jueves, febrero 26, 2009

FORMA Y FONDO DEL TESTIMONIO.


LLAMANDO VIDAS AL REINO
II PARTE



Lectura Bíblica: Hechos 10:34-43

Propósitos de la Charla: a) Conocer los distintos tipos de testimonio cristiano; b) Profundizar el contenido del testimonio cristiano.


“34 Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, 35 sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia. 36 Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos. 37 Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: 38 cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. 39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero. 40 A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; 41 no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos. 42 Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. 43 De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.” (Hechos 10:34-43)

En la lección anterior vimos que todo cristiano ha sido llamado por Dios para ser testigo de Él. Para poder realizar esa misión necesitamos reunir algunas características: ser testigos confiables; unidos a una larga cadena de testigos históricos de Su presencia en la Historia; motivados a testificar al punto de no poder dejar de decir lo que hemos visto y oído acerca de Dios; y bien informados acerca del contenido de nuestro testimonio acerca del anuncio, nacimiento, muerte, resurrección, glorificación y predicación de Jesucristo.

¿CÓMO SOMOS TESTIGOS?
Un modo en que somos testigos de Jesucristo es observando y dando a conocer lo que Él efectivamente ha hecho en nuestras vidas. A algunos ha sanado de enfermedades gravísimas, a otros les ha sacado de la discapacidad, ha cambiado su situación económica o laboral, les ha salvado la vida, les ha dado hijos siendo estériles, y ha hecho todo tipo de milagros. A todos nos sacó de las tinieblas, las cuales concretamente pueden expresarse en incredulidad, ignorancia espiritual, superstición, culpabilidad, mala conciencia, legalismo, falta de perdón, egoísmo, carencia o escasez de amor al prójimo, desesperanza, materialismo. De todo ello podemos testificar al mundo y concluir cómo Dios se introdujo en nuestra existencia y resolvió aquello. Esto es dar testimonio.

Hay diversos tipos de testimonio. Si observamos el mensaje del testimonio, hay dos grandes tipos: 1) el testimonio bíblico, que habla exclusivamente de Jesucristo y Su obra; y 2) el testimonio personal, concentrado en la experiencia personal cristiana. El primero es propiamente el mensaje de la Palabra de Dios o predicación y evangelización. El segundo es el que acostumbramos a nominar “testimonio” propiamente tal.

Desde el punto de vista del receptor, hay dos clases de testimonio personal: 1) uno es el testimonio que se da al interior de la Iglesia, para edificación de los cristianos y 2) otro el testimonio fuera de la Iglesia, dirigido a incrédulos, y cuyo propósito es evangelizador. De acuerdo a su contenido, puede haber: 1) testimonio de conversión, cuando relata cómo Dios llamó a la persona al Reino de Dios; 2) testimonio de vida cristiana, que cuenta el transcurso de la vida en la fe y cómo Dios ha operado en la transformación del cristiano; y 3) testimonio de sanidades, milagros y acciones especiales del Señor, refiriéndose a algún hecho específico en que Dios actuó sobrenaturalmente en la persona.

Cuando se testifica en la Iglesia, es aconsejable que el testimonio:
· Sea breve, no más de dos minutos.
· Sea preciso y se refiera exclusivamente a los datos concretos.
· No contenga expresiones emocionales y abstractas que nada aportan a los oyentes.
· No duplique el mensaje de la Palabra.
· Incentive la fe en Dios y respalde el mensaje de la Palabra de Dios.
· Atestigüe que lo que el ministro del Señor ha dicho es verdad.

Cuando se testifica fuera de la Iglesia, es aconsejable que el testimonio:
· Tenga un sentido evangelizador.
· Puede rubricarse con algún texto bíblico, no exagerando.
· No contenga expresiones propias de cristianos e incomprensibles para no creyentes.
· Se predique a Jesucristo y no a usted ni a su Iglesia o Ministerio.
· Utilice palabras corrientes, sin caer en la vulgaridad.
· Cuente exclusivamente los hechos, para que la persona saque sus propias conclusiones.
· Permita que le guíe el Espíritu Santo.

¿DE QUÉ SOMOS TESTIGOS?
Más allá de la forma en que testificamos, está algo de mayor importancia: el tema de nuestro testimonio. ¿De qué somos testigos? En el párrafo de diez versos, contenido en el encuentro del apóstol Pedro en la casa Cornelio, con este centurión de la compañía llamada la Italiana y sus parientes y amigos más íntimos, en la ciudad de Cesarea, se nos da una respuesta acerca de esto. Allí encontramos la palabra “testimonio” y sus derivados en cuatro o cinco frases, de las que podemos inferir que somos:
· Testigos de la vida de Jesucristo.
· Testigos de la resurrección de Jesucristo.
· Testigos de Jesucristo como juez de la Humanidad.
· Testigos del testimonio de las Escrituras.
· Testigos del Evangelio.


1. TESTIGOS DE LA VIDA DE JESUCRISTO.
Los apóstoles fueron testigos de la vida de Jesucristo: “nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero.” (v.39) Los apóstoles acompañaron a Jesús durante tres años y presenciaron muchos milagros y sanidades hechos por Él, como también escucharon sus enseñanzas. Ese testimonio fue escrito por los discípulos Mateo, el publicano llamado Leví, y Juan, el discípulo amado. También lo registraron Lucas, uno de los setenta y parte de los dos que iban camino de Emaús; y Marcos, el joven que llevaba el cántaro de agua y que huyó desnudo la noche que arrestaron al Señor.

Los cristianos, por medio de la lectura del Evangelio y la fe que nos brinda el Espíritu Santo, somos testigos de estos hechos, pero también somos testigos de los milagros, sanidades y actuaciones del Espíritu de Jesucristo en nuestros días, de lo cual podemos hacer declaración fidedigna (1 Juan 1:1-4)

2. TESTIGOS DE LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO.
Los apóstoles y otros, fueron testigos de la resurrección de Jesucristo y de su ministerio como Maestro resucitado: “a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.” (v.41) Durante 40 días, después de su resurrección, estuvo con los discípulos, enseñándoles y reiterándoles lo todo lo tocante al Reino de Dios. Así como les había adiestrado en la Palabra de Dios con forma visible, ahora los acostumbraba a Su presencia invisible. Que sean 40 días es muy significativo, ya que este número simboliza prueba, examen, comprobación, educación. Era muy necesario que el Maestro capacitara a los apóstoles a vivir su relación con Él en fe (Hechos 1:3)

Los cristianos, aunque hayamos visto la resurrección del Señor sólo en pinturas o en películas, somos testigos del Cristo Resucitado porque diariamente vivimos una relación de intimidad, fe, confianza y amor con Él. Jesucristo también ha soplado Su vida en nosotros y habita dentro de nosotros, tema que debe ser parte de nuestro testimonio: “ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (San Juan 20:22; Gálatas 2:20)

3. TESTIGOS DE JESUCRISTO COMO JUEZ DE LA HUMANIDAD.
Los apóstoles tuvieron la misión encomendada por Jesucristo, de predicar y testificar que Él es el Juez que juzgará a vivos y muertos: “nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos.” (v.42)

Jesús vino, según Mateo como un Rey, para anunciar Su Reino sobre las almas y espíritus de los seres humanos ahora, luego en Su Reino milenial y finalmente en la eternidad, en su Reino eterno. Según Marcos, vino como Siervo, como Esclavo de la Humanidad, dándonos un grande ejemplo de servicio. Según Lucas, Jesucristo vino como el Hombre perfecto, el Hijo del Hombre. Para Juan, Él se presentó como el Hijo de Dios. En este último Evangelio, Jesús se presenta con los siete Yo Soy. Todas estas características de Jesús son las del Dios Encarnado, el Dios hecho hombre, el Salvador del mundo en la tierra. Pero el Cristo Resucitado y Glorificado tiene otras connotaciones: en primer lugar “a este Jesús… Dios le ha hecho Señor y Cristo.” (Hechos 2:36) y luego, en su segunda venida y final de los tiempos, ejercerá como Juez de:

· Las naciones: “31 Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 32 y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 33 Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. 34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” (San Mateo 25:31-34)
· El pueblo de Israel: “2 Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, 3 diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. 4 Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.” (Apocalipsis 8:3-5)
· Los cristianos: “10 Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.” (2 Corintios 5:10) ; “10 Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.” (Romanos 14:10)
· Los no creyentes en el juicio ante el gran trono blanco: “11 Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. 12 Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. 13 Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. 14 Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” (Apocalipsis 20:11-15)

Hay una enseñanza que nos deja San Pablo al respecto: “5 Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.” (1 Corintios 4:5)

Necesitamos testificar acerca de este juicio de Jesucristo para con todos, de modo que todos se hagan responsables de ello ante Dios y así nosotros salvamos nuestra responsabilidad como testigos.

4. TESTIGOS DEL TESTIMONIO DE LAS ESCRITURAS.
Los profetas del Antiguo Testamento anunciaron la venida del Mesías con numerosos detalles: “De éste dan testimonio todos los profetas” (v.43) Son muchos los textos que profetizan en el Antiguo Pacto, acerca de Jesús. Es bueno que estudiemos esto en nuestras Biblias, para tener argumentos contundentes acerca de la Persona del Mesías. Primero está el llamado Protoevangelio (Génesis 3:15); la profecía acerca de Belén como tierra natal del Mesías (Miqueas 5:2); una virgen concebirá (Isaías 7:14); y sería nuestro Sustituto (Isaías 53:4,5)

5. TESTIGOS DEL EVANGELIO.
El mensaje es que “todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.” (v.43) El Evangelio de San Juan es el que más textos y en forma muy clara y directa nos aporta con este contenido: como llegar a ser hijos de Dios (San Juan 1:12); Jesucristo es el Cordero de Dios que se sacrifica por nosotros (San Juan 1:29); para entrar al Reino de Dios hay que nacer de nuevo espiritualmente (San Juan 3:3)

Pero el más conocido de todos es: “16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. 18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. 21 Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.” (San Juan 3:16-21)


PARA REFLEXIONAR:
1) Objetivar el testimonio de conversión, por escrito, entregando sólo datos objetivos.
2) Escoger sólo un texto bíblico que confirme su testimonio de conversión.

BIBLIOGRAFIA
1) “La Santa Biblia”, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.
2) Witness Lee, “El Manantial”, Nº10, Living Stream Ministry, U.S.A.
3) Dr. Juan Carlos Ortiz, “Como dar un Testimonio; Catedral de Cristal, Garden Grove, California, USA., 2001.

jueves, febrero 19, 2009

VOSOTROS SOIS MIS TESTIGOS.


LLAMANDO VIDAS AL REINO
I PARTE

Lectura Bíblica: Isaías 43:8-13

Propósitos de la Charla: a) Aprender a dar testimonio de la obra de Jesucristo en la historia y en nuestras vidas; b) Compartir el mensaje del Evangelio del Reino.

