y movimiento y gesto de su profesor, luego piense como él y hasta actúe como él. No es magia que los discípulos, que eran timoratos, incrédulos, rudos, ignorantes, pero con un corazón abierto al Maestro, luego se transformaran en apóstoles, pescadores de hombres, al igual que Jesús, su Modelo.
De gloria en gloria, de triunfo en triunfo, de luz en luz, de éxito en éxito; así seremos transformados paulatinamente, si miramos a Cristo a cara descubierta, sin ningún tipo de velo, miedo ni prejuicio. Le desafío a que busque Su Rostro desde el amanecer.

MENTE Y CORAZÓN
La mente es como un recipiente que usted puede llenar con basura o con deliciosas frutas y miel. Usted decide. El problema es que la mente alimenta su vida. Necesitamos escoger los pensamientos, como escogemos con qué alimentamos el cuerpo para estar sanos. A lo más interno de su mente la Biblia lo nombra como corazón, el asiento de todas sus motivaciones y de donde brota toda su actuación. Es así que alguien puede pensar de una manera y actuar de otra. Por ejemplo pensar que hay que respetar y honrar a los padres, pero en determinada situación proceder de un modo inadecuado. Jesús enseña que del corazón sale todo tipo de pensamientos y acciones, y que no es lo que entra por la boca lo que contamina al hombre, sino lo que sale de su corazón. Mente y corazón están profundamente ligados. Podríamos decir que la mente es el órgano que piensa, analiza y reflexiona la vida; y que el corazón es un sustrato más profundo de la mente, que motiva nuestra actuación. Con la mente podemos amar a Dios pero con el corazón actuar de un modo que no se condice con ese pensamiento. Necesitamos en forma urgente conciliar, balancear, equilibrar, emparejar, la actuación de mente y corazón. ¿Por qué sucede esto? ¿Por qué hay tanta persona que no es consecuente con sus pensamientos? No es porque sean malvadas o tengas malas intenciones, sino porque no se han puesto a reflexionar sobre sus motivaciones. Entonces el problema no está en la mente, en los pensamientos, sino en el corazón, en las falsas motivaciones.

Si pienso que debo ser amoroso con mi prójimo porque Dios así lo ordena en Su Palabra, y no actúo de esa forma, tengo un problema. Quizás el problema es que veo el amor como un mandamiento de Dios, una obligación contraída y un deber no es algo que siempre se haga con agrado. Puedo cumplir sólo por cumplir. Por otro lado tal vez tengo resentimientos, decepciones, temores hacia algunas personas, inseguridad acerca de mi persona. No hay un amor perfecto en mi. Lo correcto sería que en mi corazón hubiese amor hacia las personas. Entonces en primer lugar debo cambiar mi pensamiento, mi mente, y creer que amo a la gente porque son criaturas creadas por Dios igual que yo; y en segundo lugar sanar mi corazón de aquellos sentimientos negativos y pedir al Señor que fluya el amor que Él ha depositado en mi corazón. Aquí el problema de esta persona estaba tanto en su mente, pues tenía la creencia que el amor es una obligación, una ley; como en su corazón porque no amaba a la gente. Es decir necesitaba una renovación de su mente y sanidad de su corazón.

DURABILIDAD DE LAS CREENCIAS
Otro aspecto de las creencias como creadoras de problemas es su aplicación extemporánea, cuando ya no son necesarias. Es inútil mantener la idea de sacrificar un animal a Dios en estos tiempos, ya que el Cordero de Dios dio su vida definitivamente para perdón de nuestros pecados. Cualquier sacrificio que hagamos hoy no importa algo a nuestra salvación. No es necesario para un adulto mantenerse en silencio en la mesa como cuando era un niño. Obedecer a la luz del semáforo cuando la carretera está vacía es ilógico. ¿Qué quiero decir con todo esto? Que las creencias no siempre son útiles o que tienen, como una herramienta por ejemplo, cierta vida útil y que llegado un momento dejan de serlo. No me refiero a las verdades de fe, menos a la Verdad absoluta, sino a aquellas creencias que optamos en el camino de la vida. Por ejemplo, para muchas personas criadas en la liturgia tradicional, se les hace insoportable el modo actual de alabar a Dios, con coreografías, bailes y ritmos contemporáneos, pues tienen la creencia de que es signo de respeto al Señor la solemnidad y cualquier otra expresión es una irrespetuosidad. Tal vez ha llegado la hora de que usted tire al tacho de la basura algunas creencias que ya no le son útiles ni necesarias. Piense ¿Qué idea o creencia aprendida en el pasado ya no me es útil? ¿De qué falsa creencia me apetecería deshacerme hoy? Una de las 12 puertas de Jerusalén es la Puerta del Muladar, un lugar muy adecuado para sacar la basura de su casa, los sentimientos negativos y las ideas inservibles. (Nehemías 3:13,14)

SENTIMIENTOS NEGATIVOS
El resentimiento con otras personas que nos han hecho daño o de los cuales pensamos que nos han dañado; las críticas que hacemos de conductas y modos de ser y vivir de los demás; la culpa que no tiene una base lógica, como sentirnos culpables de que no pudimos satisfacer las expectativas de otras personas, o la culpa por el pecado de otros, etc.; y el miedo al castigo, a la opinión pública, al “mal testimonio”, al juicio de otros; son el origen de muchos problemas. Hay pensamientos o creencias que tras de sí expresan sentimientos muy negativos.

Los sentimientos más perjudiciales son:
a) La preocupación. Es la ausencia de tranquilidad en el alma, ocasionada por una vicisitud incontrolable. Este sentimiento debería ser reemplazado por la seguridad que nos da el confiar en la Divina Providencia de Dios. “Por nada estéis afanosos sino sean conocidas vuestras peticiones por el Señor” (Filipenses 4:6,7)
b) La cólera o rabia. Es la emoción de aversión contra alguien o algo del cual he recibido alguna agresión. Este sentimiento negativo debería ser reemplazado por la paz, como resultado del perdón. No debemos guardar ni reaccionar con rabia u odio con las personas o circunstancias. “Que no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26)
c) El resentimiento. Es guardar una fuerte molestia hacia una persona o grupo. Este sentimiento debería ser reemplazado por el perdón. “Perdónense los unos a los otros” (Efesios 4:32; Colosenses 3:12,13)
d) La venganza. Es la reacción de agresión contra alguien que nos hizo daño.” Este mal sentimiento debería ser reemplazado por el amor al prójimo, la comprensión y buena disposición a comprender a otros. “Responde al que te hace mal con bien" (1 Tesalonicenses 5:15)
e) El miedo. Sentimiento de temor, considerándose a una persona o circunstancia amenazante contra la propia persona. Este sentimiento debería ser reemplazado por la fe; una absoluta confianza en Dios y en que ya hemos descansado en Él nos alejará de cualquier tipo de temor o miedo al castigo. “En el amor no hay temor” (San Juan 4:18)

EJERCICIO 2: “MIS DECLARACIONES POSITIVAS”
1) Escriba cuatro conductas que a usted le resultan muy difíciles de practicar.
2) Descubra la idea, creencia o falso concepto aprendido que hay detrás de esos comportamientos.
3) Complete la frase “No quiero ser…” para cada una de esas conductas negativas.
4) Doble un papel en cuatro partes y escriba en cada parte la expresión positiva de las frases anteriores: “Soy…”
5) Busque en el Inventario De Afirmaciones Positivas De San Pablo (al término de este capítulo), la frase positiva que más se acomode a cada una de sus cuatro conductas.
6) Escriba cada frase de la Biblia entre comillas y con su texto, bajo sus frases positivas.
7) Ore, memorice, medite e internalice estas declaraciones positivas durante la semana.

MENTE Y CONCIENCIA
La mente como parte del alma es un instrumento dado por Dios. Como tal debo educarla, cuidarla, apreciarla, amarla, gobernarla. La mente del cristiano se edifica con la Verdad y con creencias positivas acerca de la vida. A esas creencias llamamos fe.

Hay una parte del alma muy ligada a la mente y que es la conciencia. Esta es como un pequeño juez que siempre está filtrando las acciones, pensamientos y sentimientos nuestros como los de los que nos rodean y clasificándolos como “buenos” o “malos”. Si algo es considerado “bueno”, salimos aprobados; si, por el contrario, es considerado “malo”, de inmediato es reprobado. La reprobación implica una condena: la culpa y el castigo. Al evaluar una acción nuestra como “mala”, la conciencia nos acusa de “culpables”, pecadores que no merecemos perdón y sólo merecemos el castigo. Si somos cristianos pediremos perdón a Dios y nos sentiremos en paz. Si no somos cristianos, procederemos a autocastigarnos no sólo con la culpabilidad, sino también con amargura y enfermedad física (1 Timoteo 1:5; 2 Timoteo 1:3)

La base de este juicio interno no siempre es la Palabra de Dios, sino que las “creencias” de la persona. Por ello, no es confiable la conciencia humana si no es guiada por el Espíritu Santo. Al respecto interesa que analicemos el capítulo 14 de la carta de San Pablo a los Romanos. Este capítulo trata de las diversas creencias y costumbres que hay en la Iglesia y de cómo los cristianos debemos comportarnos frente a aquellos hermanos para quienes el cumplimiento de algunas de esas costumbres es trascendental, un asunto de vida o muerte en la fe. Tomemos por ejemplo actual la costumbre extendida en gran parte de la Iglesia de “no beber alcohol”. Quien lo considera pecado y ve hacerlo a algún hermano, lo condena; ahora si es testigo de un ministro de Dios que lo hace, es un escándalo. La conducta correcta para el apóstol es la abstención de esa conducta delante de alguien que lo crea así, para evitar su juicio y para no ofender la fe del hermano “débil”.

Pero hay tres o cuatro asuntos que aquí se tocan que me parece de suma importancia para el tema de la “renovación de la mente”.

CADA UNO ESTÉ PLENAMENTE CONVENCIDO EN SU PROPIA MENTE
No somos nadie para juzgar a otra persona, menos a un hermano en Cristo (Romanos 14:4-6) Todos somos criados o lacayos del Señor y no tenemos derecho a juzgarnos entre nosotros, sino que sólo obedecer lo que Él nos ordene; y a uno puede ordenar una cosa y a otro otra. En cierto modo todos somos también lacayos de nuestra propia mente y conciencia, y es ante esa conciencia que tendremos que comparecer.

A cada uno se le juzgará conforme a su conciencia. Si para uno levantarse a orar a las cinco de la mañana es ley del Señor, pues, de acuerdo a esa ley será juzgado, distinto a aquél cuya norma no es el horario sino la intensidad de la oración. Al Señor Jesucristo le interesa nuestro corazón, mientras los seres humanos somos externos y estamos más preocupados de las formas que el fondo. ¿El Señor nos juzgará conforme a al fondo o a la forma? Indudablemente que según el fondo, en qué medida le hemos servido de corazón. Pensemos en la viuda que dio muy poco en términos materiales, mas dio todo lo que tenía; el Señor la juzgó conforme a su corazón y no el valor monetario de lo que estaba ofrendando.

Vuelvo a preguntar ¿seremos juzgados en base a nuestras normas de conciencia o a las normas del Señor? La respuesta correcta es la última, pero el Señor medirá nuestra coherencia en base a la conciencia. Si usted piensa que nunca debe faltar a la asamblea cristiana del domingo y que si hace lo contrario está pecando gravemente, pues así exigirá de su entorno y de sí mismo. Cuando no asista al culto dominical se sentirá culpable y si otro lo hace, lo culpará también. Pero cuando llegue al tribunal de Cristo ¿cómo le juzgará el Señor sobre este asunto? Le juzgará no según una ley escrita sino según su corazón. Si usted siempre estuvo dispuesto a amarle a Él antes que a todos sus intereses, si usted le tuvo primero en su corazón, no importará que alguna vez no acudiera al culto, por causa justificada. Pero si usted, aún teniendo ese pensamiento, fallaba continuamente, es evidente que no fue un cristiano consecuente. Difícilmente un cristiano va a tener el pensamiento de que se puede ir a la iglesia el domingo sólo cuando se quiere, porque hay textos bíblicos que avalan la conducta contraria; tampoco nadie apoyará el beber alcohol en exceso pues la Biblia habla con claridad al respecto. Son los matices, las sutilezas, las interpretaciones, lo que aquí se analiza; a algunos les parece que comer carne de cerdo es pecaminoso y a otros no, y ese no es un asunto tan importante, por tanto debemos dejarlo a la conciencia de cada uno. Hay asuntos y asuntos, con mayor o menor importancia y todos deben juzgarse de acuerdo a la Palabra de Dios.

Lo que claramente enseña el Espíritu Santo en este pasaje es que nadie debe constituirse en conciencia del otro, pues es el Señor quien juzgará. “¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.” Considerémonos cada uno como criados ajenos, cada uno sirve a su Señor de un modo particular. “Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.” Lo que importa es que cada uno debe tener convicciones, estar convencido de lo que cree, no dudar de su pensamiento.

“El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.” Aquí habla de días y comidas, algo que preocupaba a los judíos. ¿Qué es lo que interesa hoy día a los cristianos? Si la persona baila, bebe alcohol, fuma, es casado o conviviente… todos asuntos externos. Por estos aspectos juzgamos a nuestros hermanos y nos condenamos. Por hacer algunas de estas cosas somos juzgados y ellos son condenados por sus conciencias. No quiero aprobar ni desaprobar las conductas que he puesto como ejemplo, sino decir que ya no tenemos derecho a juzgar al hermano y que necesitamos transferir ese derecho a Dios. Si estamos convencidos en nuestra propia mente de lo que pensamos y hacemos, bástenos con eso y no tratemos de convencer al otro que piense como nosotros.

¿POR QUÉ JUZGAS A TU HERMANO?
Yo juzgo por algo que mi hermano hace y que considero deleznable; pero yo no se si el hermano me juzgará por algo que desconozco de mí, ya sea una acción impropia de un cristiano o un comportamiento que su conciencia detesta (Romanos 14:10). Como sea, no debo ser juzgado ni tampoco yo debo juzgar, ya que todos tenemos quien nos juzgue, el Supremo Juez del Tribunal: Cristo. “Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.”

NADA ES INMUNDO EN SÍ MISMO
Los judíos estaban muy preocupados de no contaminarse con alimentos que ellos consideraban inmundos, con el contacto con leprosos o muertos, con acciones pecaminosas (Romanos 14:14). En este contexto, San Pablo se refiere a los alimentos. Nosotros podríamos ampliarlo a todas aquellas costumbres que no están reñidas con la enseñanza bíblica, pero que para algunas personas constituyen “pecado”, por ejemplo participar en juegos de azar, hacer una rifa, organizar un baile en la iglesia, actuar en política y los ejemplos dados anteriormente. Al respecto el Espíritu Santo nos dice “nada es inmundo en sí mismo”.

Cuando los apóstoles escogieron al reemplazante de Judas y nombraron a Matías apóstol, lo hicieron echando suertes ¿pecaron por dejar al azar una decisión tan importante? Los sabios vinieron del oriente siguiendo una estrella, pues eran estudiosos de la Astrología ¿cómo pudo Dios permitir que fuesen estos hombres sabios dirigidos por una ciencia pagana? El apóstol San Judas basa algunos pensamientos de su carta en libros apócrifos, como I Enoc y la Asunción de Moisés ¿Cómo puede permitir el Espíritu Santo estas citas en el Libro Sagrado? Echar suertes no es malo en sí mismo, la Astrología no es mala en sí misma, citar un libro no canónico no es malo en sí mismo; si pensamos que es malo, inmundo y diabólico, pues para nosotros lo será. Si hago del echar suertes, la Astrología y la lectura de libros no sagrados mi forma de vida, de seguro no progresaré mucho en mi Evangelio, pero si alguien lo hace, ya el Señor le enseñará un mejor camino. No estamos para juzgar a los hermanos, sino para amarlos, ayudarlos, edificarlos. “Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es.”

TODO LO QUE NO PROVIENE DE FE, ES PECADO
La fe es un asunto personal. No necesito que otro juzgue mi fe (Romanos 14:22, 23). ¿Qué papel cumplen los ministros de Dios en el desarrollo de la fe de la Iglesia? Un papel de acompañamiento, asesoría, edificación, no de juicio. Lamentablemente muchas veces enjuiciamos en vez de amar, condenamos en vez de ayudar y levantar, criticamos en vez de comprender. De este modo no contribuimos al crecimiento de las personas sino que propiciamos su muerte espiritual. Un hermano enjuiciado se siente desarraigado, un hermano condenado se marchita y no florece, no crece. Un hermano criticado se entristece. Es preferible amar, ayudar, levantar, edificar, comprender.

Examinemos lo que aprobamos. ¿Consideramos que algo no es malo para nosotros? Pues, sustentémoslo bíblicamente. “Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba.” Si hacemos algo, hagámoslo con una conciencia limpia y una mente abierta. Es importante que todo lo que pensamos y hacemos sea fruto de una conciencia sin culpa. Sólo así seremos felices. Personalmente he hecho muchas veces cosas que no iban con mi conciencia, a veces por agradar a los demás y otras por gratificar mi carne. Lamento haber tomado esas determinaciones. Hoy sólo ruego a Dios que me perdone y me dispongo a actuar en el futuro siempre de acuerdo a mi propia conciencia.

El concepto que en este pasaje maneja San Pablo acerca del pecado, llama mucho la atención. Él dice “todo lo que no proviene de fe, es pecado” lo cual podría significar que si hago algo con fe, aunque otros piensen mal de lo que hago, eso ya no es pecado. Bajo ese principio podemos entender la poligamia de los reyes del Antiguo Testamento (1 Samuel 27:3), la desnudez de Adán y Eva en contraste con la desnudez de Noé (Génesis 2:25; 3:6,7; 9:18-27), o las oraciones del salmista pidiendo castigo y muerte para sus enemigos en absoluta oposición con el espíritu evangélico (Salmo 109:1-13; San Mateo 5:43-48). Tales palabras, actitudes y pensamientos provenían de fe, una fe inocente y limpia, por tanto no constituían pecado. Desde el momento que Adán descubrió su desnudez y la asoció a su desobediencia, se sintió sucio y en pecado. Como Adán en el Paraíso es preciso que caminemos en el Reino de Dios, absolutamente convencidos de nuestras ideas, sin dudar, para no pecar. “¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba. / Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado.”

PRINCIPIOS PARA GUIAR TU CONCIENCIA
La conciencia del discípulo es edificada con la Palabra de Dios y guiada por el Espíritu Santo. Pero, aún así, hay “creencias” que perjudican su recta actuación. Por ello es necesario recordar los principios que los textos leídos nos exponen, a saber que el discípulo:
1) Debe estar plenamente convencido en su propia mente de lo que cree y practica.
2) No debe juzgar a su hermano sino concentrarse en sus propias creencias y acciones.
3) Necesita tener muy claro que nada es inmundo en sí mismo sino que algunas veces los seres humanos hacemos inmundo algo que la Palabra de Dios no ha declarado inmundo.
4) Necesita saber que todo lo que no proviene de fe, nuestra mente lo hace pecado.

Si queremos guiar nuestra conciencia en un modo correcto de juzgar, necesitamos aplicar los principios expuestos, los cuales, además de la Verdad de la Palabra de Dios, pueden sintetizarse en Convicción, Ausencia de Juicio, Inocencia y Fe.

EJERCICIO Nº 3: “DESCUBRIENDO PROBLEMAS DE CONCIENCIA”.
1. ¿Cuál es mi principal problema de conciencia? ¿De qué me siento culpable?
2. ¿Qué creencia tengo que me siento culpable?
3. ¿Es bíblicamente cierta esa creencia?
4. a) Si su creencia es bíblica, pida perdón al Señor y elabore un plan para resolver su problema.
b) Si su creencia no es bíblica, reprograme su mente con ayuda de la Palabra de Dios.
5. Comente con su tutor o pastor esta tarea.

ALIMENTÁNDOSE CON IDEAS POSITIVAS
Fe es estar plenamente convencido y eso es lo que necesitamos para vivir como verdaderos discípulos de Jesucristo. Si hay fe en nuestro interior, si alimentamos con fe cada día nuestra mente y voluntad, seremos personas de éxito, hombres y mujeres felices (Romanos 4:16-22)

La mente humana no es un ente independiente que controle a la persona. Muy por el contrario, usted es quien controla su mente y ésta su comportamiento. No somos víctimas impotentes de nuestros propios pensamientos, sino dueños de nuestra mente. Es perfectamente posible que podamos abandonar viejas ideas y enfrentar la vida con nuevas y buenas ideas en nuestra mente. De hecho esto trae la conversión: un nuevo sentir, una nueva esperanza, una nueva forma de pensar. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17)

La mente, como otros órganos del cuerpo –corazón, estómago, sistema nervioso, etc.- necesita alimentarse. No lo hace con sangre, con comida ni con impulsos bioeléctricos, sino con ideas. Si las ideas son pensamientos negativos, pesimistas, destructivos, obscuros, pues el comportamiento de la persona que tiene esa mente será también negativo, pesimista, destructivo, oscuro. No será alguien feliz sino que su vida tenderá siempre al sufrimiento. Dios desea nuestra felicidad. Para ello nos recomienda renovarnos en el espíritu de nuestra mente. Esto significa poner nuevas y buenas ideas, pensamientos positivos. “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2); “y renovaos en el espíritu de vuestra mente” (Efesios 4:23)

Necesitamos alimentar nuestra mente con ideas positivas. He aquí a continuación ocho tipos de ideas que pueden alimentar su mente.

1. PROMESAS.
Las promesas de Dios en Su Palabra son ideas que pueden alimentar en forma positiva nuestra mente. Ejemplos de promesas divinas son estas: “Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias.” (Salmo 103:3); “El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas./ Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; / pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” (Isaías 40:29-31); “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” (Isaías 41:10); “Conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres” (San Juan 8:32). Estas promesas de Dios son sobre la enfermedad, el desánimo, el miedo y la libertad. La Biblia registra muchas de estas declaraciones de Dios que, si nos asimos de ellas, traerán optimismo, fe, esperanza, confianza, tranquilidad.

Para que una promesa de Dios se cumpla en nuestra vida, es requisito creer lo que Dios dice y que se cumplirá; sin fe la promesa no funciona. “porque todas las promesas de Dios son en Él Sí, y en Él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.” (2 Corintios 1:20); Abraham “Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios” (Romanos 4:20); los antiguos creyentes “por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones.” (Hebreos 11:33)

2. CONVICCIONES
Son un tipo de ideas. Una convicción se refiere a la acción de convencer; quien tiene una convicción, ha sido convencido por una serie de razones en algún sentido específico, y además puede convencer a otros. Según definición, convencimiento es una idea religiosa, ética o política a la que se está fuertemente adherido. Alguien puede decir: Yo no puedo obrar en contra de mis convicciones. También se puede tener convicciones erradas y negativas, creencias falsas que hacen mucho daño a la persona y a su entorno. La convicción de Noé era que venía un gran diluvio sobre la tierra, mas la convicción del pueblo era todo lo contrario (2 Pedro 2:5; Génesis 6:3); la convicción de Pedro era que Jesús es el Hijo del Dios Viviente, cosa que Judas no logró creer pues veía al Maestro sólo como un rabí que era débil y estaba equivocado.

Un cristiano es una persona de convicciones. Hay una serie de ideas que están arraigadas positivamente en nosotros. Hay convicciones acerca de Dios, la vida, el ser humano y nosotros mismos. Las convicciones sobre quién soy y para qué estoy en este mundo son quizás las más importantes para nuestro desarrollo cristiano. San Pablo es un buen ejemplo de un hombre de convicciones: "Palabra fiel y digna de ser recibida de todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar á los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” (1Timoteo 1:15)

3. VERDADES BÍBLICAS
Las verdades bíblicas son afirmaciones de fe contenidas en la Biblia y que edifican nuestra mente con la Verdad. Son las verdades fundamentales o sana doctrina y que nosotros como Iglesia las hemos resumido en nuestro Credo. El estudio bíblico tanto colectivo como personal hace muy bien a nuestra mente, leer las Sagradas Escrituras diariamente, buenos libros cristianos y también otros libros, pero siempre guiados por el Espíritu Santo. De esta manera alimentaremos la mente con las verdades de Dios. San Pablo advierte que “vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias” (2 Timoteo 4:3), “Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tito 2:1)

4. SUEÑOS
Los sueños son los ideales, aquello que la persona persigue, esas metas a veces demasiado altas e inalcanzables, mas nuestro Dios es maestro de lo imposible. Él “da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.” (Romanos 4:17) y “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” (Hebreos 11:3)

Estos sueños bien pueden expresarse concretamente en sueños nocturnos, pero no lo son necesariamente. La Biblia habla de los sueños de José y cómo él podía interpretar los sueños de otros. Los sueños pueden ser mensajes de Dios para el hombre. Daniel interpretó sueños; el ángel le hablaba en sueños a José, esposo de María; Pablo soñaba y actuaba. Dice la Palabra de Dios: “y vuestros ancianos soñarán sueños” (Hechos 2:17) ¿Será porque con los años nos vamos poniendo más pragmáticos, racionales e incrédulos? ¿Será porque los ancianos están más decepcionados y necesitan volver a soñar, como cuando eran jóvenes?

Necesitamos “soñar” logros para traerlos a nuestra realidad, trasladarlos del mundo de las ideas, por decirlo de una forma, al mundo concreto. Nuestros sueños vienen de la Palabra de Dios y nosotros los hacemos nuestros. Son los deseos de Dios para nuestras vidas; estos deseos son Su voluntad para con los cristianos. Este no es un asunto esotérico sino muy real. El Señor obra a través de visiones y sueños. Cuando un muchacho está en el liceo sueña llegar a la universidad, se ve claramente en su imaginación que un día él estará estudiando su profesión; ya en la universidad parte de su sueño ha sido cumplido, mas ahora sueña con ser un médico. Ese sueño se hace realidad cuando recibe su título profesional. Si no hubiera “soñado” no habría alcanzado el sueño. Pongamos sueños positivos, que beneficien a la Iglesia y a la sociedad, en nuestra mente y vayamos tras ellos.

5. VISIONES
Dios muestra visiones. La visión de los ojos es un sentido abarcador que permite percatarnos con anticipación de lo que sucede más allá de nuestra posición. Cuando hablamos de “visión” en términos espirituales nos estamos refiriendo a algo similar: la capacidad de “ver anticipadamente”. Visionario es aquél que se adelanta a su tiempo o tiene visión de futuro. La Biblia profetiza: “Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños” (Hechos 2:17)

Como en el acápite anterior también nos preguntamos ¿Será que Nuestros jóvenes verán visiones porque visión es lo que a la mayoría de los jóvenes les falta? Es característica del joven la falta de experiencia, por tanto no se pueden adelantar a muchos hechos. Pero la visión a la que se refiere este texto es la visión espiritual. Cuando veo iglesias y ministerios levantados hoy día por personas jóvenes y algunos muy jóvenes, pienso: ya estamos en los últimos tiempos y se cumple la profecía de Joel. Necesitamos ser discípulos visionarios, llenar nuestra mente con las visiones que la Palabra de Dios nos revele.

6. AUTOAFIRMACIONES
Las autoafirmaciones son afirmaciones positivas acerca de sí mismo. Las autoafirmaciones bíblicas están contenidas en la Biblia y tienen la virtud de elevar nuestra autopercepción, cambiar el modo en que nos vemos a nosotros mismos. Siempre se hacen sobre una base bíblica, como por ejemplo estas: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.” (1 Corintios 6:12); “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:13).

Jesús hizo muchas afirmaciones acerca de Su Persona, las cuales fueron siempre positivas: Yo soy el Pan de Vida, la Luz del mundo, la Puerta, el Buen Pastor, la Resurrección y la Vida, el Camino, la Verdad, la Vida y la Vid verdadera. También se refirió a nosotros de un modo positivo, diciendo: “Vosotros sois la luz del mundo… la sal de la tierra”. San Pedro nos define como real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, etc. Todas estas aseveraciones o afirmaciones bíblicas pueden sernos muy útiles como autoafirmaciones.

7. IDEAS OPTIMISTAS
Son ideas positivas acerca de la vida, las personas, mi futuro, etc. Si decido que resultará mi propósito, así será, mas si creo que no será así, de ese mismo modo sucederá. Manténgase lejos de las ideas pesimistas y las que le causan problemas y dolor. El optimismo, una mirada positiva al futuro, la esperanza, es una actitud propia de los discípulos de Jesucristo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. / En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.” (San Juan 14:1,2)

El optimismo es uno de los tópicos que mayor interés ha despertado entre los investigadores de la psicología positiva. Puede definirse como una característica disposición de la personalidad que media entre los acontecimientos externos y la interpretación personal de los mismos. Es la tendencia a esperar que el futuro depare resultados favorables. El optimismo es el valor que nos ayuda a enfrentar las dificultades con buen ánimo y perseverancia, descubriendo lo positivo que tienen las personas y las circunstancias, confiando en nuestras capacidades y posibilidades junto con la ayuda que podemos recibir.