“8 Sacad al pueblo ciego que tiene ojos, y a los sordos que tienen oídos. 9 Congréguense a una todas las naciones, y júntense todos los pueblos. ¿Quién de ellos hay que nos dé nuevas de esto, y que nos haga oír las cosas primeras? Presenten sus testigos, y justifíquense; oigan, y digan: Verdad es. 10 Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. 11 Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve. 12 Yo anuncié, y salvé, e hice oír, y no hubo entre vosotros dios ajeno. Vosotros, pues, sois mis testigos, dice Jehová, que yo soy Dios. 13 Aun antes que hubiera día, yo era; y no hay quien de mi mano libre. Lo que hago yo, ¿quién lo estorbará?” (Isaías 43:8-13)

El mensaje del Evangelio del Reino es capital en estos últimos tiempos. Los discípulos de este siglo hemos sido llamados especialmente a manifestar que Dios desea establecer Su gobierno sobre las vidas de los hombres y las naciones, que Jesucristo ha entregado Su vida por ello y ha sido entronizado como Señor. Es necesario que toda persona en el mundo comprenda la misión del Salvador y qué significa que Jesús sea el Señor. Sin embargo, el Señorío de Cristo, no es sólo una teoría teológica sino una teología práctica, algo que debe vivir cada cristiano que le ha recibido como Salvador y Señor. La praxis del Evangelio del Reino es hoy por hoy imperativa; de lo contrario estaremos cayendo en espiritualismo e hipocresía. El Evangelio no es sólo para memorizarlo, sino sobre todo para vivirlo. De ese modo, por el testimonio vivo de Cristo en nuestras vidas, muchos inconversos se volverán a Jesucristo. Existe en la Iglesia una imperiosa necesidad de capacitación y motivación para llamar vidas al Reino de Dios. Uno de los aspectos interesantes de este trabajo de Evangelismo es aprender acerca del testimonio, cosa que abordaremos en esta y otras lecciones.

La palabra testimonio se usa con frecuencia en el mundo cristiano. Acostumbramos decir en las iglesias “esa hermana tiene muy buen testimonio” o “aquél que está diciendo groserías está dando un mal testimonio”. En ambas aseveraciones nos referimos a la conducta de la persona, que no se condice con la fe cristiana. Pero muchas veces el llamado “testimonio” abarca solamente aspectos externos y muchos que sólo corresponden a costumbres. Así, la palabra “testimonio” ha venido a ser, en algunos lugares, una muletilla para calificar la actuación y el mayor o menor cristianismo de alguien.

También usamos la palabra “testimonio” cuando narramos la forma en que el Señor nos llamó a convertirnos, o cuando contamos las maravillas y milagros que Él hace en nuestras vidas. En determinadas reuniones cristianas se solicita: “dénos su testimonio hermano” o “si alguien tiene un testimonio del Señor, puede hacerlo ahora”. Suele distorsionarse este concepto de “testimonio” con la comunicación de una gran cantidad de sentimientos y subjetividades que, si bien son respetables como humanas, no aportan mucho a la conversión o edificación espiritual de otros.

El testimonio en la Biblia está ligado al testigo. No puede haber testimonio sin testigo y todo testigo tiene un testimonio que entregar. Cuál es el propósito, el contenido y el contexto del testimonio es algo que trataremos de dilucidar en estas lecciones.

Es preciso aclarar que todo cristiano tiene un testimonio que proclamar, lo cual lo transforma en un testigo de Jesucristo. Para que ese testimonio sea adecuado, los discípulos necesitamos capacitarnos como:
· Testigos confiables
· Testigos históricos
· Testigos motivados
· Testigos informados

1. TESTIGOS CONFIABLES.
Un testigo es una persona que da testimonio de algo, o lo atestigua, en una investigación policial o periodística, o ante el juez. Es la persona que presencia o adquiere directo y verdadero conocimiento de algo. No puede llamarse testigo a quien dice haber presenciado o escuchado algo, sin haber estado allí; en tal caso sería un testigo falso. A veces en nuestras cortes se usan testigos falsos para obtener juicios favorables.

En el texto que motiva nuestra enseñanza de hoy, Dios nos dice a los cristianos: “Vosotros sois mis testigos”. Esto es muy real, ya que como hijos suyos hemos experimentado grandes y preciosas promesas cumplidas. Podemos testificar que Él es real porque ha respondido numerosas veces a nuestras súplicas; que Él salva puesto que ha perdonado nuestros pecados y salvado nuestra alma, dándonos la vida eterna; que Él sana ya que muchas veces oramos por salud física y Él concedió esas peticiones, y así tantos hermosos testimonios.

Dice Su Palabra que Él nos escogió para que le conociéramos y creyéramos. Sólo de ese modo pudimos llegar a ser Sus testigos. ¿No es un rol de gran importancia? Él es el Único Dios verdadero y nos ha llamado para dar testimonio de ello. Los incrédulos, los ateos y agnósticos, los que se burlan de la fe, no pueden ser Sus testigos. Sólo nosotros, los que le recibieron, los que creen en Su nombre, aquellos a quienes dio potestad de ser hechos hijos de Dios (San Juan 1:12).

2. TESTIGOS HISTÓRICOS.
Jesucristo ha tenido diversos testigos a través de la Historia. Las mismas Sagradas Escrituras dan testimonio de Él: “39 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; 40 y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” (San Juan 5:38,39). Los profetas del Antiguo Testamento las escudriñaron y estudiaron para descubrir cuáles serían las señales y tiempos del Mesías: “10 Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, 11 escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.” (1 Pedro 1:10,11). Las gentes que vivieron en el tiempo de Jesús y los apóstoles también son testigos confiables de Su realidad y enseñanzas: “27 Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.” (San Juan 15:27)

Pero no sólo ha tenido testigos humanos, sino también divinos: “17 Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. 18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí.” (San Juan 8:17,18) El Padre y el Espíritu Santo dan testimonio de Jesús: “26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. 27 Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.” (San Juan 15:26,27)

3. TESTIGOS MOTIVADOS.
Los cristianos hemos creído al testimonio del Espíritu Santo y al de apóstoles y profetas en las Sagradas Escrituras. Para nosotros la Biblia es la Palabra de Dios y damos testimonio de su veracidad. Además hemos experimentado la verdad de sus enseñanzas en nuestra vida, por tanto hemos llegado a ser también testigos confiables. Otro epíteto para los cristianos es el de “testigos”.

La labor del testigo es “testificar” o “dar testimonio”. Si los cristianos somos testigos de Jesucristo, entonces estamos llamados a dar testimonio de nuestra fe en Él. Testificar es afirmar o probar algo, con referencia a testigos o documentos auténticos; es declarar, explicar y denotar con seguridad y verdad algo, en lo físico y en lo moral. En este caso declarar que Jesucristo murió por la humanidad y resucitó de la muerte, explicar la importancia que ello tiene para la salvación eterna y denotar con seguridad y verdad la importancia que esto tiene para todo ser humano. El testimonio de Cristo va entrelazado con las obras que Él ha hecho en la vida del cristiano. No es sólo testificar o repetir lo que dicen las Escrituras, sino el efecto que estas tienen en la vida del ser humano ahora.

Dar testimonio es un imperativo cristiano, que nace más allá de la orden de Jesucristo de anunciar Su Reino, en el gran gozo que se experimenta por haber conocido al Salvador y en la carga de amor por las almas inconversas: “19 Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; 20 porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.” (Hechos 4:19,20)

4. TESTIGOS INFORMADOS.
Cuando Juan el Bautista envió a sus discípulos a preguntar a Jesús si era Él el Mesías, Éste les respondió de manera directa: “4 … Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. 5 Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; 6 y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.” (San Mateo 11:4-6) Todas las acciones de Jesucristo daban testimonio de qué El era el Mesías prometido y quienes le viesen u oyesen serían Sus testigos.

Las maravillosas obras del Señor en la vida de los cristianos es parte del contenido de sus testimonios. “Las cosas que oís y veis” es el tema del testimonio.

El Apóstol Pedro, en su primera prédica evangelizadora, lleno del Espíritu Santo, convirtió a 3.000 almas. Testificó que Jesús era el Salvador por la demostración contundente de maravillas, prodigios y milagros: “22 Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;” (Hechos 2:22) El testimonio de San Pedro se puede resumir en tres puntos:
· Ustedes le prendieron y mataron. (Hechos 2:23)
· Jesús resucitó, de lo cual nosotros somos testigos. (Hechos 2:32)
· Lo que ustedes ven es el cumplimiento de la promesa del Espíritu Santo, lo cual prueba que Jesucristo ha sido exaltado. (Hechos 2:33)
Al término de su discurso les pidió que se arrepintieran y bautizaran para recibir el Espíritu Santo.

Nuestro testimonio se basa en el mismo testimonio de Pedro y el resto de los apóstoles. ¿Qué aspectos debe contener obligadamente todo testimonio de Jesucristo? Dejemos que Él mismo nos lo enseñe:

“44 Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45 Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; 46 y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; 47 y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. 48 Y vosotros sois testigos de estas cosas. 49 He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.” (San Lucas 24:44-49)

En su ministerio a los apóstoles, en resurrección, Jesús les recuerda que ellos ahora son testigos de Él. Por medio de ello nos dice también a nosotros que seamos testigos de estas cosas:
1. Todos los hechos de la vida de Jesús habían sido anunciados en las Escrituras.
2. La pasión y muerte de Jesucristo.
3. Resucitó al tercer día.
4. Predicar en Su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones.

Otro aspecto del cual la Biblia nos pide testificar, es la esperanza de gloria a la que es llamado todo cristiano y el lugar que ocupa Jesucristo en nuestra vida: “15 sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros;” (1 Pedro 3:15); “5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús” (2 Corintios 4:5)

PARA REFLEXIONAR:
1) ¿Se considera usted, un testigo confiable, histórico, motivado e informado?
2) ¿Qué testigos celestiales ha tenido Jesucristo?
3) Nombre los testigos humanos y divinos que hubo en el bautismo de Jesucristo.
4) Analice el testimonio de Pedro en su prédica de Hechos 2:22-40.
5) ¿De qué aspectos, resultados de la vida y resurrección de Jesucristo, ha sido testigo usted?

BIBLIOGRAFIA
1) “La Santa Biblia”, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.
2) Pastora Ida Kim, “Discipulado”, Seminario Teológico de la Gracia Para América Latina, 2009.

martes, febrero 10, 2009

ENCUENTRO DE TUTOR Y DISCÍPULO.


SOSTENIENDO VIDAS
V PARTE

Lectura Bíblica: 1 Reyes 19:1-21

Propósitos de la Charla: a) Aprender y aplicar algunas claves básicas de Hermenéutica; b) Descubrir las conductas necesarias para un buen Discipulado, tanto en el tutor como en el discípulo; c) Acercarnos al perfil de Elías y Eliseo, como tutor y discípulo.

“Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto. / Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve; ¿qué te he hecho yo? / Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.” (1 Reyes 19:19-21)

El tema que tratamos hasta ahora intenta motivarnos, prepararnos y capacitarnos para sostener otras vidas en el Discipulado. Hemos analizado las principales funciones del discipulador, las convicciones necesarias para iniciar el oficio, una gran cantidad de consejos prácticos para hacer un buen Discipulado y cuáles son los rasgos o virtudes que caracterizan el Perfil del Discípulo.

A continuación veremos ejemplificado todo esto en dos hombres extraordinarios del Antiguo Testamento: el Profeta Elías y su discípulo, también profeta, Eliseo.

CLAVES HERMENÉUTICAS.
Pero lo haremos utilizando una técnica de interpretación bíblica muy sencilla y que les servirá a todos para entrenarse en esto de la interpretación del texto bíblico. He aquí algunas claves para extraer mejor enseñanza de lo que leemos en la Biblia y para que nos sea de mayor provecho espiritual su lectura:
1. Leer completo el texto y el contexto, los versículos que nos interesan –dos o tres- y el capítulo completo en el cual se encuentra inserto.
2. Desmenuzar los versículos que nos interesan, en sus más pequeñas unidades o ítems. Ejemplo: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (San Mateo 4:4); se descompone en las siguientes partes: a) “No sólo de pan vive el hombre”; b) “sino de toda palabra”; c) “toda palabra que sale de la boca”; d) “toda palabra que sale de la boca de Dios”.
3. Interrogar al texto: ¿Qué quiere decir este versículo?
4. Extraer siempre una enseñanza personal del pasaje, preguntándonos: ¿Qué nos enseña esto?

EL TUTOR ENVIADO POR DIOS.
“Partiendo él” (v.19)
¿Quién partió? Elías fue el que partió en busca de Eliseo, para ungirlo, según la orden del Señor.
¿Qué nos enseña esto? Que debemos orar para que el Señor ponga en nuestra mente y en nuestro camino a los que serán mis discípulos.
¿Quién era Elías? Un gran profeta cuya misión fue tratar de convencer a los israelitas de que sólo hay un Dios y que ese Dios es Jehová, el Creador de los cielos y la tierra. Toda la vida de Elías es un ejemplo para nosotros. Es el prototipo del tutor en el Antiguo Testamento.

“Partiendo él de allí” (v.19)
¿De dónde partió Elías? De una cueva en Horeb, el monte de Dios.
¿Por qué estaba Elías en esa cueva? Porque huía asustado de sus enemigos.
Cuando la reina Jezabel supo que Elías había acabado con los sacerdotes Baal, dio orden de matar al profeta y éste tuvo que salir huyendo por el desierto para salvar la vida. Entonces tuvo una gran depresión de ánimo y deseó morirse. Pero Dios le envió un ángel que le trajo un pan y una jarra de agua, y con este alimento tuvo fuerzas para andar 40 días por el desierto hasta llegar al Monte Horeb o Sinaí y esconderse allí. (1 Reyes 19:1-8)

¿Por qué partió Elías de Horeb?
Porque Jehová le habló y lo envió. Estando en el Monte Santo, sintió que Dios se le iba a aparecer. Y llegó un violento huracán, pero allí no iba Dios. Y sucedió un espantoso terremoto, pero ahí no estaba Dios. Y vino un fuego devorador, y allí tampoco llegaba Dios. En seguida sintió una suave brisa, y ahí sí venía Dios. El Señor mandó a Elías que volviera otra vez a Israel y que consagrara a Eliseo como su sucesor, y a Jehú como nuevo rey. (1 Reyes 19:9,15-18)
¿Qué nos enseña esto? Que debemos esperar en oración –nuestra cueva en el monte santo- para que el Señor nos indique lo que debemos hacer, y no actuar por cuenta propia, aunque pensemos que es muy bueno lo que hacemos.

EL DISCÍPULO LLAMADO POR DIOS.
“halló a Eliseo hijo de Safat,” (v.19)
¿Quién era Eliseo? Un campesino, el que Dios había escogido para que fuese discípulo de Elías y que sería también profeta de Israel. ¿Cómo se comprueba que Eliseo era un campesino? En el mismo versículo dice “que araba con doce yuntas delante de sí”
¿Qué nos enseña esto? Que Dios en Su llamado no discrimina entre ricos y pobres, sabios o ignorantes, sino que Él mira el corazón.

“que araba” (v.19)
¿Qué significa que arara el campo? Sabía lo que es preparar la tierra para antes de sembrarla. Era un hombre que conocía los procesos naturales y sabía enfrentar las inclemencias del tiempo, como agricultor.
¿Qué nos enseña esto? Que el Señor utiliza nuestros conocimientos y experiencias anteriores para hacernos caminar por la senda espiritual. Así utilizó los conocimientos de pesca de Pedro, los de construcción de tiendas de Pablo, la amplia cultura de Moisés, etc. No debemos desechar ligeramente la preparación secular que Dios nos ha permitido adquirir.

“con doce yuntas delante de sí” (v.19)
Doce es el número de las tribus de Israel; hubo doce patriarcas desde Set hasta Noé y su familia, y doce desde Sem hasta Jacob. Es un número perfecto, significando perfección de gobierno o perfección gubernamental. Se encuentra como múltiplo en todo lo que tiene que ver con gobierno. Significa que Eliseo –“Dios es mi salvación”- gobernaba perfectamente su campo, su vida natural; por tanto estaba preparado para ahora gobernar la vida espiritual.

¿Qué nos enseña esto? Que en la vida cristiana siempre es primero lo natural y luego lo sobrenatural, tenemos que superar los escollos de la vida natural para después poder enfrentar la vida espiritual. No pretenda usted gobernar la Iglesia, sin antes no ha aprendido a gobernar su casa: “que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)” (1 Timoteo 3:4). No quiera tener revelaciones del Señor si primero no ha practicado las revelaciones de Él para su vida diaria. En el Reino de Dios todo es gradual y va desde lo terrenal hacia lo espiritual. “Pero lo espiritual no es primero, sino lo natural; luego lo espiritual.” (1 Corintios 15:46) En conclusión, el discípulo procure vivir correctamente su vida diaria como padre, madre, hijo/a, esposo/a, trabajador, jefe, ciudadano, etc. y luego Dios premiará esa fidelidad: "Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor." (San Mateo 25:21)

“y él tenía la última.” (v.19)
¿Qué quiere decirnos el Espíritu Santo con esto? Tenía en total 24 bueyes, pero él estaba con la última. Las otras yuntas las usaban sus compañeros. Él iba a la retaguardia, último; era un hombre humilde de corazón.
¿Qué nos enseña esto? La importancia de la humildad. La humildad es base para la fe, sin mansedumbre no hay crecimiento de la fe. Todos los discípulos necesitamos practicar la humildad, el Discipulado en sí mismo es un ejercicio de humildad. ¿Hay mayor humildad que sujetarse a otro ser humano imperfecto, como al Señor, y obedecerle? Eliseo tenía la última yunta y era feliz en esa posición, cuando casi siempre queremos tener los lugares más destacados.

“Y pasando Elías por delante de él,” (v.19)
Elías ya había sido advertido por Dios que debía ungir a Eliseo como su discípulo profeta.
¿Qué nos enseña esto? Que ante nosotros pasará aquél o aquélla que será nuestro discípulo, por tanto debemos estar atentos a ese hecho. Para ello requerimos vivir despiertos con la mente puesta en las cosas del Reino más que en las del mundo y en lo personal. Urge que tengamos corazón de tutores, corazón de padres.

“echó sobre él su manto.” (v.19)
El manto era considerado como parte de la persona, representando su rango, autoridad y gobierno. Cuando Elías echó su manto sobre Eliseo, le cubrió con su autoridad y su unción, por lo tanto lo cubrió con la autoridad del Espíritu Santo y con la unción del Espíritu Santo. Este acto fue equivalente al llamado y unción del maestro. En la Biblia encontramos diferentes tipos de mantos, el que echó Elías sobre Eliseo fue de:

a) Llamamiento al Ministerio. Elías echó sobre Eliseo su manto, como un acto simbólico de que el poder y la autoridad de Elías, el profeta a punto de retirarse, iban a descansar sobre Eliseo y su vida cambiaría inmediatamente y para siempre.

b) Transferencia de Gobierno y Autoridad. Como lo hizo Moisés con Josué: “Y dijo Jehová a Moisés: Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu manto sobre él; y lo pondrás delante del sacerdote Eleazar, y delante de toda la congregación; y le darás el cargo en presencia de ellos. Pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezca.” (Números 27:18-20)

¿Qué nos enseña esto? Que nosotros llamaremos a otros y transferiremos la vida de Dios o vida zoé que hay en nosotros, a los discípulos.

“Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías” (v.20)
Su respuesta fue inmediata, como si lo hubiese estado esperando.
¿Qué nos enseña esto? Este es el tipo de hombres y mujeres que necesitamos: dispuestos a obedecer el llamado de Dios a través nuestro.

El llamado de Eliseo fue un llamamiento sorprendente, e inesperado. Elías lo halló en el campo trabajando. No leía, ni oraba, ni ofrecía sacrificios, sino que estaba arando. Este pasaje nos hace recordar de inmediato las palabras de Jesús: “el que pone la mano en el arado y mira para atrás, éste no es apto para el reino de Dios” (San Lucas 9:62). Aunque era hombre rico, dueño del terreno, de doce yuntas de bueyes y de muchos siervos, no desdeñaba poner las manos en el arado.
¿Qué nos enseña esto? Un oficio honrado en este mundo no nos desvía del llamamiento celestial.

“y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré.” (v.20)
Era un hombre soltero, con sentimientos nobles de gran aprecio a sus padres. ¿Es el mismo caso de algunos que quieran seguir a Jesús en el Nuevo Testamento y ponen excusas para no seguirle de inmediato?: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.” (San Lucas 9.57-62) “Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.” (San Mateo 8.18-22) No es el mismo caso, él sólo pide que lo deje besar a sus padres y luego le seguirá.
¿Qué nos enseña esto? A poner en primer lugar las cosas del Reino, a renunciar al mundo y a negarnos a nosotros mismos.

“Y él le dijo: Ve, vuelve” (v.20)
Elías comprende perfectamente los sentimientos de su futuro discípulo y no le prohíbe volver a despedirse de sus amados padres.
¿Qué nos enseña esto? Un tutor es alguien que tiene a su haber muchas experiencias personales de dolores, alegrías, éxitos y caídas, por tanto puede y debe ponerse en el lugar del otro. No es bueno ser inflexible como tutor.

“Y él le dijo: Ve, vuelve ¿qué te he hecho yo?” (v.20)
La respuesta de Elías aparece un tanto enigmática para nosotros, pero no lo fue para Eliseo. El profeta le dice que haga lo que se proponía pero a la vez le aclara que si ha sentido un llamado, éste no procede de él, de Elías, sino de Otro, de Dios. Este ¿qué te he hecho yo? Significa ¿acaso te estoy obligando? Por más que el profeta Elías haya sido el medio utilizado por Dios, Eliseo debía tener la clara convicción de que el llamado no provenía del profeta sino de Dios mismo. Elías no presionó a Eliseo, sencillamente le llamó.
¿Qué nos enseña esto? Nunca presionar ni amenazar a las personas para acercarlas a Jesús, sino que conquistarlas por medio del amor. Y en el caso de los que ya son discípulos, siempre procurar atraerlos al Señor por medio del amor, la persuasión, el convencimiento a través de la enseñanza de la Palabra de Dios.

“Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen.” (v.21)
Tomó sus dos bueyes, aquellos con que trabajaba, sus compañeros de labor, y los sacrificó. Tomó el arado, instrumento también de trabajo para abrir surco en la tierra e hizo fuego con éste, y en esa hoguera coció la carne de los animales y la repartió al pueblo para que comiera. Recuerda el pasaje en que Jesús dice al joven rico: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.” (San Mateo 19:21) Eliseo procedió correctamente: renunció a su vida pasada, celebró ese cambio con una comida, dio de comer a su pueblo y besó a sus padres. Ahora podía ir en pos del profeta Elías con toda libertad, había quemado la vida pasada.
¿Qué nos enseña esto? Es imperativo que abandonemos ciertas costumbres, amores, hábitos, pensamientos, prácticas, lenguajes, que nos estorban en la tarea espiritual que tenemos por delante. Urge que matemos los bueyes y quememos el arado. ¿Cuáles son tus bueyes y tu arado que te estorba? Tú lo sabes, quítalo ya de tu vida.

“Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.” (v.21)
Era un verdadero siervo. Para Eliseo, su maestro Elías era “el Profeta de Dios”, no era cualquier hombre, era el representante de Jehová, la boca del Señor. Por eso le servía, no servía al hombre sino al Dios que representaba ese hombre. ¿Cuál es nuestra actitud hacia el tutor? ¿Cuál es su actitud hacia el pastor? ¿Cómo se comporta usted con los ministros del Señor? ¿Los critica, los desprecia, los rechaza, habla mal de ellos… o usted los respeta y sirve como lo hizo Eliseo?