La principal diferencia que existe entre una actitud optimista y el pesimismo radica en el enfoque con que se aprecian las cosas. Empeñarnos en descubrir inconvenientes y dificultades nos provoca apatía y desánimo. El optimismo supone hacer ese mismo esfuerzo para encontrar soluciones, ventajas y posibilidades.

En general, parece que las personas más optimistas tienden a tener mejor humor, a ser más perseverantes y exitosas e, incluso, a tener mejor estado de salud física. De hecho, uno de los resultados más consistentes en la investigación psicológica es que aquellas personas que poseen altos niveles de optimismo tienden a salir fortalecidos y a encontrar beneficio en situaciones traumáticas y estresantes

Optimismo y esperanza tienen que ver con la expectativa de resultados positivos en el futuro y con la creencia en la propia capacidad de alcanzar metas.

8. VIRTUDES CRISTIANAS
La aspiración al desarrollo de las virtudes cristianas es otro modo de alimentar positivamente nuestra alma.. Virtud significa "valor, fuerza, vigor, constancia en hacer el bien". Es el arte de hacer el bien y recta-mente. Es la senda por el cual el hombre de bien llega a la gloria, al honor y al poder. Existen varias clases de virtudes: a) Las virtudes Teologales son las más importantes de la vida cristiana, por ser base y fundamento de las demás. Son las virtudes dadas por Dios a través de Su Espíritu Santo: la Fe, la Esperanza y la Caridad. Yo agrego la Paz, como una virtud fruto del perdón de Dios en nuestras conciencias. La fe es depositada como motivación en el corazón del hombre, la esperanza es puesta en la mente del cristiano, la caridad o amor llena nuestro espíritu y la paz sella la conciencia. Estos cuatro elementos son el fundamento que Jesucristo pone en el ser humano; b) Las virtudes Cardinales, alrededor de las cuales giran las muchas virtudes morales como la puerta sobre sus quicios, son: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza y de ellas derivan todas las demás; c) Las virtudes Morales.

Meditar en estas virtudes, estudiarlas, desarrollarlas, practicarlas, orar para que el Señor las desarrolle en nosotros, es la mejor forma de santificarnos. Jesucristo tenía y tiene todas las virtudes, como dice San Pedro: “…no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; / sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 Pedro 1:14,15) y en otro lugar:
“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9)

CONCLUSIONES
1) Hemos aprendido hasta ahora que hay VERDAD y también hay CREENCIAS; que la Verdad es Cristo, pero que aún como cristianos tenemos todo tipo de creencias, algunas erradas, las cuales dificultan nuestra vida. Por tanto precisamos de UN CAMBIO DE MENTE, necesitamos renovar nuestra manera de pensar. Ciertamente muchas CREENCIAS TRAEN PROBLEMAS. Por esto necesitamos mirarnos en EL ESPEJO DE DIOS, mirar cara a cara a Jesucristo, la Verdad, y enterarnos de nuestra condición interior.

2) MENTE Y CORAZÓN deben ser limpiados de toda creencia negativa. Por otro lado existe cierta DURABILIDAD DE LAS CREENCIAS; algunas de ellas ya no nos son útiles y por tanto hay que desecharlas. Los SENTIMIENTOS NEGATIVOS sólo nos dañan.

3) MENTE Y CONCIENCIA son dos elementos del alma que hay que considerar; la mente y sus ideas las escogemos nosotros; la conciencia es el juez que determina bien y mal y nos lleva a culparnos y a culpar. Dejemos el juicio para Dios y no seamos conciencia de nuestros hermanos. Hay ciertos PRINCIPIOS PARA GUIAR TU CONCIENCIA; los cuales son: a) CADA UNO ESTÉ PLENAMENTE CONVENCIDO EN SU PROPIA MENTE es un principio básico para ir tranquilo por la vida y por el camino de Cristo; b) ¿POR QUÉ JUZGAS A TU HERMANO? pregunta el Espíritu Santo; nuestro papel no es ser conciencia del otro sino tan sólo amar; c) NADA ES INMUNDO EN SÍ MISMO ¡Cuántas acciones, ideas y sentimientos los hacemos “pecado” no siendo pecado! y d) San Pablo enseña que…TODO LO QUE NO PROVIENE DE FE, ES PECADO.

4) Finalmente, usted puede alimentar su mente con elementos negativos y cosechar lo negativo, o bien cosechar de una buena siembra con elementos positivos, como son: PROMESAS, CONVICCIONES, VERDADES BÍBLICAS, SUEÑOS, VISIONES, AUTOAFIRMACIONES, IDEAS OPTIMISTAS y VIRTUDES CRISTIANAS. ¡Qué el Señor de toda bendición prospere su mente, es decir su alma. Amén.


PARA REFLEXIONAR:
1) Haga una carta a sí mismo en que exprese (1) su admiración por su propia persona, iniciándola con un “amado (nombre)”; (2) su aprobación hacia aquellas iniciativas que usted tiene frente a la relación consigo mismo, con otras personas y con Dios; y (3) su afecto y buenos deseos para usted, como lo haría con el mejor amigo o amiga. (4) Finalice la carta con una bendición. Que su pastor o tutor lea a usted en voz alta dicha carta. Luego comparta la experiencia en el cenáculo.
2) Busque en la Biblia afirmaciones positivas de personas.

3) ¿Cómo he alimentado mi mente hasta ahora?
4) ¿Qué aspecto de mi mente me gustaría controlar?
5) ¿Qué he aprendido en esta enseñanza acerca de la Palabra de Dios?

BIBLIOGRAFIA
1) Louise L.Hay; “Usted puede sanar su vida”; Ediciones Urano, Barcelona, España, 1984.
2) David Yonggi Cho; "Secretos del Crecimiento de la Iglesia"; Editorial Caribe; 2.000.

sábado, abril 05, 2008

EL SANADOR

SANIDAD INTERIOR
II PARTE

Pastor Iván Tapia
Lectura Bíblica: San Lucas 5:27-32

Propósitos de la Charla: a) Identificar a Jesucristo como nuestro Sanador a nivel espiritual, psicológico y corporal; b) Reconocer que necesitamos sanar del alma; c) Aceptar el desierto que nos ha correspondido vivir; d) Identificar las enfermedades de nuestra alma; e) Desarrollar una actitud positiva y bíblica frente a las dificultades de la vida; f) Aprender a sanar de toda amargura con el método de Dios; g) Desarrollar la disciplina necesaria para prevenir y superar la amargura; h) Poner atención a Dios y guardar Sus mandamientos y estatutos; i) Relacionarnos con Dios como nuestro Sanador; j) Aprender a prevenir enfermedades del cuerpo, la mente y el espíritu.

Es claro que Jesucristo no sólo es nuestro Salvador y Señor, sino también nuestro Sanador. Vamos a analizar en esta lección un interesante pasaje del Antiguo Testamento en que Dios se presenta a Moisés y su pueblo como el Sanador. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Pacto, Dios es el que trae sanidad al ser humano.

En casa de Leví, el apóstol y evangelista San Mateo, nuestro Señor expresó que la sanación era la naturaleza de su misión en la tierra[1]. Cuenta el Evangelio que escribas y fariseos murmuraban contra los discípulos diciendo ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? Jesús respondió por ellos: "Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos./ No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento." Con estas palabras nos enseña que el pecado es la peor y más arraigada enfermedad en el hombre. La rebelión contra el Todopoderoso ha tomado posición y posesión del espíritu de la persona, enfermando también su alma y su cuerpo. La única forma de ser sanados es dejándonos atender por el Médico Celestial.

Leamos la narración de Éxodo y analicemos luego: "E hizo Moisés que partiese Israel del Mar Rojo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua. / Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara./ Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿qué hemos de beber?/ Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó; / y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador./ Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas." (Éxodo 15:22-27)

EL DESIERTO
"E hizo Moisés que partiese Israel del Mar Rojo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua." (Éxodo 15:22)

Moisés, el líder, conduce a su pueblo hacia la Tierra Prometida. ¿Acaso no nos conduce Jesucristo también hacia una Canaán, pero celestial? En verdad, cuando la Sagrada Escritura nos habla de este viaje por el desierto, del pueblo tras su jefe y libertador; debemos entenderlo espiritualmente, la Biblia nos está hablando de nuestro propio viaje a través del desierto.

El desierto es un lugar difícil, árido, sin muchos alimentos, caluroso en el día y muy frío en la noche; es también un espacio inmenso y desconocido, lleno de peligros, tales como bandoleros, animales e insectos peligrosos como las serpientes y los alacranes; con tormentas de arena, tierras movedizas y otras asechanzas. Cada cierto distancia se puede encontrar un oasis donde descansar, calmar la sed, encontrar sombra y abrigo; o puede salir al paso una roca, un cerro o una cadena montañosa. Todo ello retrata los innumerables peligros y las difíciles circunstancias que encontramos a lo largo de nuestra vida de servicio cristiano.

¡Cuántos enemigos, burladores, tentadores, falsos hermanos y asesinos de la fe tendremos que enfrentar! Habrá enemigos exteriores, mas también los habrá interiores, tales como la hipocresía, el miedo a la muerte, la vergüenza de Cristo y la fe, la avaricia, la falta de fe, el sueño espiritual, la desobediencia, el desacuerdo y la división, la ceguera espiritual y la culpabilidad (San Lucas 12)

¿Por qué Dios nos conduce por un desierto para llegar a la Tierra de Promisión? ¿Es necesario que suframos tanto si ya Jesucristo nos dio la salvación? ¿Para qué Cristo, nuestro Moisés, nos lleva por tan árido y desagradable desierto? Hay un par de razones importantes por las cuales nuestro Dios nos hace pasar esta disciplina. No es para castigarnos, no es para vengarse, no es para martirizarnos, sino que tiene un propósito pedagógico y estratégico.

Pedagógico, pues en las pruebas aprendemos las virtudes de Jesucristo, es decir desarrollamos Su carácter en nosotros (Santiago 1:2-18)

Estratégico y militar, porque por medio de estas escaramuzas somos adiestrados en la guerra contra las tinieblas; aprendemos a ser soldados de Jesucristo, a vestirnos con la armadura de Dios y a utilizar las armas de defensa y ataque que la Sagrada Escritura nos enseña (Efesios 6:10-20).

Tres cosas le interesan al Señor obtener a través de este caminar nuestro por el desierto: 1) que podamos desarrollar una nueva personalidad, propia de Cristo, porque somos Su Cuerpo; 2) que obremos como Jesús haciendo todo tipo de bien en este valle de lágrimas; y 3) que podamos rescatar de las tinieblas a muchos que encontraremos en el camino. Si Él nos sacara de esta tierra inmediatamente después de salvarnos, no podría alcanzar estos propósitos.

Tres días anduvieron, dice la Palabra. El número tres expresa lo Divino. Es la voluntad de Dios que caminemos por esta tierra de maldad un determinado número de años. Nadie desespere ni apure la llegada de su muerte. Debemos cuidar la salud de nuestro cuerpo por medio de una alimentación adecuada, ejercicio y buen aire. Jamás pensar en el suicidio, ni desear la muerte dejándonos embargar por la depresión. No permitamos que entre la amargura en el alma. Son apenas tres días, nada comparado con la eternidad que estaremos con el Señor en la gloria. Podemos desear cosas buenas para nosotros, disfrutes, comidas, bebidas, viajes, el afecto de hombres y mujeres, la alegría y la fiesta, pero no nos engañemos, siempre habrá alguna pena, algún sufrimiento, pues este no es el cielo. Tampoco es el infierno, es la vida, el desierto que debemos recorrer, antes de llegar a Canaán.

Caminó el pueblo sin encontrar agua, ese elemento imprescindible para la vida. ¿Qué buscamos en este desierto y jamás lo encontramos en él? Se puede vagar días y semanas por la aridez y no encontrar aquello que nos da la vida. Lo más escaso en el desierto es el agua. Si hubiese agua en abundancia ya no sería desierto sino un vergel. Por eso el Señor ha puesto el desierto como metáfora de nuestro peregrinar en esta tierra, como símbolo de la vida humana. Nada más difícil que encontrar el agua, y por tanto la vida en esta tierra. Me refiero a la vida de Dios, la vida sobrenatural y abundante, la vida de fe. En el pozo de Jacob, el Maestro Jesús tuvo una interesantísima y profunda conversación con una mujer de Samaria. Le dijo: "el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna" (San Juan 4:14) El agua que el pueblo de Israel buscaba era aquella que podía calmar su sed física; el agua que nosotros buscamos, como pueblo del Nuevo Pacto, es aquella que Cristo nos ofrece: Su Vida y Su Palabra.

EL AGUA AMARGA
"Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara." (Éxodo 15:23)

A) El pueblo de Dios ha peregrinado tres días por el desierto, al mando de su Líder, sin beber una gota de agua. Cuando la encuentran, resulta ser ésta muy amarga. ¡Cuántas veces es la Palabra de Dios amarga para nosotros! Es amarga porque nos enfrenta con la realidad, con nuestros propios pecados y debilidades, con la cruda verdad de la vida. El Espíritu Santo muchas veces nos habla en forma directa, sin ambages, y esto nos ofende porque hiere el amor propio, el orgullo. Mara significa "amargura". Cuando los israelitas llegaron a Mara, estaban sedientos, mas el agua que allí encontraron era amarga, entonces murmuraron contra Dios. Una Palabra que nos habla del pecado, o de la muerte, o de la necesidad de cambiar, de dejar ciertos hábitos, en fin una Palabra que nos enrostra nuestra condición espiritual o moral, ciertamente no es de mucho agrado, es algo amarga. Preferiríamos la dulzura del Cantar de los Cantares o de la mayoría de los Salmos. Toda la Palabra de Dios es útil y necesaria para el crecimiento del discípulo.

B) El agua amarga también puede significar un agua imbebible porque está contaminada. Indudablemente la Palabra de Dios sólo se contamina cuando se mezcla con palabras y pensamientos netamente humanos. Debemos tener mucho cuidado de la doctrina con que nos alimentamos. El Espíritu Santo, entre otras cosas, tiene la misión de conducirnos hacia toda Verdad y justicia, dándonos la inteligencia para discernir cuando estamos frente a un error y cuando escuchamos o leemos sana doctrina. Un agua amarga puede ser una enseñanza falsa o contaminada de error. El diablo se viste de muchas formas para engañarnos; una falsa doctrina es como la ramera que engaña con su astucia y zalamería al joven ingenuo (Proverbios 7)

Si bebemos de falsas doctrinas corremos el riesgo de contaminarnos con enseñanzas que no son verdaderas y que nos pueden conducir a muchos errores y frustraciones. Si somos lo suficientemente sabios y maduros, tal vez podamos separar lo falso de lo verdadero, y así quedándonos con lo bueno y desechando lo malo, sacar algún provecho espiritual. Pero para eso se requiere madurez. Es como colar el agua de un estanque cubierto de lamas. Si tengo un buen colador o filtro podré beber el agua limpia, de lo contrario me contaminaré.

Como el agua de ese lugar estaba amarga, los israelitas le pusieron por nombre Mara, que significa "amargura". Quizás el agua estaba amarga para ellos porque en sus corazones había amargura. ¡Cuántas veces la Palabra de Dios nos parece amarga porque nos refleja la amargura que llevamos en el corazón! En realidad el pueblo de Dios estaba amargado porque no encontraban los bienes materiales y la tranquilidad que su carnalidad esperaba. No amaban lo suficiente al Señor ni buscaban una tierra de promisión espiritual sino sólo satisfacción a las demandas de su carne. Nuestra amargura se basa casi siempre en deseos no cumplidos, decepciones, ambiciones insatisfechas, envidias, falta de gratitud para con la vida y Dios, insatisfacción con el trabajo, la familia, el matrimonio, los amigos, la iglesia, etc. No hay contentamiento en el corazón sino una profunda raíz de amargura (Hebreos 12:12-15) Amargura es depresión, pena, dolor intenso en el plano emocional, vacío del alma; la amargura es pecado y se llama "acedía"; es la pereza espiritual.

Caemos en amargura porque no oramos, no le entregamos nuestras preocupaciones, ambiciones, deseos, frustraciones, fracasos, pérdidas, soledades, etc. al Señor. Él es el Fuerte que puede darnos la fortaleza y confianza para superar todas estas tribulaciones del alma. Remedio para la amargura es la oración profunda, la alabanza y adoración al Dios Todopoderoso, la lectura y reflexión de Su palabra guiados por el Espíritu Santo. He aquí dos consejos apostólicos para evitar la depresión: "No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también. / Así Dios les dará su paz, que es más grande de lo que el hombre puede entender; y esta paz cuidará sus corazones y sus pensamientos, porque ustedes están unidos a Cristo Jesús." (Filipenses 4:6,7; DHH) "Dejen todas sus preocupaciones a Dios, porque Él se interesa por ustedes" (1 Pedro 5:7; DHH)

El agua amarga es nuestra propia amargura reflejada por el Señor en la Su Palabra. Necesitamos dejar ese mal hábito de la pereza espiritual para superar la depresión y sacar de raíz la amargura de nuestras vidas. ¡Qué el Señor nos ayude!

EL LÍDER
"Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿qué hemos de beber?" (Éxodo 15:24)

Moisés fue llamado y enviado por Jehová a una misión con Su pueblo. Como líder no fue levantado por el pueblo sino por Dios. No fue un dirigente elegido por votación democrática, como lo hacemos hoy con nuestros gobernantes. Pero sí el pueblo escogió creerle y seguirlo. Dios puede asignar a alguien para una misión o encargo, pero Él no obliga a nadie. Sin embargo ese pueblo que voluntariamente había ido tras Moisés, porque estaba cansado de la tiranía y explotación del Faraón egipcio, ahora, cuando las cosas no iban aparentemente bien para ellos, murmuraban, reclamaban, se quejaban contra su líder. Así de inconformistas y desagradecidos somos los seres humanos; cuando todo va bien y obtenemos satisfacción a nuestras necesidades, estamos con los dirigentes, pero ¡ay, que las circunstancias nos sean adversas! Entonces los culpamos de nuestras desgracias. ¿No sucede así con los presidentes, alcaldes y congresistas que hemos escogido? Al principio los alabamos y apoyamos; luego de un tiempo les criticamos y ya no son de nuestro agrado, porque no obtenemos lo que buscamos: trabajo, beneficios, servicios, etc. Es que son sólo hombres, decimos los cristianos; ¡pero si votamos por humanos, no por dioses! No podemos esperar otra cosa. Ellos hacen lo que humanamente, con sus limitaciones y pecados, pueden hacer.

El pueblo tenía una queja contra Moisés "¿qué hemos de beber?" Esa era su única preocupación. Habían viajado tres días por el desierto, habían llegado a Mara y el agua que allí había era amarga. ¡Esta si que era amargura grande! Moisés era el culpable de todo. Él debía resolver este grave problema. El agua, decíamos, estaba reflejando su propia amargura y ahora, con su reacción, aumentaba la amargura. ¿No nos sucede igual en estos días? Buscamos satisfacción a demandas lícitas: trabajo, salud, educación, matrimonio, una familia, etc. todo lo que para nosotros constituye "la felicidad" Son justas demandas a la vida, y por ende a Dios. Sin embargo, en vez de ello, hallamos problemas, dificultades: peligra el trabajo, no encontramos el trabajo que nos agradaría tener, falla la salud, enfermamos, la educación no se da como pensamos, no encontramos comprensión ni satisfacción en el cónyuge, la familia está desunida y no funciona como esperamos, estamos frustrados e insatisfechos, amargados, ¡todo es una amargura! Y ahora Dios, que nada hace por resolver mi problema, todo lo contrario me da más problemas. Él es el culpable porque yo no escogí venir a esta vida -decimos- ni nada de lo que me pasa puedo manejarlo yo sino que es resorte de Él. Ahora que hasta la Palabra de Dios es amarga, dolorosa, seca, legalista... ¿qué hemos de beber?

No es correcto quejarse contra Dios ni contra los ministros de Dios, acerca de la vida que nos toca experimentar. No es bueno para nuestra alma alimentar pensamientos amargos contra Dios y la vida. Necesitamos comprender que esta vida, con sus experiencias difíciles, con su desierto, tiene un gran e importante propósito: hacernos mejores y dejar una huella en esta tierra. La actitud correcta es aceptar los dolores y dar gracias porque por ellos el Señor nos está tratando y perfeccionando, porque por ellos está construyendo y extendiendo Su Reino.

EL ÁRBOL QUE ENDULZA
"Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó; "(Éxodo 15:25)

El pueblo de Dios reclama como un bebé hambriento; entonces el líder con corazón de padre, clama al Padre por ayuda. Es la actitud que tiene todo pastor de almas, atender a las necesidades de sus ovejas. En este asistir debemos ser cuidadosos de no caer en el "paternalismo". Lo que hizo Moisés fue lo correcto, acudió a Jehová para resolver este problema. Y Jehová le respondió mostrándole un árbol que solucionaría su dificultad. El Señor siempre escucha a sus hijos y está atento a las necesidades de su pueblo. Con mayor razón escucha a aquellos que viven en Su Presencia y que Él tiene como pastores de Su grey, mayordomos de Su Reino. Todo el problema de ellos era el amargor de esas aguas que las hacían imbebibles. Dios le mostró a Moisés la solución y éstas se tornaron dulces. Sólo el Señor puede dulcificar nuestras amarguras; sólo el Señor puede hacer dulce esa Palabra fuerte. Lo interesante es el método que utiliza nuestro Dios para endulzar experiencias y Palabras: nos muestra un árbol. La Escritura dice "y Jehová le mostró un árbol". No dice qué árbol, mas podemos interpretar, desde la óptica del Nuevo Testamento, que para nosotros ese árbol es el árbol de la cruz (Hechos 5:30; Gálatas 3:13) No es el árbol del conocimiento del bien y del mal, del cual, por comer Adán y Eva su fruto, nos vino todo tipo de amargura. Tampoco es el árbol de la vida, el cual será de sanidad y vida eterna, puesto que ese árbol está en el Paraíso y comeremos de él en la eternidad. Sólo el árbol o madero de la cruz puede llevar todas nuestras amarguras, incluido el pecado y lavar nuestros pecados. En ese árbol fue crucificado el Hijo del Hombre, en ese árbol murió por nosotros Jesucristo, en ese árbol fue clavada y anulada "el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio" (Colosenses 2:14) El único árbol que hoy puede quitar nuestra amargura es la cruz de Jesucristo.

En concreto esto significa que cuando nos encontramos frente a pecados nuestros o ajenos, amarguras del alma (insatisfacciones, culpas, complejos, etc.), enfermedades y todo tipo de males; necesitamos proceder de la siguiente forma:
a) entrar en nuestra intimidad y clamar a Jehová
b) recordar a Cristo crucificado, dando gracias a Dios por el regalo de la salvación y la sanación en la cruz
c) cubrir con la sangre de Jesús la situación que nos aflige
d) confiar que la sombra de la cruz dará cobijo a nuestra alma para siempre y sentirnos liberados

Dice la Biblia que en Mara, en medio del desierto, en ese lugar de amargura, el Señor "les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó" Dios nos ha llamado a la vida cristiana, nos salvó de las tinieblas y la amargura del pecado, pero para que aprendamos a usar esta libertad que hoy tenemos, nos ha entregado estatutos y ordenanzas. Muchos cristianos piensan que la vida en la Gracia está exenta de normas. No conciben la felicidad humana con orden, organización, leyes a cumplir. Está equivocados en esto; la libertad del pecado, de la carne y del diablo, pasa por el cumplimiento de ciertos principios, como por ejemplo: a) disciplina en la vida devocional (oración, meditación, alabanza y adoración, lectura y estudio de la Palabra de Dios, ayuno); b) disciplina en las finanzas (diezmo, ofrenda, administración del dinero); c) disciplina en la vida eclesial (oración comunitaria, koinonía, rol, discipulado); d) disciplina en la mayordomía del cuerpo (alimentación, sueño, sexo, salud, descanso); etc.

En el cumplimiento de esas normas de conducta básicas para vivir en el Reino de Dios, el Señor nos prueba. De estas pruebas podremos salir aprobados o reprobados. Cuando sucede lo segundo necesitamos volver a vivir similares experiencias.

¿Cómo saldremos de la amargura del alma? Aferrándonos a la cruz. Hay dos formas de hacerlo: 1) reconociendo a Jesucristo crucificado y aplicando sus conquistas de la cruz para nosotros, la salvación y la sanidad; y 2) muriendo juntamente con Cristo, considerando que el viejo Adán y la vieja Eva ya han sido crucificados, ahora es Cristo quien debe vivir en nosotros. Sólo así, viviendo intensamente estas dos realidades espirituales, superaremos la amargura y nuestra vida será completamente endulzada con la paz, el amor, la fe y la esperanza de Jesucristo. Amén.

UN DIOS SANADOR
"y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador." (Éxodo 15:26)

Este verso comienza con un si condicional. Si los cristianos hacemos todo lo que Dios ordena, entonces Él cumplirá su parte. En cierto modo es una promesa de Jehová, pero condicional al cumplimiento de nuestro deber para con Él. Por otro lado es un pacto de Dios con Su pueblo, en que al discípulo le corresponde hacer algo y al Señor otro tanto.

Jehová nos promete -porque así debemos leer este texto, para nosotros sus hijos- que "ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti". ¡Qué maravillosa promesa! Ni cáncer, ni tuberculosis, ni diabetes, ni artrosis, etc. etc., enfermedades que afectan al mundo, nos llegará a nosotros. ¿Se referirá a estas enfermedades? Pues vemos que tales males afectan también a los cristianos. No estamos excentos de enfermedad como la realidad nos lo muestra diariamente. Sólo que la actitud ante la enfermedad, de parte del cristiano, es distinta a la del no creyente. Las enfermedades dominantes en las tierras bíblicas eran las fiebres malignas, las enfermedades cutáneas, la parálisis, disentería y oftalmía. Cada época y lugar se caracteriza por cierto tipo de enfermedades.

En el texto se relaciona la conducta del hombre con la enfermedad. Nos parece lógico que cierto tipo de alimentación influya en la adquisición de enfermedades. La ingestión de grasas, por ejemplo, determinará problemas de colesterol que repercutirán en el funcionamiento del sistema circulatorio, con peligro de males cardíacos y hasta infartos cerebrales, aparte de la obesidad. Podemos decir que el pecado de la gula condujo a esa persona a la enfermedad. A similares conclusiones podríamos llegar con la ingesta desordenada de alcohol, el tabaquismo, el exceso de trabajo, las preocupaciones, etc. No es raro que la Palabra de Dios haga una relación directa entre desobediencia a Dios y enfermedad. Si el pueblo de Dios enferma, es porque está fallando en obedecer a Dios, porque no está siguiendo Sus consejos para tener calidad de vida.

a) Primera advertencia. Este si condicional comienza por advertirnos "Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios". Es probable que no estemos escuchando al Señor atentamente. Esa es la actitud correcta: atender a cada detalle de lo que Él nos enseña. La Sagrada Escritura es un verdadero manual para vivir; nos enseña como ser éticos en nuestras relaciones con la vida (personas, animales y cosas); como ser educados en las relaciones humanas; como relacionarnos con Dios; como vivir en forma saludable; como administrar el dinero; como conducirnos en la familia, el trabajo y la sociedad; etc., etc. La mayoría de los cristianos piensa que la Biblia es sólo un libro religioso, que nos enseña acerca de la salvación y la santidad, que sólo nos habla de Dios, y que nada tiene que decir sobre asuntos más "mundanos" o triviales. Están equivocados, pues la Sagrada Escritura tiene mucho más contenido que enseñarnos. El problema es que toda lectura del Libro la reducimos al sistema de Ley- culpa-castigo. Pensamos que todo lo que dice es una obligación que, de no ser obedecida, nos traerá un severo castigo. No es así. Lo que sucede es que al no seguir Su consejo, obtenemos el resultado propio de nuestro mal proceder. No es que Dios castigue, sino que el hombre hace lo que le perjudica. Alguien que fuma y luego termina con un efisema pulmonar ¿podrá culpar a Dios de su enfermedad? Otro que se casó sin la aprobación de sus padres ¿podrá culpar a sus padres de su fracaso matrimonial? El que desoyó el consejo de su tutor ¿podrá culpar a Dios de su amargura? El ser humano es responsable de su propia conducta. El papel de Dios es ser Padre y Maestro: cuidarle y aconsejarlo, pero no puede cuidarle de sí mismo pues respeta nuestro libre albedrío.