¿QUÉ HAREMOS NOSOTROS?
La vida de Eliseo nos deja algunas enseñanzas, entre otras: 1) Que estemos dispuestos a dejarlo todo por seguir el llamado de Dios; 2) Que procuremos encarnar el doble espíritu: oración y servicio; 3) Que seamos fieles a nuestro Maestro; y 4) Que procuremos el bien de todos nuestros hermanos.

En el encuentro de Elías y Eliseo, asistimos al acercamiento admirable de dos hombres de Dios. Por un lado un enviado de Dios temeroso de Jehová, lleno de fe, alerta, comprensivo con el ser humano, poseedor de una autoridad Divina que administra con seguridad, prudente, delicado y seductor. Por otro lado el creyente llamado por Dios, trabajador, esforzado, generoso, amoroso con su familia y comunidad, dispuesto a obedecer la voz del Señor, Su llamado, sumiso a Dios y sujeto a Su Profeta. Ambos son un modelo de tutor y discípulo.

Todos los cristianos vivimos la doble dimensión de ser discípulos y tutores a la vez. He aquí una guía para que podamos vivir de una forma más efectiva estos roles.

Para los tutores:
1. Debemos buscar a gente idónea para ser discípulos nuestros.
2. Un discípulo debe aprender de nosotros, pero también debemos enseñarles a desarrollarse.
3. Déjeles pensar y sacar sus propias conclusiones.
4. La aspiración de todo buen tutor es que, en el futuro, sus discípulos cumplan la tarea que Dios le ha encomendado.

Para los discípulos:
1. Un discípulo debe abandonar cualquier obstáculo que le impida aprender de su tutor.
2. Debe aprender la forma de ser de su tutor, su carácter y conocimientos.
3. Aspirar a desarrollarse por si solo.
4. Esperar que cuando su maestro no esté, pueda desempeñar la tarea de su tutor.

PARA REFLEXIONAR:
1) Investigue las biografías de los dos personajes del texto estudiado.
2) Evalúe su comportamiento en relación a la guía para tutores y discípulos entregada al final de la charla.
3) ¿Cómo fue su llamado al Reino de Dios?
4) Aplique las claves hermenéuticas aprendidas, a algún texto bíblico que sea de su preferencia.
5) Analice 2 Reyes 2:2-14 a la luz de los siguientes conceptos: sujeción, demostración del tutor, transmisión de vida y delegación de autoridad.

BIBLIOGRAFÍA
1) “Los Santos Carmelitas”, P. Rafael María López-Melús
2) http://www.churchforum.org.mx/santoral/Junio/1606.htm
3) Josep Maria Rambla, Editorial Sal-Terrae, 1997.
4) “Sosteniendo Otras Vidas”, Retiro domingo 27 de Mayo de 2007, Avenida Francia 739, Valparaíso
5) “La Santa Biblia”, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.
6) Carlos Decaer, “Tú eres mi Pueblo”; Instituto Arquidiocesano de Catequesis; Santiago de Chile, 1973.
7) Roberto Jamieson & otros; “Comentario Exegético y Explicativo de la Biblia”; Tomo I, El Antiguo Testamento; Casa Bautista de Publicaciones, 1958.
8) http://www.mesianicos.com/parasha/pinjas/h5765.htm

viernes, enero 09, 2009

EL PERFIL DEL DISCÍPULO.


SOSTENIENDO VIDAS
IV PARTE


Lectura Bíblica: Proverbios 16:1-4

Propósitos de la Charla: a) Desarrollar una visión clara del Perfil que el discípulo debe alcanzar; b) Conocer y practicar las doce virtudes del Discípulo; c) Comprender la labor del tutor y la Iglesia con respecto al desarrollo del Perfil del Responsable.


“Del hombre son las disposiciones del corazón; Mas de Jehová es la respuesta de la lengua.
Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; Pero Jehová pesa los espíritus.
Encomienda a Jehová tus obras, Y tus pensamientos serán afirmados.
Todas las cosas ha hecho Jehová para sí mismo, Y aun al impío para el día malo.”
(Proverbios 16:1-4)

El conjunto de rasgos peculiares que caracterizan a alguien o algo, es llamado el “perfil”. Por ejemplo el perfil de la profesión médica es la de alguien que tiene una gran inclinación a ayudar en la salud del prójimo, además de curiosidad científica e interés por todos los procesos biológicos del ser humano. El perfil de una persona puede ser el espíritu de aventuras, gusto por la vida al aire libre, sociable, entonces su perfil se adaptará a la práctica del excursionismo. Personas, profesiones, actividades humanas, tienen rasgos distintivos, a los cuales llamamos perfil.

San Pablo, en sus cartas pastorales hace un Perfil del Obispo, los rasgos que éste debe tener: “Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; / no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; / que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad / (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); / no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. / También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo.” (1 Timoteo 3:2-7) También dibuja el Perfil de los Diáconos y Diáconas: “Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas; / que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia. / Y éstos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles. / Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo. / Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus casas. / Porque los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús.” (1 Timoteo 3:8-13)

BUSCANDO EL PERFIL DEL DISCÍPULO
¿Qué distingue a un cristiano de un ateo, de un agnóstico, de un musulmán o de cualquier otra religión o filosofía? Seguramente su creencia en Jesucristo y luego vendrán todas las características personales que desarrolla la persona que sigue esa fe. No podemos imaginar a una persona budista teniendo actitudes agresivas o intolerantes, ya que su doctrina básica dice relación con la paz y la contemplación. Por eso nos extrañó tanto cuando vimos en la televisión la insurgencia de los monjes budistas. Como, también, son incomprensibles la guerra entre cristianos o las históricas cruzadas, donde se daba muerte al que se consideraba enemigo de la fe cristiana. Menos las torturas a que fueron sometidos nuestros hermanos protestantes por la Santa Inquisición durante la era de los reformadores. Aquellas actitudes y acciones no corresponden al perfil que se tiene del discípulo de Jesucristo. Si escucháramos y obedeciéramos a la Palabra de Dios, jamás se cometerían tales atropellos en la Iglesia (1 Timoteo 3:14,15)

En el caso de los discípulos, llamamos Perfil al conjunto de conoci­mientos, habilidades y actitudes que todo discípulo de Jesucristo debe poseer. Es evidente que esto no se logra automáticamente, por el hecho de convertirse o declararse y ser reconocido como cristiano. La ausencia de características propias del discípulo de Cristo, es lo que a muchas personas les lleva a criticar o rechazar nuestra fe. Como toda doctrina, la fe cristiana es un aprendizaje tanto intelectual como práctico, que requiere motivación, esfuerzo y dedicación por parte del discípulo. Por ello hay un período prudencial de preparación o capacitación para llegar a ser ese tipo de cristiano que desea el Maestro.

EL PERFIL DEL DISCÍPULO APRENDIZ
La primera parte de este período es netamente de aprendizajes básicos en el cual el discípulo es tratado como un aprendiz. Según el diccionario un aprendiz es una “persona que aprende algún arte u oficio.” En este caso, aprendiz es el discípulo que está aprendiendo el arte de ser seguidor del Maestro Jesucristo, y lo hace bajo la guía de un tutor, que es el ayo que le conduce al Maestro. Las enseñanzas básicas del Discipulado son todas aquellas lecciones que le conduzcan a: 1) Obedecer el llamado de Dios; 2) Vivir y entender las instancias básicas de la Puerta del Reino; 3) Valorar y vivir el Nuevo Pacto; y 4) Conocer cuál es el Fundamento sobre el cual edificará su vida cristiana. Llamado, Puerta, Nuevo Pacto y Fundamento, son las enseñanzas básicas de esta etapa, y deben motivar al desarrollo de ciertas virtudes cristianas, como son la fe, la sumisión, la sujeción, la obediencia y la fidelidad.

Pero recordemos que el Discipulado no es sólo un proceso de aprendizajes teológicos, sino también un proceso de sanidad interior, que llevará al discípulo a desarrollar virtudes y conductas tales como la paz, el perdón de Dios, la libertad del pecado y la reconciliación con Dios; la sanidad de traumas, heridas, temores y complejos; el perdón al prójimo y la Gracia de Dios.

“Del hombre son las disposiciones del corazón; mas de Jehová es la respuesta de la lengua” (Proverbios 16:1) Este texto nos presenta un primer paso en el Discipulado, el cual es aprender las respuestas de la lengua. Depende de la actitud de la persona para que ésta pueda aprender más rápido más lentamente. Que una persona sea una nueva criatura en Cristo no implica que todo su carácter y sus pensamientos ya estén cambiados y moldeados en la nueva vida. Un aprendiz de albañil no es profesional al primer día. En el creyente nuevo vemos un gran impulso y deseo para obrar. Pero no tiene el conocimiento, ni ha aprendido todas las cosas necesarias de la Biblia. Por eso es el crecimiento de los nuevos discípulos debe ser bien encaminado. Necesitamos confiar en el Espíritu Santo que afirmará, controlará y protegerá a la persona para que no se pierda.

Si tenemos dos árboles y a uno nos acercamos y le insistimos, le hablamos para que se apure, lo abonamos y lo regamos; en cambio al otro, simplemente le regamos como usualmente se hace con los árboles; el resultado para ambos, salvo una excepción, será el mismo: los dos darán su fruto en su tiempo normal. Como dice el refrán “no por mucho madrugar, amanece más temprano”. Y la Palabra de Dios nos recuerda que: “Si Jehová no edifica la casa en vano trabajan los edificadores” (Salmo 127: 1). El discípulo aprendiz debe aprender a controlar las palabras y su actitud en esta nueva vida como cristiano.

EL PERFIL DEL DISCÍPULO FIEL
Cuando el aprendiz es capaz de guiar otra vida, haciendo un discípulo, sea por propia motivación o por orden de su discipulador, ya es considerado en el siguiente nivel, como un discípulo fiel. La fidelidad es una característica importantísima para que exista confiabilidad en la obra. Ésta no se puede edificar sin el elemento fidelidad. En este nivel la enseñanza se dirigirá a entregar al discípulo todas las herramientas necesarias para ejercer la tutoría: 1) Manejo de los principios de la Iglesia (El Evangelio del Reino, Discipulado en el Cenáculo, Multiplicación de Doce y Unidad de la Iglesia); 2) Desarrollo de disciplinas espirituales para la vida devocional (oración, alabanza, ayuno, meditación, reflexión); y 3) Características y paradigmas del aprendiz. Así podrá desarrollar virtudes como: responsabilidad, honestidad, fortaleza, templanza, perseverancia, buen juicio, discernimiento, justicia, amor, devoción a Dios, comunicación del amor de Dios y convicción de liderazgo.

“Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; pero Jehová pesa los espíritus” (Proverbios 16:2) El segundo paso en el Discipulado es superar ser limpios en nuestra propia opinión. En esta etapa el discípulo imita a su maestro, mas a veces piensa que él puede hacerlo mejor, más rápido; piensa que es más inteligente y que lo hará correctamente. Copia e imita en todos los aspectos externos, en las características físicas, mas tiene un problema, Jehová pesa los espíritus. Esta es la etapa en que los discípulos aún no entienden la voluntad de Dios y recién empiezan a hacerlo. No todo hay que hacerlo por el querer, sino que debemos aprender a escudriñar al Espíritu de Dios. Es una etapa larga de aprendizaje, porque necesita experimentar a Dios, necesita conocer la Palabra de Dios. Y no solamente conocerlo, sino saber escudriñar el Espíritu de Dios y comprender Su voz.

También tiene que ver con el método con que se realizan todas las cosas. Toda persona inteligente sabe y tiene un cierto conocimiento de cómo realizar las tareas. Pero varía el método del hombre del método de Dios. Muchos aplican el método que les parece mejor y piensan que sólo el fin es importante, olvidando que Dios ve todos los detalles y cómo se logra el propósito. Esto es lo importante para el Señor. Todos tenemos opinión, mas hay que preguntar al Señor para conocer cuál es Su opinión, algo a lo que se accede por medio de la oración y de la reflexión de la Biblia. Esto requiere paciencia y saber esperar. Es necesario aprender a no dejarnos llevar por nuestra propia opinión. ¡Cuántas veces hemos hecho algo que es bueno, pero que no es la voluntad de Dios! El resultado ha sido sólo fracaso. Nuestra opinión no siempre es la opinión de Dios.

EL DISCÍPULO RESPONSABLE ES NUESTRA META.
Es hermoso cuando el discípulo fiel es movido por el Espíritu Santo a plantar un Cenáculo en su hogar, en lugar de trabajo o estudio, o en otro sitio. Allí el discípulo Responsable enseña a otros a vivir el discipulado en forma coherente con los principios del Evangelio del Reino. El primero de esos principios es el servicio, aprender la importancia de ser servidores unos de otros. También se practica el divino optimismo de la fe. Un tercer principio es el crecimiento, tanto cualitativo como cuantitativo. El Responsable enseñará con el ejemplo a los discípulos a practicar la preocupación de unos por otros, integrándose y guardando la unidad. Un quinto principio es la oración comunitaria e individual como un elemento fundamental del Cenáculo y la Iglesia. Por último, estimulará la sumisión al Señor y la sujeción al Cuerpo de Cristo, Su Iglesia.

Para llegar a ocupar ese lugar en la comunidad de discípulos, el Responsable debe tener todas las virtudes que constituyen el Perfil del Discípulo. Éstas no son requerimientos en término de ley u obligación, sino características que en forma paulatina y casi natural se van adquiriendo en el camino del Discipulado.

Al diseñar el Perfil del Discípulo debemos pensar en todas las virtudes que requiere un Responsable para dirigir un Cenáculo o grupo de discípulos, donde habrá fieles y aprendices bajo su cargo. El Perfil del Discípulo Responsable es nuestra meta. Formar discípulos capaces de plantar cenáculos en cada rincón de la ciudad, es nuestro cometido. El Perfil del Discípulo Responsable es, entonces, el conjunto de conoci­mientos, habilidades y actitudes que debe poseer el cristiano al momento de ser ungido como discípulo Responsable.

LAS DOCE VIRTUDES.
Todo discípulo necesita desarrollar cuatro virtudes básicas que nos son dadas por el Espíritu Santo al momento de creer. La primera es la fe que se instala en el corazón y consiste en confiar en Dios, en creer en Él y creerle a Él. La segunda se recibe en la conciencia y es la paz; usted es perdonado por Él y es lavado de todo pecado y culpa, comenzando a vivir en Su Gracia. La tercera es el amor que Él deposita en su espíritu, siendo el más grande poder transformador. La cuarta virtud es la esperanza acogida por su mente como Verdad indiscutible. Estas cuatro virtudes se multiplicarán, como ramas de un gran árbol de vida, en 12 virtudes que el discípulo desarrollará para llegar a ser un discípulo Responsable. Las 12 virtudes del Perfil del Discípulo son las siguientes:

I. FE:
1. Sumisión al Señor: fe y humildad.
2. Sujeción al Cuerpo de Cristo: obediencia y fidelidad.
3. Responsabilidad: honestidad, fortaleza, templanza, perseverancia.

II. PAZ:
4. Perdón de Dios: libertad del pecado y reconciliación con Dios
5. Sanidad interior: de traumas, heridas, temores y complejos.
6. Perdón a mi prójimo: Gracia de Dios
7. Buen juicio: discernimiento y justicia.

III. AMOR:
8. Devoción a Dios: oración, alabanza, ayuno, meditación y ofrenda.
9. Amor al prójimo: paciencia, bondad, humildad, delicadeza, altruismo, serenidad, jovialidad, compasión y magnanimidad.
10. Comunicación del amor de Dios: testimonio y evangelización.

IV. ESPERANZA:
11. Conocimientos básicos del Reino.
12. Convicción de liderazgo.

UNA TAREA PARA LA IGLESIA
Bajo el punto de vista eclesial, Perfil es el conjunto de propósitos formativos que la Iglesia pretende alcanzar durante el proceso de formación de cada discípulo. Sería muy importante que la Iglesia contara con mecanismos de revisión periódica del perfil del Discípulo. Si bien es cierto, la Biblia nos indica claramente las expectativas de Dios en cuanto a nuestras conductas y cualidades esperables, es necesario confrontarlas con la realidad de la sociedad e Iglesia actual.

También el Perfil debe considerar los fundamentos bíblicos, teológicos y espirituales que subyacen a la formación que se propone entregar. Necesitamos tener una base bíblica sólida para defender nuestra postura eclesial. Y todos los discípulos deben conocerla.

El Perfil tiene que considerar las orientaciones fundamentales provenientes de la misión, propósitos y fines de la Iglesia.

Por último, ya que la Iglesia no está aislada de la sociedad ni del resto de las iglesias, debe considerar algún tipo de consulta al medio eclesial, tanto interno como externo, para la definición y actualización del Perfil.

En definitiva, el Perfil del Discípulo orienta el quehacer de la Iglesia. Sin él, la Iglesia no sabrá qué dirección tomar, hacia donde avanza, caminará como Israel en el desierto, dando vueltas y vueltas, sin hallar jamás su destino.


PARA REFLEXIONAR:
1) ¿Cómo definiría usted su perfil como persona?
2) ¿Qué perfil de hombre o mujer encuentra usted atractivo para imitar en la Biblia?
3) ¿Cuál aspecto considera usted el más importante en el perfil del discípulo?
4) ¿Corresponde su perfil al del discípulo fiel? ¿Qué virtudes le quedan por alcanzar?
5) ¿Qué otros valores o virtudes agregaría al perfil del responsable?
6) ¿Está de acuerdo en que la meta de la Iglesia sea alcanzar el Perfil del discípulo Responsable?
7) ¿Cuáles deben ser, a su juicio, las virtudes del responsable?
8) Recuerde ejemplos concretos de hermanos cristianos en los cuales usted vio una o más de las doce virtudes.
9) ¿De qué modo el Espíritu Santo en la Iglesia, puede desarrollar mejor el perfil del discípulo?

BIBLIOGRAFIA
1) “Sosteniendo Otras Vidas”, Retiro domingo 27 de Mayo de 2007, Avenida Francia 739, Valparaíso
2) “La Santa Biblia”, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.
3) Pastor Dong Han David Lee; “Los pasos del cristiano”; Iglesia Presbiteriana Reformada Esperanza; www.evangelio123.org

jueves, enero 01, 2009

CONSEJOS PARA UN BUEN DISCIPULADO.


SOSTENIENDO VIDAS
III PARTE


Lectura Bíblica: 2 Timoteo 3:16,17

Propósitos de la Charla: a) Aprender y aplicar los consejos que nos entrega la Palabra de Dios para discipular a nuestros hermanos.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, / a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16,17)

Una de las primeras enseñanzas que el tutor debe brindar al discípulo es instruirlo sobre los cuatro aspectos que abarca el Discipulado, a saber: orientación personal, sanidad interior, vida devocional y enseñanza. El discípulo necesita comprender que éstas se dan interrelacionadas y que todo lo que se hace durante el tiempo que están juntos es discipulado. Es conveniente corregir ese concepto de que discipulado es sólo estudiar la Biblia, diferenciándolo de “estudio bíblico”. El Discipulado es un proceso de formación y desarrollo integral para alcanzar el propósito de ser como Jesús, lo cual se expresa en dar frutos, es decir: desarrollar virtudes cristianas, hacer buenas obras y tener hijos espirituales. El discípulo deberá entender que este proceso tiene distintas etapas, siendo la más básica la de un aprendiz, luego la del cristiano fiel para llegar a ser alguna vez un responsable o padre de un grupo (cenáculo, célula, mesón, etc.). En un estadio posterior se encuentra el obrero y finalmente el ministro o anciano.

Dado que en la relación con su discípulo el tutor tomará conocimiento de muchas situaciones de carácter personal y privado, éste deberá guardar absoluta reserva de esas confesiones. El discípulo debe tener la absoluta confianza de que aquellas no saldrán de la boca de su tutor. De esto debe dar pruebas el tutor. Es parte de nuestra formación como tutores esa capacidad de guardar secretos. Lo que se comenta en la sesión de discipulado, por muy tremendo que nos parezca, no debe ser ventilado jamás con otra persona, es algo entre el discípulo, Jesús y el tutor. No estamos autorizados para transmitirlo a nuestros cónyuges, ni a los mejores amigos, ni al pastor; es algo que quedará guardado en nosotros como secreto de confesión. Si no fuere así, no podría haber confianza de hermano a hermano. Subrayo: esto es algo que debemos valorar y aprender como parte de nuestro propio crecimiento como discípulos. “Valorar el secreto del amigo....” (Proverbios 11:13). Para ello lleve una ficha o expediente confidencial del discípulo.

A continuación veremos una serie de 17 aspectos prácticos de esta dinámica que es el “discipulado”, redactados en forma de sugerencias en lo que podría ser un breve manual para hacer discípulos. Lo haremos siguiendo un texto de San Pablo en su primera carta a su discípulo Timoteo (1 Timoteo 1:1 - 2:15)


1. TRÁTELO COMO A HIJO O HIJA. Haga un discipulado personalizado. Cada discípulo tiene un discipulado distinto, de acuerdo a su personalidad y a sus necesidades. “Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza, / a Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor.” (1 Timoteo 1:1,2)

2. EN SU PRIMERA ENTREVISTA con el discípulo fije un día y hora de encuentro semanal o mensual. Adviértale que el tiempo de él o ella es tan valioso como el suyo, por lo que deben respetarse en este sentido y no dejarse esperando. En caso de alguna dificultad para asistir al lugar debe comunicarlo con anticipación. Solicite puntualidad, una norma básica de orden y consideración por el otro. También establezca en común acuerdo con el discípulo el lugar de encuentro. Manifiéstele que es el discípulo quien busca al tutor y no al revés, como un modo de demostrar nuestra necesidad de Cristo, el Maestro por excelencia.

3. ESTABLEZCA UNA RELACIÓN DE CONFIANZA. Las primeras sesiones de discipulado están destinadas a establecer una relación de confianza y cariño con el discípulo. De esas horas de conversación amigable, en que lo que más hace usted es escucharlo, depende el futuro desarrollo de una relación discípulo-tutor. Esto genera una unión muy fuerte, una hermandad que sirve de base a la conversación más íntima.

4. ENSÉÑELE LO FUNDAMENTAL, evitando lo superficial que sólo conduce a disputas. Asígnele tareas. “Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, / ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora.” (1 Timoteo 1:3,4) Siga la inspiración del Espíritu Santo. El propósito del tutor es formar la vida del discípulo bajo la guía del Espíritu Santo.

5. CULTIVE EL AMOR DE JESUCRISTO. “Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, / de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, / queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman.” (1 Timoteo 1:5-7) No de por pérdida el tiempo entregado a una vida.