b) Segunda advertencia. Si "hicieres lo recto delante de sus ojos". Desde niños se nos ha dicho que Dios está en todo lugar y no ve, aún en lo oculto y oscuro de los rincones de nuestra casa. Él ve su actuar, sabe lo que usted piensa y lo que siente su corazón. Nada está oculto para Dios. Por tanto debemos hacer lo recto, lo correcto, lo que éticamente es agradable a Él. Pero hacer lo recto también se refiere a lo conveniente para el cuerpo, para la mente, para la familia, la sociedad, el bolsillo, etc. Nuestro deber como mayordomos es cuidar el templo (cuerpo), el o los talentos (dones dados por Dios), el tesoro (dinero y bienes materiales) y el tiempo. Hacer lo recto es ser buenos mayordomos del yo, del matrimonio, la familia, el trabajo, la sociedad y la Iglesia. Estos seis aspectos engloban las esferas que tocan nuestro ser hombre. En cada uno de ellos es preciso que actuemos con rectitud. En cuanto al yo somos tripartitos: cuerpo, mente y espíritu. El alma encierra: conciencia (juicio), mente (conocimiento), voluntad (determinación), corazón (motivaciones) y emoción (sentimientos). Cada aspecto habrá de ser educado y formado para actuar rectamente. No es menor la responsabilidad de cada cristiano consigo mismo.

c) Tercera advertencia. Si "dieres oído a sus mandamientos" se refiere a escuchar verdaderamente a Dios, no hacerse el sordo, el que no sabe o no entiende lo que el Kirios pide de sus siervos. El Señor pide obediencia a sus mandamientos, los cuales no son sugerencias o favores para Él, sino órdenes. La pureza, la castidad de la soltería, la fidelidad matrimonial, no son una opción sino un mandamiento. La heterosexualidad o la homosexualidad no son una opción, como hoy se estila y defiende; la Biblia es clara "varón y hembra los creó" (Génesis 1:27b) "no te echarás con varón" (Levítico 18:22; 20:13). Hoy día el diablo ha levantado la acusación de "homofobia" a quienes no estamos de acuerdo con la homosexualidad; pero nadie habla de la "heterofobia", los que desprecian la normalidad, que es la heterosexualidad. Debemos prestar oído a Sus mandamientos.

d) Cuarta advertencia. Si "guardares todos sus estatutos". La cuarta advertencia que sostiene este texto nos conduce a la acción: guardar, poner por obra. "Si guardáis mis mandamientos" (San Juan 15:10) Jesucristo cumplió todo mandamiento de Su Padre ¿por qué nosotros no habríamos de hacerlo? En esto imitemos también al Maestro y guardemos todos los estatutos de Dios. ¿Qué diferencia hay entre estatuto y mandamiento? El mandamiento está contenido en el Decálogo, el estatuto es todo lo que Dios ha ordenado y no está explicitado en los 10 mandamientos, aunque se desprende de él. Por ejemplo el estatuto de no echarse con animales se desprende del mandamiento "No cometerás adulterio" (Exodo 20:14) De este mandamiento se desprende todo acto sexual impuro hecho fuera del matrimonio. Tras este mandamiento está el principio divino de pureza. Esta advertencia nos invita a examinar y considerar cada estatuto de Dios.

Finaliza el versículo con la solemne declaración "Yo Soy Jehová tu Sanador" En el texto original dice Jehová Rafa, que significa "Yo Soy tu Sanador". Jehová Rafa es uno de los nombres con que se designa a Dios en el Antiguo Testamento. Entre todas las características de Dios para nosotros es que Él es quien nos sana. El hecho que hable de "sanar" implica que su pueblo puede enfermarse y se enferma. Aún cuando nos promete que ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti, como igualmente somos pecadores, enfermaremos y Él será nuestro Sanador.

Hay enfermedades del espíritu, del alma y del cuerpo.

a) La principal enfermedad del espíritu es la rebelión contra Dios o pecado. Esta enfermedad la sana sólo Jesucristo con Su sacrificio expiatorio en la cruz; sólo la conversión y regeneración pueden sanar el espíritu. Un caso extremo de enfermedad espiritual es la posesión demoníaca.

b) Enfermedades del alma son las heridas, los traumas, los complejos, los prejuicios, etc., las cuales generan culpas por el pecado de otros, emociones encontradas, pensamientos negativos acerca de si mismos. Estas son la amargura en el desierto, amargura que el Sanador quiere quitar de nuestra vida; los nudos que nos atan y que pueden ser desatados por Su Iglesia. La llaga de Jesús quita toda enfermedad (Isaías 53:5). La Iglesia tiene el poder para desatar esos nudos Por medio de la confesión (abrir nuestro corazón al tutor, como al Señor) y el perdón o absolución, cubriendo con la sangre de Jesús todo el mal que nos aqueja, somos desatados y liberados de esas culpas y pensamientos y emociones negativas (San Mateo 16:19)

c) Casi todas las enfermedades corporales tienen analogía con las del alma. Muchas enfermedades del cuerpo son de origen psíquico, otras por un inadecuado estilo de vida, otras se traen al nacer o como condición hereditaria o genética. Podemos asegurar que el Gran Médico de las almas ha demostrado su perfecta habilidad para curarlas todas. Como hijos de Dios debemos confiar en que Él es Jehová Rafa que sana toda enfermedad (Santiago 5:14,15)

FUENTES Y PALMERAS
"Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas." (Éxodo 15:27)

Elim significa árboles. Es una estación de los israelitas en su camino de Egipto al Monte Sinaí, llamado ahora hondonada Ghurundel, que es un ancho valle, el primero de cuatro que siguiendo al sudoeste corren al mar, como a 40 millas del sudeste de Suez. Allí hay varias fuentes y un arroyo, muchos matorrales y arbustos, y algunos tamarindos y palmeros.

El pueblo de Dios salió de Egipto a través del Mar Rojo, atravesó el desierto de Shur; anduvo tres días sin hallar agua. Luego llegó a Mara, que significa amargura, y no pudo beber de sus aguas pues estaban amargas. Por tal razón el pueblo murmuró contra Moisés. Este clamó a Jehová, y Dios le mostró un árbol que endulzó las aguas. El Señor, que les había dado estatutos y ordenanzas, allí los probó y les dio una promesa: no eviarles enfermedad si ellos obedecían, porque, aseguró "Yo soy Jehová tu Sanador."

Finalmente llegaron a Elim, un fértil valle donde fluían doce fuentes de aguas y setenta palmeras. Siempre, luego de la prueba, vendrá el descanso y el premio. ¡Qué mejor refuerzo a su perseverancia este magnífico lugar, un verdadero paraíso! El número 12 en Numerología Bíblica es un número simbólico. Se dice que es un número perfecto, significando perfección de gobierno o perfección gubernamental. Se encuentra como múltiplo en todo lo que tiene que ver con gobierno. El sol que «señorea» el día, y la luna y las estrellas que «señorean» la noche lo hacen por su paso a través de los doce signos del Zodíaco que cierran el gran círculo del cielo compuesto de 360 (12 x 30) grados o divisiones, señoreando así el día. Doce es el producto de 3 (el número perfectamente divino y celestial) y 4 (el terrenal, el número de lo que es material y orgánico). En el caso de Elim, las doce fuentes de agua están indicando que es el lugar perfecto para vivir, de cuyos manantiales fluye la vida de Dios, representada por el agua. El agua es símbolo de la Palabra de Dios, es el principio de regeneración encerrado en el Bautismo (somos sumergidos, sepultados y nacidos de las aguas), el agua limpia como la Palabra de Dios nos limpia. La Biblia describe como en la eternidad disfrutaremos de esa vivificación constante, cosa que se recalca con numerosas alusiones al número 12: doce apóstoles, doce ángeles, doce puertas, doce perlas, doce basamentos, doce columnas, doce frutos, doce meses, etc. (Apocalipsis 22:2)

En ese lugar privilegiado habrá para nosotros 12 fuentes de agua viva y 7 palmeras. Acudamos otra vez a nuestro estudio de los números y símbolos. El número 6 es dedicado a todo lo que es humano, el 7 pertenece a la esfera divina; el 6 es número de hombre y el 7 es número de Dios. El número siete domina toda la Escritura porque habla de la perfección divina y del orden perfecto de Dios. Que hubiese en Elim 7 palmeras, árbol que ofrecía sombra y frutos dulces como alimento a los peregrinos, immplicaba que ese lugar era perfecto para el pueblo de Dios.

En la visión de la eternidad se nos muestra siete elementos en íntima y profunda relación: 1) un río limpio de agua de vida; 2) el trono de Dios y del Cordero; 3) la calle de la ciudad celestial; 4) el árbol de la vida; 5) doce frutos, uno cada mes del año; 6) hojas del árbol que dan sanidad; 7) las naciones que reciben la sanidad (Apocalipsis 22:1,2) Si considero ambos versículos por separado, obtengo 2 elementos en primer verso que describen a Dios Trino: el Espíritu Santo como río limpio de agua viva y resplandeciente, el Padre y Jesucristo, sentados en Su trono de completa autoridad. Hemos visto que Dios es Uno solo. Siempre que aparece el número uno en la Biblia se excluye toda diferencia. El uno denota aquello que es soberano. Pero dos afirma que hay una diferencia, como varón y hembra, día y noche, bueno o malo. Significa que hay otro; mientras que uno afirma que no hay otro. Aquí el Espíritu Santo quiere revelarnos que Dios, siendo Uno sólo, es también Tres distintos.

En el segundo verso están los cinco elementos restantes de nuestra vida edénica y eternal: 1) la calle de la Nueva Jerusalén; 2) el árbol de la vida; 3) los frutos de ese árbol; 4) sus hojas para sanidad; y 5) las naciones salvas. Sabido es que el 5 representa a la Gracia, es el número de la Gracia. De estudios de las dimensiones del Tabernáculo y el Templo, en el Antiguo Testamento, se desprenden estas conclusiones. En nuestro versículo hay 5 elementos animados por acción de la Trinidad, actuantes en la Iglesia o Esposa del Cordero: la calle por donde transita la vida en gracia; el árbol cuyo fruto nos hace eternos en la gracia; los frutos permanentes de la gracia de Dios; la sanidad que experimentaremos en la eternidad de Su gracia; los cristianos de las distintas naciones que vivirán en esa gracia para siempre.

Definitivamente acampar allí junto a esas aguas, será lo más deleitoso. Nada se puede comparar a esa sensación de plenitud, libertad, amor y eternidad. Es maravilloso el llamado que hoy nos hace Jehová Rafa, nuestro Sanador, a vivir en obediencia a Él, para conquistar la salud sempiterna de nuestro espíritu, alma y cuerpo. No podemos desaprovechar esta incomparable oportunidad.

PARA REFLEXIONAR:
1) ¿Cree usted que Dios puede sanar hoy de enfermedad, si a Él se pide?
2) Estudie, reflexione y discuta en su cenáculo los siguientes textos: Deuteronomio 7:15 y Deuteronomio 28:58-61
3) ¿Qué experiencias han sido para usted su desierto personal?
4) ¿Qué enfermedades puedo identificar ahora en mi alma y de las cuáles quisiera sanar?
5) Haga una lista de sus preocupaciones, ambiciones, deseos, frustraciones, fracasos, pérdidas y soledades, y compártalas con su tutor.
6) Examine si hay en usted: soberbia, envidia, avaricia, lujuria, gula, pereza.
7) ¿Cuál es su actitud ante las dificultades de la vida: reclama contra otros, se molesta con Dios, se amarga, tiene un modo especial de aceptarlas?
8) Haga una oración de sanación por usted, visualizando sus amarguras y aplicando el sacrificio expiatorio de Jesucristo en la cruz.
9) Revise su disciplina en las áreas básicas de: vida devocional, finanzas, vida eclesial y mayordomía del cuerpo.
10) ¿De qué modo estoy poniendo atención a Dios?
11) ¿Me relaciono con Dios como mi Sanador o dejo mi salud sólo en manos de los médicos?
12) ¿En qué aspecto mi alma está debilitada y enferma?

PARA PRACTICAR EN EL CENÁCULO
1) Acepte la imposición de manos de su pastor para recibir completa sanidad en su alma.
2) Reciba el abrazo de amor de su hermano tutor, portador del amor del Espíritu Santo.
3) Bendiga a sus hermanos, de parte del Señor, derribando toda barrera de prejuicios, temores, rencores o cualquiera otra falta de amor.

BIBLIOGRAFIA
1) Prof. Ramón Romero y Ramón Romero hijo; "Como entender los numeros de la Biblia".
2) W.W. Rand; "Diccionario de la Santa Biblia"; Editorial Caribe; Miami, Florida, Estados Unidos
3) Santa Biblia, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.
4) Emiliano Tardif & José H. Prado Flores; "Jesús Está Vivo"; Publicaciones Kerygma; México; 1984.

[1] El capítulo 5 de San Lucas nos presenta a Jesucristo en su quíntuple dimensión de: Pescador de almas, Sacerdote, Maestro de maestros, Médico y Esposo de la Iglesia.

martes, marzo 25, 2008

DESATANDO NUDOS


De la serie "SANIDAD INTERIOR" I PARTE

Lectura Bíblica: Salmo 130:4,7,8

Propósitos de la Charla: a) Deshacer toda atadura que nos inmoviliza para amar y servir a Dios; b) Aprender a perdonar en Cristo; y c) Pedir perdón y perdonar para recibir la sanación del alma.


Jehová es un Dios que perdona, pero no a la manera humana. Nosotros "hacemos la vista gorda", nos "hacemos los lesos"; Dios no perdona de ese modo. Él hace justicia. El pecado del ser humano merece un castigo. Por ser tan graves la calidad y cantidad de pecados, el hombre merece morir. Lo que Dios hizo fue reemplazarnos: Él se hizo humano y sufrió en su carne el castigo de nuestro pecado. Es la manera justa que tiene Dios de perdonar. Él es misericordioso pero también es justo, es legal. No sólo es gracia, también es ley. ¿Cómo concilia Dios la Ley con la Gracia? Muriendo por nosotros, redimiéndonos. Ahora iniciamos una serie de enseñanzas que nos introducen en el modo que Dios ejerce Su perdón en nuestras conciencias, específicamente aquel perdón que dice relación con nuestra emocionalidad, es decir el proceso de "sanación o sanidad interior"

DIFERENCIA ENTRE SALVACIÓN Y SANACIÓN
La salvación se relaciona con nuestra culpa ante Dios. La salvación del alma es el primer paso en nuestro desarrollo espiritual cristiano, y se obtiene por medio de la fe en Jesucristo. “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; / y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:3,4) Cristo nos salvó en la cruz; es una obra ya concluida y perfecta.