6. CONSERVE EL BUEN CARÁCTER. “Deja la ira, desecha el enojo” (Salmo 37:8)

7. SEA PACIENTE. Si no tenemos paciencia con las personas, si no sabemos ponernos en el lugar de ellos y esperar a que el Espíritu Santo desarrolle la madurez en sus vidas, significa que no estamos preparados para discipular a otros hermanos.

8. ESTÉ SIEMPRE DISPUESTO A ESCUCHAR. “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; / porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. / Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.” (Santiago 1:19-21) En otra versión, se traduce: “Mis queridos hermanos, pongan atención a esto que les voy a decir: todos deben estar siempre dispuestos a escuchar a los demás, pero no dispuestos a enojarse y hablar mucho.” (v.19)

9. HAGA USO DE LA DISCIPLINA DE LA LEY CUANDO FUERE NECESARIO. Sea firme. Que el método lo maneje el tutor y no el discípulo. Imponerse con firmeza, pero sin autoritarismo. “Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; / conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, / para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, / según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.” (1 Timoteo 1:8-11) Pero no sea demasiado legalista.

10. SEA FLEXIBLE. La iglesia o ministerio siempre entrega una guía de enseñanza para discípulos. Esa es la teoría o doctrina que se debe transmitir. Mas la realidad del discípulo muchas veces dictará otra necesidad. Debemos brindar ambos aspectos, tanto entregar la enseñanza que los pastores y maestros de la comunidad encargan, como atender a las necesidades puntuales de los discípulos.

11. JAMÁS ENJUICIE. No estamos para juzgar al hermano, sino para comprenderlo. La persona se abre, cuenta sus problemas, debilidades, etc. nosotros en ese instante ocupamos, o mejor dicho, el Señor nos ocupa, somos Sus instrumentos. Somos confesores para impartir paz, perdonar.

12. ENSEÑE LA FIDELIDAD. Conduzca al discípulo hacia la madurez espiritual. Recordemos que el discípulo es barro. No lleve sus problemas al discípulo. “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio,” (1 Timoteo 1:12)

13. DE TESTIMONIO DE JESUCRISTO AL DISCÍPULO. “…habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. / Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús. / Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. / Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna.” (1 Timoteo 1:13-16)

14. ENSÉÑELE A ADORAR A DIOS. “Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.” (1 Timoteo 1:17)

15. FÓRMELO COMO SOLDADO DE JESUCRISTO. “Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por ellas la buena milicia, / manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos, / de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar.” (1 Timoteo 1:18-20)

16. ENSÉÑELE A ORAR. “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; / por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. / Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, / el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. / Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, / el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo. / Para esto yo fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento), y maestro de los gentiles en fe y verdad. / Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.” (1 Timoteo 2:1-8)

17. ENSÉÑELE EL VALOR DE LO PRÁCTICO EN LA VIDA CRISTIANA. “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, / sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad. / La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. / Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. / Porque Adán fue formado primero, después Eva; / y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión. / Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia.” (1 Timoteo 2:9-15)


PARA REFLEXIONAR:
1) Analice las distintas cláusulas de este texto: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, / a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16,17)
2) ¿Cómo aplicó ha vivido usted como discípulo de Jesucristo el texto anterior?

BIBLIOGRAFIA
1) “Sosteniendo Otras Vidas”, Retiro domingo 27 de Mayo de 2007, Avenida Francia 739, Valparaíso
2) “La Santa Biblia”, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.

martes, diciembre 23, 2008

LAS CONVICCIONES DEL DISCIPULADOR


SOSTENIENDO VIDAS
II PARTE


Lectura Bíblica: 1 Juan 2:12-14

Propósitos de la Charla: a) Conocer y desarrollarlas tres convicciones básicas del tutor; b) Prepararse para la multiplicación en nuevos discípulos.


“Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. / Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. / Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno.” (1 Juan 2:12-14)

En la lección anterior vimos que la tarea de un tutor es ser una verdadera columna, que sostiene otras vidas. Por lo tanto nos esforzaremos en ser muy sólidos y firmes en nuestra fe. También comprendimos que ser tutor es ser padre espiritual, alguien que cría y alimenta a hijos espirituales con gran amor. El tutor es el ayo que conduce con disciplina hasta el Maestro Jesús. Por último, un tutor es un formador y educador de discípulos, es el que transmite la vida y doctrina del Maestro.

Necesitamos aprender a ser tutores porque llegarán vidas que habrá que discipular. Un tutor es un padre o madre espiritual; es un sostenedor, un maestro de vida, un consejero, un guía, un acompañante, un amigo. Un hermano o hermana se ha acercado a usted, tal vez porque ve alguna virtud de Cristo en su vida o porque le simpatiza su carácter y siente mayor confianza en usted que en otro cristiano para confiar sus problemas e inquietudes personales. Quizás su pastor le designó a alguien para discipular. O usted mismo ha sentido en su corazón el imperativo de llamar a ese hermano a ser su discípulo. Esto de decir “su” o “mi” discípulo es tan sólo un modo de decir, pues en rigor sólo podemos ser discípulos del Maestro, Jesucristo. Pero Él nos utiliza como instrumentos para esa tarea sublime.

DUDAS DEL TUTOR.
Cuando nos enfrentamos a tan grande desafío, muchas preguntas y dudas acuden a nosotros:
- ¿Seré capaz de sostener la fe de este hermano?
- ¿Estoy capacitado para algo tan serio e importante?
- ¿Y si cometo un error, podré enmendarlo o perjudicaré al hermano de por vida?
- ¿Qué haré con los problemas personales que esta persona me confidencie?
- ¿Tendré una palabra adecuada, yo que tengo tan poca experiencia?
- Yo mismo estoy lleno de defectos y pecados ¿Con qué autoridad podré enseñarle?
Estas y muchas interrogantes más estarán presentes a la hora de iniciarse como tutor de un discípulo. Para tranquilizarle debo decirle dos cosas: usted necesita poner en práctica la fe que Jesucristo le otorgó en la conversión y desarrollar las tres convicciones básicas de un tutor, las que trataremos a continuación.

1. NO ESTOY SOLO.
Al despedirse el Señor de sus discípulos les dijo, y con ello a todos los discípulos que vendrían después: “estaré con ustedes todos los días, hasta el final de los tiempos” (San Mateo 28:20). Al enviarnos con la colosal tarea de hacer discípulos nos aseguró Su respaldo, Su ayuda, Su Presencia. No estamos solos en la práctica del Discipulado, sino que nos acompaña Él. No es una acción entre dos sino entre tres: 1) tutor 2) Jesucristo y 3) discípulo. El Espíritu Santo guía todo el proceso de Discipulado. Nótese que hemos puesto al Señor como centro y como vínculo de esta relación o fórmula. “No os dejaré huérfanos” prometió Jesús a Sus apóstoles (San Juan 14:18). No le ha abandonado a usted a su suerte, sino que sigue siendo Su Padre, en la persona del Espíritu Santo.

La promesa de Jesús antes de partir a la presencia del Padre, fue rogar a Éste por un Espíritu al cual llamó Consolador. Dice Jesús: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador” Es interesante notar que dice “otro” Consolador, de lo cual se deduce que Jesús consolaba a sus discípulos en sus cuitas y del mismo modo el Espíritu que vendría los consolaría a ellos. Dos enseñanzas podemos rescatar de estas palabras: 1) Todo discipulador, como el Maestro y el Espíritu, está para dar consuelo a sus discípulos; y 2) el Espíritu Santo reemplaza a Jesucristo y también es Dios, de acuerdo a la doctrina de la Trinidad.

¡Alabado sea Jesucristo! Al ascender a los cielos solicitó al Padre el Espíritu Santo y Éste nos lo envió como un Compañero para siempre “para que esté con vosotros para siempre”. El que no es cristiano no puede recibirle. Este Espíritu es la presencia misma de Jesucristo en nosotros, puesto que la Trinidad es una completa Unidad, Este es “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce” Jesús dijo a Sus apóstoles: “pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros” Se refería a Él mismo y luego les asegura: “y estará en vosotros.” O sea dentro de ellos. ¿Qué es mejor: que el Señor esté junto a mi o que viva dentro de mi? Indudablemente que sea parte de mi ser. Podemos sentirnos absolutamente seguros como tutores porque no estamos solos, no somos huérfanos, tenemos un Padre y un Amigo que nos ama. Él lo prometió y sus promesas son ciertas: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.” (San Juan 14:16-18)

2. NO NECESITO SER PERFECTO.
De lo contrario no habría encargado esta tarea a hombres sino a ángeles inmaculados. San Pablo dice a su discípulo Timoteo: “Lo que me has oído decir delante de muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean capaces de transmitírselo a otros” (2 Timoteo 2:2). El Apóstol no era perfecto, tenía su temperamento capaz de enojarse al punto de no aceptar la compañía de un hermano miedoso (Hechos 15:36-40). Timoteo era, por el contrario, timorato, por lo cual Pablo debió decirle que “Dios no nos ha dado espíritu de temor sino de poder y dominio propio” (2 Timoteo 1:3-7). Los que habrán de recibir la enseñanza transmitida por Pablo a Timoteo sólo han de mostrar fidelidad, una característica relevante, además de estar capacitados para traspasar esa doctrina a otros. Tampoco esto lo exime a usted de procurar crecer cada día en las virtudes de Jesús y obedecer a aquello de “esfuérzate en la gracia” (2 Timoteo 2:1).

Si alguna vez uno o más discípulos le abandonan, si usted se equivoca, si falla en algún consejo o no sabe qué hacer frente a un problema grave… ¡No se desanime! Siempre hay quienes sirven a Dios con entusiasmo, otros que son timoratos, otros llenos de dudas, otros muy ególatras o personalistas... Con este pueblo hay que avanzar y no cejar. Dios es Soberano, Él nos conduce. Confíe en Dios y no se desanime si un hermano se marcha a otra iglesia. Comprenda y acepte que no todas las personas encontrarán en usted y su iglesia lo que ellas buscan y eso no significa que ellos estén equivocados o que usted cometiera un error, sólo puede significar que no era el lugar y la persona para ellos. Insisto… ¡No se desanime! Dios le ama como tutor. Recuerde que “El amor cubre una multitud de pecados” (1 Pedro 4:8).

3. NO SOY UN BEBÉ.
Establecidas las dos convicciones anteriores y teniendo en cuenta que discipular es una orden del Maestro, piense que cuando llega la hora de vivir esta circunstancia, significa que usted ha crecido y el Señor desea cosechar de su vida un fruto para Su Iglesia. No en vano ha recibido tanta enseñanza, bendición y amor de Dios y Su Iglesia. Ha llegado la hora de dar a otros lo que ha recibido por gracia. Es parte del crecimiento establecido por Dios. No es algo que hay que apurar ni tampoco retrasar: “Todo tiene su hora bajo la creación” (Eclesiastés 3:1).

Los cristianos estamos en un proceso de crecimiento espiritual. El escritor de Hebreos advierte en su carta “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.” (Hebreos 5:12) El alimento que se da a un bebé es más liviano que el que requiere un niño o un joven. Dice: “Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño” (v.13) Todo esto nos habla de un cambio, de crecimiento: “…pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” (Hebreos 5:14) El adulto y aún el joven, ya tienen conciencia de lo que es bueno o malo. Hay otro aspecto que caracteriza al que ya no es bebé: puede reproducirse.