¿Para qué vino Jesucristo a la tierra? Él mismo nos responde que Su propósito al venir a nosotros es para darnos la vida "zoé" que viene de lo alto y dárnosla de un modo abundante (San Juan 10:10) La Biblia dice que Jesús vino para ser Príncipe y Salvador, para dar arrepentimiento y el perdón de los pecados (Hechos 5:31) De modo que sólo en Cristo tenemos el perdón de pecados (Efesios 1:7; Colosenses 1:14) Si queremos la salvación eterna de nuestra alma, para vivir junto a Dios y no recibir castigo de condenación, pues bien, necesitamos dirigirnos a Cristo, Camino, Verdad y Vida. ¿Es usted salvo?

La sanación o sanidad interior tiene relación con el estrago que han ocasionado las culpas nuestras y de otros sobre el alma. Esas culpas provocan heridas, traumas, complejos, etc. El propósito de la sanidad interior es la sanidad de las emociones y de la psiquis (Jeremías 17:14) La sanidad interior se logra por medio del amor y el perdón del Espíritu Santo. Cristo nos sanó en la cruz, pero nosotros tenemos que tomar esa sanidad y hacerla vida en nosotros. “El fue herido por nuestras rebeliones” “Por su yaga fuimos nosotros sanados” (Isaías 53:4-6)

EL PODER DE DESATAR
Cristo dio a Su Iglesia el poder de “desatar” nudos. Estamos atados, inmovilizados, no estamos libres, cosa que Él no quiere para nosotros. Jesucristo desea liberarnos del pecado y de las culpas ocasionadas por el pecado personal y ajeno (San Mateo 16:19)

Culpa es el peso desagradable en la conciencia de bien y mal.
Temor es miedo al castigo (1 Juan 4:18)
Castigo es la acción de Dios o el prójimo sobre alguien, luego de un juicio.
La culpa nos hace actuar con poca libertad, temor al castigo, temor a ser descubierto. Surge por falta de perdón.

Podemos ser “salvos”, saber que Dios nos ama y ha perdonado todos nuestros pecados, pero vivir con un continuo peso en el alma, una emocionalidad herida, porque sólo hemos hecho un acto de constricción ante Dios pero no hemos permitido que el Espíritu Santo nos sane. Si lo permitimos, hasta nuestros males físicos podrán desaparecer. Muchas de nuestras enfermedades son de origen psíquico o psicosomáticas (San Mateo 9:2,7)

Los cristianos desatamos ataduras por medio del perdón. Ya en el Antiguo Pacto se prefiguraba el sacrificio de Cristo por medio del derramamiento de la sangre de un animal puro, para perdón de pecados. Jehová enseñó a Moisés que, cuando alguna persona pecara, debería ofrecer un becerro por expiación, traerlo delante del tabernáculo y los ancianos, poniendo sus manos sobre el animal -de ese modo transferían el pecado a él- y lo degollarían para verter su sangre. El sacerdote llevaría la sangre del becerro y rociaría siete veces delante del velo que separaba del lugar santísimo, y derramaría el resto de la sangre al pie del altar del holocausto. De ese modo obtendría el perdón. Ese becerro simboliza a Jesucristo, nuestro Becerro Santo y sin mancha, que entregó Su sangre para limpiar nuestros pecados y culpas. El lugar santo es nuestra alma y el lugar santísimo nuestro espíritu, en el cual tenemos comunión completa con Él, por medio de Su Espíritu Santo que lo habita (Levítico 4:20)

La Biblia expresa que Dios envió a Su Hijo Jesucristo para dar conocimiento, salvación y perdón de pecados (San Lucas 1:77)

IMPORTANCIA DEL PERDÓN PARA LA SANIDAD INTERIOR
La falta de perdón nos tiene atados, heridos, culpables, enfermos, tristes, amargados. Si nos sanamos mediante el perdón, seremos más felices, menos desvalorizados, más sanos, comunicativos, alegres, aptos para la obra del Reino.

Debemos a Dios obediencia, cuando no lo hacemos quedamos en deuda. Entonces le pedimos a Él que nos perdone esa deuda. Por ejemplo: el engañar a nuestro cónyuge es adulterio e infidelidad. Le pedimos perdón sincero al Señor. ¿Qué hace Él? Limpia nuestros pecados con Su sangre y nos dice "vete y no peques más". Ese pecado ya ha sido expiado. Del mismo modo debemos perdonar a quien nos ofende. Por ejemplo: el engañado cónyuge se entera, lo lamenta, sufre, pero cubre con la sangre de Cristo ese pecado. No basta nuestro amor y comprensión humana, sino la sangre del Cordero (San Mateo 6:12)

Le pedimos a Dios que perdone nuestros pecados. ¿Tenemos derecho a ello? Sólo si nosotros hacemos lo mismo "porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben" ¿Cómo vamos a perdonar a los que nos deben? Con el perdón Divino, el del Señor. Es nuestro deber perdonar (San Lucas 11:4)

Las personas que no están sanas no logran evangelizar adecuadamente, no pueden discipular a otros. Previo a la acción evangelizadora y discipular está la sanidad interior. Nuestra obligación es perdonarnos unos a otros y ser benignos, así como Dios nos perdonó. El Espíritu Santo nos invita a perdonarnos unos a otros, si alguien tiene queja, a imitación de Cristo que nos perdonó (Efesios 4:32; Colosenses 3:13)

PERDONAR
Otros nos han agredido. Es imprescindible que usted pueda: a) perdonar a los que le dañaron cuando pequeño, cuando joven o adulto; b) perdonarse a sí mismo/a, aceptar sus debilidades y defectos, antes de emprender una transformación, “tenerse paciencia”; c) perdonar a la vida que le ha sido dura o difícil, no luchar contra Dios sino aceptar esta vida como le ha venido, no ser inconformista, aceptar lo que le ha tocado sufrir.

PEDIR PERDÓN
Todos tenemos motivos para pedir perdón. Como no lo hemos hecho, estamos débiles, amargados, enfermos, culpables. La conciencia nos acusa de pecado y esto nos hace muy mal al espíritu, al alma y también al cuerpo. Recuerde que el pecado mata “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23)

De ahí que necesitemos imperiosamente: a) pedir perdón a Dios por los muchos pecados y ofensas que le hemos hecho a Él no cumpliendo Sus mandamientos; b) pedir perdón a nuestros padres, hermanos, por los agravios contra ellos, tanto en palabras y acciones, como también por aquello que debiendo hacer no hicimos; c) pedir perdón a amigos, ex – esposos vivos o muertos, otros familiares; d) pedir perdón a los hijos.

Esta petición de perdón es a nivel espiritual, en oración, pues se trata de nuestra sanidad. Otra cosa es la sanidad de las relaciones familiares y sociales. Señor perdóname, amigo perdóname...

CONCLUSIÓN
La sanación no impide la vida eterna ni tampoco ayuda a ella. Usted puede morir enfermo, lleno de traumas, heridas, complejos, etc., e irse al cielo. Pero no puede irse al cielo si no tiene la salvación, si no ha recibido a Cristo. Claro que la sanación le hará más apto para el Reino. Un soldado de Jesucristo debe estar sano, si quiere ser instrumento para honra, un cristiano santificado, útil al Señor y dispuesto para toda buena obra (2 Timoteo 2:21)

PARA REFLEXIONAR:
1) ¿Siento que hoy he desatado un nudo en mi vida espiritual?
2) ¿He pedido perdón a Dios por todos mis pecados?
3) ¿He perdonado a todos mis agresores, cubriéndolos con la sangre de Jesucristo?
4) Haga un listado de aquellas heridas que aún tiene en su corazón y preséntelas a Dios en su oración personal durante esta semana.

sábado, febrero 16, 2008

LOS ANCIANOS GOBERNANTES

Lectura bíblica: Daniel 7:9-22.

Propósitos de la charla: a) Conocer la importancia que da la Biblia a los ancianos que gobiernan el pueblo de Dios; b) Determinar si poseo las condiciones para ejercer ese llamado; c) Colaborar con los ancianos gobernantes de mi iglesia.

En la lectura inicial vemos el Modelo de anciano para la Iglesia, Dios mismo, que es pureza, autoridad, liderazgo y juicio. No es poca cosa el llamado a ser ancianos y ancianas de la Iglesia, es un rol de gran responsabilidad, para el cual necesitamos prepararnos. Es deber de los ministros de Dios capacitar a los ancianos para su labor administrativa y de servicio. Pero también el anciano debe procurarse ese desarrollo a través de una intensa vida devocional.
Veamos tres preguntas motivadoras, antes de iniciar este tema: ¿Cuántos ancianos había en Israel, en tiempos de Moisés? Éxodo 24.1. ¿Qué virtudes tenían los ancianos que escogió Moisés para gobernar al pueblo? Deuteronomio 1.9-15. ¿De quién era esposa la mujer virtuosa de Proverbios? Proverbios 31.23.

Así como Israel fue gobernada por ancianos del pueblo, también Cristo ha instituido oficiales del pueblo con dones y comisión de gobernar, cuando son debidamente ordenados para ello. Estos oficiales se llaman ancianos gobernantes o presbíteros. De allí que al grupo de ancianos que gobiernan una comunidad cristiana se les nomine Presbiterio. Encontramos ancianos tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento.

"Dijo Moisés a Dios: .../ Ve, y reúne a los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció diciendo: En verdad os he visitado, y he visto lo que se os hace en Egipto" (Exodo 3:13,16)

"Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; / lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo." (Hechos 11:29,30).

ESCOGIDOS POR LA ASAMBLEA
Los ancianos gobernantes son propiamente los representantes del pueblo de cada iglesia local, elegidos por éste para que ejerzan el gobierno y la disciplina de la respectiva iglesia, junto con los pastores o ministros. Los textos que utilizaremos para referirnos a la función "anciano", no siempre se referirán directamente a ese rol, pero se supone que lo consideran del mismo modo.
"Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. / Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario. / Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos." (1 Timoteo 5:17,18)

"Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído." (Hechos 14:23)

"De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada,... / o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; / el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría." (Romanos 12:6-8)

"Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre." (Hechos 20:28).

Las Sagradas Escrituras se refieren a este oficio con los términos "gobernaciones" "Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas." (1 Corintios 12:28) y "los que gobiernan bien" (1 Timoteo 5:17), puesto que no se ocupan necesariamente en predicar o enseñar.

LLAMADO DE DIOS
Los ancianos gobernantes deben tener una vocación genuina para dicho oficio. Esta vocación se manifiesta por el llamado de Dios por el Espíritu Santo "El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel" (Hechos 9:15; 13:2), el testimonio interior de una buena conciencia, la aprobación manifiesta del pueblo de Dios y el juicio favorable del Presbiterio "nos ha parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo" / hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. / Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales también de palabra os harán saber lo mismo." (Hechos 15:25-27).

A los que Dios llama para que ejerzan este oficio, como cualquiera otro en su Iglesia, les concede dones adecuados para el desempeño de sus deberes (Romanos 12:6-8). Estos dones se manifiestan mediante una fe sana y una vida cristiana ejemplar y activa. Por tanto, cada candidato a anciano gobernante tiene que ser aprobado por el Presbiterio, antes de ser elegido.

REQUISITOS DEL ANCIANO
Los que desempeñen este oficio deben ser de fe sana, de vida intachable, sabios y discretos, dechados de la grey por su santidad y modo de vivir y comprometidos económicamente con Dios y Su obra.

"Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé; /el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía. / Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, /sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo, /retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen." (Tito 1:5-9)

"no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey." (1 Pedro 5:3)

" Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. / Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; / no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; / que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad / (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); / no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. / También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo." (1 Timoteo 3:1-7)

La elección de los ancianos gobernantes es atribución inalienable del pueblo de Dios de cada iglesia local, por ser ellos sus representantes directos , por lo cual, nadie puede ejercer este oficio en una iglesia local sin haber sido elegido por ella.

"Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo." (Hechos 6:3)

Los ancianos gobernantes tienen la misma autoridad, derechos y obligaciones en la Iglesia que los ministros y diáconos. "Y al pasar por las ciudades, les entregaban las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las guardasen." (Hechos 16:4).

Los discípulos y discípulas llamados para ejercer el oficio de ancianos gobernantes deben ser ordenados por el Pastor y ministros de la Iglesia "a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos." (Hechos 6:6; 13:3).

DEBERES DEL ANCIANO
Al anciano gobernante le corresponde por su oficio:
1) Velar por el desarrollo de la organización, enfocando la Iglesia como una sociedad de Dios. "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable" (1 Pedro 2:9). Se llama sociedad a la agrupación natural o pactada de personas, que constituyen unidad, con el fin de cumplir, mediante la mutua cooperación, todos o alguno de los fines de la vida. Linaje es la ascendencia o descendencia de cualquier familia. Real sacerdocio significa que los cristianos somos sacerdotes al servicio del rey. Una nación es el conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común. El apóstol Pedro nos indica que esta nación llamada Iglesia es santa o sea separada del mundo para Dios. Pueblo llámase a un país con gobierno independiente.

2) Ejercer el gobierno de la congregación en unión con los demás ancianos gobernantes. Los apóstoles establecieron una forma de gobierno donde los líderes espirituales elegidos, llamados también ancianos o presbíteros, convocan las sesiones de la iglesia local para supervisar asuntos de la iglesia. (Hechos 15:1,2). Para gobernar en unidad, considérense los siguientes textos: "Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos ..." (Hechos 15:22); "... el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor..." (Hechos 20:28); "No descuides el don que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio" (1 Timoteo 5:17)

3) Velar por el bienestar del pastor y de los demás ministros de la congregación. "Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; / y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros." (1 Tesalonicenses 5:12,13). Los siguientes pasajes nos hablan acerca de la importancia de que los ancianos y la congregación se preocupen por el bieneastar del pastor: "En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad." (Filipenses 4:10). "Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. / Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; / pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. / No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. / Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios. / Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús." (Filipenses 4:14-19)

4) Cumplir y hacer cumplir los acuerdos del Presbiterio: "Y al pasar por las ciudades, les entregaban las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las guardasen." (Hechos 16:4)

5) Asistir a las sesiones del Presbiterio: Discurso de despedida de Pablo en Mileto: "Enviando, pues, desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia." (Hechos 20:17)

PARA REFLEXIONAR:
1) ¿En qué cualidades piensa usted cuando escucha la palabra "anciano"?
2) ¿Qué condiciones tengo para ejercer el llamado de anciano gobernante?
3) Orar por cada uno de los ancianos gobernantes de mi Iglesia
4) ¿Qué es la Iglesia y cuál es su misión?
5) ¿Cuál debe ser la actitud de los discípulos, hacia las autoridades de la Iglesia?
6) ¿Qué debe hacer la Iglesia frente a los ministros, encargados de enseñar la Palabra de Dios?