CONCLUSIÓN.
Para poder llegar a ser tutores de otros discípulos, el Señor debe desarrollar en nosotros las tres convicciones básicas de un tutor: “No estoy solo. No necesito ser perfecto. No soy un bebé.” Jesucristo nos prometió “No os dejaré huérfanos”; el Espíritu Santo nos recuerda a través de San Pedro que “El amor cubre una multitud de pecados” y la sabiduría de Salomón nos dice “Todo tiene su hora bajo la creación.” Prepárese en oración, evangelice y espere confiadamente en Dios, con estas tres convicciones en mente. ¡El Señor de la Vida le bendiga y multiplique!

PARA REFLEXIONAR:
1) Dibuje o recorte y pegue en su cuaderno de Discipulado las siguientes imágenes que retratan al tutor: una columna, un padre o una madre con su hijo bebé, un ayo griego con su túnica alba y un maestro. Escriba el texto bíblico correspondiente bajo cada imagen.
2) Piense en alguien que va a ser discipulado por usted y de una respuesta positiva a cada una de las preguntas que se hace al inicio de la charla: a) ¿Seré capaz de sostener la fe de este hermano? b) ¿Estoy capacitado para algo tan serio e importante? c) ¿Y si cometo un error, podré enmendarlo o perjudicaré al hermano de por vida? d) ¿Qué haré con los problemas personales que esta persona me confidencie? e) ¿Tendré una palabra adecuada, yo que tengo tan poca experiencia? f) Yo mismo estoy lleno de defectos y pecados ¿Con qué autoridad podré enseñarle?
3) Cuente a un discípulo amigo o a su tutor una experiencia en que se sintió muy solo.
4) ¿Cuál cree usted que es su principal contraindicación para discipular a otra persona? Confíelo a su tutor, para que le ayude a superarlo.
5) haga una oración escrita, pidiéndole al Señor un discípulo a su medida.

BIBLIOGRAFIA
1) “Sosteniendo Otras Vidas”, Retiro domingo 27 de Mayo de 2007, Avenida Francia 739, Valparaíso
2) “La Santa Biblia”, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.

martes, diciembre 09, 2008

LAS FUNCIONES DEL DISCIPULADOR


SOSTENIENDO VIDAS
I PARTE

Lectura Bíblica: Proverbios 4:1-27

Propósitos de la Charla: a) Comprender, valorar y practicar el Discipulado como sostenimiento, paternidad espiritual y enseñanza; b) Adquirir algunos conceptos y principios básicos para ejercer el Discipulado.


“1 Oíd, hijos, la enseñanza de un padre, Y estad atentos, para que conozcáis cordura.
2 Porque os doy buena enseñanza; No desamparéis mi ley.
3 Porque yo también fui hijo de mi padre, Delicado y único delante de mi madre.
4 Y él me enseñaba, y me decía: Retenga tu corazón mis razones, Guarda mis mandamientos, y vivirás.
5 Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; No te olvides ni te apartes de las razones de mi boca;
6 No la dejes, y ella te guardará; Ámala, y te conservará.
7 Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; Y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia.
8 Engrandécela, y ella te engrandecerá; Ella te honrará, cuando tú la hayas abrazado.
9 Adorno de gracia dará a tu cabeza; Corona de hermosura te entregará.
10 Oye, hijo mío, y recibe mis razones, Y se te multiplicarán años de vida.
11 Por el camino de la sabiduría te he encaminado, Y por veredas derechas te he hecho andar.
12 Cuando anduvieres, no se estrecharán tus pasos, Y si corrieres, no tropezarás.
13 Retén el consejo, no lo dejes; Guárdalo, porque eso es tu vida.
14 No entres por la vereda de los impíos, Ni vayas por el camino de los malos.
15 Déjala, no pases por ella; Apártate de ella, pasa.
16 Porque no duermen ellos si no han hecho mal, Y pierden el sueño si no han hecho caer a alguno.
17 Porque comen pan de maldad, y beben vino de robos;
18 Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto.
19 El camino de los impíos es como la oscuridad; No saben en qué tropiezan.
20 Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones.
21 No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón;
22 Porque son vida a los que las hallan, Y medicina a todo su cuerpo.
23 Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.
24 Aparta de ti la perversidad de la boca, Y aleja de ti la iniquidad de los labios.
25 Tus ojos miren lo recto, Y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante.
26 Examina la senda de tus pies, Y todos tus caminos sean rectos.
27 No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; Aparta tu pie del mal.” (Proverbios 4:1-27)


Nosotros estamos formándonos como discípulos de Jesucristo; recibimos orientación de nuestros discipuladores; tenemos el permanente apoyo de ellos; somos alimentados con la Palabra de Dios y cuando tenemos cualquier dificultad podemos acudir a esa persona que nos ayuda. El Discipulado es una actividad que se desarrolla en cuatro áreas, a saber: a) Orientación Personal; b) Sanidad Interior; c) Enseñanza Bíblica; y d) Vida Devocional.

La Orientación Personal permite al discípulo recibir respuesta a todas sus inquietudes con respecto a la vida práctica cristiana, como a ser guiado en cuanto a la praxis de la fe. En nuestro texto nos habla el padre: “Hijo mío, está atento a mi sabiduría, Y a mi inteligencia inclina tu oído, / Para que guardes consejo, Y tus labios conserven la ciencia.” (Proverbios 5:1,2). En otro lugar el sabio nos interpela: “Retén el consejo, no lo dejes; Guárdalo, porque eso es tu vida.” (Proverbios 4:13).

La Sanidad Interior da ocasión al discípulo para superar aquellos traumas, heridas, complejos y otras enfermedades del alma que, aunque ya fueron lavadas por la sangre de Cristo, aún viven en su conciencia como culpas y dolores. La Biblia nos enseña que Jesucristo no sólo es nuestro Salvador y Señor, sino también el Sanador: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isaías 53:5). Las palabras de los buenos padres, sobre todo del padre espiritual “…son vida a los que las hallan, Y medicina a todo su cuerpo. / Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.” (Proverbios 4:22,23).

La Enseñanza. El estudio de la Biblia permite edificar la mente con la Verdad y prepararse con esta “espada del Espíritu” (Efesios 6:17) para guerrear contra nuestro triple enemigo: la carne, el mundo y el diablo, porque “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, / a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16,17) El padre espiritual debe enseñar a sus discípulos “Porque os doy buena enseñanza; No desamparéis mi ley.” (Proverbios 4:2).

La Vida Devocional trae el mayor crecimiento a la fe del discípulo, es el medio por el cual éste va llenándose de la luz de Cristo, Luz del mundo: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto.” (Proverbios 4:18). Como recomienda el Apóstol: “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6:18)

Todo esto es muy bueno, pero no debemos pensar sólo en términos de ser ayudados sino que muy pronto va a llegar el momento de ayudar a otros que también necesitan de Jesucristo. Debemos prepararnos para ser nosotros también discipuladores de otras vidas. El llamado y la consolidación de nuevos discípulos, se logra tanto por el esfuerzo individual del discipulador como por la tarea evangelizadora y formativa de la comunidad cristiana. Para comenzar a prepararnos para ese desafío, examinemos qué es ser un “discipulador”.

1. EL DISCIPULADOR ES UN SOSTENEDOR
Para sostener a otra persona se necesita fuerza. En el plano económico, no es fácil sostener un grupo familiar, requiere de mucho trabajo y esfuerzo. Asimismo el discipulado. Necesitamos fuerza espiritual, conocimiento, paciencia, comprensión, humildad, delicadeza, serenidad, jovialidad, compasión, magnanimidad, etc. para poder guiar a otros en el camino de Cristo.

La definición de sostener, según el diccionario, es: “Sustentar, mantener firme una cosa // sustentar o defender una proposición // sufrir, tolerar // prestar apoyo, dar aliento // dar a alguien lo que necesita para su sustento”. Todo esto es el Discipulado.

Necesitamos ejercitar nuestra musculatura espiritual para colaborar en la tarea de sostener la Iglesia. Por algo los apóstoles Pedro, Juan y Santiago fueron llamados “columnas” de la comunidad cristiana de Jerusalén “y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión.” (Gálatas 2:9). Un discipulador o tutor es un sostenedor.

La columna en la Arquitectura. Una columna es una pieza arquitectónica vertical y de forma alargada que sirve, en general, para sostener el peso de la estructura, aunque también puede tener fines decorativos. De ordinario su sección es circular; cuando es cuadrangular suele denominarse pilar o pilastra. La columna está comúnmente formada por tres elementos: basa, fuste y capitel. Las columnas siempre han sido muy importantes en la Arquitectura, de forma generalmente cilíndrica, sirven para sostener arcos o arquitrabes, a veces la techumbre. El edificio de Dios, Su Iglesia, es sostenida por columnas, personas de gran fe, conocimiento de la Palabra de Dios y testimonio.

La columna en el cuerpo humano. La columna también puede encontrarse en nuestro cuerpo. La columna vertebral permite que nos mantengamos erguidos. La columna vertebral, raquis o espina dorsal es una compleja estructura osteofibrocartilaginosa (hecha de hueso, fibra y cartílagos) y articulada, en la parte dorsal del torso, que funciona principalmente como elemento de sostén, recubrimiento y protección de la médula espinal. Este es uno de los aspectos más interesantes que podemos descubrir en nuestra columna: por su interior va aquella médula espinal, que lleva las órdenes del cerebro hacia el resto del cuerpo, por medio de una red neuronal llamada Sistema Nervioso Central. Haciendo un parangón con la Iglesia, Cuerpo de Cristo, el cerebro es la Cabeza de la Iglesia, nuestro Señor, la médula el Espíritu Santo y la columna sólida y erguida, los cinco ministerios.

La columna vertebral además es uno de los factores que ayudan a mantener el centro de gravedad del cuerpo humano. Consta de 33 piezas óseas que constituyen la columna vertebral, denominadas vértebras, las cuales están conformadas de tal manera que goza la columna de flexibilidad, estabilidad y amortiguación de impactos durante la moción normal del organismo. Como señalábamos anteriormente, []por dentro de la columna va la médula espinal que forma parte del Sistema Nervioso Central. Por ella se transmiten todas las órdenes desde el cerebro. Si pensamos en la Iglesia, el cerebro es Jesucristo, quien piensa y ordena todo. Él transmite sus órdenes a la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, por medio del Espíritu Santo. Éste último vendría a ser el S.N.C. del Cuerpo. Tal Espíritu Santo va por medio de las autoridades de la Iglesia: Sus ministros, que son la columna vertebral de la Iglesia. Curiosamente las 33 vértebras se agrupan en 5 regiones: cervical, dorsal, lumbar, sacras y coccígeas, como los ministerios son 5, a saber: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros.

¿Cuántos puedo sostener? La tarea de tener hijos espirituales y sostenerlos es conforme a la medida de mis fuerzas. Hay una magnitud ideal presentada en la Biblia: Jacob tuvo 12 hijos y Jesús 12 apóstoles. Lo perfecto es sostener a 12. Jesús, el Maestro, nos dio ejemplo de ello. Pero Él es perfecto y nosotros somos débiles. Tú debes sostener sólo lo que tu capacidad puede. De lo contrario estarás cometiendo muchos errores. Por eso es que no debemos sentirnos mal de tener pocos discípulos. Tampoco debemos ser flojos en este aspecto, pues el Señor quiere que lleguemos a ser padres y madres espirituales de otras vidas. Jesús nos entrega la medida máxima en cuanto a cantidad de vidas a discipular. El mínimo de discípulos que tú puedes tener es 1 y el máximo 12. La primera función del discipulador es sostener.