BIBLIOGRAFÍA.
- Santa Biblia, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.
- Constitución de la Iglesia Presbiteriana Nacional Fundamentalista Biblica (Chile).
- Estatutos de la Iglesia Discípulos de Jesucristo, IDJ.

jueves, diciembre 27, 2007

OVEJAS DE SU PRADO (1)

ROLES EN LA IGLESIA
II PARTE

Pastor Iván Tapia



Lectura bíblica: Salmo 100:3

Propósitos de la charla: a) Comprender cual es la esencia de ser ovejas del Buen Pastor; b) Descubrir rol en la Iglesia e identificar los dones que Dios nos ha dado; c) Evaluar nuestra conversión; d) Revisar actitud ante la diversidad; e) Clarificar mi ubicación en el Cuerpo; y f) Vincularse afectiva y efectivamente al pastor como al Pastor.

Reconocemos que el Señor es nuestro Dios. él nos creó y como tal es Dueño absoluto de nuestra vida. Ésta no nos pertenece, toda vez que Él nos ha salvado de la condenación eterna por medio de la muerte de Su Hijo. Por lo tanto somos Su pueblo, así como lo es Israel. Él es nuestro Pastor y nosotros ovejas de Su prado.
En el Evangelio de San Juan, Jesucristo se nos presenta como el Buen Pastor que da su vida por las ovejas. Ya hemos estudiado cuales son las características de un buen pastor; ahora corresponde adentrarnos en el rol de ser oveja. Los cristianos no necesitamos esforzarnos por ser ovejas sino más bien reconocer que ya lo somos. El mismo texto nos permite encontrar nuestra esencia y rol de ovejas.

1. LAS OVEJAS CRUZAN LA PUERTA
De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador" (San Juan 10:1)
He aquí una gran verdad declarada por nuestro Maestro, Jesucristo, y es que el verdadero pastor entra por la puerta y no por otra parte; el pastor de las ovejas no necesita esconderse ni entrar por otro lugar que no sea la puerta. El pastor de una comunidad cristiana es alguien que ha cruzado la Puerta del Reino, es decir ha conocido a Jesucristo como Señor y Salvador; además ha sido legítimamente ungido como ministro de Dios. Podríamos aplicar esta enseñanza también a las ovejas, los discípulos de Jesús, señalando que toda oveja perteneciente al rebaño cruzará la Puerta y no entrará por la ventana. Una oveja de Su prado es la que ha nacido de nuevo del agua y del Espíritu.
Las ovejas cruzan la puerta del Reino de Dios; nadie puede ser oveja de Jesucristo si no se ha convertido a Él, si no le ha entregado la vida completa, creyendo en Su mensaje de Salvación y haciendo suya Su muerte, si no ha nacido de nuevo.

2. LAS OVEJAS TIENEN VIDA ABUNDANTE
El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia." (San Juan 10:10)
En muchas oportunidades hemos comentado este pasaje, el cual está entre mis preferidos. En este versículo se confrontan dos personajes: el ladrón y Cristo. El primero no es otro que el diablo, el cual vino a esta tierra para hurtarnos la vida eterna, para matar nuestra alma, para destruir todo lo que Dios construyó en nosotros. En cambio el Hijo de Dios vino a rescatarnos y devolvernos todo lo que Satanás nos había usurpado. Jesús declara que Él ha venido a este mundo para que tengamos vida. Obviamente no se refiere sólo a la vida biológica, sino también y sobre todo a la vida de Dios, esa que viene de Él. No es poca, tampoco la suficiente, sino que es "abundante". La vida que nos da el Padre a través de Jesucristo y Su Espíritu Santo es una vida que sobrepasa la necesidad de las ovejas, ¡una vida abundante! Las ovejas de Su rebaño son llamadas a tener y experimentar una vida abundante, victoriosa, exitosa y no una vida pobre, derrotada y de fracasos. Esta es la calidad de vida que el Buen Pastor viene a otorgar a Sus ovejas. ¡Alabado sea Jesucristo!
Las ovejas tienen vida abundante, su característica es una vida de satisfacción espiritual, de gozo y contentamiento, en que buscan permanentemente las cosas espirituales más que las materiales. Las ovejas disfrutan de bendiciones en Cristo: bendiciones espirituales, corporales y materiales. (3 Juan 2)

3. LAS OVEJAS IDENTIFICAN LA VOZ DEL PASTOR
Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen," (San Juan 10:14)
Así como Jesucristo conoce a Sus ovejas, estas también le conocen. Aquí se trata de un reconocimiento o identificación. Ciertamente Dios nos conoce completamente, nada en nuestra persona escapa al conocimiento de Cristo. Él, como Cabeza conoce todo Su Cuerpo. Nosotros identificamos Sus ordenes y el Espíritu Santo nos ayuda a discernir Su voluntad. Pese a que nos hemos convertido a Él, aún no le conocemos completamente. Cada oveja está en un proceso de conocimiento, aprendizaje de Dios; lo cual tiene directa relación con la vida de intimidad que la oveja tiene con el Pastor. Pero sí todos poseemos, desde el día en que nacimos de nuevo, un conocimiento de Su Voz, de Su amor y Espíritu. Todo cristiano, toda oveja del Señor, puede reconocer la cálida y amorosa Voz de su Pastor. Es una maravillosa capacidad que Él nos ha dado.
Las Ovejas identifican la voz del pastor, tanto de su Pastor Celestial como del pastor terrenal; saben exactamente quien es su pastor. Siguen a Jesucristo y en este mundo a uno de Sus ministros.

4. LAS OVEJAS BUSCAN LA UNIDAD
También tengo otras ovejas que no son de este redil; áquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor" (San Juan 10:16)
La explicación más ortodoxa a este pasaje se refiere a la voluntad de Jesús de traer a los gentiles al Reino de Dios. El redil serían los judíos, a quienes está manifestando esto el Maestro, y aquellos que no pertenecen a ese redil también tendrían acceso a la salvación. Su llamado es universal y no es excluyente. Tomando en cuenta ese espíritu del mensaje divino, los discípulos tendríamos que ser personas siempre abiertas y dispuestas a recibir como hermanos a todos los que el Señor llamare, sin hacer discriminación de nacionalidad, sexo, raza, cultura, nivel socio económico, capacidades, condición moral, etc. "Habrá un rebaño, y un pastor" dice Jesucristo, invitándonos a la no discriminación y a la unidad. Las buenas ovejas buscan la unidad del rebaño. Las ovejas buscan la unidad, no producen divisiones ni separaciones en la Iglesia, están siempre dispuestas a perdonar y aceptar la diversidad de caracteres, opiniones, pensamientos, estilos, etc. en el Cuerpo de Cristo.

5. LAS OVEJAS OBEDECEN AL PASTOR
"Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen." (San Juan 10:27)
La Palabra de Dios nos repite hasta el cansancio que no basta con ser oidores de ella sino que es necesario ponerla por obra, hacerla, obedecerla. Las verdaderas ovejas de Jesucristo oyen Su voz y le siguen. Las ovejas son obedientes al pastor. Nosotros, los cristianos, tenemos un pastor terrenal, aquel siervo o sierva del Señor que nos pastorea en la comunidad cristiana. Sobre él o ella está Jesucristo, Pastor y Obispo de nuestras almas (1 Pedro 2:25). A ambos las ovejas deben obediencia pues ambos están en consonancia y unidad por medio del Espíritu Santo. La voz del pastor no contradice la Voz del Pastor. Las buenas ovejas obedecen al pastor.
Las ovejas obedecen al pastor, no se burlan de él, no le menosprecian sino que lo respetan, lo aman, lo valoran como siervo del Dios único, aprecian su enseñanza como inspirada por Dios y le cuidan como los hijos lo hacen con sus padres.
Es el mismo Señor Jesucristo quien nos ha indicado qué es una oveja nacida de nuevo en la majada del Padre, plena de la vida del Espíritu Santo, conocedora de Su Voz, buscando la unidad del rebaño y obedientes al pastor.

PARA REFLEXIONAR:
1) Escriba su testimonio de conversión en una página y entréguelo a su pastor.
2) Haga un listado de las bendiciones que el Señor le ha dado y de gracias por ellas.
3) Pregúntele al Señor qué pide Él de usted, como oveja.
BIBLIOGRAFÍA.
Santa Biblia, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.

sábado, octubre 27, 2007

EL LLAMADO PASTORAL



ROLES EN LA IGLESIA
I PARTE


Pastor Iván Tapia
Lectura bíblica: Salmo 23

Propósitos de la charla: a) Comprender la naturaleza e importancia del ministerio pastoral; b) Discernir si tenemos un llamado a ser pastor/a; c) Colaborar con el pastor de la comunidad cristiana.

Jehová "Hizo salir a su pueblo como ovejas, Y los llevó por el desierto como un rebaño. / Los guió con seguridad, de modo que no tuvieran temor; Y el mar cubrió a sus enemigos. / Los trajo después a las fronteras de su tierra santa, A este monte que ganó su mano derecha. / Echó las naciones de delante de ellos; Con cuerdas repartió sus tierras en heredad, E hizo habitar en sus moradas a las tribus de Israel." (Salmo 78:52-55)

Jamás olvidaré aquellos días de infancia en que, estando de vacaciones en el campo, acompañaba a un joven pastorcillo cuando guiaba el piño de ovejas y cabritas a pastar a los cerros. La imagen de un rebaño de esos tiernos y dóciles animalitos guiados por el pastor; la preocupación de éste tan bien explicada en el Salmo 23, son la mejor descripción del oficio pastoral y su relación con el pueblo cristiano.

En el Antiguo Testamento se nos muestra al pueblo de Dios como un rebaño, al cual Dios libertó, guió, defendió, llevó a la Tierra Prometida, dio tierras y habitación. Jesucristo es el Buen Pastor que nos libertó del yugo del pecado, del reino de tinieblas y del diablo. Él nos guía por medio de Su Espíritu Santo en medio de toda circunstancia; nos defiende del mal, de la tentación y de nuestras propias debilidades. El Señor nos conduce a la Tierra Prometida, el Reino de Dios que ya comenzamos a vivir en este mundo desde el momento que vivimos Sus principios para ser felices. El buen Padre nos dará tierras y habitación, nos dará responsabilidades sobre otras vidas y el privilegio de vivir en la Casa de Dios, Su Iglesia.

UN PASTOR EJEMPLAR
Dice la Palabra que Dios escogió un líder o pastor de entre el rebaño y lo escogió de las ovejas más jóvenes. Este líder apacentó el rebaño, fue íntegro de corazón y tuvo pericia. Muchos líderes como David tuvo Israel. Es curioso que casi siempre ellos fueran capacitados en el pastoreo de ovejas, antes de pastorear personas; como Abraham, como Moisés que luego de ser educado finamente en el palacio de faraón en Egipto, fuese enviado por la Providencia a pastorear ganado en Tierras de Madián. David fue ungido muy joven, sacado del aprisco o corral de las recién paridas -no hay edad para el llamado pastoral- para que apacentase al pueblo de Dios. Aprendió en lo natural y con un corazón recto, justo, honesto e íntegro, condujo como buen pastor al pueblo de Israel.

"Eligió a David su siervo, Y lo tomó de las majadas de las ovejas;/ De tras las paridas lo trajo, Para que apacentase a Jacob su pueblo,Y a Israel su heredad./ Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, Los pastoreó con la pericia de sus manos." (Salmo 78: 70-72)

Hoy día la Iglesia y la sociedad también requieren de líderes que, con corazón íntegro y experticia, pastoreen al pueblo. Contrariamente a lo que algunas personas piensan, la función pastoral es la de cuidar las almas más que administrar recursos. El pastor no es un gerente, no es un psicólogo ni es un asistente social. La labor pastoral tiene relación con el desarrollo espiritual de los discípulos.

Tal vez usted sienta un fuerte llamado a ocuparse en el cuidado de las ovejas del Señor. No vacile en acercarse a su pastor y comunicárselo. No es mala cosa anhelar servir en la obra de Dios, sobre todo cuando se trata de pastorear y ponerse bajo las órdenes del Príncipe de los Pastores. ¡Qué Jesús, el Buen Pastor, le bendiga!

APACENTAD LA GREY DE DIOS
"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, / a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, / hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:11-13)

El pastorado es un importante, útil y necesario ministerio en la Iglesia. Su propósito, como lo declara San Pablo, es perfeccionar a los cristianos. El pastor es un instrumento en las manos del Señor para instruir, corregir, apoyar y desarrollar el carácter de Jesucristo en los discípulos. A diferencia de los demás ministerios, el pastoral tiene una característica especial: la de un padre que cobija en su pecho a cada una de sus ovejas. El amor misericordioso y fraterno es una de las virtudes más notorias en el ministerio pastoral.

¿Qué es ser pastor? Un pastor es antes que nada un discípulo de Jesucristo, es decir alguien sujeto en obediencia a Cristo y Su Iglesia. Lejos debe estar de él todo orgullo y soberbia. El pastor es un discípulo con un llamado diferente. Ha sido llamado por Jesucristo al ministerio de cuidar las vidas de una comunidad cristiana. El proceso de llegar a ser ungido pastor es largo, pues requiere de toda una capacitación espiritual y práctica, de parte de otros ministros con experiencia. El pastorado no es un ministerio que se adquiera por medio de cursos teológicos, sino que requiere el desarrollo de una personalidad cristiana y pastoral en el discipulado.

Es necesario que recordemos que el pastor es una persona normal. No es un asceta, alguien que esté alejado de toda costumbre o ejercicio de la vida social. Tampoco es un anacoreta, que vive en soledad sólo entregado a una vida mística, aún cuando ayune, se prive de ciertos placeres y busque el retiro a veces para estar con el Señor. Un pastor es un hombre o una mujer que ha recibido este encargo del Señor:

"Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; / no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. / Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria." (1 Pedro 5:2-4)

Su pastor ha sido llamado para servirle, y usted ha sido llamado por Dios para escuchar la Palabra de boca del pastor. El respeto mutuo construirá el Cuerpo de Cristo. Quizás usted también ha sido llamado para ser un ministro del Evangelio.