No es difícil discipular. Se tiende a pensar en la vida cristiana que es difícil lograr una vida de santidad, pero en verdad nos han sido dadas por Dios todas las herramientas necesarias para vivirla. “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia” (2 Pedro 1:3). En cuanto a la práctica del Discipulado, Jesús nos prometió no abandonarnos y enviar el Espíritu Santo para poder anunciar Su Evangelio: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; / enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (San Mateo 28:19,20) y “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: / el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” (San Juan 14:16,17) El Señor no le dejará solo ni abandonará en su tarea de discipular a otros cristianos. ¡Anímese! Discipular, con Jesús, es muy fácil.

¿Está dispuesto a sostener otras vidas?

2. EL DISCIPULADOR ES UN PADRE.
Funciones y tipos de paternidad. Hay padres biológicos, padres funcionales y padres espirituales. El padre biológico es el que me trae a la vida, el que fecunda un óvulo de mi madre y no necesariamente se responsabiliza del nuevo ser como hijo. Hay padres que son irresponsables. El padre funcional es aquél que verdaderamente se comporta como padre. Un buen padre entrega:
a) sustento para el hijo
b) amor expresado en palabras y en hechos cariñosos
c) seguridad psicológica, emocional
d) ejemplo como persona íntegra

El padre espiritual es aquella persona que me da la vida del Espíritu Santo. Puede ser quien me predicó y evangelizó por primera vez, aquél por cuyas palabras y testimonio me convertí, o quien me conduce en la senda del Discipulado. En la vida cristiana podemos tener hasta tres padres espirituales, pero lo más propio es que sea uno solo. El cuarto padre y es el más importante, porque es el Padre de todos los padres, es nuestro Padre Celestial, Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. A él debemos todo amor y obediencia.

Un discipulador es un padre formador. Un padre es principalmente un formador de vidas. A través de su comportamiento, testimonio, vida, el padre forma a sus hijos. A veces no hay relación entre sus palabras y sus actos, es un padre inconsecuente o inconsistente; esto transmite inseguridad, desconfianza a sus hijos, y enseña la hipocresía. Es preferible no enseñar verbalmente, en ese caso, y procurar transmitir vida por medio del ejemplo. Un hecho, una acción, muchas veces es más penetrante que una enseñanza teórica. Todo lo que enseñamos verbalmente debe estar respaldado por nuestras acciones. “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” (1 Corintios 11:1)

Un discipulador forma discípulos. No hay tarea más importante que desarrollar personas. Hacer que estas crezcan es algo que toda comunidad cristiana debería hacer. Este no es de ninguna manera un concepto nuevo. En la Biblia, el apóstol Pablo hace la siguiente afirmación: “Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; que en Cristo Jesús yo os engendré por el evangelio. Por tanto, os ruego que me imitéis” (1 Corintios 4:15-16)

Actúa como nodriza y padre. “Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. 8 Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos. / 9 Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios. 10 Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes; 11 así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, 12 y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria.” (1 Tesalonicenses 2:7-12)

Es compasivo con sus hijos espirituales. El discípulo responde con honra hacia el padre espiritual. “El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?” (Malaquías 1:6) El padre se compadece del hijo y los hijos deben respetar al padre “Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve.” (Malaquías 3:17)

Para ser padres el Espíritu Santo nos exhibe. Nuestra propia personalidad es una carnada en la pesca de peces para el Reino de Dios. Exhibir la carnada es nuestro testimonio, mejor dicho mostrar el testimonio de Jesucristo en nuestra vida. Cuidémonos de no caer en la vanidad alabándonos a nosotros mismos. Recuerden que “No es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquél a quien Dios alaba” (2 Corintios 10:18)

Un discipulador vive a Jesucristo. Discipular es vivir la Verdad, hacerla carne. El Maestro proporcionó el ejemplo máximo del liderazgo corporificado, Dios “Se hizo carne”, se hizo hombre y habitó o “levantó Su tabernáculo” entre nosotros: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (San Juan 1:14). Se dice de Él: “Al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21). Cuando usted piense en Discipulado, intente también pensar en términos de corporificación, la idea de ser realmente un ejemplo vivo de aquello que está intentando realizar. Si sus acciones crean una herencia que inspire a otros a soñar más, a aprender más, a hacer más y a ser más, entonces usted es un verdadero discipulador.

Si la primera función del discipulador es sostener, la segunda es ser ejemplo.

¿Qué hará usted para ser un ejemplo para otros?

3. EL DISCIPULADOR ES UN TUTOR.
Tutor es un consejero o guía de otro, el que sirve de ayo, que nos guía a Cristo. También es llamado discipulador, mentor, guía espiritual, confesor o director espiritual. Podemos decir que tutor es quien ejerce la tutela de otro; es el protector y defensor de alguien; también se llama tutor al rodrigón que se pone a una planta. Muchas definiciones se pueden dar de un tutor, pero quizás la más gráfica es –y aquí volvemos al primer concepto de “discipulador”- la de un “sostenedor”. Ser tutor es ser capaz de sostener espiritualmente la vida de otro. Es alguien que guía a un hermano en Cristo.

Se llega a ser tutor cuando se hace un discípulo. Y esto se logra desarrollando las virtudes propias de un discipulador: a) alguien que tiene fe en Dios y en sus posibilidades para salvar vidas; b) alguien que ha conseguido la paz de su conciencia y no vive culpando ni culpándose, sino perdonando; c) alguien que expresa el amor a Dios en su corazón traducido en amor compasivo hacia el prójimo; y d) alguien que tiene una clara esperanza en su mente y sabe transmitirla a los demás. Un tutor es un padre espiritual que nos conduce hacia una meta.

La meta del discipulador es que Jesucristo se forme en nosotros. Esto requiere disciplina. Dice el Nuevo Testamento: “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe” (Gálatas 3:24) Del mismo modo, el tutor nos conduce a Jesucristo; es un pequeño maestro que nos lleva con disciplina a los pies del Maestro.

En el Discipulado que practicamos nosotros, la primera etapa es la del aprendiz, aquél que está caminando recién en el cristianismo y requiere aprender las enseñanzas básicas del Reino y las disciplinas del espíritu, que le permitirán desarrollar las virtudes de Jesucristo. Un aprendiz debe aprender a orar, a alabar al Señor, a ofrendar, a leer y meditar la Palabra de Dios; y debe saber cual es la puerta, camino y meta del Reino. Además debe tener claridad acerca de su salvación y estar en un proceso de sanidad interior de todas aquellas heridas, traumas y complejos que traía del mundo. La enseñanza para el discípulo aprendiz está dirigida a desarrollar en él la fe, la paz, el amor y la esperanza, para alcanzar fidelidad, perdón, devoción a Dios y conocimientos básicos.

La segunda etapa es la de ser un fiel, alguien en el cual podemos confiar, una persona que ha demostrado interés en el Reino de Dios, en forma muy práctica. El fiel ya es capaz de evangelizar a otros e incluso ya tiene un discípulo. La enseñanza para el discípulo fiel está dirigida a formar en él responsabilidad, buen juicio, amor al prójimo y liderazgo. En definitiva, hacer de él un discípulo responsable.

Discípulo es la persona que aprende la doctrina de un maestro o que cursa en una escuela, es la persona que sigue la opinión de una escuela. El discípulo cristiano se somete al Señor y se sujeta a un tutor o padre espiritual, con el propósito de aprender la doctrina del Maestro, ésta es el Evangelio del Reino de Dios. El discípulo cursa en una escuela espiritual llamada Iglesia, donde hay autoridades que guían el aprendizaje y la formación de los discípulos; y camaradería y mutua ayuda entre los condiscípulos. La escuela en sí es una comunidad, la comunidad cristiana.

Discipulado se llama al método de crecimiento cristiano basado en el ejemplo de Jesús, quien formó discípulos, y que consiste en el acompañamiento de todo cristiano bajo la guía de un hermano mayor o tutor. Discipulado es, además, la tutela o tutoría de alguien. Por definición “tutela” es la autoridad que, por falta de la paterna o materna, se confiere para cuidar de la persona y los bienes de quien, por cualquier causa, no tiene capacidad civil; además, se refiere al amparo.

El discipulado implica cuatro acciones sobre el discípulo: 1. Orientación personal, 2. Sanidad interior, 3. Vida devocional y 4. Enseñanza. El Discipulado es el método de crecimiento integral del cristiano por excelencia. Fue utilizado por Jesús con los Doce. Es la atención personalizada del discípulo que se sujeta a la guía de un tutor, como al Señor.

El objetivo final del Discipulado es formar la persona de Cristo en los discípulos, haciéndolos cristianos capaces de: a) desarrollar virtudes, b) hacer buenas obras y c) multiplicarse en nuevos discípulos. Cada discípulo recibe una atención individual dirigida a corregir su vida cristiana y desarrollar frutos.

Son tutores todos aquellos hermanos que guían a otros y que a su vez son guiados por otros. En una comunidad cristiana el primer tutor es el Pastor que se sujeta a Jesucristo, y al cual se sujetan los discípulos líderes, que a su vez discipulan a otros. Así se cumple la Palabra que dice: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.” (2 Timoteo 2:2).

Si la primera función del discipulador es sostener, y la segunda ser un padre que guía, la tercera función del discipulador es enseñar y formar las vidas de sus discípulos.

CONCLUSIÓN.
Ser un discipulador no es una tarea menor, sino una de las más importantes en la Iglesia, ya que conlleva a la formación, desarrollo, perfeccionamiento y crecimiento del Cuerpo de Cristo. En resumen, un discipulador o tutor es: 1) un “sostenedor”, es decir alguien que actúa como columna que lleva el peso de otras vidas sobre si (Gálatas 2:9); 2) un “padre” que engendra hijos espirituales y los cría con amor, un “padre” que es ejemplo para ellos (1 Corintios 4:15-16); y, por último, 3) un “tutor”, educador y formador de discípulos, encargado de retransmitir la doctrina viva del Evangelio del Reino de Dios (2 Timoteo 2:2).

¿No cree usted que vale la pena crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, para llegar a ser un tutor de discípulos?


PARA REFLEXIONAR:
1) Confeccione una guía sencilla de Orientación Personal para guiar en forma práctica la vida cristiana, basándose en Efesios 4:17 a Efesios 6:9.
2) Reúna todo el material sobre Sanidad Interior entregado por la Iglesia Discípulos de Jesucristo.
3) Estudie la Enseñanza Bíblica básica para una persona recién convertida.
4) Haga una lista de oración de probables discípulos suyos: amigos, familiares, compañeros de trabajo y/o estudio.
5) ¿Cuáles son las cualidades que me permiten ahora poder sostener a otros discípulos?
6) ¿En qué aspectos debo trabajar en mi persona, como formador de vidas?
7) ¿Qué es un tutor y cómo se llega a serlo?
8) ¿Cuál es el propósito del tutor?
9) ¿Cuáles son los cursos o etapas del Discipulado?
10) ¿Qué es ser un discípulo y cuál es su escuela?
11) ¿Cuál es, a su juicio, el objetivo final del Discipulado?

BIBLIOGRAFIA
1) “Sosteniendo Otras Vidas”, Retiro domingo 27 de Mayo de 2007, Avenida Francia 739, Valparaíso
2) “La Santa Biblia”, Casiodoro de Reina, revisión de 1960, Broadman & Holman Publishers, USA.
3) “Arte Rama”, Volumen I, Editorial Códex S.A.
4) http://es.wikipedia.org/wiki/Columna_(Arquitectura)5) Robert D. Foster “El Princípio de la Corporificación”