SEÑOR, ¿QUÉ QUIERES QUE YO HAGA?
"Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; / y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? / El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. / El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer." (Hechos 9:3-6)

Cuando estaba recién convertido actuaba y sentía como un enamorado. Lo único que anhelaba era comunicar a todo el mundo mi alegría y mi fe en Jesucristo. En tal apasionado intento actuaba muchas veces imprudentemente y no respetaba ciertas normas sociales. Ese "primer amor" necesitaba ser educado (Apocalipsis 2:4). Pensaba como niño y soñaba ser un misionero en tierras lejanas (1 Corintios 13:11). Tendría que pasar mucho tiempo de formación en el discipulado, años de tratamiento del Señor, para llegar a comprender el llamado o vocación espiritual que había recibido de Dios.

Como en lo natural es necesario que descubramos nuestra vocación y así definamos nuestro futuro laboral; en lo espiritual también es preciso descubrir el llamado específico de Dios para con nosotros en la Iglesia. Nuestros líderes y la propia búsqueda en oración, nos ayudarán a identificarlo. Diversas son las vocaciones espirituales; para algunos el ser ministros de Dios en sus distintas connotaciones (Efesios 4:11), para otros el diaconado, el desarrollo de un ministerio o apostolado específico (carcelario, discapacidad, drogadictos, etc.) o un servicio, como la música, la secretaría, la portería, etc.(Nehemías 12:44-47)

DISCERNIMIENTO DEL LLAMADO.
Entre las vocaciones eclesiales destaca la del "pastor". Queremos destacar que es muy distinto ser pastor a ser evangelista o ser maestro. Debemos diferenciar estos llamados y no entrar en confusión. Pero ¿cómo discernir el llamado al pastorado? Hay algunos signos inequívocos que podrán señalarnos en un cristiano, el llamado de Dios al pastorado:

  • Pasión por las almas
  • Deseo intenso de formar comunidad
  • Apasionado acercamiento a Dios en la oración
  • Hambre por la Palabra de Dios
  • Visiones, revelaciones y mensajes de Dios

Los líderes, el tutor y los hermanos que rodean al discípulo, serán quienes confirmen ese fuerte llamado que nace en el corazón de un hermano o hermana. Se llega a ser pastor cuando una comunidad lo levanta como tal. El reconocimiento del liderazgo pastoral por parte de la comunidad cristiana, más la aprobación de los líderes, será el paso final al pastorado.

¿Siente usted una fuerte carga por la salvación de las almas? ¿Es atraído intensamente a formar comunidad? ¿Vive una permanente relación con Dios a través de la oración, buscando siempre estar a solas con Él? ¿ Tiene hambre de la Palabra de Dios? ¿Recibe visiones, revelaciones y mensajes espirituales del Señor? Probablemente usted o aquella persona en quien observa estas características, está recibiendo un llamamiento Divino al pastorado. ¡El Príncipe de los pastores le bendiga en Su llamado!

PASTORES MADUROS
"Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, / os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén." (Hebreos 13:20,21)

¿Es correcto que una comunidad cristiana tenga más de un pastor? Aparentemente puede ser ésta una pregunta sin importancia o muy sencilla de responder; pero al intentar dar una contestación bíblica, veremos que nos aclara varios aspectos de gran importancia para el desarrollo de una iglesia.

En primer lugar consideremos que la Iglesia es una sola y que en el Nuevo Testamento se describe como un sólo organismo, el Cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27), del cual Jesucristo es la única Cabeza (Efesios 1:22,23). La Iglesia, de acuerdo a la Palabra de Dios, tiene una sola Cabeza, no es bicéfala ni tiene varias cabezas. Una sola Cabeza piensa y dirige la Iglesia: el Señor Jesucristo, Primogénito de entre los muertos (Colosenses 1:18).

Cuando nuestro Señor se presenta como el Buen Pastor que da Su vida por las ovejas, asegura que habrá un único rebaño del cual Él es el Pastor (San Juan 10:16). El apóstol Pedro, al aconsejar a los ancianos sobre su trabajo ministerial, les recuerda que tendrán que rendir cuentas al Príncipe de los pastores, al Pastor y Obispo de nuestras almas (1 Pedro 5:4; 2:25). Podemos inferir de estas palabras, y la experiencia lo confirma, que en la Iglesia hay muchos pastores, pero que el principal Pastor está sobre todos ellos y Ese es Jesucristo.

La Iglesia es enorme y universal, unida por el Espíritu Santo que le da vida y la gobierna. En cada comunidad cristiana, sea grande o pequeña, se refleja esa Iglesia universal y única. Por tanto, así como en la Iglesia universal Cristo es la Cabeza y muchos pastores se sujetan, obedecen y siguen a Él, también en la Iglesia local o comunidad cristiana, gobernará Jesucristo y sus pastores se sujetarán a Él. Por tanto, podemos concluir, que no hay problema en que coexistan dos o más pastores en una comunidad, si ellos están sujetos al Único Pastor: Jesucristo.

El pastorado es uno de los cinco ministerios de la Iglesia (Efesios 4:11), es un rol ministerial, es decir su función es fundamentalmente dentro del ministerio de la Palabra de Dios, al contrario de la diaconía cuya función es de servicio (Hechos 6:2-4). Tampoco su función es administrativa como en el caso de los ancianos gobernantes (1 Timoteo 5:17). Si quitamos al pastorado ese rol autoritario que comunmente se le asigna, estaremos salvaguardándolo para el ejercicio de la Palabra, la exhortación, la formación espiritual de los discípulos, dejando toda otra preocupación económica, administrativa y social a quienes han recibido ese particular llamado. Los pastores, junto a maestros, evangelistas y otros ministros, forman parte del llamado Ministerio propiamente tal, en contraste con el Diaconado y el Presbiterio. Son tres poderes bien coordinados entre sí y con funciones específicas: los primeros la ministración de la Palabra de Dios, los segundos el servicio misericordioso y los terceros el gobierno de la Iglesia.

Volviendo a la interrogante inicial de si pueden en una comunidad cristiana coexistir varios pastores, no encontramos oposición ya que el ministerio es colegiado. En la iglesia de Jerusalén del libro de Gálatas se nos presenta a Santiago, Pedro y Juan como compañeros en la obra, "considerados como columnas" de la comunidad (Gálatas 2:9). La autoridad ejercida en aquella época no era despótica ni individualista, sino que se expresaba en el conjunto de los apóstoles y ancianos, como de toda la iglesia, guiados por la Persona del Espíritu Santo, como se deja ver en el concilio de Jerusalén:

"Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos; / y escribir por conducto de ellos: Los apóstoles y los ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia, salud." (Hechos 15:22,23)

Cuando una comunidad cristiana crece en cantidad de discípulos, la presencia de dos o más pastores permite una mejor atención de la grey. Como buenos consiervos, ellos pueden compartir el ministerio de la Palabra y respetarse mutuamente, reconociendo la gracia que Dios ha dado a cada uno, sin necesidad de reclamar derechos o autoridad sobre los otros. Es como debe suceder en una comunidad de cristianos maduros, donde la competencia, la envidia y el caudillismo son enemigos derrotados por amor a Dios Padre, en Jesucristo. ¡Qué el Señor de la Iglesia nos lleve a esa madurez!

LA FORMACIÓN
La formación de un pastor no puede ser limitada a un tiempo específico. Esto va a depender de las características de la persona y de los propósitos que el Señor tenga con este hermano.

Siempre escuchamos esta pregunta: ¿Quién nombra a los pastores? ¿Quién lo nombró a usted? Primeramente Dios nos escoge, pero es la Iglesia la que reconoce ese llamamiento. La asamblea identifica las características propias de un hombre o mujer de Dios y el liderazgo de la Iglesia finalmente lo unge (1 Timoteo 4:14)

UN CORAZÓN DE PASTOR (LAS FUNCIONES PASTORALES)
"Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. / Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor." (San Mateo 9:35,36)

La función pastoral es muy necesaria en la Iglesia, ya que en torno al pastor se desarrolla y crece la obra de Dios. Aún cuando los evangelistas permiten el ingreso de muchos nuevos cristianos a la Iglesia y tienen un marcado carisma, es el pastor el que cohesiona a la comunidad cristiana. Tampoco son los maestros, con todo su conocimiento bíblico, los que formarán comunidad. El pastor, con su don paternal y sanador, con su capacidad para alimentar a las ovejas de los más tiernos pastos de la Palabra, congrega a los discípulos. Sin embargo no debemos desestimar el trabajo mancomunado de todos los ministros (apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros); cada uno tiene algo importante y necesario que aportar.

Predicar el Evangelio, sanar toda enfermedad y dolencia, acoger y reunir a las ovejas, son los roles pastorales que se desprenden del texto de San Mateo 9:35,36. Jesús se autodenomina "el Buen Pastor", porque es capaz de entregar su vida por las ovejas. Esta actitud de renuncia a lo personal y entrega a la comunidad cristiana, es un aspecto fundamental del Modelo a imitar por todo pastor.

Pero ¿cuáles son sus funciones o tareas? Podemos resumirlas en el acróstico que forma la palabra "pastor":

Padre. Es la principal característica y rol del pastor. Formar un carácter paternal es vital para quien tiene este llamado. El padre es afectuoso, preocupado de sus hijos, los sustenta con alimento espiritual, está preocupado de sus necesidades en forma integral (psicológicas, espirituales y físicas), les ama como a sus propios vástagos, son sus hijos espirituales (1 Corintios 4:15)

Administrador. El pastor es un mayordomo, más que del templo y los recursos materiales, de las vidas. Su función es velar por las almas que están bajo su cuidado, de lo cual tendrá que rendir cuenta (Hebreos 13:17)

Sacerdote. Interceder por los hombres ante Dios e interceder por Dios ante los hombres es la función de todo sacerdote. Procurar que las ovejas escuchen la Voluntad de Dios y rogar por las ovejas ante el Padre es la función sacerdotal de un pastor, a imitación del Principal Pastor, nuestro Sumo Sacerdote Jesucristo. Prédica y oración son acciones muy importantes en la vida pastoral (Efesios 3:14-19)

Testigo. El pastor es un discípulo cristiano que da testimonio de Jesucristo en su vida. Este testimonio es resultado de un directo y verdadero conocimiento de Él. Todos los aspectos de su persona y su vida entera es una demostración de la realidad de Dios. El testimonio es resultado directo de la Presencia del Espíritu Santo en su vida (Hechos 1:8)

Orador. Hablar la Palabra de Dios y vivirla. (Hebreos 13:7)

Restaurador. El pastor está llamado a restaurar vidas, es decir recuperarlas, repararlas, renovarlas y volverlas a poner en el estado que siempre quiso Dios para ellas. Dice Jesús que "El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia." (San Juan 10:10) La labor del Buen Pastor es restaurar y reparar las vidas del deterioro que han sufrido en el reino de tinieblas.

¡Quiera el Señor de toda misericordia, que al ver a la gente, desamparada y dispersa, tengamos compasión de ellas y un corazón de pastor!

El pastor apacienta las ovejas (1 Pedro 5:2-4) He aquí otro acróstico que puede ayudarnos a visionar las distintas actividades del pastor, en lo que llamamos "El plan oveja":

  • Orar por sus ovejas, sacerdocio.
  • Visitar sus ovejas, atender a sus necesidades más cercanas.
  • Enseñar a sus ovejas y evangelizar nuevas ovejas.
  • Juntar el rebaño, liderando la oración comunitaria.
  • Amar a sus ovejas.

El pastor tiene el deber de hablar cuando Dios le muestra un error en el hermano (como el evangelista habla al impío). En rigor, este texto es para evangelistas, pero también es para pastores, ya que éstos son "mensajeros" (ángeles en Apocalipsis). La responsabilidad del pastor es alertar, no obligar (Ezequiel 33:7-9)

No interesa qué cantidad de ovejas tiene un pastor. Tener un grupo mayor no lo hace más efectivo en su función, sino la formación de los discípulos. En definitiva, lo que interesa es formar vidas bien cimentadas, que sean capaces de sostener a otros. Jesucristo formó a 12 y con esa pequeña cantidad levanto la Iglesia.

La costumbre de cambiar a los pastores de comunidad es como si un poder superior nos cambiara cada cierto tiempo de familia. El pastor es un padre espiritual y se debe a su familia espiritual. Que algo se haga en otras o todas las iglesias, no justifica su aplicación.

PASTOR Y TIPOS DE IGLESIAS.
Iglesia tradicional: el pastor tiene toda la autoridad en la iglesia
Iglesia celular: el pastor delega autoridad en líderes responsables, comparte su autoridad espiritual. Hay otros ministros que comparten el ministerio de la Palabra.

EL PASTOR Y LOS DEMÁS MINISTERIOS.
- El pastor no es un maestro, aunque su palabra sea didáctica. El espíritu del pastor siempre será paternal, de protección, cobijo, ayuda, consuelo.

- El pastor no es un evangelista, aunque evangelice. Su principal carga está por los que el Señor le ha encargado.

- El pastor no es un profeta, aunque Dios hable a través de él. su mirada de la Iglesia no es la de un visionario sino la de un padre.

- El pastor no es un apóstol, aunque haya plantado y edificado su propia comunidad cristiana. No está interesado en desarrollar una obra mundial de plantación de iglesias.

Por tanto la Iglesia, además del pastor, necesita maestros, evangelistas, profetas y apóstoles.

VIRTUDES PASTORALES
Cualidades que debe desarrollar un pastor: El amor y sus nueve características, paciente, bondadoso, humilde, delicado, altruista, sereno, jovial, compasivo y magnánimo. Además es necesario que esté bien entrenado en blandir la espada de dos filos, que es la Palabra de Dios, con su doble filo: Ley y Gracia.

Un pastor es un árbol crecido, bajo quien hacen morada otras vidas. Alto, crecido y en permanente crecimiento, fuerte, visto de todos, con follaje hermoso, de fruto abundante, alimenta a todos, da sombra, morada y es mantención de toda carne (Daniel 4:10-12)

PARA REFLEXIONAR:
1. ¿Comprendo mejor ahora en que consiste ser pastor o pastora?
2. ¿Tengo un llamado pastoral en la Iglesia?
3. ¿Hago frecuentemente oración por mi pastor, su esposa y familia?

BIBLIOGRAFÍA.
- Santa Biblia, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.
- Diccionario en línea, Real Academia Española.
- "La Santa Biblia", © Sociedades Bíblicas Unidas 1960, http://www.gentle.org/biblia/